jueves, 8 de septiembre de 2016

Domingo XXIV del Tiempo Ordinario (C)



11-9-2016                   DOMINGO XXIV TIEMPO ORDINARIO (C)
                                                           Ex. 32, 7-11.13-14; Slm. 50; 1 Tim. 1, 12-17; Lc. 15, 1-32
PECADO-PERDON-CONVERSION (I)
            (Estas ideas que voy a predicar en varios fines de semana ya las había dicho años atrás, pero no aquí. Considero que son unas ideas clarificadoras, que forman nuestra conciencia y que nos dan una formación católica adecuada).
            - Las lecturas que nos propone hoy la Iglesia para nuestra reflexión nos hablan mucho del pecado y de pecados concretos. 1ª lectura: “En aquellos días, el Señor dijo a Moisés: - ‘Anda, baja del monte, que se ha pervertido tu pueblo, el que tú sacaste de Egipto. Pronto se han desviado del camino que yo les había señalado. Se han hecho un novillo de metal, se postran ante él, le ofrecen sacrificios’”. En la 2ª lectura se dice: “Yo antes era un blasfemo, un perseguidor y un insolente”. En el evangelio también se nos habla de pecado, por ejemplo, cuando Jesús nos narra la parábola del hijo pródigo.
Estas lecturas no las podremos entender nunca en toda su profundidad si no somos capaces de vernos como pecadores, como grandes peca­dores, que lo único que merecemos es el alejamiento eterno de Dios. Esto lo experimentó profundamente S. Pablo: Eso que él era un judío fervoroso desde su más tierna edad; eso que él era un fiel cumplidor de todas las prescripciones judías y, sin embargo, fijaros lo que él dice de sí mismo una vez que hubo conocido cara a cara a Jesús: “Yo era antes un blasfemo, un perseguidor y un violento... Yo no era creyente y no sabía lo que hacía... Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores y yo soy el primero”. Por eso el hombre pecador suele exclamar desde lo hondo de su corazón lo del salmo 50: “Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado.” Sólo el que de entre nosotros se reconozca como pecador…, sólo ése podrá descubrir lo que nos enseñan hoy las lecturas: el amor tan grande que Dios tiene por todos los pecadores del mundo. Os digo que la misma alegría habrá entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta”.
            - Pero vayamos por partes. Vamos en la homilía de hoy a meditar un poco sobre el pecado. ¿Qué es el pecado? El concepto de pecado, sólo puede ser interpretado adecuada­mente en el contexto de las relaciones con Dios. Únicamente en nuestra confrontación con la santidad de Dios o con su bondad y misericordia presentes en el Crucificado es donde descubrimos la verdad de nuestros pecados. De tal manera que la persona que no vea sus pecados (concretos, no un vago sentimiento de sen­tirse con fallos), se puede decir que no ha descubierto a Dios. Pero a la vez, el descubrimiento de nuestros pecados ante Dios, conlleva el percibir su perdón y misericordia. Todos los hombres nos hallamos bajo el pecado, pues todos hemos pecado. Los hombres nacemos en el seno de una sociedad en la que impera el egoísmo, la mentira, la opresión, la eliminación del otro...  Esto nos marca profundamente, pues todo lo que somos, lo somos junto con los otros. Nadie escapa de esta tenden­cia al pecado, pues está en todos y en cada uno: “Si dijéramos que no tenemos pecado, nos engañaríamos a nosotros mismos”, se dice en la 1ª carta de S. Juan.
            El pecado consiste en una acción humana, que, en último término, se opone a Dios. Rechaza el amor de Dios, trata de construir su mundo al margen de Dios. El pecado actual quizá no es vivir contra Dios, sino de espaldas a Él.
            - El pecado, todo pecado, da lugar a una triple ruptura: * Ruptura del hombre con Dios: Con nuestro pecado no nos fiamos de Dios, queremos ser felices por nuestros propios medios. Usamos a Dios para nuestros caprichos, para que remedie nuestras enfermedades y desgracias, y cuando no lo hace entonces decimos que Dios no existe. (“Demostrado, Dios no existe” à Bres. Sra. de Vegadeo con la Milagrosa que la echó de casa). * Ruptura del hombre con los demás: por el pecado, el hombre alejado de Dios, se convierte en un extraño y en un enemigo para sus propios hermanos; actúa contra ellos injusta y violentamente; viola su dignidad de personas y rompe la convivencia pacífica. Nuestros pecados afectan a los demás y dejar de ser personas para convertirse en objetos, ya no son nuestros hermanos. Son aquellos que pisamos para subir nosotros. (Iraquíes que, al invadir Kuwait en 1990, sacaban los ojos con destornillador a sus prisioneros). Veamos en este otro caso las repercusiones de los pecados en unos en los que están a nuestro alrededor: Hace un tiempo recibí una carta de una mujer casada y con dos hijos. El marido trabaja, pero nunca le pasa un céntimo y tiene que ser ella la que saque adelante a su familia. La carta dice así: “Ahora te contaré el por qué estuve tan mal, ya que sólo yo y Dios lo sabemos. Se me venían encima los pagos de un préstamo del banco, la excursión de mi hija, la casa, el coche, etc..., y no sabía qué hacer y le vendí mi amor a una persona, lo cual yo no quería pero no sabía qué hacer. Antes de hacerlo recé a Dios para que me ayudase, ya que no sabía qué hacer. Yo cansada y sin fuerza fue la única salida que vi en ese momento. Yo sé que Dios bien sabe que jamás lo haría por gusto, placer o vicio, y creo que si debo de volver a hacerlo por mis hijos lo haría, ya que tú sabes que son mi vida [...] Yo no quiero que [ellos] pasen lo que yo he pasado y que, por lo menos, tengan una madre que les ofrezca su cariño, su vida para que no les falte de nada. Soy su madre y yo no tuve de eso; yo sólo tuve dos personas que me insultaban, [yo] lo hacía todo mal para ellos; yo aprobaba [los exámenes] para que me felicitaran y nunca, nunca veían nada bueno en mí. Ahora si mi vida sirve para ayudar a mis hijos, aunque sea así, pues lo haré de corazón. Yo soy como soy y no puedo evitarlo. Me ha tocado vivir así, y sé que aunque te parezca raro yo amo y adoro a Dios, y él lo sabe. No soy de los que van de santas por la vida; yo sé que no lo soy porque sé lo que hago y no lo niego, pero sí estoy haciendo daño es a mí [misma], pero sé que mis hijos tienen que salir adelante y nada más. Me duele contarte esto, pero sé que debía decírtelo, pero aparte de esto, con las demás personas y cosas no soy una pecadora”. * Ruptura del hombre consigo mismo: Sí, el hombre rompe consigo mismo, porque está roto por dentro, ya que estamos hechos para amar a Dios y al prójimo y, sin embargo, los hemos rechazado para mirar sólo nuestro bien.
            El pecado tiene siempre un carácter personal. Es un acto libre de la persona individual, pero todo pecado, incluso el más ínti­mo, repercute en los demás, es decir, tiene un carácter social. Nuestra sociedad está enferma cuando niños de 12 años matan a otro niño de 10 años, como en Inglaterra hace un tiempo. Nuestra sociedad está enferma cuando niños de 12 años pegan palizas a otros compañeros suyos en el colegio o los empujan al suicidio. Pero, además, el pecado también afecta a la comunidad, a la Iglesia. El cristiano, pecando ofende inseparablemente a la Iglesia. Rechazando el amor de Dios, se rechaza a la Iglesia. Su santidad queda afectada; su eficacia en el mundo se disminuye y la luz de Cristo se hace menos transparente.

3 comentarios:

Mary dijo...

Creo que he aquí un buen ejemplo para que no critiquemos a nadie, cosa que tan baratamente hacemos y mucho menos sin pararnos a pensar en la otra persona o sea el por qué. Cuánto sufrimiento hay en la gente para llegar al extremo. La sociedad tenemos mucha culpa por el consumismo en el que estamos sumergidos sin darnos cuenta. Hoy a los chavales se les compra de todo y de la ultima moda. Es verdad que tambien hay pandillas que no necesitan tanto, pero estos son los menos, y claro un chico en su pandilla tienen de todo; éste se siente muy mal, porque piensa que él es inferior y tiene miedo al rechazo de los otros, y es cuando empieza a pedir cosas que quizá en casa no se puede y esto debe ser terrible para él y para sus padres. Ojalá esté equivocada, pero creo que es lo que hay, y nosotros somos los que tantas veces empujamos al pecado y creo que así se rechaza el amor a DIOS. Debo reflexionar ante DIOS pedir perdón y nunca darle la espalda.Ésta es mi humide opinión. Un beso para tod@s del blog .

Anónimo dijo...

Hoy he comenzado a leer el libro " Peregrino a Compostela " de Paulo Coelho.En él también se hace referencia al pecado.Escribo lo leído : "la palabra pecado deriva de pecus, que significa pie defectuoso,pie incapaz de recorrer un camino. La forma de corregir un pecado es andando siempre hacia adelante, adaptándose a nuevas situaciones y recibiendo,a cambio, las bendiciones que la vida da con tanta generosidad a los que le piden".

Anónimo dijo...



ACABO DE LEER ESTA HOMILIA DE D. ANDRÉS, Y ME PONE "REPELUS", LA PIEL,LA CARTA QUE COMENTA.

ES TRISTE LO QUE ESTÁ OCURRIENDO, EN LA VIDA DE ESTA PERSONA,YO NO QUIERO NI DEBO JUZGAR A NADIE,PERO ¡ES MUY LAMENTABLE ,LO QUE TUVO QUE HACER POR SALIR ADELANTE!

A ELLO LA EMPUJARON MUCHAS CIRCUNSTANCIAS,PERO TAMBIÉN LA MISMA SOCIEDAD ACTUAL EN LA QUE VIVIMOS.
YO CREO QUE SU "PECADO", DIOS NO SE LO TENDRÁ EN CUENTA, PUES LO HIZO POR SUS HIJOS.

D. ANDRÉS, SI ESTOY EQUIVOCADO,ME LO ACLARA?, POR FAVOR!!

AHI QUEDA MI HUMILDE APORTACIÓN!!