jueves, 13 de octubre de 2016

Domingo XXIX del Tiempo Ordinario (C)



16-10-2016                 DOMINGO XXIX TIEMPO ORDINARIO (C)
                                                        Ex. 17, 8-13; Slm. 120; 2 Tim. 3, 14-4, 2; Lc. 18, 1-8
El Papa Francisco ha firmado el 21 de enero de este año el Decreto declarando a D. Genaro Fueyo Castañón, párroco de Nembra Aller, y a tres seglares como mártires asesinados ‘por odio a la fe’ en octubre de 1936. ¿Quiénes son los mártires de Nembra? D. Genaro Fueyo Castañón, de 72 años, asesinado en su propio templo junto con sus feligreses: D. Segundo Alonso González, de 48 años, y D. Isidro Fernández Cordero, de 43 años. Y días antes de la muerte de estos tres fieles, también murió mártir D. Antonio González Alonso, de 24 años.
Nembra es un pueblecito de Aller (Asturias) profundamente cristiano. No llegaba a mil habitantes y tenía exactamente 99 hijos sacerdotes, religiosos y religiosas esparcidos por todo el mundo. Esta es la gran cosecha del pastor tan querido: D. Genaro. Un hombre preocupado en todos los órdenes de sus fieles, amigo de los pobres y que daba cancha al sindicato minero católico en su parroquia.
El escenario del martirio de los tres primeros será la sala de guardia de la Adoración Nocturna, en el segundo piso de un edificio contiguo a la iglesia parroquial, que será convertida en cárcel, y la misma iglesia. La fecha de los hechos, del 17 de julio al 21 de octubre de 1936. El pueblo contaba con Adoración Nocturna que había sido establecida en 1908. En la parroquia de Nembra la estableció D. Genaro, que llevaba desde 1899 como párroco y era un sacerdote muy eucarístico y querido. Fueron un centenar los adoradores con los que contó. Había Tarsicios (niños y jóvenes) que se reunían una tarde cada mes. Los adoradores eran mineros y labradores; algunos de ellos tenían que andar cuatro horas, entre ida y vuelta, para acudir a la Adoración. Venían de Enfistiella, Cabo, La Carrera, La Corralada, Tornos, Arnizo, San Miguel, Omedal, Otero, La Casona, Rueda, El Campo, El Cabañón, La Llera, Pumardongo, Heros, Rueda. En invierno y en verano. D. Genaro lo atendía todo. Permanecía desde las 11 de la noche hasta las 4 de la mañana al servicio de los adoradores. Todos los meses. Todos los años. "En la Adoración Nocturna se pasaba la noche entera con nosotros una vez al mes. El mismo local parroquial de la Sala de Guardia se usaba como escuela de lunes a sábado para los hijos del Sindicato Católico, y como Centro Católico para el Sindicato los domingos después de Misa. Este uso múltiple se debe en exclusiva a la iniciativa de don Genaro. En la planta baja guardaba su vaca y su caballo" recordaba un testigo.
D. Segundo Alonso y D. Isidro Fernández Cordero eran mineros de la Hullera Española del Marqués de Comillas. Con hijos preparándose en seminarios para ser futuros misioneros y religiosas que aprendieron en su casa el amor a Dios hasta el sacrificio. Presidente y Secretario de la Adoración Nocturna Española.

PERSECUCION Y PRISION
La Sala de Guardia de la Adoración Nocturna se llenó de presos desde el 19 de julio. Así lo recuerda uno que lo vivió: “Estábamos consternados y tristes al vernos de aquella manera, pero nos dimos cuenta de que casi todos los que allí estábamos éramos adoradores del Santísimo Sacramento, y que en aquella misma sala habíamos pedido muchas veces a Dios: enfermedad, pobreza, oprobio, abyección, esclavitud, persecución por la justicia, todo cuanto convenga para nuestra santificación y salvación. Pues aquí mismo se lo pedimos, aquí lo estamos recibiendo; bendito sea Dios que nos da lo que hemos deseado. Moriremos por la fe, venga lo que viniere. Por la noche llegan los rojos y nos escupen a la cara, mandándonos al mismo tiempo escupir y blasfemar al Crucifijo, cosa que ninguno hicimos. Ellos rabiosos nos decían: ‘¡Cuánto más hubieseis ganado en el cine y en el bar que en esta sala! Lo que a vosotros os echó a perder fueron esas creencias tan tontas en Dios’. Como premio, nos mandaron formar toda la noche y nos dieron con grandes garrotes, descalzos y desnudos, a cada uno como lo habían encontrado”. Llegado el día los mandaban a trabajar.
D. Isidro Fernández Cordero. Procedía de una familia religiosa como también lo fue la que él formó con Celsa y los siete hijos que tuvieron, de las cuales dos serían religiosas y otro dominico. Poseen un comercio y cultivan unas tierras, pero la necesidad le obliga a hacerse minero en la Hullera Española. Cuando estalló la guerra civil en España ingresó dos veces en la cárcel, otrora sala de guardia de la Adoración Nocturna. Un vecino le ánimo a escapar la primera vez que lo dejaron libre e Isidro contestó: “Si no me presento, se vengarán en mi familia. Siempre nos han acusado de ser unos rezadores y unos carcas; por lo que se ve es el único delito de que nos acusan es ser católicos y esto es un honor para nosotros. Delitos no tenemos ninguno. Por lo tanto, nada nos pueden hacer. Dios sabe por qué nos tiene aquí y en sus manos estamos; si Él lo permite, por algo será”. De la segunda no regresará. Palizas, trabajo duro, rezo del rosario, es la rutina hasta el final. D. Isidro Fernández pudo despedirse en vísperas de su martirio de dos de sus hijos: María Luisa y Darío. Como la cárcel no disponía de servicios sanitarios, usaban los de la escuela pública de niños a pocos metros de distancia, y el maestro, buen cristiano, permitía a los presos ver un momento a sus hijos. Así, su hija María Luisa, uno de los últimos días que estuvo con su padre le dice: “porque no te escapas como el padre de…” y me contestó: “no puedo, y además soy testigo de Jesucristo. Tenéis que perdonar a todos como yo les perdono de corazón. Se lo dices a tu madre y a tus hermanos. Se despidió dándome un beso y diciendo que fuese buena con todos”. Y en vísperas del martirio dijo a su hijo Darío: “Dile a tu madre que si quiere, que vaya a Gijón a hablar con el Comité Provincial; pero que ya no hay nada que hacer. A Segundo hace dos días que lo han sacado y no sabemos si vive. Hoy espero que me saquen a mí. Este beso es para tu madre y tus hermanos, ya no nos veremos más. Dile también que no llore, porque somos mártires. Nos persiguen y abofetean como a Jesucristo. Rezad mucho por nosotros. En el cielo nos veremos”.
D. Segundo Alonso González contaba con dos hermanos dominicos misioneros y una hermana dominica de clausura. Se casa en la parroquia de Nembra con María. D. Genaro les casa. Tendrán doce hijos. La última morirá en 1926, con su madre, en el parto. Cuatro de ellos ingresan en Escuelas Apostólicas, de los que dos serán sacerdotes. Quedó viudo con siete hijos vivos, el más pequeño de año y medio. Vuelve a casarse con una viuda sin hijos. Hace labores de carpintero, arrienda unas tierras, trabaja en la mina. El 21 de octubre, veinticinco años después del día de su boda con María, se encontrará también en la iglesia con D. Genaro, el sacerdote que le casó, pero en circunstancias distintas. Será el día de su martirio. Recordando la revolución de octubre del 34 escribía: "Yo que fui amenazado con pegarme un tiro por no saludar puño en alto, yo que he perdonado a mis enemigos con todo mi corazón, yo que les he avalado para que obtuvieran trabajo; yo que escribí lo que mis buenos padres me enseñaron, ‘que Nuestro Señor murió por nosotros sin su culpa, todo por culpa nuestra, que es lo que tenemos que recordar e imitar’, tendré que beber con Él el cáliz amargo de la pasión y decir: ‘Padre, si es posible que pase de mí este cáliz, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya’”. Cuando estuvo preso en julio de 1936 decía a sus compañeros de cautiverio: “Muchas veces hemos pasado aquí la noche para acudir al turno de vela ante el Santísimo; como ahora no podemos hacerlo, recemos el Rosario y hagamos un sincero acto de contrición, poniéndonos en las manos de Dios, ya que es posible que alguno de nosotros tengamos los días contados”. “Se le veía rezar paseándose por la sala, y para hacer la señal de la cruz, taparse el rostro con la chaqueta o con la manta. Estaba tan persuadido de que lo iban a matar que, al salir su cuñado Rodolfo, le entregó el reloj y la llave de casa, porque no pensaba volver a ella, y una nota detallada de sus deudas y créditos”, recordaba un testigo.

LA HORA DEL SACRIFICIO
D. Genaro, de 72 años, encarcelado en Moreda, el 20 de octubre es llevado a su iglesia de Nembra. Allí ya estaban D. Segundo y D. Isidro. Con D. Genaro vinieron dos prisioneros más: D. Ricardo Martínez García -Secretario de la Acción Católica en Moreda y corresponsal de Región, de profesión practicante -, y D. Ángel Argedo Díaz Fernández natural de Pola del Pino Aller – de profesión minero en el pozo de San José de Caborana, que fue hecho prisionero en el puerto, tal vez intentando pasar a León. Estos dos últimos hombres serán separados y asesinados de un tiro en el cercano cementerio. Con ellos están en la iglesia los carceleros: siete forasteros y siete de Nembra; de ellos cinco mujeres. Mientras los carceleros celebran una gran cena, ellos aprovechan el momento para la oración preparándose al martirio. Pues D. Genaro había bautizado a todos los carceleros de Nembra y los había preparado para la primera Comunión. Después de terminada su cena, les dan a escoger donde han de ser sepultados y el orden en que han de morir. D. Segundo y D. Isidro le cavan la tumba a D. Genaro en el altar mayor, donde a diario celebraba misa. Ellos escogen el sitio donde juntos participaban todos los días de la Eucaristía. D. Genaro pide ser el último en morir para alentar a sus fieles feligreses y amigos. No les dejan acabar de terminar sus tumbas. “Podéis encogeros”, les dijeron. Primero, les desangran como a los cerdos en la matanza y luego los descuartizan. D. Genaro, que presenció tan cruel martirio, se mantuvo sereno y no hablo sino para absolver y animarlos a morir. El dolor que le causó ver sufrir a sus queridos feligreses, y sobre todo, al ver como decapitaban a uno de ellos y los colocaban en el sepulcro, produjo al anciano sacerdote un ligero desvanecimiento, del que pronto se recuperó. Según declaraciones de sus propios verdugos, fue apaleado y escarnecido, interviniendo también algunas mujeres; cuando le tendieron para desangrarle, habló a sus verdugos que no podía creer que sus mismos feligreses estuvieran haciendo lo que acababa de ver, pero le pediría a Dios por ellos. D. Genaro, es desangrado y enterrado. Fuera el vehículo con el motor arrancado ahogaba el ruido de aquella carnicería.
Días antes se produjo el martirio del joven D. Antonio González Alonso. Antonio quería ser dominico como su hermano, pero una tuberculosis le obligó a regresar a la casa familiar. Es un buen muchacho, simpático, estudioso, bondadoso. También es adorador nocturno, como su padre, y ayuda al párroco con los Tarsicios. Es detenido junto a su padre y un hermano poco después del 18 de julio. Tiene 24 años, ex fraile, de misa diaria, y queriendo ser maestro católico… está en el ojo de mira. El 11 de septiembre le sacan de la cárcel en coche donde ya llevaba muchas palizas en su cuerpo. No quiso romper un cuadro del Sagrado Corazón ni el ara del altar. Insistieron, sin eficacia, en que blasfemara y rompiera objetos sagrados. Como no lo consiguieron le advirtieron que le cortarían la lengua, y efectivamente, el día 11 de octubre le llevaron a Sama y el Comité de Sama lo lleva al martirio. Lo ha contado todo el chofer que se vio obligado hacer ese servicio. Al pasar junto a la puerta de su casa vio a su madre y Antonio dijo: “Adiós, madre, hasta el cielo”. Cuando sale del Comité de Sama lo llevan al Alto Santo Emiliano y el chofer observa que echa bocanadas de sangre, le habían cortado la lengua. Allí mismo le llevaron a una zona y sin oír un tiro volvieron sin él. Lo habían arrojado al fondo de un pozo de mina abandonado.
Un año después, tras la victoria del ejército de Franco en Asturias, encuentran los cadáveres incorruptos de D. Genaro, de D. Segundo y de D. Isidro. El cadáver de D. Antonio nunca fue encontrado. Las familias hablarán y vivirán el perdón, como hicieron sus mártires. Un ejemplo: La madre de Antonio, cuando la dijeron que ya habían detenido a los dos asesinos de su hijo, la preguntaron: “¿Qué quieres que hagamos con ellos?” Respondió "Quiero verme con ellos y con mi Antonio en el cielo”.

2 comentarios:

pepitina dijo...

¡¡Qué fortaleza la de la Fe!! Dios no falta a quienes confían en Él. Bendito sea Dios!!
Gracias Pater, por acercarnos el testimonio de estos Mártires asturianos.Impresionante.Pertenezco a la Adoración Nocturna, y me ha impactado más aún por eso. ¡La fuerza de la Eucaristía, de estar ante el Señor, de acompañarle, de Permanecer con Él! Y, ¡un buen sacerdote!Lo que puede llegar a hacer...
Hoy vivimos también situaciones de Martirio en tantos lugares...¡Cuánto valor el de esa sangre derramada por Cristo!

Mary dijo...

Qué grande fue la fede nuestros mártires ,cuánto crecieron en ella de la mano de su sacerdote ,en la Euca ristía y la adoración al Santísimo,tan fuerte fue que despues de hacerles sufrir de mil maneras derramaron hasta la ultima gota de su sangre por el Señor.
Gande tambien la fe de ésa madre ,que a pesar de la herida que le causaron por su hijo supo perdonar y les deseó lo mejor ,"verse todos en el cielo"