jueves, 15 de septiembre de 2016

Domingo XXV del Tiempo Ordinario (C)



18-9-2016                   DOMINGO XXV TIEMPO ORDINARIO (C)
                                                               Am. 8, 4-7; Slm. 112; 1 Tim. 2,1-8; Lc. 16, 1-13
PECADO-PERDON-CONVERSION (II)
            Vamos a seguir con la segunda parte de las homilías referidas al pecado, al perdón y a la conversión. (Hacer un pequeño resumen de la homilía anterior: el pecado sólo se puede VER a la luz de Dios; Él nos lo hace ver y nos lo perdona; todo pecado conlleva una triple ruptura; todo pecado es personal, pero también social y eclesial).
- En ocasiones hay gente que me pregunta cuál es la diferencia entre pecado mortal o grave y pecado venial. No todos los pecados cometidos por los hombres tienen la misma gravedad. Ya en cierta medida se hace una distinción entre pecados en el Nuevo Testamento, por ejemplo, en 1ª Jn 5, 16-17: “Si uno se da cuenta de que su hermano peca en algo que no acarrea la muerte, pida por él y Dios le dará vida. Digo los que comenten pecados que no acarrean la muerte. Hay un pecado que acarrea la muerte; no me refiero a ése cuando digo que rece. Toda injusticia es pecado, pero hay pecados que no acarrean la muerte”. Asimismo el mismo S. Pablo en varias ocasiones nos habla de pecados que apartan de Dios, por ejemplo, en 1ª Co 6, 9-10: “¿Ha­béis olvidado que la gente injusta no here­dará el reino de Dios? No os llaméis a engaño: los inmora­les, idólatras, adúlteros, invertidos, sodomitas, ladrones, codicio­sos, borrachos, difamado­res o estafadores no heredarán el reino de Dios”. Podríamos alegar más textos en los que se apoya la doctrina de la Iglesia sobre la existencia de pecados graves o mortales y pecados veniales.
En definitiva, se llama pecado mortal al acto, mediante el cual un hombre, con libertad y conocimiento, rechaza a Dios, su ley, la alianza de amor que Dios le propone, rechaza también al prójimo, prefi­riendo volverse a sí mismo, hacia alguna realidad creada y finita, hacia algo contrario a la voluntad divina. Esto puede ocurrir de modo directo y formal, como en los pecados de idolatría, apostasía y ateísmo; o de modo equivalente, como en todos los actos de deso­bediencia a los mandamientos de Dios en materia grave. El hombre siente que esta desobediencia a Dios rompe la unión con su prin­cipio vital: es un pecado mor­tal, o sea un acto que ofende grave­mente a Dios y termina por volverse contra el mismo hombre con una oscura y poderosa fuerza de des­trucción. En definitiva, para que exista el pecado mortal se han de dar estas tres condiciones: materia grave, pleno conocimiento y libertad del hombre.
            Los pecados veniales son los actos humanos, que, sin romper la comunión y la amistad con Dios y sin apartarlo de su gracia, contradicen el amor de Dios y hacen que el hombre se detenga en su camino hacia Dios, y le debilitan para vivir aquella comunión  con Él. El cristiano no debe pensar que los pecados veniales, por el hecho de que no le apartan de Dios, son algo de poca importan­cia en su vida. Quien consiente, de modo habitual, en estos pecados, se coloca en un plano inclinado que le conduce al pecado grave y se va alejando poco a poco de Dios. Las personas que viven en un plano de complacencia de los sentimientos, de búsque­da de comodidades, terminan, casi de manera inevitable, viviendo sistemáticamente de espaldas al Evangelio. Los pecados veniales no privan de la gracia santificante, de la amistad con Dios, de la caridad, ni, por tanto, de la bienaventuranza eterna, mientras que tales privaciones son preci­samente consecuencia del pecado mortal. En definitiva, para que exista el pecado venial se han de dar estas tres condiciones: que no sea materia grave, pleno conocimiento y libertad del hombre.
            - Antes la pregunta de saber cómo y cuándo mis pecados son mortales o veniales, la Iglesia nos da varias pautas que quizás os parezcan un poco abstractas, pero las expongo a continuación con la intención de que os sirvan a todos:
            * En primer lugar es la conciencia la que nos dice cuándo una acción nuestra es pecado ante Dios, ante la Iglesia y ante los demás, y esa misma conciencia nos dice si ese pecado es grave o venial. El problema se plantea cuando lo que es pecado grave para uno, sin embargo, para otro no lo es. Esto depende de las circunstan­cias concre­tas de cada persona y de cada lugar. Voy a poner un ejem­plo muy concreto: la Misa. Es doctrina de la Iglesia que faltar a Misa un domingo es pecado grave. Ya en la carta a los Hebreos se queja S. Pablo de las faltas de cristianos a las Eucaristías: “No abando­néis las asambleas como algunos suelen hacerlo, sino más bien animaos unos a otros” (Hb. 10, 25a). Pero no es lo mismo esta falta en una persona que en otra; por ejemplo, no es lo mismo si falta a Misa una persona enferma o anciana, que en otra sana. No es lo mismo tampoco en cuanto al lugar, vg. si una persona falta a Misa en Oviedo (en donde hay Misas a cada hora y en cada esquina), estando en buena salud[1], que otra persona que tuvie­se que andar dos horas de camino por malos caminos de piedras y barro para poder acercarse a la igle­sia.
* Asimismo y conectado con lo anterior hay otro problema más grave que está subya­cente y es el de la conciencia bien o mal formada. Todos los cristianos tenemos la obligación de formarnos para conocer el Evangelio de Jesús y la doctrina de la Iglesia (con estudio personal y con re­uniones en nuestras parroquias o grupos cristianos). Y éste es hoy uno de los grandes pecados actuales, el no formarnos, el huir de la forma­ción de nuestras conciencias. ¿Qué hacemos, concretamente, para formarnos como cristianos y para formar nuestra conciencia? Por lo tanto, en segundo lugar la lectura espiritual y el estudio de las cosas de Dios, a través de la Biblia y de la doctrina de la Iglesia, nos ayudarán a discernir cuándo una acción concreta es pecado mortal o venial.
            * En tercer lugar, respecto a la materia existen algunos temas que por sí mismos ya son pecado grave, por ejemplo, lo contenido en los diez mandamientos. Aunque también es cierto que dentro del pecado mortal haya más o menos agravantes o atenuantes: por ejemplo, el lugar, la formación y la educación de la persona, la salud, la falta de libertad, etc.  Habría que ver cada caso en particular.
            * En cuarto lugar la consulta a personas preparadas, por ejemplo, a sacerdotes, bien sea en una conversación normal, durante la confesión o durante la dirección espiritual. Habitualmente, cuando la gente se acerca a mí para preguntarme sobre estos temas, lo que quiere saber es si una situación es pecado o no, si es pecado mortal o venial. Es decir, quieren una respuesta concreta y rápida sobre sus dudas, pero quiere que la respuesta se la den desde fuera. Yo procuro no dar respuestas de sí o no, sino dar criterios que puedan servir a esas personas para esa situación concreta y para otras que se les presenten y, de este modo, maduren en la fe y sean cada vez más autónomas. Asimismo, busco que las respuestas se las vayan dando ellos mismos ayudados por mis preguntas y observaciones. Entiendo que este modo de hacerlo es el mejor.

[1] Un hecho que observo con bastante perplejidad en estas parroquias de Tapia de Casariego es el caso de fieles que se acercan a comulgar sin haber confesado antes y habiendo faltado a Misa sin ningún tipo de problema o de dificultad por su parte. En este supuesto se estaría faltando al tercer mandamiento de la Ley de Dios: santificarás las fiestas.

4 comentarios:

Ana dijo...

Buenas tardes ,...tema complicado hoy en día hablar del pecado ! Donde la gente cree que todo está permitido ... Y todo se puede .... Los otros días a la salida de Misa escuche a unos jóvenes que decían eso que hiciste no importa total Dios es misericordioso ! Y yo me acorde de que en mi época se decían Niña ten temor de Dios ! Pues tus actos con vistos por El ...su haces algo malo ve y confiésate ....hoy veo los confesionarios vacíos ... Y que a todos le da lo mismo ...hasta en algunos países está permitido el aborto ....
Creo que no se ha evolucionado ... Sino al revés es una pena muy grande
Tengan un lindo fin de semana !

Feli dijo...

¿Que es el pecado para mí?, pues mi conciencia,ella gracias a Dios me dice lo que hago bien o mal,también lo que es pecado mortal o venial. Hace unos 40 años todo era pecado,conocí gente que todavía hoy eso lo lleva mal.Tampoco es pecado,cuando tienes que cuidar a una persona que está enferma,o tienes algo muy importante para Dios,en el momento de ir a misa.Muy importante ir a misa,pero también que eso nos lleve hacer cosas a favor de los demás no solo oír misa y ya todo está hecho. Yo no quiero temer a Dios,quiero amarlo y que ame tal como soy,pero dándome cuenta que tengo que pedirle perdón.Él, es Padre y lo necesito.Si que estoy de acuerdo,con lo de los confesionarios vacíos.También con el cura que vayas a confesar,los hay que todo vale. Un abrazo,y que la Virgen de los Dolores nos abrace continuamente.

Milagros dijo...

Gracias Andres por sus enseñanzas.por formar nuestras conciencias con una dedicacion plena.Que Dios le siga dando esa clarividencia sobre los asuntos de la fe para poder transmitirla.un saludo

Anónimo dijo...

Fantástica!!que Dios te bendiga