jueves, 5 de marzo de 2015

Domingo III de Cuaresma (B)



8-3-2015                                DOMINGO III CUARESMA (B)
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Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
            Cuenta una leyenda de los indios norteamericanos que había una vez una tribu acampada en la ladera de su Montaña Santa. El jefe de la tribu estaba muy enfermo. Un día llamó a sus tres hijos y les dijo: ‘Me voy a morir, y uno de vosotros tiene que sucederme. Quiero que subáis a lo alto de la Montaña Santa y me traigáis un bello regalo. Aquel que me traiga el mejor regalo será el jefe’. Partieron los tres hijos y, al cabo de unos días regresaron. El primero en regresar fue el hijo mayor, que traía en las manos, con gran cuidado y delicadeza, una extraña flor extraordinariamente bella. El segundo de los hijos volvió trayendo una piedra llena de colores, suave y redonda, pulida por la lluvia y el viento. El tercero en regresar fue el más joven, quien acercándose al padre le dijo: ‘Yo no he traído nada. Estando en lo alto de la Montaña Santa pude ver que a la otra parte hay unas praderas maravillosas, llenas de hierba verde y bosques. Vi también un río y un lago cristalino. Tuve la visión de dónde puede instalarse nuestra tribu para tener una vida más digna. He quedado tan sobrecogido por lo que vi, que no he podido traerme nada. Nada me parecía bonito. ¡Perdóname, padre!’ El anciano jefe, sonriendo y mirando con ternura y firmeza a su hijo, le contestó: ‘Tú serás el nuevo jefe de nuestro pueblo; porque tú nos has traído el regalo de la visión de un mundo mejor’. Hasta aquí el cuento. Este cuento se titula LA ESPERANZA.
            El lunes estuve en Oviedo cuidando a mi madre. Aproveché para ver a una persona que trabaja en una parroquia organizando una serie de actividades con inmigrantes de los países subsaharianos, con bielorrusos, con nativos de Sri Lanka, con un egipcio cristiano copto… En este grupo ensayan y cantan canciones en varios idiomas: francés, inglés, español y latín, y también oran en sus propios idiomas. En efecto, leen el evangelio del domingo siguiente y cada uno pone en común lo que esa Palabra de Dios le dice en su corazón y lo expresa libremente en su propia lengua. Y todo el mundo entiende que Jesús les da fuerza para seguir adelante lejos de sus países, lejos de sus familias y en medio de una incertidumbre social y económica. Me contaba esta persona el caso de David. David es el egipcio copto. Tiene 37 años, es abogado, y tenía un negocio que le daba para vivir dignamente, pero los musulmanes le quemaron la casa y él tuvo que huir, y se ha venido a España. Aquí, dice él, no es nadie. Sus estudios no valen nada. No tiene dinero. Está herido en su corazón y no se fía de nada ni de nadie. Ahora acaba de entrar en este grupo y poco a poco encuentra acogida, escucha, cariño, aceptación y a Jesús, que cuida de él. Encuentra ESPERANZA.
            El evangelio de hoy nos habla de una reacción agresiva por parte de Jesús: echó a los mercaderes del templo su Padre Dios y les tiró los tenderetes. Sus palabras nos dicen el motivo de su acción: “No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”. Jesús no se dejó intimidar por los ricos, por los poderosos, por el qué dirán, por las costumbres antiguas de mercadeo en el templo de Jerusalén, por el ‘siempre fue así’. Entiendo que con esta acción y con sus palabras, Jesús nos da ESPERANZA, porque lucha por la ESPERANZA.
            Necesitamos hombres que, como el hijo pequeño del jefe indio, no piense en sí mismo y en conseguir la jefatura de la tribu, sino que piense en las gentes de su pueblo, aunque pierda él. Cuando un hombre no piensa en sí mismo, sino en el bien de los demás, ese hombre nos da ESPERANZA.
            Necesitamos personas que no se conformen con vivir su fe tranquilamente, con tener su casa, su vestido. su comida, sus amigos y su vida arreglada. Necesitamos personas, como ésa de la parroquia que hablaba más arriba, que no mire para sí y que mire para el bien de los demás. Esas personas nos dan ESPERANZA.
            Necesitamos que hombres hundidos por otros hombres; que hombres robados y aterrorizados por otros hombres…, no se hundan en la desesperación, en la desconfianza, en la derrota… y que confíen en que hay otros hombres que les pueden dar ESPERANZA.
            Necesitamos a Jesús para que nos enseñe a ser dulces, cariñosos, pacientes, tiernos, a ser hombres que escuchen a otros, que acepten tal y como son otros hombres… Pero también necesitamos a Jesús para que nos enseñe que merece la pena luchar para que no se pierda, ni se manche, ni se tergiverse, ni se diluya el mensaje original de Dios con mercaderías, con monedas, con poder, con egoísmos, con robos, con negocios, con cobardías, con querer salvar la fama, con el miedo a que nos señalen con el dedo… Necesitamos el ejemplo que Jesús nos da hoy en el evangelio para enseñarnos a ser valientes ante los demás (aún a costa de su propia vida[1]), para enseñarnos a ser fiel a Dios ante otras infidelidades, para enseñarnos a ser hombres de ESPERANZA y que damos ESPERANZA.
            Necesitamos hombres que, en vez de maldecir la oscuridad y lo mal que está todo, enciendan una luz. Así, encendiendo luces y no maldiciendo oscuridades, lucharemos y crearemos ESPERANZA.
            ¿Qué es la ESPERANZA? Decía el Papa Francisco: La esperanza no es un optimismo, no es la capacidad de mirar las cosas con buen ánimo e ir hacia delante. No, esto es optimismo, no esperanza. La esperanza no es una actitud positiva ante las cosas. Estas personas luminosas, positivas… Estos es bueno ¿eh? Pero no es la esperanza.
La ESPERANZA es una virtud que capacita al hombre para tener confianza en alcanzar VIDA ETERNA con la ayuda de Dios. Pero no sólo la ESPERANZA nos da VIDA ETERNA para después de nuestra muerte, sino que también para aquí y ahora. Además, no sólo la ESPERANZA nos da VIDA ETERNA a nosotros, sino a los que nos rodean.
La ESPERANZA nos empuja a actuar, nos ayuda a tomar decisiones y nos mantiene motivados y en marcha. Las personas con más ESPERANZA sienten menos estrés ante los obstáculos, se ven más capaces de superarlos y se plantean más metas y objetivos por alcanzar. Esto hace que sus vidas se enriquezcan y sean más completas. La falta de ESPERANZA empobrece la vida de las personas, porque intentan realizar menos cosas y tienen menos experiencias, llevando vidas más vacías.
La ESPERANZA está formada por varios componentes: 1) Las metas. Si no tienes ESPERANZA creerás que no vale la pena intentar nada y no te plantearás ninguna meta, de modo que ni siquiera lo intentarás. 2) Las rutas. En segundo lugar, las personas idean los modos de alcanzar dichas metas. Es decir, las “rutas” que les conducirán hacia sus objetivos. Las personas con niveles altos de ESPERANZA no solo son más capaces de idear dichas rutas, sino que también son más capaces de idear rutas alternativas cuando las iniciales fracasan. En cambio, la falta de ESPERANZA hace que seas menos capaz de pensar modos de alcanzar tus metas y aumenta la probabilidad de que abandones al menor obstáculo. La ESPERANZA nos ayuda a perseverar ante los obstáculos. 3) Confianza en la propia capacidad y en la ayuda de Dios.

[1] Sin duda esta expulsión de los mercaderes del templo fue la gota que colmó el vaso de las clases dirigentes judías, y le llevó a la muerte en cruz.

7 comentarios:

Feli dijo...

La verdad que hoy más que nunca necesitamos esperanza,unos para darla y otros para recibirla,Darla a las personas desterradas,humilladas,asesinadas,familias que viven en el terror,los niños obligados a ir a las guerras,o haciendo trabajos de esclavos,niños que desde el momento que nacen,ya son niños tristes,personas sin trabajo que no pueden alimentar a sus familias,demasiadas injusticias ,demasiado odio,demasiado confort para muchos.Un mundo que lo más importante es el tener y ser.Entonces aparecen personas como la señora de Oviedo,que no vive para ella sola,tiene tiempo para dar a los demás ESPERANZA, y el indio,que estaba buscando el porvenir de su pueblo.¿Si volviese Jesús ahora haría lo mismo que hizo con los mercaderes?Dios nos bendiga a todos.

Ana dijo...

Buenos días ... Que claridad .... La verdad me ha venido tan bien tu palabra ... Y la historia del indio ... Sabes cada una de tus historias me las guardo y espero con ansias poder contarselas a mis nietos
Mi abuela ....siempre decía que nunca perdamos la esperanza pues El Señor nos aguarda en el fin del camino
Un abrazo ....

Anónimo dijo...

Ahora entiendo que soy templo de Dios y él me tira el tenderete por mis faltas, pecados, egoísmos. Uf, Pater, me deja KO., pues tardé en entender este evangelio.

Pepitina dijo...

Es una Oda preciosa a la Esperanza, Pater..¡cuánto la necesitamos en estos momentos que vivimos!
Siempre pedimos aumento de la Fe, pero olvidamos que la Esperanza va de su mano y si hemos de ser Testigos como creyentes, también hemos de serlo como personas de Esperanza.
Buena homilía. Bonita homilía. Gracias.
Buena semana para todos amigos.

Chony dijo...

¡¡¡Que bonita homilía!!!
Agradezco de veras que hayas profundizado sobre este evangelio, a mi personalmente siempre me costó entender la raíz de esta narración; hoy me queda clarísimo.
El cuento con el que comienzas la predicación, desvela claramente el sentido de este pasaje.
¿Que es lo que busco yo en el templo? busco a Jesucristo, o por el contrario busco enriquecerme para mi propio bien y disfrute?
Esto me invita a meditar profundamente; Pienso en mi?, en mi comodidad,? en mi regusto?, el recibir sabiduría?, consuelo, amor, entrega, ayuda, conocimiento? para quedármelo y sentirme superior a los demás?; o hago lo que el hijo menor del indio, trato de encontrar la forma de compartir mi "riqueza" con mis hermanos, para que ellos también puedan vivir alegres, en la esperanza de una vida mejor, aquí, en este mundo; transmitiendo mis experiencias del encuentro con Jesús, como El ha cambiado mi vida, le ha dado la vuelta, y todo resulta mas hermoso y atractivo; saber que me quiere como soy, y que siempre está a mi lado, dispuesto a ayudarme como un padre lo hace con su hijo; y a lo que me conduce dicho encuentro, es a desear que todos puedan vivir en esta esperanza y alegría de darse.
Buena semana a todos, y que el Señor nos llene de esperanza; que nos conceda la gracia de luchar por ella.
Muchas gracias D. Andrés por tanto como nos entregas; que Dios le bendiga.
Bendito sea Dios.

Anónimo dijo...

Querido Cura de Tapia,

Gracias por tu dedicación. Me hace mucho todo cuanto trabajas pensando en los demás.

Que sientas tanta recompensa como bien haces.

Un fuerte abrazo para cada un@ y buena Cuaresma.

Anónimo dijo...

Me gustó mucho la homilía de la Esperanza. Lo del miedo, en la línea de la flotación.