sábado, 10 de abril de 2010

Domingo II de Pascua (C)

11-4-2010 DOMINGO II DE PASCUA (C)

Hch. 5, 12-16; Slm. 117; Ap. 1, 9-11a.12-13.17-19; Jn. 20, 19-31



Homilía de audio en MP3

Queridos hermanos:

Como ya sabéis el segundo domingo de Pascua está dedicado a la Misericordia Divina; por eso, a este día se le conoce como el Domingo de la Misericordia.

Después de leer las lecturas que la Iglesia nos propone hoy para nuestra reflexión y oración, vemos que la resurrección de Jesús trae consigo una serie de consecuencias. Fijémonos en algunas de ellas:

- La resurrección de Jesús trae consigo la paz. Este es el saludo con el que Cristo Jesús se presenta a sus discípulos: “Paz a vosotros […] Jesús repitió: Paz a vosotros”. El domingo de Pascua, después de celebrar la Misa de 11, entré en la sacristía de la catedral, pues debía salir inmediatamente para la parroquia de San Emeterio de Bimenes (cerca de Nava) a celebrar allí la fiesta de Pascua. En la sacristía me encontré con D. Jesús, nuestro arzobispo, y, al saludarle, le comenté que marchaba para este pueblo y me dijo: ‘Dales la paz’. Y es que D. Jesús fue franciscano y San Francisco de Asís saludaba a la gente, no con: ‘buenos días o buenas tardes’, sino diciendo: “paz y bien’. Por eso, todos los franciscanos saludan también de esta manera.

En efecto, el hombre que experimenta a Cristo vivo siente cómo la paz se va apoderando de todo su ser. Tiene paz consigo mismo, pues se acepta tal y como es, con sus virtudes y con sus defectos, con su historia particular, con sus éxitos y con sus fracasos, con su pasado, con su presente y también abierto al futuro que Dios le depare. Igualmente este hombre tiene paz con los demás. Quizás los demás no tengan paz con él o le tengan odio o resentimiento, pero la persona llena de Cristo resucitado sí que tiene la paz para con los demás. Finalmente, el hombre que experimenta a Cristo vivo tiene la paz con Dios, porque Dios mismo es el origen de toda paz. Este día me comentaba una persona que, cada vez que se confiesa, por ejemplo, siente como que se le quita un gran peso de encima y que rejuvenece unos 10 años. La paz de Dios nos hace sentirnos más ligeros, alegres y confiados.

- Otro fruto de la resurrección de Cristo es el perdón. Dice el evangelio de hoy, refiriéndose Jesús a los discípulos: “a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los retengáis les quedan retenidos”. El perdón debe formar parte de toda convivencia humana y, por tanto, de toda persona humana. En la parroquia de La Corte (Oviedo) el párroco me llama siempre para dar una charla a los novios que van a casarse. El primer día el párroco divide una pizarra en dos partes. En una apunta todo aquello que debe tener un matrimonio y en la otra parte todo lo que no debe existir en el mismo. Para rellenar las dos partes se pregunta a los novios. En la primera escriben: amor, comprensión, diálogo, respeto, cariño…, pero nunca ponen el perdón. Antes de comenzar mi charla y al ver todo lo que está escrito en la pizarra, siempre cojo una tiza y escribo: ‘perdón’, pues nunca lo escriben, y les digo a los novios que, en toda relación humana hay errores y heridas, y el perdón es la mejor manera de superar todo eso. Perdón que se da, perdón que se recibe. Pues bien, en toda relación humana (en la sociedad o dentro de la Iglesia) y en toda relación con Dios se cometen errores, pecados… y Dios nos perdona. Para eso murió Cristo en la cruz: por nuestros pecados, para el perdón de los mismos. Y la Iglesia tiene que ser instrumento y mediadora del perdón de Dios para los hombres. Por ello, Jesús ha dejado a su Iglesia este poder: el de perdonar. Pero también Jesús dejó a la Iglesia el poder de no perdonar, o sea, de retener los pecados. Este es un tema escabroso, pero hoy me voy a detener un poco en él.

Existen varios casos en el Nuevo Testamento en los que los pecados de los hombres han sido retenidos. Voy a fijarme en tres de ellos: 1) Dice Jesús en el evangelio: “Quien hable mal del Hijo del hombre, podrá ser perdonado, pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo, no será perdonado” (Lc. 12, 10). No voy ahora a profundizar en qué consiste el pecado contra el Espíritu Santo; simplemente quiero subrayar el hecho de que Jesús retiene el perdón por un determinado pecado. 2) En otro momento dice también Jesús: “Si tu hermano te ofende, ve y repréndelo a solas. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, toma contigo uno o dos, para que cualquier asunto se resuelva en presencia de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad; y si tampoco hace caso a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano” (Mt. 18, 15-17). Aquí se ve cómo el empecinamiento de un hombre en su pecado y el no querer arrepentirse, ni siquiera a instancias de otros hermanos de comunidad, hace que se le retenga también el perdón. 3) Finalmente, reseño aquí un texto de San Pablo, en el que éste presenta un hecho que sucede entre los cristianos de Corinto: “Es cosa pública entre vosotros un caso de lujuria de tal gravedad, que ni siquiera entre los no cristianos suele darse, pues uno de vosotros vive con su madrastra como si fuera su mujer. Y vosotros seguís tan orgullosos, cuando deberíais vestir de luto y excluir de entre vosotros al que ha cometido tal acción. Pues yo, por mi parte, aunque estoy corporalmente ausente, me siento presente en espíritu, y, como tal, he juzgado ya al que así se comporta. Reunido en espíritu con vosotros, en nombre y con el poder de nuestro Señor Jesucristo, he decidido entregar ese individuo a Satanás, para ver si, destruida su condición pecadora, él se salva el día en que el Señor se manifieste” (1 Co. 5, 1-5). Como se ve en esta explicación del apóstol, retener el perdón no es un castigo, sino que es 1) una forma de hacer presente y mostrar al pecador su situación real de cara a Dios y de cara a los demás; 2) igualmente al quedar ese pecador aislado de Dios y de la ayuda de la comunidad, y verse “en poder de Satanás”, San Pablo espera que recapacite y pueda arrepentirse, convertirse, pedir perdón, ser salvado mediante la concesión del perdón divino y ser reintegrado en la comunidad. En efecto, Dios no quiere la muerte de nadie, sino que quiere que el hombre se convierta y se salve.

Estos dos frutos los cierro con la formula que el sacerdote pronuncia al absolver al fiel que se acerca a confesar sus pecados. Fijaros que belleza:

“Dios, Padre misericordioso, que reconcilió consigo al mundo por la muerte y la resurrección de su Hijo y derramó el Espíritu Santo para la remisión de los pecados, te conceda, por el ministerio de la Iglesia, EL PERDON Y LA PAZ.

Y yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. AMEN”

- Fruto de la resurrección es la fe. Se nos presenta hoy en el evangelio el famoso caso de Santo Tomás: él sólo creería que Jesús estaba vivo si metía su mano en su costado abierto y sus dedos en el agujero hecho por los clavos en las manos de Jesús. Cuando éste le acercó su costado y sus manos para que hiciera lo que había dicho, Tomás responde con la fe: “¡Señor mío y Dios mío!” Y Jesús le responde: “¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto”.

- Hay más frutos de la resurrección de Jesucristo: por ejemplo, la Iglesia y la venida del Espíritu Santo, pero de ello ya hablaré en otra ocasión.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

En esta preciosa Homilía de D. Andrés, nos habla del legado de Jesús en su Resurreccion, consistente entre otros, en la Paz, el Perdón y la Fe. Me parecen extraordinarios estos regalos que tanto bien nos hacen a los seres humanos. El Señor en su gran Misericordia, no solo quiso que tuviesemos la certeza de la vida eterna, nos regaló también dones que ya hacen que aqui en la tierra, podamos disfrutar de las primicias de lo que será el cielo, quiso que pudiésemos paladear los beneficios que estos dones nos traen a nuestras vidas, y como la alegría de tenerlos, puede cambiarnos y convertirnos en seres diferentes, en verdaderos amigos de Jesús.
Doy gracias a la Misericordia infinita de nuestro Dios, que nos cuida y nos hace regalos que sosiegan nuestra vida, llenándola de gozo y esperanza de vida eterna.
¿Qué sería de nosotros si D. Andrés no tuviese este maravilloso encuentro dominical de las 11 de la mañana en la Catedral? ¡Qué gracia del Señor ha sido el contar con un Pastor así, tan cercano, tan claro, tan observador del Evangelio, y tan coherente con lo que dice y lo que hace, qué ejemplo de Sacerdote! Hoy pido por D. Andrés de forma especial a los hermanos del Blog, para que todos le encomiendemos en nuestras oraciones, y para que el Señor, le siga otorgando la gracia de cuidar de este rebaño, con tanto cariño y sabiduría.
Un fuerte abrazo a los queridos Hermanos del blog.

Anónimo dijo...

Siento presentarme siempre de forma anonima, pero para mi siempre es mas importante el contenido que el recipiente, por lo que seguire de esta forma, a pesar de que alguna persona del blog me ha reconocido.

Este domingo de la DIVINA MISERICORDIA, me ha alegrado muchisimo, porque la misericordia es el AMOR de DIOS al hombre y EL nos dice que cuanto mas le pidamos, mas nos dará, y eso es algo maravilloso, por que tiene sus frutos y estos son que de tanto recibir, el corazón se hace de carne y terminas por ser tu tambien misericordioso con los hermanos. Decía el cura de Ars, que la misericordia de DIOS es como un torrente que desbordado arrastra los corazones de los hombres….

Yo después de la Pascua, esperaba mucho, sin embargo el Señor, a lo largo de la semana, me ha ido dando poco a poco, yo deseaba una noche explosiva, con un Cristo radiante ante mi, y EL me concedio una noche en que sentí en mi interior una enorme PAZ, en mi vida, en todo su tiempo, una paz total, completa, maravillosa. No es lo que esperaba, pero el Señor siempre sorprende y le doy gracias por ello.

Esta paz ha traído consecuencias, pues mi hermana, que vive conmigo, estaba muy enfada y llevaba una semana sin hablarme, no desconocia el motivo exacto de su enfado, pero sabia que el Señor me llamaba a humillarme y pedirle perdón, no debí de ser suficientemente humilde, pues mantuvo su enfado conmigo, eso hizo que mi corazón buscará el ponerme a su servicio durante toda la semana, contestando con amor a sus reproches y guardando silencio, porque el Señor tenia invadido mi corazón de una profunda paz. La tarde de este segundo domingo de Pascua, el Señor tocó el corazón de mi hermana y la convivencia fraternal ha vuelto al hogar.

Verdaderamente el Señor levanta al que se humilla y responde siempre con PAZ Y BIEN, solo le pido que no permita que yo olvide esto en toda mi vida.

Un abrazo a todos los hermanos del blog, es precioso que recemos unos por otros y todos por Andrés, porque sin profetas en nuestras vidas todo es mucho mas difícil.

Chony dijo...

Domingo de la Divina Misericordia; en plena Pascua la iglesia nos presenta hoy esta celebración, que a mi me hace pensar que, esta misericordia Divina, este amor ilimitado, este deseo de salvar a todos los hombres, ha sido el motivo por el cual el mismo Dios se ha encarnado, ha sufrido la Pasión, para terminar clavado en una Cruz como un malvado; hoy contemplo a ese Jesús resucitado, que ha dejado sepultados todos mis pecados; ya no tengo que luchar sola contra la tentación, pues si así fuera sería una guerra perdida, Él está a mi lado dispuesto a pelear junto a mi.
Yo esperaba una Pascua exultante, ver realmente al Resucitado, y sentir dentro de mi que está actuando y cambiando mi vida, de tal forma que, Él pasase a ser lo primero y mas importante; poder afrontar con su ayuda la vida de cada día, con sus cruces y sufrimientos, y también con sus alegrías; mas hoy me encuentro como los discípulos de Emaús, desanimada y mas bien triste, con su misma torpeza de no entender las escrituras, y cayendo en la tentación de pensar que para mi todo acaba en la Cruz.
No obstante sé por la fe, que no es así, porque a lo largo de mi vida en infinidad de ocasiones, sí he sentido a Mi Señor resucitado dentro de mi, y he visto los frutos de su resurrección; La paz, el perdón, la fe, y tantos mas que son incontables; alguno podría ser, la alegría, la misericordia, el amor al enemigo, el morir a mi misma, el compartir alegrías y penas con quien necesita ser escuchado.......etc.etc; precisamente por eso, sé que mi Dios está vivo y Él lleva mi vida, por tanto me llegará la Pascua, cuando Él lo decida, y quizás cuando menos me lo espere.
Sé muy bien que la misericordia de Dios es infinita, que Él desea mi felicidad, y que confíe en Él, que no pierda nunca la esperanza; también tengo muy presentes sus palabras a los apóstoles: "He aquí que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo" es una hermosa promesa, si Él está conmigo ¿Que puedo temer?
Gracias Andrés, es un gran detalle del Señor que te haya puesto entre nosotros.
Queridos hermanos, felices Pascuas.
BENDITO SEA DIOS.
chony

Anónimo dijo...

Creo, como algunos comentarios, que a veces como los de Emaus, creemos y esperamos.... a nuestra manera y no a la del Señor y Él se nos muestra vivo y resucitado, como Él quiere, no como nosotros lo deseamos o esperamos. Su manera, sin duda, es la mejor, la que nos conviene y supera nuestras previsiones.
Paz y bien.

Peregrina dijo...

Padre, desde Madrid os saluda Marisol, la enfermera que pudo compartir la Pascua con "Fe y Vida", a Dios gracias. Nos encomendamos mucho a sus oraciones desde la Escuela del Rescate del Dr jesús POVEDA; que ha cumplido unaño de existencia, y desde Fundación Madrina, www.madrina.org, donde todos los días nos piden ayuda a gritos para no abortar, rrece mucho por nosotros, GRACIAS: Marisol, Peregrina.

Pepitina dijo...

¡Qué pasaje tan bonito!! Puertas y corazones cerrados por el miedo, son traspasados por la Paz del Señor resucitado. Y cuántos sentimientos hermosos tocan el corazón del discípulo – de cada uno de nosotros: alegría y descanso en esa Paz regalada, sorpresa emocionada ante la misión que recibimos y que sólo por ser fruto de Su Espíritu no nos llena de temor ante la magnitud de tal envío..¿qué decir, qué hacer, cómo anunciarle vivo y resucitado….? El perdón y la misericordia que nos reconcilia con nosotros mismos y que percibimos incluso en la luz que nos deja Su Palabra, en lo más profundo de nosotros mismos. Bonita explicación sobre el perdón, Pater. Bonita y buena.
¿Y la Fe? Gran Don. No podría vivir sin ella. Creo, que es la conciencia de mis grandes limitaciones, lo que día a día hace mas firme esa fe desde la que intento responder a Su amor, pues soy simplemente lo que Él es en mi, y hago simplemente lo que Él hace en mi, lo demás que soy yo, es mi pecado o bien mi torpeza, como la de aquellos discípulos de Emaús: “qué necios y torpes sois…”; así también yo, en el momento en que hago algo por mi cuenta sin contar con el Señor. Cuántas veces me acompañan aquella palabras suyas: “Sin Mi, nada podeis hacer” y cuánta verdad contienen.
Creo en la Resurrección, creo en el Espíritu Santo, creo en la Iglesia….Nunca como en este año he rezado tanto el Credo; a medida que lo voy recitando a media voz, es como si Alguien me lo confirmase interiormente..Es la Fe.
Gracias por tu ayuda en el video-blog, Leandro. Encima saliste guapísimo, y ¡qué bien lo hiciste!
Buena semana amigos. Que la Paz de Jesús resucitado nos colme.