viernes, 13 de marzo de 2009

Domingo III de Cuaresma (B)

15-3-2009 DOMINGO III CUARESMA (B)
El domingo marcharé de ejercicios espirituales y no regresaré a casa hasta el viernes de noche. Por lo tanto, los comentarios que hagáis a partir de la tarde del domingo 15 de marzo no los podré "subir" al blog hasta mi regreso. Perdón por el retraso. Os encomendaré en mis oraciones y también os pido a vosotros que lo hagáis conmigo. ¡Gracias!
Ex. 20, 1-17; Sal. 18; 1 Co. 1, 22-25; Jn. 2, 13-25
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Queridos hermanos:
Llama la atención en el evangelio de hoy, entre otros, dos hechos:
- El primero es el que refiere la escena en que Jesús realiza un acto violento: coge unas cuerdas, la amarra a modo de látigo y con él echa del templo de Jerusalén a ovejas, bueyes, palomas, ganaderos, cambistas y demás gente que estaba en esos negocios. Asimismo, Jesús desparrama por el suelo todas las monedas y los tenderetes de los banqueros. Recuerdo otra serie de textos evangélicos en los que se nos presenta una imagen de Jesús bien distinta a la que estamos acostumbrados, como cuando El va a curar a un hombre en sábado y los fariseos quieren pillarlo en esa falta, entonces dice el evangelio que Jesús echó en torno “una mirada de ira” y luego curó al enfermo; en otra ocasión en que le dijeron a Jesús que Herodes lo buscaba y El contestó: “decirle a esa zorra…”, lo cual era un insulto muy grave; de la misma manera en otro texto dice Jesús que no ha venido a traer paz a este mundo, sino guerra, pues en adelante y por su causa la madre estaría contra la hija, y la suegra contra la nuera, los padres contra los hijos y los hijos contra los padres…; ¿y os acordáis también de aquel otro pasaje en que se acerca a Jesús una mujer extranjera y le pide que cure su hija enferma, y Jesús le responde que no está bien dar el pan de los hijos a los perros, es decir, Jesús llamó perros a esa mujer extranjera y su hija enferma? Son frases y escenas muy duras, que ‘no nos casan’ con la imagen pacífica, humilde y cariñosa que tenemos de Jesús: “Venid a mí todos los que estáis afligidos y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, porque soy paciente y humilde de corazón” (Mt. 11, 28-29).
No podemos esconder estos hechos. No podemos maquillarlos, sino que debemos enfrentarnos a ellos y tratar de reflexionar y orar sobre lo que Dios y su Hijo Jesús nos quieren decir con ellos. Alguna vez ya he explicado, lo que a mí entender contiene alguno de estos episodios. Hoy quiero detenerme un poco sobre el acto violento de Jesús narrado en el evangelio de este domingo, es decir, cuando pega con el látigo al ganado, a los dueños de los animales, a los banqueros y cambistas, y cuando destroza la propiedad privada de varios hombres que viven de sus negocios.
Para saber lo que Dios quiere decirnos hemos de mirar, además del acto violento, las palabras de Jesús que acompañaron este acto: “‘Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre’. Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: ‘El celo de tu casa me devora’”. Jesús no echó al ganado y a la gente del templo de Jerusalén, porque le hicieran daño a él, o porque quisiera ganar algo, o en un momento de cabreo y de ira personal. Jesús iba a Jerusalén a celebrar la fiesta más importante que tienen los judíos, la Pascua, que conmemora la salvación de Dios de los israelitas del poder y la esclavitud de los egipcios. Pero, al llegar al templo, se encontró con un mercado lleno de mugidos, gritos, avaricia, robos (porque los cambistas se quedaban con más dinero de lo establecido y engañaban a los incautos, o porque se vendían animales por buenos y sanos, cuando algunos estaban enfermos y con algún defecto, o se vendían a un precio muy por encima del valor real). Jesús vio claramente esto; vio que la “casa de su Padre” destinada a adorarle, rezarle y amarle se había convertido en un gran supermercado de los intereses humanos. Dios era el que menos importaba allí y su nombre santo era usado para hacer negocios. Ante esta visión, Jesús sintió en su interior que el celo por Dios y por las cosas de Dios se apoderaba de El, y quiso hacer una “limpieza” de todo ello. Muchas personas me han dicho que han sentido de modo similar un rechazo interior al llegar a Fátima o a Lourdes.
- El segundo hecho que llama la atención en el evangelio de hoy es la protección que hace Jesús del templo de Jerusalén por ser casa de oración y también por ser la casa de su Padre Dios. Digo que llaman la atención estas palabras de Jesús referidas al templo, cuando dos capítulos más adelante, concretamente en el capítulo 4 del evangelio de San Juan, dialoga Jesús con la samaritana y ésta le pregunta que dónde se debe adorar a Dios: en un monte sagrado para los samaritanos o en el templo de Jerusalén, como dicen los judíos. Y Jesús le responde: "Créeme, mujer, que llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero llega la hora (ya estamos en ella) en que los adoradores verdaderos adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque así quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es espíritu, y los que adoran, deben adorar en espíritu y verdad" (Jn. 4, 21-24). Parece que nos encontramos ante dos afirmaciones de Jesús contradictorias: por una parte dice que el templo de Jerusalén es la casa de su Padre y por defender esta casa golpea y destruye y, por otra parte, poco después dice que a Dios hay que adorarlo en espíritu y en verdad, y que no hace falta adorar a Dios en Jerusalén. ¿En qué quedamos? Para resolver esta aparente contradicción hemos de escuchar una vez más al mismo Jesús en el evangelio que hemos leído hoy. Así, cuando los judíos le pide una explicación del porqué golpeó y destrozó todo aquello, Jesús responde: “‘Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.’ Los judíos replicaron: ‘Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?’, pero él hablaba del templo de su cuerpo”.
En efecto, no hemos de quedar obsesionados, como les pasó a los judíos, con el templo de piedras. Si Jesús defiende el templo de Jerusalén, no lo hace por las piedras y por encargo del ‘Departamento de bienes artísticos y bienes culturales’ de Israel. No. Jesús defiende a su Padre Dios y no quiere que el amor y el culto que se le dé estén manchados de codicia, robos, y mercadeo. Cuando Jesús le dice a la samaritana que a Dios hay que adorarlo en espíritu y en verdad y no en un lugar concreto, lo que ésta diciendo es que lo más importante en la fe es… Dios y la disposición del corazón humano de cara a Dios. A Dios se le puede adorar, querer, rezar, besar, suplicar, agradecer en cualquier lugar, pero con el corazón limpio y confiado, y no lleno de cosas, las cuales no hacen más que distraernos de lo fundamental.
Por todo ello, cuando los judíos le exigen cuentas a Jesús por su acción violenta, éste quiere llevar su atención a lo importante: no a un templo de piedras, sino a un templo de carne, de espíritu (“‘destruid este templo, y en tres días lo levantaré.’ […] pero él hablaba del templo de su cuerpo”). Y este templo que es Jesús, si es destruido, será de nuevo reconstruido por el único Dios. Sí, a Jesús se le puede destruir; el Hijo de Dios es un Dios alcanzable por el odio humano. El puede morir igual que cualquiera de nosotros; igual que los adolescentes y sus profesores en Alemania en esta semana; igual que la doctora asesinada en el Levante español en esta semana. Es verdad que podemos matar a Jesús, a Dios; pero también es verdad que la muerte no puede retenerlo. Jesús resucitó de la muerte.
En definitiva, yo creo que en este evangelio de hoy lo que se nos quiere decir, entre otras muchas cosas, es que para Jesús lo más importante es Dios, el ser humano y la relación de éste con Dios. Al comprender esto, ya podemos entender más claramente por qué Jesús echó de la casa de su Padre a los que no respetaban ni a Dios ni a los hombres de fe que acudían a Jerusalén. También podemos entender por qué para Jesús lo fundamental es adorar a Dios en espíritu y en verdad, independientemente del lugar. Finalmente, podemos comprender por qué para Jesús la destrucción de su templo, en donde está la verdadera humanidad y la verdadera divinidad, no es el final, pues Dios permanece siempre, sea en la vida o sea en la muerte. Además, todos los hombres somos también templos vivos de Dios. Y todos estos templos han de ser respetados como verdaderas casas de Dios. Jesús ama especialmente los templos dolientes y enfermos, los templos explotados, agredidos y violados, los templos oprimidos y sin defensa. Las profanaciones que se hacen contra estos templos son verdaderos sacrilegios.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Saludos Andrés¡¡
Soy Yolanda desde Alicante.
respecto a la homilia te cuento una anécdota a la que hace referencia..
Como tu bien sabes yo trabajo de auxiliar en una clínica con enfermos de oncología y aquí es frecuente ver como las personas pasan de esta a la otra vida.
Pues bien,éstos últimos meses ha estado entre nosotros una chica de prácticas y yo he coincidido casi siempre con ella.
Hoy concretamente hemos estado como todos los días haciendole el aseo diario a una enferma terminal de cáncer.Algunas compañeras nos dicen que procuremos no moverla mucho que total como se va a morir que ya no hay nada que hacer...
después de entrar las tres compañeras en la habitación y advertirnos esto,yo que me quedo con la muchacha de prácticas en la habitación para realizarle su aseo personal.
La señora está en fase terminal y de sedación, es decir, le quedan pocos dias en esta vida.
Viviana me dice: la vamos por lo menos a asear,no?
Yo le digo: por supuesto.Vamos a moverla lo menos posible para no molestarla mucho pero claro que la vamos a asear y a refrescarla porque dime viviana si esta mujer fuera tu madre lo harías verdad?
Claro me contestó.
Pues verás,le dije, nunca dudes de lo que tu corazón sienta ni te dejes llevar por lo que la multitud diga porque como tu bien has dicho, se lo harias a tu madre y eso es lo que Dios quiere de nosotros, que nos pongamos en su lugar y que lo hagamos como si fuera Él mismo. Nunca dejes que los demás te influyan en tu trabajo, pues estos enfermos estan vivos y no son mercancía,se merecen respeto y todo el amor del mundo en estos momentos tan importante para ellos que van a cruzar a otra nueva vida y como cuando nosotros nos vamos de viaje y preparamos nuestra maleta con nuestras mejores ropas y nuestros mejores jabones y perfumes..Pues ellos tambien quieren irse aseados y con un beso en la mejila o que tan solo alguien le coja la mano..
Te sorprenderás lo bien que te sientes cuando lo haces y la fuerza que Dios pone en tí...
Jesús Resucitó y nos trajo esa esperanza y por eso tenemos que ayudar a los que van a cruzar a preparar su equipaje lleno de mucho cariño, respeto y comprensión. No cambies nunca.
Después de asear a la señora, e inclinó sobre ella y la besó en la frente. La señora se sonrió.
Has visto, le dije, Jesús te sonrió..
Cuando salimos las otras nos preguntaron que habíamos tardado mucho que si no la habíamos molestado mucho.. y yo les contesté...Sólo la molestamos lo mínimo para que se sitiera lo mas cómoda posible.
Viviana y yo nos sonreimos mútuamente quedadándo lo ocurrido entre las dos.
Todos podemos levantar junto a Jesus el templo caido,porque Él cree en nosotros...

Andrés Pérez Díaz dijo...

Yolanda, ha sido un comentario muy bonito. Gracias. Creo que nos hará bien a todos los que lo leamos. Gracias.

JosePesoz dijo...

Hola Yolanda, gracias por ser como eres, me has emocionado, esta sociedad necesita tener mucha gente como tu alrededor, sigue sembrando.
Dios te bendiga
¡DE COLORES!

Chony dijo...

No sabes lo que te agradezco esta exposición sobre este evangelio; siempre me costó trabajo el poder contemplar a un Jesús iracundo, y aparentemente despiado con sus semejantes.
Además es curioso que los niños en la catequesis, cuando les hablas del amor que Jesús siente y sentía hacia todo el mundo y que en Él nunca hubo pecado, ellos que son muy avispados, lo primero que te sueltan es: Sí tubo un pecado, un pecado de ira, porque pegó a los que estaban vendiendo en el templo.
Tratas de explicarles la razón de este comportamiento, es decir; Jesús se enfadó porque para Él lo primero es su Padre, y siente que sus hermanos los hombres no lo sientan asi, y aprovechen la afluencia de la gente al santo lugar, para otros menesteres más interesados, dejando de lado lo esencial.
Lo cierto es que a mí, también me cuesta imaginarme a Jesús, en esta actitud. Por eso me alegro de tu explicación, y de hacerme ver que es lo que pasaba en su interior para comprtarse así.
Ahora pienso en mi cuerpo, templo del E.S. desde el dia de mi bautismo, ¡Dios mio, cuánta limpieza es necesaria, para que en este templo lo más importante sea el propio Dios! Casi sin darme cuenta he dado cabida en él, a muchos mercaderes, cambistas y vendedors de todo tipo, que tantas veces me apartan de lo esencial; mi cuerpo es TEMPLO, TEMPLO DEL MISMO DIOS, y cuantas veces lo profano dejándolo a un lado para prestar más atención a cosas que en realidad no me aportan nada.
Por eso ruego a Dios que me dé ese celo, para poder limpiar "mi casa" y con su gracia poder contribuir a que los hombres descubran lo importante, o sea el amor de Dios, y puedan amarle como Él se merece.
Andrés, gracias siempre, y que pases unos dias gozando plenamente de la intimidad con el Señor. Aquí por supuesto rezaremos por ti.
Hermanos un cariñoso abrazo.
BENDITO SEA DIOS
Chony

Pepitina dijo...

Es muy densa la homilía de esta semana, pero tenemos dias por delante para meditarla. Personalmente me hago dos preguntas: ¿cómo respondo yo al mantenimiento de ese Templo material- formado por piedras vivas- que es la Iglesia fundada por Cristo? Es tanto lo le debo a esta Iglesia, Madre y Maestra, que encierra entre sus paredes tanta Santidad y que tanto me cuida con el Pan de Su Palabra y el de la Eucaristía, los demás sacramentos, los hermanos en el Fe...cómo no agradecer, alabar, adorar, orar..ante un Dios tan cercano y atento a mis necesidades. En alguna ocasión también yo -recordándo ó no expresamente a Jesús- he sentido esa ira santa por la falta de conciencia que percibo en "ser adoradores en espíritu y verdad", ante actitudes en un templo, desde hablar (faltando al recogimiento y molestando a los que lo tienen), hasta la simple postura de "cruzar las piernas", -tan poco apropiada- que no indica como actitud precisamente la de respeto y el "sabernos" ante nuestro Dios.
La otra pregunta es:¿cómo demostrar allí donde esté que mi cuerpo (creado a imagen y semejanza de Dios) es un Templo del Espíritu Santo? Este año en mucha ocasiones, el Señor me ha invitado a esta reflexión de ser Templo suyo, y ¡Cuánto gozo me ha dado! ¡qué Don no merecido! y desde esto me resulta mas fácil el verLe a Él en los demás, mis hermanos. También en estos tiempos que vivimos, siento una pena inmensa por la profanación que con tantos Templos de Dios se realizan y permiten. Desde las niñas que a sus 13 años reciben noticias e información de la "permisiva sociedad y gobierno" de que pueden con naturalidad tener relaciones sexuales hasta ser inducidas al aborto en caso de embarazos prematuros...Es matar un ruiseñor -como aquella película de Gregory Peck-, quitando la niñez y dejando rota a una mujer para siempre..Templos de Dios profanados, rotos apenas están formándose, donde el Espíritu de Dios quiso habitar desde su Bautismo. Grave pecado éste.
Y mis respuestas a estas ideas que resalta la homilía, las enfoco desde esos versículos del Sermón de la montaña:"Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios"; sólo con un corazón recto, limpio, sincero podré actuar como piedra viva de la Iglesia y sólo siendo consciente de mi ser Templo del Espíritu Santo, podré acercarme al hermano, con el respeto y caridad que le debo.
¿qué tal vas José P.? te recuerdo en mi oración.
¿qué tal nuestro amigo anónimo- el de la confitería-? te recuerdo también, no dejes de acompañarnos. Todos nos enriquecemos, unos de otros; además este Dios nuestro siempre escribe derecho en nuestros renclones torcidos- los tuyos y los mios.
Buena semana amigos.

Any dijo...

Gracias Yolanda por tus palabras ... he apendido de ellas mucho ¡gracias por compartir tu vida .. y que decir Andres ¡¡¡que Dios te bendiga en estos dias ¡¡Gracias hermanos por permitirme estar aqui

Anónimo dijo...

Gracias Yolanda por tu testimonio, de alguna manera, he revivido un hecho pasado de mi vida, un poco similar, y que en su momento me dio luz para seguir.
Esta Homilía me hizo reflexionar mucho sobre ser Templo de Dios. Reconozco que a lo largo de mi vida, este aspecto no había cobrado la dimensión que tiene desde hace algún tiempo. Me impresiona reconocer que quizás núnca he tenido la casa en perfecto orden, por más limpiezas generales que haga, más bien todo lo contrario, mientras más me analizo, más polilla encuentro, realmente tengo afectadas todas las estructuras del edificio, y aún así, siento que el Señor, se aloja en el como puede, pero creo que va encontrando su lugar, va haciéndose el hueco,lo va llenando con su luz y curando las zonas carcomidas, y espero que siga conmigo hasta el final.
Gracias D. Andrés por esta Homilía, que me muestra a un Jesús valiente a la hora de defender la Casa del Padre, espero que yo pueda hacer lo mismo con mi religión, dando testimonio siempre de ella, y reverenciando con mis actos, el Templo de Dios que soy.
Los mejores deseos de recuperación para José de Pesoz.
Un abrazo para todos los Hermanos del Blog.