viernes, 30 de abril de 2010

Domingo V de Pascua (C)

2-5-2010 DOMINGO V DE PASCUA (C)

Hch. 14, 21b-26; Slm. 144; Ap. 21, 1-5a; Jn. 13, 31-33a.34-35



Homilía de audio en MP3

Queridos hermanos:

En el evangelio de este domingo dice Jesús: “Os doy un mandato nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. La señal por la que conocerán que sois discípulos míos, será que os amáis unos a otros”. Como vemos, el evangelio de este domingo nos presenta un modo de actuar común y específico para todos los discípulos de Jesús que queremos seguirle y ser fieles enlo que Él nos indica. Pues bien, en este domingo yo quiero ser testigo y contaros algunas de las cosas que he visto y he oído en estos días que he estado en una peregrinación diocesana (la de Oviedo-España) en el Santuario de Lourdes (Francia). Estuvimos desde el sábado 24 hasta el miércoles 28 de abril y éste es mi testimonio de cómo en estos días la gente a la que acompañaba trató de vivir el mandato de Jesús: amarse unos a otros cómo Él hizo:

- He visto cómo unas 220 personas salíamos de Asturias. Entre nosotros había enfermos e impedidos, ancianos, voluntarios, peregrinos…

- He visto un día y me ha quedado grabada la imagen de una voluntaria que tenía a dos ancianas discapacitadas psíquicas cogidas del brazo, una por cada lado, y cómo las atendía con todo el cariño. Una tenía mocos en la cara y no he visto ningún gesto de asco en el rostro de la voluntaria (después le quitaría los mocos…).

- He visto a voluntarios ir a las piscinas de Lourdes. Parece que es duro por lo que allí se ve: cuerpos deformes de ancianos, de jóvenes y de niños. A aquellos que se ofrecen voluntarios les dan unas pequeñas instrucciones de cómo hacerlo mejor; hacen un poco de oración antes de comenzar y, mientras se están introduciendo los cuerpos en el agua, se reza y se canta a la Virgen. He visto a algunos de estos voluntarios que, cuando salían después de haber ayudado a sumergir en el agua a los enfermos y fieles, salían con lágrimas en los ojos y descargaban sus lágrimas sobre los hombros de otros voluntarios que les recibían con los brazos abiertos. Lloraban por la dureza de lo que vieron; lloraban por la fe y entrega que vieron en los que iban a ser sumergidos; lloraban porque se sentía tocados por algo muy especial en lo más profundo de su espíritu; lloraban sin tener una explicación razonable de por qué lloraban…

- Me han contado que uno de los jóvenes voluntarios que fue a Lourdes no estaba demasiado convencido de todo lo relativo al hecho religioso: no quería saber nada o poco de rollos de curas, de “vírgenes”, de la Iglesia. Allí sólo iba a echar una mano con los enfermos. Lo demás no le interesaba demasiado. He visto a este joven llorar como un chiquillo cuando salía de las piscinas después de haber llevado allí a enfermos e impedidos y de haberlos sumergido en el agua.

- Me han hablado de los rostros radiantes, esperanzados, confiados y entregados de los enfermos e impedidos cuando, al final de la procesión eucarística, el sacerdote pasaba por entre ellos para darles la bendición con el Santísimo. Aquellos rostros impresionaron al que acompañaba al sacerdote.

- Me han hablado de un joven por el que su madre rezaba mucho. La madre era voluntaria de la peregrinación a Lourdes. Un día el joven le dijo a la madre que quería ir. La madre se lo preparó. En el autobús lo “marearon” con tanto rezo. Durante los primeros días dijo que no aguantaba más y que se marchaba. Incluso fue a mirar los horarios del tren, pero se quedó hasta el final. La noche más preciosa de su vida la pasó delante de la cueva de la Virgen. Hoy está enganchado a Lourdes, a los enfermos y sus pocos días de vacaciones los usa para ir hasta allá.

- He visto a peregrinos que fueron a Lourdes hundidos en su dolor, encerrados en autocompasión y allí fueron acogidos con los brazos abiertos por las demás personas de la peregrinación. Era algo natural. Estos peregrinos sufrientes dejaron de mirarse un poco al ombligo y empezaron a dar y a darse a los demás, y experimentaron el milagro de que su dolor era menos dolor al ser amado y, sobre todo, al amar a los otros.

- He visto a voluntarias y voluntarios sacar tiempo de sus vacaciones para ir a Lourdes y para atender a los enfermos e impedidos y, estando ellos ya en Lourdes, he sabido que “robaban” tiempo de su descanso nocturno, de su ocio diario y cogían algunos minutos y se escapaban a la cueva o a una capilla a rezar a la Virgen.

- He visto allí cómo se hacía realidad la segunda lectura que hemos escuchado hoy: “Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva... Vi la ciudad santa... que descendía del cielo, enviada por Dios... Y escuché una voz potente que decía desde el trono: -Ésta es la morada de Dios con los hombres... Enjugará las lágrimas de sus ojos. Ya no habrá muerte, ni luto, ni llanto, ni dolor”. Es decir, vi cómo el amor de Dios y de la Virgen María, el amor entre los hombres por mediación del Espíritu Santo hace posible que Dios esté entre nosotros. Allí en Lourdes era palpable. También escuché a un voluntario que me comentó que él no era creyente, pero que lucha con todas sus fuerzas por propagar el modo de vida cristiano, pues es lo mejor que tiene el mundo para vivir y para relacionarse.

Algunos de vosotros podréis preguntarme si vi algún milagro en Lourdes. Os diré que sólo vi los que os he contado más arriba. Os diré que en estos días he visto el mandato del amor de Jesús a sus discípulos hecho realidad en la peregrinación diocesana de Lourdes.

Termino con una frase de la adolescente a la que se le apareció la Virgen: en cierta ocasión Bernardette tuvo que explicar lo que sucedía con las apariciones de la Virgen a las autoridades del lugar y a otras personas. Había gente que no la creía, entonces ella contestó: “A mí me encargaron decíroslo, no hacéroslo creer”. Pues bien, creáis o no creáis todo esto, os digo lo mismo que Bernardette: “A mí me encargaron decíroslo, no hacéroslo creer”. Esto último le corresponde a Dios. Sólo Dios es quien abre nuestros espíritus para creer y para amar al modo de Jesús.

5 comentarios:

Pepitina dijo...

Buena frase la de Bernardita:"A mí me encargaron decíroslo, no hacéroslo creer”. En momentos de desánimo cuando, después de un seguimiento de 7 años en un grupo de oración y formación, una de las personas te dice, que ella no va a Misa todos los domingos...quedas sin palabras. La próxima vez, tomaré prestadas las de Bernardita.Y me llenarán de Paz, como me ha ocurrido hoy al leerla en la homilía, sabiendo además que son palabras acompañadas de actitudes heroicas vividas por una santa.
Ciertamente peregrinar a Lourdes con enfermos es un regalo de Dios a través de Su Madre. Fui voluntaria varios años y lo recuerdo siempre con gran alegría; allí pude vivir la caridad, el sacrificio en el servicio, la fe que tanto ayuda en la enfermedad y el sufrimiento; surgieron amistades distintas...eran de Lourdes; fueron dias hermosos vividos en comunión eclesial y donde descubrí, por vivirlo de forma excepcional, la catolicidad de nuestra iglesia, Su Universalidad, ante aquella gran plaza desde donde una oración sentida y dolorida pero confiada, subía hasta el cielo agradeciendo la Fe recibida y compartida.
Mi recuerdo cariñoso para los voluntarios que conozco y los que participasteis; es una bonita labor que "marca", porque toda ella va llena de Amor y esto es lo único que nos llena de verdad.
Buena semana amigos.
Ah!!Merece la pena leer la vida de esta santa.¡cuánto nos enseña!!

Anónimo dijo...

¡Qué experiencia más bonita, y qué labor! La envidia me sigue creciendo; ojalá pueda yo hacer algo tan grande por los demás. Me saltaron las lágrimas por el Amor tan grande.

Un abrazo

Ángela, Hospitalidad de Oviedo dijo...

Estimado D. Andrés:

Me causa honda emoción y sosiego espiritual su hermosa homilía del dia de hoy, y no casualmente, todos y cada uno de los fragmentos que, con tanto caríño describe, los he vivido en estos diez años de peregrinación con la Hospitalidad Diocesana de Oviedo. Para mí ha sido una grata sorpresa escuchar y leer tan sinceras palabras que,aunque nadie se lo crea, son tan sólo un ápice de los muchos milagros que Nuestra Señora realiza en Lourdes, porque no son espectáculos, ni tampoco grandes maravillas, son tan simples y hermosos como los aquí descritos.

En especial quisiera agradecerle sinceramente su mención a ese muchacho y su madre, porque si algo he observado en estos largos años es que, algunas personas estan tocadas directamente por la mano de Dios, y lo demuestran con sus hechos y sus acciones, día tras día, en silencio, sin hacerse notar, porque no hay mayor virtud para seguir a Jesús que, seguir su mandamiento nuevo sin tener que publicarlo a los cuatro vientos. Por ello, y habiendo sido testigo de la situación en particular que describe, he de decirle que siempre tendré en mi corazón el rostro de esa madre cuando, trascurrida toda la noche sin saber de su hijo, le vió aparecer sonriente, feliz, radiante, nuevo, tras haber pasado toda la noche en la gruta en compañía de la Madre. Nuestra Señora que es muy sabia, le tenía reservada esta sorpresa por lo muchísimos años de entrega a los demás, vocacional y auténtica.

Tengo el privilegio de contarme entre esas personas que han ido viviendo, año tras año, la evolución de una y otro, y no tengo más que agradecimiento a ambos, porque han enriquecido mi alma, han nutrido de amor mi corazón y me han ofrecido una amistad sincera, extraña de encontrar en estos tiempos que corren.

Por ello, y a modo de despedida, quisiera darle las gracias por compartir sus hermosas palabras con la familía de Dios, ya que estos ejemplos son totalmente necesarios para que nuestra Iglesia lleve a buen puerto su cometido.

En estos años he disfrutado de la compañía de sus padres, peregrinos de Lourdes, y al ver sus palabras reconozco que ha empleado sabiamente la enseñanza que le dejado. Deles un fuerte abrazo de mi parte y dígales que les hemos extrañado mucho este año.


Muy cordialmente,

Ángela, voluntaria de la Hospitalidad de Lourdes

Chony dijo...

¡¡¡Que bonito testimonio, que viene a dar fe, de que este mandato del Señor "amaos unos a otros como yo os he amado" se da hoy en día!!! Escuchándote hablar y describir lo que viste y viviste en este viaje, lo que me sale pensar es: esos eran verdaderos discípulos de Jesús, cumplian el mandamiento nuevo del amor, entregándose por completo a quienes les necesitaban, no solo físicamente por sus limitaciones, sino también a aquellos que además necesitan sentirse amados. Yo creo que en tantas ocasiones, las personas sufrimos mas por falta de amor, que por nuestras limitaciones, enfermedades, o necesidades de cualquier tipo. Bien sabía Jesús que para el ser humano lo mas importante es, sentirse amado: cuando tienes esa seguridad, resulta mas fácil afrontar la vida, así como amar nosotros también.
Lo cierto es que en todo lo que nos has contado yo veo muchos milagros, y que el Señor ha estado presente, así como su Madre; También me impresionaba el saber que los voluntarios en sus ratos libres, acudían a rezar, porque ellos también necesitaban sentir el amor de Dios en ellos, para poder darse a los demás; ya que como nos dices, es imposible AMAR, si no tienes a Dios dentro de ti, Yo al menos soy egoísta y me canso enseguida, mas cuando es el Señor quién ama en mi, a través de mi, la cosa cambia bastante, porque ves al que tienes enfrente con los ojos de Dios, y no con los míos.
Hoy cuando terminó la homilía, estaba a mi lado una persona amiga, que me preguntó ¿tu me quieres a mi de esa manera? sentí una gran ternura en mi corazón, y no pude responder, solo pude darle un fuerte abrazo.
"Donde hay caridad y amor, allí está el Señor" que gran verdad. Hay milagros cada día, solo hay que saber verlos.
Pepitina, muchas gracias por compartir con nosotros la alegría del nacimiento de mi nueva nieta Inés, Ya veo que tu también estás esperando que aumente de nuevo tu familia, pues no sabes cuanto me alegro, porque es una bendición enorme; Dios quiera que todo salga bien. Enhorabuena.
Un abrazo para todos.
Andrés, muchas gracias.
BENDITO SEA DIOS.
chony

Anónimo dijo...

Nuevamente el Evangelio nos pone una tarea nada fácil de cumplir: lo de "amaos los unos a los otros... " y con tu aclaración " a todos, aunque no nos guste alguno" no está al alcance de casi nadie y yo el primero. El caso es que como Dios conoce bien nuestras limitaciones, espero de Él un factor de corrección que me permita aprobar, aunque sea por los pelos, sin cumplir todos los requisitos.
En cuanto al viaje que has hecho a Lourdes la verdad es que yo nunca me he planteado hacerlo. ¿Será porque tengo un "Lourdes" cerca? o ¿será porque no quiero correr el riesgo de sentir algo inesperado? (Estoy viendo tu sonrisa, porque sabes que soy yo el que está contestando.)
Que Dios no te aparte de mi camino.
Un abrazo
Un penitente agradecido