jueves, 1 de septiembre de 2016

Domingo XXIII del Tiempo Ordinario (C)



4-9-2016                     DOMINGO XXIII TIEMPO ORDINARIO (C)
                                                                   Sb. 9, 13-19; Slm. 89; Flm. 9b-10.12-17; Lc. 14, 25-33

            - En la segunda lectura de hoy hemos leído una parte del libro más pequeño de toda la Biblia. Es una carta que san Pablo le escribe a Filemón, un cristiano que era propietario, al menos, de un esclavo: Onésimo. Éste se había escapado de la casa de Filemón y había acabado en la cárcel, en la que también estaba san Pablo encerrado. Allí san Pablo predicó la Palabra de Dios a Onésimo y éste se convirtió a la fe cristiana. Por la carta sabemos que iban a liberar a Onésimo y san Pablo le pide que regrese a donde está su amo, pues es esclavo suyo y le pertenece. Por manos de Onésimo, san Pablo envía esta carta a Filemón y le dice: que ama a Onésimo como si fuera un hijo; que le está ayudando mucho en la prisión, pero que comprende que es propiedad de Filemón y se lo devuelve; también le dice que quiere que recupere a Onésimo, pero no ya como esclavo, sino como hermano querido en la fe; y, finalmente, le pide que reciba a Onésimo como si fuera a él mismo (a Pablo).
            Ante la lectura de esta carta nos surgen varias preguntas, pues la realidad que indica la carta choca con nuestra mentalidad actual: ¿No es totalmente contrario al evangelio la esclavitud? ¿Puede un cristiano tener esclavos? ¿Cómo es que san Pablo no le pide sin más a Filemón que libere a Onésimo y a todos los esclavos que pueda tener? ¿Por qué san Pablo no lanza una diatriba contra la esclavitud en vez de hacer (como escribió) una carta de corte ‘espiritualista’: “Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano”?
            - Para contestar a estas preguntas hemos de conocer un poco la situación de los esclavos en el imperio romano, al menos, en la época de la primitiva Iglesia (siglo I d. C.). La sociedad romana estaba basada, en cuanto a su producción y trabajo, en la esclavitud. La mayoría de los esclavos en la antigua Roma se adquirían a través de las guerras. Los ejércitos romanos llevaban los prisioneros a Roma como parte de la recompensa de la guerra. Asimismo, los bebés abandonados, es decir, los que el padre de familia se negaba a reconocer, se dejaban en un determinado lugar de Roma para que alguien los adoptara. Esto casi nunca ocurría, sino que los recogían personas que los convertían en esclavos, si eran hombres, y en prostitutas si eran mujeres. Los niños inútiles, deformes o débiles eran eliminados. Cuando una esclava tenía un hijo, era responsabilidad de su amo aceptarlo en la familia. Que lo matara si no era aceptado no estaba mal visto.
Dentro del imperio, los esclavos eran vendidos en subasta pública o, a veces en las tiendas, o por venta privada para los esclavos más valiosos. La trata de esclavos fue supervisada por los funcionarios fiscales romanos.            A veces los esclavos estaban expuestos en soportes rotativos, para ser mejor observados y junto a cada esclavo iba colgado para la venta un tipo de placa que describe su origen, la salud, carácter, inteligencia, educación, y otra información pertinente para los compradores. Para poder apreciar mejor sus cualidades y defectos siempre eran expuestos desnudos. Los precios variaban con la edad y la calidad; así los niños esclavos eran más baratos que los adultos, y entre estos últimos los más valiosos alcanzaban precios equivalentes a miles de euros de hoy día.
            La vida como esclavo dependía en gran medida del tipo general de trabajo que se le asignaba, del que había una gran variedad. Estar perfectamente sano y ser robusto era casi una condena: muchos esclavos con estas características acababan trabajando en las minas bajo durísimas condiciones, o en la arena, como gladiadores. A los esclavos agrícolas generalmente les iba mejor, mientras que los esclavos domésticos de las familias ricas de Roma probablemente disfrutaban del más alto nivel de vida de los esclavos romanos. A pesar de que su alojamiento y comida eran de una calidad notoriamente inferior a la de los miembros libres de la familia, puede haber sido comparable a la de muchos romanos libres, pero pobres. Esclavos domésticos se podían encontrar trabajando como peluqueros, mayordomos, cocineros, empleadas domésticas, enfermeros, maestros, secretarios y costureras. Esclavos con más educación e inteligencia podían trabajar en profesiones tales como la contabilidad, la educación y la medicina.
            Los esclavos eran propiedad absoluta de su dueño. Carecían de personalidad jurídica, de bienes, y hasta de familia propia. El esclavo romano no tenía derecho al matrimonio ni al parentesco. No podría ejercer la paternidad, ni la maternidad, ni la propiedad. Los hijos eran vendidos y separados de sus madres. Esclavitud, violencia, explotación sexual y el maltrato estaban íntimamente ligados. Los esclavos estaban siempre expuestos a agresiones sexuales por parte de cualquier hombre libre e incluso por un esclavo de rango superior. La crueldad para con los esclavos era bastante común en la civilización romana, incluso por parte de las esposas que mandaban azotar a sus esclavas en sus ataques de celos. Sin embargo, los esclavos tuvieron derecho, sobre todo con la llegada del cristianismo y el estoicismo, a sepultar a sus seres queridos. Se produjo una especie de atribución de deberes morales al esclavo, se aceptó que los esclavos podían poseer y cumplir ciertas reglas morales, y así, tuvo deberes para con su mujer y sus hijos. Pero siguió viviendo en la miseria, y su vida y libertad siguieron dependiendo del amo.
            - Ante esta situación hemos de volver a plantearnos las preguntas reseñadas más arriba: ¿No es totalmente contrario al evangelio la esclavitud? ¿Puede un cristiano tener esclavos? ¿Cómo es que san Pablo no le pide sin más a Filemón que libere a Onésimo y a todos los esclavos que pueda tener? ¿Por qué san Pablo no lanza una diatriba contra la esclavitud en vez de hacer (como escribió) una carta de corte espiritual: “Si yo lo quiero tanto, cuánto más lo has de querer tú, como hombre y como cristiano”?
            Hemos de tener en cuenta que el modo de actuación de Jesús no fue el un político[1] o el de un sindicalista, ni siquiera fue el de un defensor de los derechos humanos o el de un revolucionario con la metralleta en sus manos. Jesús actuó de otro modo y su Iglesia también.
            Hay unas palabras revolucionarias de san Pablo sobre el mensaje de Cristo y en estas palabras se menciona la esclavitud. Llevadas estas palabras hasta sus últimas consecuencias originaron que, con el paso de los años, la esclavitud fuera desapareciendo en el imperio romano. Las palabras revolucionarias las escribió san Pablo en su carta a los Gálatas. Dicen así: “Porque todos vosotros sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, ya que todos vosotros, que fuisteis bautizados en Cristo, habéis sido revestidos de Cristo. Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos vosotros no sois más que uno en Cristo Jesús (Ga. 3, 26-28). Dice un autor que estudió este tema: Desde este principio San Pablo no extrajo ninguna conclusión política. No era su deseo, ni estaba en su poder, realizar la igualdad cristiana por la fuerza o por una revuelta. Tales revoluciones no son resultados de lo repentino. El Cristianismo acepta la sociedad como es, influenciándola para su transformación a través, y sólo a través de almas individuales. Lo que demanda en primer lugar de los amos y de los esclavos es, vivir como hermanos, conduciéndose con equidad, sin amenazas, recordando que Dios es el amo de todos[2]. Para la sociedad romana los esclavos no podían tener ninguna religión. Sin embargo, en la Iglesia todos eran iguales y todos podían recibir los sacramentos. Enseguida comenzó a haber esclavos que fueron ordenados sacerdotes. Incluso en el siglo II el Papa Pío había sido esclavo  y en el siglo III también el papa Calixto. Igualmente en los cementerios cristianos no hay diferencia entre las tumbas de los cristianos libres o de los cristianos esclavos. Y podríamos seguir diciendo y escribiendo más cosas. Simplemente añado que, con el tiempo, los cristianos que tenían esclavos en su poder los fueron liberando y que la fe cristiana ayudó a que cambiara mucho la mentalidad y el comportamiento con los esclavos hasta que la esclavitud fue desapareciendo en grandes zonas del imperio romano.
            Termino contando hecho mucho más actual, pero que va en el mismo sentido. Supe de una comunidad cristiana de personas, que tenía muchos rasgos de una secta. Había un jefe de grupo, que ordenaba todo a su criterio y no podía haber ningún tipo de discordancia o pensamiento diverso al suyo. En esta comunidad no dejaban entrar a los sacerdotes. Alguno que había querido entrar y vio la situación, se había opuesto frontalmente a ello y lo que consiguió es que… fuera expulsado inmediatamente. Hasta que un día llegó un sacerdote que no atacó ni al líder, ni los comportamientos ni el modo de vida de aquella comunidad. Este sacerdote se limitó a predicar el evangelio, a meterlos a todos en la oración cercana y frecuente con el Señor en el sagrario y, al cabo de dos años, aquella comunidad había cambiado totalmente. Aquellas personas crecieron, se acercaron más a Dios y a su Iglesia, ya no hicieron una obediencia ciega a su líder y cada uno intentó seguir la voluntad que Dios tenía para ellos.
            En esta misma línea fijaros en el evangelio de hoy. Jesús pone tres condiciones para ser discípulo suyo. Son condiciones muy duras y exigentes: “Si alguno se viene conmigo y no pospone a su padre y a su madre, y a su mujer y a sus hijos, y a sus hermanos y a sus hermanas, e incluso a sí mismo, no puede ser discípulo mío. Quien no lleve su cruz detrás de mí no puede ser discípulo mío… El que no renuncia a todos sus bienes no puede ser discípulo mío”. Si uno quiere cumplir estas condiciones para poder ser discípulo de Jesús…, reventará primero. NO. Lo primero es dejarse llenar por Dios y luego uno pondrá por delante a Dios y después ya a sus parientes, a sus sufrimientos y a sus bienes. Pero es Dios quien nos da la fuerza para ello. Y lo mismo pasa con la esclavitud: que los esclavos se llenen de Dios, que los amos se llenen de Dios y después… la esclavitud se acabará por sí misma.

[1] Jesús les dijo: Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios’” (Lc. 20, 25).
[2] http://ec.aciprensa.com/wiki/Esclavitud_y_cristianismo

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Todas sus homilías me llegan al corazon y creo que me hacen mejorar como persona.

Milagros dijo...

Esclavitud....vivimos en un mundo lleno de esclavitudes. Esta mañana leia que somos ciudadanos libres por nuestra constitucion y nuestra leyes y sin embargo somos esclavos de lo que nace en el interior de nuestro corazon.esclavos de la moda.esclavos de las costumbres y yo creo que somos mas esclavos en cuanto nos creemos mas dueños de nosotros mismos. Si la fe es fiarse de Dios.si pienso que mi dueño es el Señor y lo que hago es porque me fio totalmente de El.entonces pienso que soy libre porque tengo dos opciones y en la esclavitud solo una.un abrazo

Feli dijo...

Nosotros mismos somos esclavos de nuestros hechos.Esclavos de los vicios,como el fumar,la droga,el egoísmo de amontonar,de la moda,etc.La libertad es maravillosa sabiendo usarla,jamás seremos del todo libres,nos atan muchas cosas.Un ejemplo de libertad fue San Francisco de Asis, teniéndolo todo, Se hizo pobre,había días que no comía,dormía a la intemperie,lo daba todo, su amistad,su alegría,su amor y admiración por todo lo que Dios creó.Él no era esclavo de nada,su vida era plena libertad,Jesús estaba totalmente en él.Esa sería mi libertad,así que seguiré siendo esclava de mi conciencia.Un abrazo amig@s.

Anónimo dijo...

Al fin y al cabo todo se reduce a "amar al prójimo como a ti mismo y a Dios sobre todas las cosas".
Pero qué necios somos al no ver que si siembro vientos recogeré tempestades.
Gracias Andrés!!, es una exposición perfecta de la palabra de Dios unida a la historia del hombre. Magistral, como siempre.

Un abrazo para cada un@