viernes, 6 de marzo de 2009

Domingo II de Cuaresma (B)

8-3-2009 DOMINGO II CUARESMA (B)
Gn. 22, 1-2.9-13.15-18; Sal. 115; Rm. 8, 31b-34; Mc. 9, 2-10
Homilía de audio en MP3
Homilía de audio en WAV

Queridos hermanos:
EXAMEN DE CONCIENCIA
No quisiera que este examen de conciencia fuera una especie de losa sobre nosotros. No. La miseria humana, en cristiano, va siempre acompañada de la misericordia de Dios. Sólo a través de los ojos y del corazón de Dios el hombre puede y debe mirar sus propios pecados. El nos los descubre, y al mismo tiempo nos los perdona. Pero yo no puedo cambiar y caminar hacia Dios si no veo dónde estoy de verdad, y esto me lo hace ver Dios con su luz admirable y con la paz maravillosa que nos concede su perdón.

¿He sentido envidia hacia alguien por las cosas que tenía, por su carácter más simpático o por su saber más grande que el mío, por su físico; de tal manera que me alegraba de sus fallos o cuando las cosas le iban mal, y me entristecía cuando las cosas le salían bien? El sentimiento de la envidia en muchas ocasiones no es buscado por nosotros, pero es algo que surge en nuestro interior y nos da mucha vergüenza. En determinados momentos la envidia que sentimos es fruto de la tentación a fin de quitarnos la paz.
¿He sentido celos ante otras personas porque ellas son más valoradas que yo, más tenidas en cuenta que yo, más apreciadas que yo? ¿He sentido celos porque a los demás se les reconoce enseguida lo “poco” que hacen, y a mí no se me reconoce todo lo que hago (al cuidar a unos padres, al hacer las tareas de casa, en el lugar de trabajo…?
¿He hecho juicios en mi interior acerca de otras personas, descalificando las actuaciones de los otros, como si todo o casi todo lo de ellos fuese malo? El juicio interior supone ponerse en una posición de superioridad y desde ahí considerar como negativo lo que los demás dicen, hacen o dejan de decir y/o de hacer.
¿He murmurado contra alguien, bien iniciando yo la conversación o siguiendo lo comenzado por otros? ¿He sacado los defectos de los demás a la luz pública? La murmuración presupone un juicio previo. El juicio queda en mi interior, mientras que la murmuración sale al exterior por la lengua. Lo malo o negativo que veo en los demás, ¿soy capaz de decírselo al interesado o interesada? La mayoría de las veces no, entonces ¿por qué lo digo?: ¿Porque me interesa de verdad esa persona y que mejore; por pasar el rato; por despecho; por quedar por listo o gracioso ante quien estoy murmurando? Si no soy capaz de decir lo negativo al interesado, entonces es mejor que me calle o en todo caso que se lo diga a Dios rezando por esa persona. Lo peor de la murmuración no es lo que decimos, que en muchas ocasiones es cierto, sino el “tonillo” con el que decimos esas cosas, es decir, no hay caridad. Y la verdad que no va acompañada de la caridad-amor, no es la verdad de Cristo. Yo no he descubierto nunca a Dios diciéndome las cosas, ni a mí ni a nadie, restregándolas por las narices. Dios me muestra las cosas, mi verdad, mis defectos, pero lo hace con tanto amor, que veo lo que me dice, lo acepto y mi amor hacia El crece más. Aprendamos a hacerlo así y, si no lo hacemos así, es que estamos murmurando.
¿He difamado, es decir, he dicho cosas negativas de los demás que son falsas, bien porque exagere lo que digo o porque no me cercioro y aseguro de la veracidad de lo que escucho sobre los otros y “alegremente” lo suelto sin más? CUANTO DAÑO HACE LA LENGUA, NUESTRA LENGUA. Ya leemos en la epístola del apóstol Santiago que “la lengua ningún hombre es capaz de domarla: es dañina e inquieta, cargada de veneno mortal; con ella bendecimos al que es Señor y Padre; con ella maldecimos a los hombres creados a semejanza de Dios; de la misma boca salen bendiciones y maldiciones”. “Todos faltamos a menudo, y si hay alguno que no falte en el hablar, es un hombre perfecto, capaz de tener a raya a su persona entera”.
¿Soy una persona mal hablada con frecuentes tacos, con blasfemias, con palabras soeces o hirientes (“cada día te pareces más a tu madre…”, “cállate, gorda…”); buscando siempre el insulto, el dejar mal a los otros, el decir la palabra graciosa, aunque sea a costa de los demás?
¿He mentido a alguna persona, a mi familia, en el trabajo para no quedar mal, por aprovecharme de otros, por venganza, etc.? ¿He dicho medias verdades por las mismas motivaciones? Cuando Jesús fue condenado a muerte por los judíos del Sanedrín, para ello utilizaron sus propias palabras. Le preguntaron si El era el Hijo de Dios y Jesús contestó que sí, que lo era. Y esto le ocasionó su muerte. Podía haber dicho una mentira piadosa. Total esa mentira piadosa le hubiera permitido vivir más años, curar a muchos enfermos, hacer muchos milagros, enseñar mejor a los apóstoles, asentar mejor la Iglesia que quería fundar, anunciar mejor el mensaje de Dios Padre. Pero no, El dijo siempre la verdad, aún a costa de ser muerto, aún a costa del fracaso de su misión entre nosotros. Y su verdad le llevó a la cruz, y esta cruz, fracaso entonces, es salvación para todos nosotros.
¿He sido impaciente con los demás y conmigo mismo? El impaciente es aquél que no tiene paz en su corazón y por eso “salta” con frecuencia. Estoy impaciente cuando no soy capaz de esperar con sosiego y tranquilidad que llegue el ascensor al que he llamado, a que el semáforo se ponga en verde, a que te atiendan en el médico, o que atienden en el supermercado a la persona que está por delante de mí. Estoy impaciente cuando no me pongo en el lugar de los otros y quiero que ellos hagan las cosas como yo las hago y en el tiempo en que yo las hago. No aguanto los fallos de los demás, pero los míos propios… tampoco.
¿He tenido ira, rabia, enfados hacia alguna persona (familiar, amigo, en el trabajo, etc.), y he manifestado esta ira externamente con expresiones hirientes o soeces, con voces, o incluso también en mi interior?
¿Tengo rencor hacia alguna persona, de tal modo que no hablo con esa persona, ni la perdono de ningún modo y, cuando la veo o surge una conversación sobre ella, siempre se nota mi inquina contra ella? ¿Llevo mi “agenda” de los agravios que me han hecho los demás y las fechas en que me las han hecho y ante quien me las han hecho? ¿Hay alguien a quién no salude ni tenga intención de hacerlo? ¿Soy una persona vengativa; las cosas que me han hecho las tengo bien guardadas y presentes, y ante la más pequeña oportunidad se las "restriego" en la cara o suelto mi "veneno" ante otras personas?
¿He tenido pereza para levantarme, para acostarme, para hacer los estudios, el trabajo, mis oraciones, asistencia a la Misa, etc.? Perezoso es aquel que hace las cosas que le gustan, y las que no, las va dejando siempre de lado: el cesto de la plancha, los azulejos, tareas en el trabajo, escribir cartas, visitar a personas, enfermos. Con frecuencia la pereza va asociada al egoísmo, pues saco tiempo para las cosas que me gustan y me interesan, pero las otras cosas quedan las más de las veces sin hacer o a medio hacer.
¿He perdido el tiempo? Tenía diversas cosas que hacer y las he ido dejando de lado para hacer lo que me gusta: ver la Tv, hablar por teléfono, leer una novela, dar la lengua con alguien… y mientras tanto las cosas sin hacer.
¿He tenido gula, es decir, me dominan las apetencias y los gustos por encima de mi voluntad: domina el dulce sobre mi voluntad, domina el alcohol sobre mi voluntad, domina el café sobre mi voluntad, domina el tabaco sobre mi voluntad…? Seguramente que en muchas ocasiones pensamos como el gallego: “perdono o mal que me fai, por o ben que me sabe”. Tengo gula cuando como entre horas por el simple hecho de picar, o como nada más de lo que me gusta, o no como jamás lo que no me gusta, o protesto por la comida, o como o bebo con ansia, etc.?
¿He sido egoísta en el trato con los demás preocupándome tan solo de lo que me venía bien a mí, pasando o dejando de lado las necesidades de los otros? ¿Soy de los que cojo el mando de la TV y no lo suelto en modo alguno, y todo el mundo tiene que ver el programa que a mí me gusta? ¿Al sentarme en el coche o en casa escojo el mejor puesto… sin pensar en los otros? ¿Pienso en los otros, en lo que les gusta a los otros, en lo que les viene bien a los otros, o nada más me veo a mí mismo y mis apetencias y mis necesidades?
¿He faltado a la pobreza cristiana con gastos superfluos en cosas que no son del todo necesarias (ropas, tabaco, cafés, revistas, consumiciones, CD, bisutería, viajes, etc.)? ¿Compro cosas baratas que no necesito o que ya poseo más que suficientemente? Al comprar pregunto a mi gusto, a los demás… ¿y a Dios? Porque El tendrá algo que decir, sobre todo si me confieso cristiano y deseo que su Voluntad se cumpla en mí. Un cristiano no puede caer en el consumismo igual que otra persona que le dé igual vivir en su Santa Voluntad o no. ¿Tengo codicia y ansío poseer cosas materiales? ¿Doy limosnas a la Iglesia o a ONGs o a familias necesitadas (es bueno aquí comparar cuánto gasto para mí al mes y cuánto doy en limosnas para los demás al mes; se verá que la diferencia es mucha)? La limosna es lo que yo llamo el dinero de Dios. Es suyo y yo he de administrarlo según su Voluntad y no según mi capricho. El dinero de la limosna nunca puede quedarse en mi bolsillo. Si no lo doy yo directamente, entonces debo de buscar a organizaciones o personas que busquen donde entregarlo y que conocen mejor que yo diversas necesidades de otros hombres. ¿Tengo mi corazón pegado a cosas mías (coche, ropa, objetos), personas, opiniones, mi físico, etc.? Para entender la pobreza cristiana se ha de partir de que sólo Dios es nuestra riqueza, porque es lo totalmente Absoluto, lo demás es relativo (Mt. 10, 37). ¿He robado, es decir, me ha apropiado de cosas que no son mías? Me apropio de cosas que no son mías, robo, cuando en el hospital en el que trabajo cojo tiritas, esparadrapos, tijeras... y lo llevo para mi casa o para mis familiares. Robo cuando en el colegio donde trabajo cojo hojas, bolígrafos... y los llevo para mi casa. Robo en el trabajo llegando tarde y saliendo temprano. Robo en el trabajo al no pagar lo justo y debido a mis empleados y no reconocerles sus derechos. El hecho de que lo hagan los demás no quiere decir que está justificado que lo haga yo.
¿He sido desobediente en mi casa, con mi familia, con Dios, con la Iglesia, con mi director espiritual, con las normas de tráfico, con las cosas que me piden muchas veces por favor; y soy más bien de los que siempre hace lo que les da "la realísima gana"? La obediencia no es simplemente hacer sin más lo que me digan o me pidan, también hay que mirar el modo y las maneras en que lo hago. Por ejemplo, si realizo las cosas que se me piden pero con protestas, interiores o exteriores, entonces no estoy obedeciendo. Yo nunca he visto ni he leído que, cuando Dios Padre indicó a su Hijo que fura a la Cruz, por el perdón de los pecados de los hombres, Jesús obedeciera pero diciendo: “¡Vaya, hombre! ¡Siempre me toca a mí!” ¿A quién tengo que obedecer yo? Pues en primer lugar a Dios, a mis padres, a mis hijos, a mi marido, a mi mujer...
¿He faltado a la castidad con pensamientos, deseos, miradas, actos impuros (solo o acompañado); he respetado mi cuerpo y el de los demás por ser Templo del Espíritu de Dios, me he mantenido alejado de aquello que me tentara en este punto como TV, revistas, conversaciones, etc.?
¿He tenido el pecado de la vanidad de tal manera que estoy demasiado pendiente de mi aspecto físico, de la moda, y al final soy un esclavo de ello? Hay personas que son incapaces de salir desconjuntadas de casa o de no salir a la calle con prendas que no son de marca. Hay personas que visten o se acicalan de una determinada manera, pero no por convencimiento o gusto propio, sino por obtener el parabién de la gente con la que están.
¿He tenido soberbia al considerarme superior a otros, al considerarme inferior y esto me hacía sufrir, puesto que no me acepto tal y como soy? ¿Me ando siempre quejando de la sociedad, de los demás, de mí mismo? ¿"Engordo" cuando los demás hablan bien de mí, y me entretengo después pensando y "repensando" lo que se dijo bueno de mí? ¿Me enfada el que los demás hablen mal de mí, sea mentira o verdad, y "despotrico" contra ellos y busco rápidamente el justificarme? ¿Me cuesta admitir mis errores? ¿Me cuesta pedir perdón? ¿Hago o dejo de hacer cosas, digo o dejo de decir cosas por el qué dirá la gente, de tal manera que soy un esclavo de lo que piensen los demás? Veamos algunos de los frutos de la soberbia: En las relaciones con el prójimo, el amor propio y la soberbia nos hace susceptibles, inflexibles, impacientes, exagerados en la afirmación del propio yo y de los propios derechos, fríos, indiferentes, injustos en nuestros juicios y en nuestras palabras. Nos deleita en hablar de las propias acciones, de las luces y experiencias interiores, de las dificultades, de los sufrimientos, aun sin necesidad de hacerlo. En las prácticas de piedad nos complace en mirar a los demás, observarlos y juzgarlos; nos inclinamos a compararnos y a creernos mejor que ellos, a verles defectos solamente y negarles las buenas cualidades, a atribuirles deseos e intenciones poco nobles, llegando incluso a desearles el mal. El amor propio y la soberbia hacen que nos sintamos ofendidos cuando somos humillados, insultados o postergados, o no nos vemos considerados, estimados y obsequiados como esperábamos.
¿He faltado en el amor al prójimo hacia los enfermos, ancianos, familiares, marginados, etc.? ¿Tengo verdadera preocupación por las necesidades materiales, morales y espirituales de las personas que me rodean, de la gente que vive en Asturias, en España, en Europa, en el mundo? ¿Considero a las demás personas como hermanos míos al ser hijos todos del mismo Padre?
¿He tenido falta de confianza en Dios buscando yo siempre el encontrar solución a todo y rápida; y cuando no salía tal y como era mi deseo me enfadaba con Dios o me descorazonaba con El? No tengo confianza en Dios cuando las cosas positivas o negativas que me suceden me afectan sobremanera. No quiere decir con esto que tengamos que ser insensibles a las circunstancias que acontecen a nuestro alrededor, pero sí es cierto que nuestra seguridad total está en Dios y no tanto en que las cosas me salgan bien o mal.
¿He dejado mis oraciones de lado, o las he hecho con rutina y sequedad? ¿He sido fiel a lo que el Señor me iba mostrando o pidiendo en ellas?
¿He faltado a la Misa de los domingos, o he asistido a ella con rutina, falta de fervor, de mala gana y distracciones?
¿He realizado alguna lectura espiritual para alimentar mi ser y abrirme a otras experiencias y a otros horizontes que puedan acercarme más a Dios?
Se podían sacar muchas más cosas, pero de momento yo creo que con esto vale para tener una guía más o menos exhaustiva.

19 comentarios:

David rico dijo...

Buenas Padre y queridos hermanos del blog.
Este examen de conciencia me ha servido para ver mis propios pecados, que yo sabia que eran bastantes, pero nunca me imagine que eran tantos, si Don Andrés siguiese, seguro que vería muchos más. En cada punto que ha comentado me he sentido muy identificado, y me he dado cuenta de que no soy un buen cristiano, aunque intento serlo…veo que con mis actos no lo soy. En este tiempo de cuaresma que vivimos, no se porque es, pero estoy viendo muy claramente mis pecados, bien con la ayuda de otros o bien con mis propios exámenes de conciencia, y en muchas ocasiones siento como repulsa de mis pensamientos, de mis actos, de mi lengua. Desde que empezó la cuaresma me siento cada día más tentado por los malos pensamientos, por hacer malas obras…y es una lucha continua por vencerlas, en muchas ocasiones no lo consigo pero en otras sí, pero no es por mi propia fuerza sino que es por la fuerza de Dios.
Hermanos de verdad os digo que en este tiempo debemos doblar nuestras oraciones y nuestro tiempo dedicado a Dios, porque solo de esta manera podremos vencer nuestras tentaciones, os los digo por propia experiencia.
Gracias Don Andrés por tenerlo siempre ay en los momentos más difíciles.

Anónimo dijo...

Andrés: Sí, a todo.-También al primer párrafo.-Gracias.- Mi situación actual SON UNOS EJERCICIOS ESPIRITUALES.-EN EL Hospital estoy releyendo las Obras Completas de San Rafael.-Ya he encontrado varios puntos de reflexión.- Hay uno en el que dice; Unos van a Dios volando, otros corriendo y los demás A TROPEZONES,...pero a todos nos espera.

Anónimo dijo...

Queridos Don Andrés y demás hermanos:

El examen de conciencia según mi forma de entenderlo empieza por repasar los Mandamientos de la Ley de Dios y los pecados capitales a pesar de olvidarlo tantas veces cosa que a mi también me ocurre.

Todos tenemos siempre bien presente el pecado de la lujuria.
pero y el de la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la gula, la pereza.

Caminamos hacia Dios bien sucios y con la cabeza alta y El por su infinita misericordia es capaz de perdonarnos. Que al menos tengamos presente siempre que la humildad gobierne nuestra vida, porque para el Señor el pecado de la soberbia quizás sea el pecado más doloroso.

Bien poco es el hombre pero para Dios cuanto vale.

Un abrazo para todos.

Anónimo dijo...

Queridos Don Andrés y demás hermanos:

El examen de conciencia según mi forma de entenderlo empieza por repasar los Mandamientos de la Ley de Dios y los pecados capitales a pesar de olvidarlo tantas veces cosa que a mi también me ocurre.

Todos tenemos siempre bien presente el pecado de la lujuria.
pero y el de la soberbia, la avaricia, la envidia, la ira, la gula, la pereza.

Caminamos hacia Dios bien sucios y con la cabeza alta y El por su infinita misericordia es capaz de perdonarnos. Que al menos tengamos presente siempre que la humildad gobierne nuestra vida, porque para el Señor el pecado de la soberbia quizás sea el pecado más doloroso.

Bien poco es el hombre pero para Dios cuanto vale.

Un abrazo para todos.

JosePesoz dijo...

Querido Padre Andrés y demás hermanos del bloc, al empezar la Cuaresma se nos pudo en guardia de los posibles ataques, que nos podían llegar, con las Homilías del Padre Andrés, uno se va "preparando" pero al final llegan y quieren que meternos miedo y que perdamos la Fe, a mi estos días me han venido noticias sobre mi salud que tenía casi"olvidadas" y me han dado miedo, ya que estuve a punto de que me importaran más de lo debido, ya que estando bien con Dios, como hasta ahora, se que él estará a mi lado y a nada debo temer. Es por eso que como siempre Padre Andrés, sus palabras me sirven de refuerzo y encuentro sentido a muchas cosas.
Bendito sea Padre.
Saludos a todos
¡DE COLORES!

Andrés Pérez Díaz dijo...

Querido José.
En este tiempo en que te vienen noticias no demasiado agradables sobre tu salud, quiero que sepas que cuentas con mi cariño y mi oración. Sé que hay otras muchas personas que también sienten esto por ti y te presentan ante nuestro Padre Dios.
Un abrazo

Chony dijo...

¡¡¡Cuanto me ha gustado este examen de conciencia!!!
El sábado escuché las lecturas que nos pone la iglesia para ese dia, me parecieron preciosas, como un oasis en medio del desierto cuaresmal. Pensé para mi; a ver que nos dice Andrés sobre esta palabra, que ya lo dice todo por si misma, pero yo al menos necesito que me la mastiquen. Pués bién, D. Andrés consideró mas oportuno hacer otro tipo de homilía, y francamente no me sentí defraudada. Me pareció estupendo el que fuese profundizando sobre cosas en las que a veces ni reparamos, y que sin embargo son tan importantes, para llegar a ser un cristiano santo; porque santos quiere el Señor que seamos.
Fué un examen distinto, que con toda delicadeza fué calando en mi alma, y despertando en mi el deseo de humillarme ante mi Dios, y pedirle perdón por tantas distracciones, quizás por tanta monotonía; aunque iba descubriendo esto, a la vez sentía una gran paz interior, como si el mismo Jesús con todo cariño y mimo, se acercara a mi y tomándome de la mano, fuera corrigiéndome, y ablandando mi corazón.Perdón Señor y gracias por tanta paciencia y tanto amor.
Y hoy miro hacia ese Jesús transfigurado, que nos muestra la gloria a la que estamos llamados; con alegria y confianza. Si ya sé que para resucitar, tengo irremediablemente que morir; morir a mis apetencias, a mis comodidades; entregar mi vida en amor y servicio; pero que alegría cuando en tu interior esperimentas la Vida.
¡¡¡Que Dios te bendiga, Andrés!!!
BENDITO SEA DIOS.
Chony

Anónimo dijo...

¿Entré a Misa o a una confitería?, porque salí con una congestión de merengue, que creo no lo probaré en una buena temporada. ¡Por favor...!, estamos en el siglo XXI y seguimos con el pecado, toda mi existencia es pecado ¿puedo respirar?, perdone P Andrés,¿no cree que estaría mejor en un monasterio dedicado a esa vida contemplativa que tanto le gusta? así no tendría que hablar con los vecinos.Perdone si le ofendo, pero es que esto es lo que espanta a la gente. El cristiano reza,yo rezo, pero por favor menos soberbia

David rico dijo...

Hola querido hermano, creo que la idea que tienes es un poco distorsionada. Haz un examen de conciencia y veras todos aquellos pecados que a simple vista no ves, yo lo he hecho y te podrías sorprender de los resultados, por eso los que no tenemos que tener soberbia somos nosotros, ni creernos tan perfectos, porque solo hay uno perfecto…y ese es Dios. El pecado siempre existió y siempre existirá, estemos en el siglo XXI o XXII, da igual, no por estar en el siglo XXI ya no hay pecado, lo que pasa que estamos intoxicados por tanta prensa, tele, política…No dejes de ir a misa porque es una tentación que se te pone en este tiempo de cuaresma, en el que todos estamos en el desierto.
Querido hermano no pienses que todo esto que te digo es por decir, te lo digo porque yo antes pensaba parecido a ti, y me he dado cuenta de que estaba muy equivocado. Animo sigue adelante, sigue rezando.
Un abrazo.

Pepitina dijo...

--¿Entré a Misa o a una confitería?--
Creo amigo anónimo -el que entraste en la confiteria- que nuestro compañero de Blog, David, te ha respondido maravillosamente y desde Dios. Sin embargo no me parece que tu comentario "soberbio" haya procedido desde ese mismo Dios, sino de un mundo bastante alejado de El y que ciertamente nos tienta continuamente a seguirle, incluso asistiendo a Misa y confundiéndola con una confitería.
Tu desconocimiento del P. Andrés es palpable; pero en este Blog le puedes conocer algo mejor si lees detenidamente...en este mismo domingo su comentario del día 9 a las palabras de José P. ¿son palabras de confitería? ¿son palabras de alguien soberbio? Del mismo corazón que han brotado éstas,ha salido este Examen de conciencia; y esto te lo podemos asegurar quienes llevamos años de trato espiritual con este sacerdote, que no necesita defensa de nadie. Dios mismo le justifica por su rectitud, bondad, cercanía, claridad. Pero no a todas las personas ha de "irnos" estas actitudes, ¡por supuesto! y hay otros sacerdotes en la diócesis que quizás te gustarán mas, y también otras comunidades...que la del Grupo de las 11, de la Catedral. No obstante, me uno a la invitación de David para que no dejes la Misa, donde el Señor nos habla con mas claridad que en la confitería generalmente; añado sin embargo que antes de tales comentarios que puedan apenar ó herir a alguien, pases por el confesonario de D. Andrés, después de una lectura reposada de este Examen de conciencia, que es precisamente para aquellos que no saben "qué confesar", ó bien, desean conocerse mejor a sí mismos. También si lo haces el Señor te premiará, porque conocerás, quizás por primera vez en tu vida -lo que es una buena confesión- y te sentirás ante un buen sacerdote que te acercará a Dios. Esto segurísimo.
Me extraña que un comentario así venga desde un "anónimo"; simplemente si sé "cantar las 40", debemos de hacerlo Bien hecho. -"La verdad que falta a la caridad, no es la Verdad de Cristo-Jesús."-
¿tu hubieras publicado este comentario en Tu Blog, amigo? Yo no, ni tu tampoco, creo. No somos humildes. Y el haberlo publicado denota que este sacerdote reconoce que "a no todo el mundo" tiene que parecerle bien ni sus homilias, ni su manera espiritual -de forma y palabra- de vivir la Fe. Puedo asegurarte que estamos ante un gran sacerdote y es una pena tu desconocimiento. Estas a tiempo. Pepitina

Emilia dijo...

Fabulosas las Homilias del Padre Andres Perez.
El Examen de conciencia no se lo salta un galgo como se dice en mi tierra natal, es que nos ha retratado a todos, al menos a mí:
Con afecto Emilia

Mª Carmen Inés Fuenteseca dijo...

El exámen de conciencia que me presenta D. Andrés, no me avergüenza, ni me perturba, lo he recibido como parte de la corrección fraterna que necesito para caminar. Jesús, en su andadura por este mundo, avisaba constantemente a sus apóstoles y seguidores de que el pecado tiene muchas formas y maneras de circular a nuestro lado, y solo discerniendo las situaciones confusas que se nos puedan presentar, llegaremos a ver con claridad la senda, pero siempre con la mirada misericordiosa del Señor, que es quien nos la muestra.

Querido amigo anónimo del blog, veo que realmente está Vd. muy fatigado por la vida, yo he pasado por su situación muchas veces, y todo lo que escuchaba en esos momentos o no me decía nada, o me irritaba. Desde mi punto de vista, D. Andrés, intenta mostrarnos un caminio de salvación, poniendo delante de nuestros ojos, las diversas caracterizaciones que utiliza el maligno para colarse en nuestras vidas. El pecado desgraciadamente existe, de esa confitería se encarga satanás personalmente, y su merengue es muy amargo, pero no letal, si Vd., sigue rezando, el Señor, que lo ve y escucha todo, estará con Vd., y entónces puede que como a mi me pasó en muchas ocasiones, descubra, que el que nos corrige fraternalmente no es el soberbio, los soberbios somos nostros al enjuiciarle, porque no es agradable ver la otra cara de la historia, esa historia personal que nos puede avergonzar, y para la que Dios tiene fácil solución, el Sacramento del Perdón.
Querido amigo, no se olvide por favor, de que el "mal", se escuda en cualquier oportunidad, en este caso parece ser que ha sido la Misa de las 11, otra vez será en otro sitio inesperado, pero..., siempre tiene las mismas características, enjuiciar, menospreciar, entre otras. ¡ Hágale frente ! La Misa de las 11, puede ayudarle mucho, y allí estamos muchas personas que hemos descubierto en D. Andrés, al sacerdote docto, pero muy humilde, al amigo que es capaz de decirnos qué cosa no va bien en nuestras vidas, sin que por ello sufra nuestra autoestima, todo lo contrario. Le pido un favor especial, que cuando rece sus oraciones, interceda por D. Andrés y su rebaño de las 11 y de tantos otros lugares, que dependemos de su sabio consejo, y que se haga siempre la voluntad del Señor. Yo no podría decirle a un cirujano que se haga cardiólogo, aunque pudiera hacerse, lo mismo que tampoco podría decirle a un Sacerdote que ejerce su Ministerio de forma intachable, eficaz, y con exquisita humildad y delicadeza, que se haga comtemplativo..., aunque pudiera serlo.
Gracias D. Andrés por este exámen de conciencia, en el que me veo reflejada en el 99 % de sus capítulos, y que mantiene en mi la esperanza de la salvación.
Un abrazo muy fuerte a todos los amigos del blog, a José de Pesoz, con el deseo de una pronta mejoría y mis oraciones por él y por todos, y de forma especial por nuestro amigo anónimo, rogándole nos encomiende a todos, y al que le envio un fuerte abrazo en el Señor.
María del Carmen Inés Fuenteseca

Olga dijo...

Cada domingo que leo y escucho la Homilía doy gracias a Dios por el regalo que me hace de poder saborear SU PALABRA a través de Andrés, Gusto, saboreo, me nutro de ella y de su mensaje e intento caminar por el sendero que me conduce hacia Dios aun en medio de tanto pecado y maldad que hay en mí. Este domingo II se Cuaresma ha sido maravillosa la Homilía, ¡Como me ha hablado Dios! Me pide que cambie ese corazón de piedra por un corazón de carne, me ha puesto en alerta para descubrir, reconocer, confesar mi pecado y pedirle perdón al Señor y su fuerza para caminar en su presencia y no en la presencia del demonio, de todos estos actos, de este pecado y esta mediocridad que me llevan a alejarme de Él.
¡Como me has hablado de la oración! De cómo debe ser mi actitud ante el Señor.
Ayer en la Antífona de inicio de la Eucaristía pedíamos a Dios “Da luz a mis ojos para que no me duerma en la muerte; para que no diga mi enemigo: “le he podido.”. (sal. 12,4-5)
Esto pido para mí y para todos mis amigos del blog incluido mi querido anónimo, Dios se vale de esta actitud suya para que poco a poco sepas en algún momento saborear el “BUEN CARAMELO” QUE TE DA DIOS”. Querido amigo anónimo eso pido para ti, para mí, que nos centremos y no nos congestionemos de tanta cosas que no valen la pena.
Gracias Andrés ¡Cuánto BIEN ME HACES, NOS HACES!y gracias a todos mis hermanos del blog porque cada vez me hacen reflexionar y me ayudan a interiorizar en mi vida vuestros comentarios.

Chony dijo...

Querido hermano: Hermano sí, porque si estás bautizado eres hijo de Dios, y como yo también lo soy, para mi eres un hermano.
He visto tu comentario, y hay cosas que me sorprenden, te digo: Le recuerdas a D. Andrés que estamos en el siglo XXI, y que parece ser que ahora eso del pecado está fuera de lugar, y te digo que me sorprende, porque para un cristiano Dios es el mismo, ayer hoy y siempre; Dios no se muda, y todo lo que está escvrito en el Evangelio, no era para la gente de entonces, es para todo tiempo mientras haya vida sobre la tierra. La palabra de Dios fué JesuCristo, y en Él está dicho todo; por tanto no hay nada trasnochado, ni nada se puede cambiar. Si quieres seguir a Cristo, ha de ser con todas las consecuencias, no que riendo cambiarle a nuestro antojo, porque entonces sería un "pelele"
Por otra parte le aconsejas que se dedique a la vida contemplativa, fíjate lo tranquilo y descansado que podría estar, porque si conocieras su vida, sabrias que este Señor no tiene vida propia, está gastando su vida por el amor a Dios y a los hermanos. El ha escuchado la invitación del Padre, a ser testigo en el mundo y predicar el evangelio, y aceptó, a sabiendas de que el que dá la cara con valentía y sin tapujos, lo mas facil es que reciba las bofetadas y salibazos, como le ocurrió a JesuCristo.
Le acusas de soberbia, hermano, creo que no hay mas soberbio que el que se atreve a juzgar a otro, porque esto solo puede hacerlo Dios que es el único perfecto, los demas estamos para callar y mirar hacia nuestro interior, y si somos sinceros con nosotros mismos, tendremos que humillarnos y pedir perdón.
Si gue rezando, pero por favor, no lo hagas como el fariseo, mas bien adopta la actitud del publicano, que sa be humillarse ante Dios y pedir su misericordia.
Si realmente quieres aprender algo, con todo cariño te invito a coger la biblia y leer el capítulo cinco de S. Mateo. Esto es la carta magna de todo discípulo de Cristo; y no hay vuelta de hoja.
A D. Andrés, mira casi le has hecho un favor, si te fijas en la última de las vienaventuranzas verás que dice: Bienaventurados sereis, cuando os injurien y persigan, por causa de mi nombre........................etc. etc.
Este sacerdote no necesita que nadie le defienda, en primer lugar porque Dios ya sale fiador`por él, y en segundo, porque todos lo que le conocemos, sabemos de sobra como es, ojalá hubiese muchos sacerdotes como él, entregados en cuerpo y alma a su ministerio.
Hermano, si quieres juzgarle preocúpate de conocerle de verdad.
Estoy segura de que todos los hermanos del bloc, rezarán por ti.
D. Andrés ya cuenta con nuestras oraciones, esta es la mejor medicina para las bofetadas y salibazos.
BENDITO SEA DIOS
Chony

JosePesoz dijo...

Querido Padre Andrés y hermanos del bloc, primero agradeceros las sabias respuestas a la hermana de la confitería, que el Señor le ayude a entender. Y segundo agradeceros vuestros comentarios, ánimos y oraciones que me ayudan mucho y eso no lo venden en ningún lado "es gratis".
Gracias a todos, de corazón
¡DE COLORES!

María Cristina dijo...

Si Andrés, cada nueva cuaresma tu homilía sobre el examen de conciencia me recuerda mi condición de pecadora, pero muy especialmente de hija de Dios, que por esta condición recibo de Él toda su Misericordia y perdón. Estos días estoy preparando un grupo de niños para la primera comunión y estoy gustando con ellos el “Don de la Misericordia de Dios nuestro Padre”.

Me maravillo de la novedad que Dios nos da cuando oramos su palabra, porque cuando vi en internet tu homilía sobre el examen de conciencia me dije: igual que el de otros años, pero que va... tuve la alegría de participar en la Eucaristía y de gustar la novedad de tu nueva orientación sobre el pecado.

Veo que a nuestro amigo “Anónimo” le supo a “confitería”, a mi me supo a “gloria” la experiencia que Dios a pesar de mi pecado me toma en sus brazos y me lleva en su corazón. Confío querido amigo Anónimo que lo que en un primer momento te supo a confitería con la gracia de Dios y tu colaboración personal se convierta en “Experiencia de Salvación...” y motivo para caminar por el desierto de esta tierra al encuentro con Él.

Gracias Andrés por la novedad que Dios pone en tus labios y en tu corazón para el bien de tantos que te escuchamos.

Gracias a todos los del blog por la riqueza de sus aportes. Un abrazo para todos y que no nos desanimemos de seguir caminando al encuentro con Él que a pesar de nuestro pecado nos acoge en sus brazos amorosos.

Cristina

Mª Carmen dijo...

¡Como me alegra "anónimo de la confitería" que la homilía le haya desestabilizado tanto!El mensaje de Dios cuando nos llega al corazón, siempre nos desestabiliza. Al principio nos sentimos mal, pero no te preocupes, es el primer paso pra "echar a caminar".¡Sigue así! y párate a pensar como las misms palabras a unos nos ayudan y consuelan, a otros os hacen "ferver" por dentro.¿Por qué será?.Vas por buen camino. Sólo tienes que seguir sacando "sapos y culebras" de tu corazón y dejarle sitio a El. Dices que haces oración, pero...¿realmente te paras a escucharLE?.
Por cierto, todos los amigos de este blog somos cristianos del siglo XXI (me da, que hasta más jóvenes que tú).
¡Ánimo! espero que cuando leas estos comentarios (que sé que los leerás) te des cuenta que debe de haber pocos curas tan queridos como el padre Andrés y con una vocación de servicio tan patente como en él.La vida, cuando se deja uno guiar por sus sabias palabras, se vive mucho más feliz y más plena. Estoy segura de que si pruebas, acabarás por vencer toda la envidia y el resentimiento que nos dejas entrever en tu mensaje.
Pediremos por ti.

Mª Carmen dijo...

Creo que ya nos conocemos todos. Soy Gaspar, y no tengo problema en decirlo. Andrés es un cabrón, y un "mal compañero". ¿Sabes por qué, anónimo? Porque yo también soy sacerdote (¿tú lo serás?) y Andrés es molesto porque es el primer sacerdote que entra por la puerta del Arzobispado, mientras que otros, para encontrarlos en su despacho, a lo mejor tardas semanas. Es un mal compañero porque en sus clases del Seminario (yo le sfrí como alumno) es puntual, estricto y preciso; y además, no le valen sermoncitos para sacar el aprobado, haciendo que el nivel de exigencia y estudios se eleve como en cualquier otra facultad civil. Andrés es mal compañero porque siendo todo un Ilustrísimo-Doctor-Vicario-Juez-Consultor-Canónigo-Profesor... el tío en semana santa se coge y se va a atender (sin periodistas, por cierto) a aquellas parroquias abandonadas de la diócesis donde no quiere ir nadie a celebrar y a predicar. Además, es tan molesto como una piedra en el zapato, porque la exigencia personal que lleva en su vida acusa (sin el quererlo) a todos los curas mediocres que andamos dando tumbos por lo largo y ancho de nuestra geografía asturiana. Andrés es muy mal compañero porque debería dormir la mañana, pasearse por Oviedo, aprovechar su situación de canónigo para quedarse en casa o la de Vicario Judicial para tener tres secretarias y no aparecer por las oficinas. Es un mal compañero por que además, está sacandose un master de templar gaitas cuando debería pasar de todo y preocuparse por su "culete" y la buena vida.
Eso es lo que hace un buen compañero... nada que pueda incomodar a esta ciudad que huele como decía Clarín a olla podrida.
Mira, anónimo, no entiendo muy bien tu mensaje, ¿sabes por qué?. Porque cuando a mi no me interesa una cosa, paso olímpicamente de ello, y no me dedico a rebuscar en internet a ver cómo y donde decir las cosas...a no ser que sepas que Andrés tiene un blog... mi tiempo es muy valioso para perderlo en zarandajas.
Y sobre orgullo o soberbia en Andrés... no sé, creo que andas un pelín despistado.
Creo que has publicado esto para ofender... y chico: pierdes el tiempo. Ya lo han intentado otros y les ha salido tan mal o peor que a tí. ¡Cómo te molaría que no hubiese publicado la nota,eh!?.
La única duda es saber cómo reaccionarías si Andrés nu publicase tu comentario. Si eres anónimo-normal, ni pondrías eso ni irías a misa de 11 otra vez. Pero en tu caso, me da que querías comprobar si era lo suficientemente humilde, o si por el contrario, no lo ponía y disfrutar de tu triunfo la próxima vez que lo vieses. ¿Eres alguien próximo a su entorno?...Créeme: ni me importa.
Si no ves pecdos, te puedo mostrar la aviesa intención de tu comentario, tu prejuicio desmedido hacia Andrés... y la falta de puntería: Andrés sería un pésimo monje. Nunca le perdonarían decir misa cantando "Dios es tu amigo el Viñador".
En fín. Andrés no necesita defensa. Su vida y sus obras ya lo hacen por él.
Ánimo, amigo. Yo también rezo por tí.
Un abrazo a todos los amigos de Andrés: Pepitina, Piky y compañía.
Ciao!

Mª Carmen dijo...

Creo que ya nos conocemos todos. Soy Gaspar, y no tengo problema en decirlo. Andrés es un cabrón, y un "mal compañero". ¿Sabes por qué, anónimo? Porque yo también soy sacerdote (¿tú lo serás?) y Andrés es molesto porque es el primer sacerdote que entra por la puerta del Arzobispado, mientras que otros, para encontrarlos en su despacho, a lo mejor tardas semanas. Es un mal compañero porque en sus clases del Seminario (yo le sfrí como alumno) es puntual, estricto y preciso; y además, no le valen sermoncitos para sacar el aprobado, haciendo que el nivel de exigencia y estudios se eleve como en cualquier otra facultad civil. Andrés es mal compañero porque siendo todo un Ilustrísimo-Doctor-Vicario-Juez-Consultor-Canónigo-Profesor... el tío en semana santa se coge y se va a atender (sin periodistas, por cierto) a aquellas parroquias abandonadas de la diócesis donde no quiere ir nadie a celebrar y a predicar. Además, es tan molesto como una piedra en el zapato, porque la exigencia personal que lleva en su vida acusa (sin el quererlo) a todos los curas mediocres que andamos dando tumbos por lo largo y ancho de nuestra geografía asturiana. Andrés es muy mal compañero porque debería dormir la mañana, pasearse por Oviedo, aprovechar su situación de canónigo para quedarse en casa o la de Vicario Judicial para tener tres secretarias y no aparecer por las oficinas. Es un mal compañero por que además, está sacandose un master de templar gaitas cuando debería pasar de todo y preocuparse por su "culete" y la buena vida.
Eso es lo que hace un buen compañero... nada que pueda incomodar a esta ciudad que huele como decía Clarín a olla podrida.
Mira, anónimo, no entiendo muy bien tu mensaje, ¿sabes por qué?. Porque cuando a mi no me interesa una cosa, paso olímpicamente de ello, y no me dedico a rebuscar en internet a ver cómo y donde decir las cosas...a no ser que sepas que Andrés tiene un blog... mi tiempo es muy valioso para perderlo en zarandajas.
Y sobre orgullo o soberbia en Andrés... no sé, creo que andas un pelín despistado.
Creo que has publicado esto para ofender... y chico: pierdes el tiempo. Ya lo han intentado otros y les ha salido tan mal o peor que a tí. ¡Cómo te molaría que no hubiese publicado la nota,eh!?.
La única duda es saber cómo reaccionarías si Andrés nu publicase tu comentario. Si eres anónimo-normal, ni pondrías eso ni irías a misa de 11 otra vez. Pero en tu caso, me da que querías comprobar si era lo suficientemente humilde, o si por el contrario, no lo ponía y disfrutar de tu triunfo la próxima vez que lo vieses. ¿Eres alguien próximo a su entorno?...Créeme: ni me importa.
Si no ves pecdos, te puedo mostrar la aviesa intención de tu comentario, tu prejuicio desmedido hacia Andrés... y la falta de puntería: Andrés sería un pésimo monje. Nunca le perdonarían decir misa cantando "Dios es tu amigo el Viñador".
En fín. Andrés no necesita defensa. Su vida y sus obras ya lo hacen por él.
Ánimo, amigo. Yo también rezo por tí.
Un abrazo a todos los amigos de Andrés: Pepitina, Piky y compañía.
Ciao!