miércoles, 18 de noviembre de 2015

Domingo de Jesucristo, Rey del Universo (B)



22-11-15                                 JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO (B)
            1) Celebramos hoy el último domingo del año litúrgico. Celebramos a Jesucristo, Rey del Universo. Las últimas palabras del evangelio de hoy nos dicen qué tipo de Rey es Jesús y qué tipo de Reino tiene Él. Vamos a examinarlo con un poco de detenimiento por si nos interesa (o no) formar parte de este Reino suyo. Dice así el evangelio: Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz. Por lo tanto, en el Reino de Jesús la VERDAD es muy importante.
            Sin embargo, estas palabras que acabo de reseñar aquí no son las últimas de este capítulo 18 del evangelio de san Juan. Sigue escribiendo san Juan las palabras de Pilato: Pilato le preguntó: ‘¿Qué es la verdad?’ (Jn 18, 38). Sí, eso queremos saber: ¿Qué es la verdad, qué supone la verdad?
            ¿Queremos la verdad? ¿Estamos preparados para decir la verdad independientemente de la reacción que provoque en los otros? ¿Estamos preparados para que nos digan la verdad? ¿Vivimos en la verdad? ¿Con qué frecuencia mentimos y nos mienten?
             2) Voy a contaros un cuento: “Un caballero vio un alacrán justo en el momento en que se introducía en la boca de un hombre dormido. Se preguntó qué hacer ante una situación de tanto peligro. Si dejaba dormir al hombre, tarde o temprano el alacrán lo picaría y lo mataría, irremediablemente. Tomó una decisión arriesgada: azotó al hombre con todas sus fuerzas, lo despertó violentamente con un golpe de látigo y lo llevó hasta un lugar donde había un gran montón de manzanas podridas. Amenazándolo con la espada, obligó al hombre, que gritaba de rabia y no comprendía qué estaba pasando, a comerse unas cuantas manzanas. Y después, sin prestar la más mínima atención a sus gritos, le hizo beber una buena cantidad de agua salada. Tras varias horas de sufrimiento, insultos y lágrimas, el hombre cayó al suelo. Vomitó las manzanas, el agua… y el alacrán. Al ver el animal comprendió lo que había hecho el caballero, le pidió perdón por haberlo insultado y le dio las gracias.

'¿Por qué me has salvado?’, le preguntó cuando se hubo recuperado.
‘Porque el conocimiento es la madre de la responsabilidad’.
‘¿Qué quieres decir?’, le preguntó el hombre todavía aturdido por lo sucedido. ‘Si me hubieses prevenido de la presencia de ese alacrán en mi estómago, habría aceptado tu tratamiento sin oponer la más mínima resistencia’.
‘No lo creo’, dijo el caballero.
‘¿Por qué?’
‘Si te hubiese prevenido, no me habrías creído. O el miedo te habría paralizado. O habrías huido corriendo. O te habrías vuelto a echar, intentando dormir’”.
            Hasta aquí el cuento. Ahora vamos a sacar la moraleja o las consecuencias del relato: Las reacciones de las que habla el caballero es lo que normalmente hacemos frente a las verdades que se nos revelan, especialmente si no encajan con nuestro esquema mental: 1) Solemos desconfiar de lo que nos dicen, o nos aterroriza lo que oímos y, por lo tanto, no podemos actuar en consecuencia. 2) O salimos corriendo, intentando acallar esa voz que nos dice algo que no nos gusta. 3) O pensamos que aquí no ha pasado nada y seguimos nuestra vida como si aquella verdad que nos han puesto ante los ojos hubiera sido sólo un mal sueño.
Quien nos dice la verdad, por otra parte, debe saber que cualquiera de estas formas de actuar puede ser nuestra reacción al oírle. Allí es donde juega el conocimiento. Quien nos revela una verdad y, por lo tanto, tiene una responsabilidad para con nosotros, debe ser cauto y pensar adecuadamente cómo nos lo dirá. Una verdad que no se escucha es quizás peor que una verdad no dicha. Lejos de alumbrarnos con su luz, nos puede sumergir en un cono de sombras del que ni siquiera querremos o podremos salir.
3) Conclusiones y preguntas para reflexionar y orar.
- Si nosotros hubiéramos sido el hombre con el alacrán en el estómago, ¿hubiéramos creído al caballero, si éste nos dijera que teníamos ese animal dentro de nosotros?
- Si nosotros hubiéramos sido el caballero y hubiéramos visto aquel alacrán entrando por la boca del hombre, ¿qué hubiéramos hecho?
            - ¿Preferimos saber la verdad o seguir en el engaño? Ante la infidelidad del esposo/a, del novio/a, del amigo/a… Ante la traición del socio de la empresa. Ante la realidad de que nuestro hijo se droga, o falta a clase, o ha robado en casa, o… Ante el comentario que esa persona que está a nuestro lado no nos conviene… Ante el diagnóstico de una grave enfermedad… ¿Preferimos la verdad o seguir con el engaño? (El miércoles estaba haciendo una guardia en el instituto de Cudillero y una profesora me preguntó cómo lo llevaba. Se quejaba de la poca implicación de los alumnos y de las familias en los estudios y de la falta de valores y de interés por formarse. Me comentaba que lleva varios años en el centro y siendo profesora y que ve cómo se va degradando año tras año el alumnado que lleva al instituto. No hacen caso a lo que se les dice y cuando se les indica alguna cosa a realizar preguntan de mala manera: ‘¿por qué?’ También me decía esta profesora que en años posteriores ve a algunos de estos alumnos más rebeldes que trabajan, por ejemplo, de camareros en alguna sidrería y como están cabizbajos y haciendo sumisamente su trabajo, como son explotados, como trabajan horas y horas por un sueldo de miseria, como no tienen en muchos casos ni un triste contrato de trabajo. Éste es su triste final. Se les intenta decir algo de esto cuando están de alumnos en el instituto, pero se ríen a la cara de los profesores pensando que son cosas de viejas para meterles miedo). ¿Preferimos la verdad o seguir con el engaño?
            - Si nos dicen la verdad de nuestro carácter o de nuestro comportamiento, ¿lo aceptamos o lo rechazamos como de alguien que nos quiere mal? ¿Preferimos conocer lo que piensan de nosotros o lo que somos, o queremos seguir con nuestras ideas erróneas y/o parciales?
             - Como nos dice Jesús, “la verdad os hará libres” (Jn. 8, 32). Libertad y verdad van de la mano. El hombre que es capaz de aceptar (ver, escuchar y acoger) la verdad de su vida, lo que los demás le digan…, ese hombre no estará maquillando u ocultando sus obras ni sus pensamientos; ese hombre no tendrá disimulos ni miedos. Ese hombre será libre, pero también es verdad que puede provocar envidia y rechazo en los demás. Ahí tenemos el caso de Jesús, o de Juan Bautista, o de Gandhi… 
             - Aprendamos a vivir en la verdad: por ejemplo, a saber escuchar cuando los demás nos dicen que tenemos “un alacrán en el estómago”.

            - Aprendamos a decir la verdad: no siempre será fácil y en muchos momentos los demás pensarán que, cuando les decimos la verdad, los estamos golpeando sin sentido alguno, pensarán que les estamos haciendo comer manzanas podridas sin sentido alguno, pensarán que les estamos obligando a beber agua salada sin sentido alguno. Nos insultarán y no sabrán entonces, o sólo muchos años más tarde, que todo lo que se les decía era por su bien.
Cristo Jesús es ese caballero que nos dice la verdad ‘del alacrán en nuestro estómago’, aunque nosotros protestemos por ello.
Jesús nos dice: “Yo soy la Verdad” (Jn. 14, 6). No sólo Jesús nos dice siempre la verdad y no nos engaña. Por lo tanto, podemos creerle, ya que nunca nos mentirá ni nos manipulará. Además, Jesús es toda la Verdad y la auténtica Verdad. Creerle a Él y estar con Él nos dará libertad, seguridad, vida…, y nos llevará a Dios.
En definitiva, para entrar en el Reino de Jesús y para pertenecer al Reino de Jesús hemos de vivir en la verdad, hemos de aceptarla (verla, escucharla y acogerla) y, sólo después de esto, podremos ser predicadores y testigos de la verdad.

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