viernes, 13 de febrero de 2009

Domingo VI del Tiempo Ordinario (B)

15-2-2009 DOMINGO VI TIEMPO ORDINARIO (B)
Lv. 13, 1-2.44-46; Sal. 31; 1 Co. 10, 31 - 11, 1; Mc. 1, 40-45
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Queridos hermanos:
- El otro domingo os hablaba del sufrimiento humano, por ejemplo, del hambre y también de la enfermedad. En las lecturas de hoy se nos habla de una enfermedad en concreto: de la lepra. Con esta expresión se debe englobar no sólo la lepra, tal y como hoy la conocemos, sino también cualquier enfermedad de la piel: soriasis, tiña, erupciones, tumores, eccemas… Igualmente se nos habla en las lecturas de cómo reacciona Jesús ante quien padece este mal.
¿En qué consiste la enfermedad de la lepra? La lepra es una dolencia propia de un país pobre y subdesarrollado, como sucedía en los tiempos de Jesús. Los leprosos eran enfermos incurables, abandonados a su suerte e incapacitados para ganarse el sustento. Vivían arrastrando su vida en la mendicidad, y experimentando casi a diario la miseria y el hambre. Jesús los encontraba constantemente en su ir y venir por Israel.
Quienes padecían la lepra o cualquier enfermedad de la piel veían cómo se extendía por su cuerpo todas esas manchas, eran unas manchas repugnantes para ellos y para los demás. Estos enfermos se sentían y se sabían sucios y repulsivos, de tal manera que todos les rehuían. No podían casarse, ni tener hijos, ni participar en las fiestas y peregrinaciones de los israelitas. No podían trabajar ni ganarse el sustento con el sudor de su frente, pues los frutos de sus trabajos estarían manchados y contagiarían a los demás: a los sanos. Los leprosos estaban condenados al abandono y al apartamiento total.
- En el Israel de Jesús, como hoy también he visto en tantas ocasiones, se vivía la enfermedad como un castigo de Dios. Y tantas veces como un castigo injusto: ‘¿Por qué? ¿Por qué yo? ¿Por qué ahora?’ Si Dios, que era el creador de la vida y de la Salud (con mayúsculas), les estaba retirando su espíritu, ello era señal de que Dios les estaba abandonado. Pero, ¿por qué? La enfermedad para un israelita era una maldición, un castigo de Dios por algún pecado. Por el contrario, la curación era vista como una bendición de Dios.
Los leprosos eran separados de la comunidad, no por temor al contagio, sino porque eran considerados impuros y podían contaminar de pecado a quienes pertenecían al pueblo de Dios. Por eso se entiende la orden del Antiguo Testamento que acabamos de leer: “Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, […] el sacerdote lo declarará impuro de lepra. El que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: ‘¡Impuro, impuro!’ Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento”. Para el israelita, que sólo entendía la vida integrado en una familia y en un grupo, esta exclusión significaba una auténtica tragedia. Abandonado por Dios y por los hombres, estigmatizados por los vecinos, excluidos de la convivencia, estos enfermos eran el sector más marginado de la sociedad. Los cojos, los ciegos, los mudos, los que tenían otras enfermedades podían entrar en los pueblos e incluso ser cuidados por sus familias y vivir con ellas, pero los leprosos no. Estos debían vivir solos, fuera de su familia, de su aldea y, cuando iban por los caminos, debían gritar: “Impuro, impuro”. Debían apartarse del camino cuando se acercaban otras gentes. No debían lavarse en las fuentes ni en los ríos que usaban los sanos, pues en caso contrario se exponían a morir apedreados. Podían lavarse y beber en charcos, o en pozos sólo por ellos usados. Los leprosos no se acercaban a la gente. Sus propios familiares, si les daban de comer, no les dejaban acercarse, sino que les tiraban la comida desde lejos o la dejaban sobre una piedra para que después ellos la cogiesen.
No podemos juzgar sin más aquellas gentes sanas desde nuestra perspectiva. Debemos ponernos en su lugar. La lepra era una enfermedad horrible: la piel se pudría, olía mal. Los miembros del cuerpo se desprendían. Se pensaba que la lepra era altamente contagiosa y no tenía cura. ¿Como protegerse? ¿Como proteger al resto de la comunidad? ¿Era razonable acercarse a un leproso y exponerse a la lepra? ‘Terminaré yo también leproso’, pensaban entonces. La única solución parecía consistir en apartar a los contaminados. No por odio, sino por necesidad de prevención.
- ¿Cuál era la reacción de Jesús ante los leprosos? Nos cuenta el evangelio que un leproso sí que se acercó a Jesús. El leproso sabe que puede ser apedreado. Pero en su corazón ha nacido un rayo de fe: ‘Jesús puede curarme’. El se daba cuenta que Jesús no iba a escapar, que Jesús no iba a tirarle piedras. Por eso, se acercó a Jesús, “suplicándole de rodillas: ‘Si quieres, puedes limpiarme’”. (Actitud humilde, de súplica, y palabras de petición y de confianza). Es cuando sufrimos miserias, cuando sabemos que solos no podemos, es cuando más nos abrimos a la misericordia de Jesús.
Y entonces Jesús hizo algo escandaloso para aquel tiempo y para la gente que lo vio: Jesús “sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: ‘Quiero: queda limpio’. La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio”. Jesús manifiesta en esta acción la misericordia de Dios. No sólo enseña verdades valiosas, sino que El tiene también el poder infinito para restaurar al hombre. Jesús es Dios que ha venido a salvarnos.
Pero este evangelio contiene hoy y siempre varios mensajes para todos nosotros:
* Nosotros somos ese leproso. Nuestra lepra es una lepra espiritual, es decir, nuestro pecado que nos causa una corrupción mucho más grave que la lepra física.
* Jesús se acerca a nosotros, si hace falta se arrodilla ante nosotros y nos suplica. Jesús nos toca y no teme ensuciarse con nuestras impurezas. No siente repugnancia por nuestras erupciones o malos olores. Jesús permite que le toquemos, que bebamos de su vaso, que comamos en su plato y con su cuchara. Jesús nos acoge en su casa y nos hace la cama con sus sábanas; las mismas que El utilizará después. Jesús nos cura y nos sana.
* Tras la curación, Jesús nos envía a llevar su amor a otros hermanos “leprosos”, para que nosotros seamos su presencia, tocando a otros en su nombre con la misma misericordia y pureza que El lo hizo. ¿Qué leprosos nos necesitan? Personas marginadas, rechazadas, faltas de cariño, de presencia amigable y de escucha atenta; quizás pecadores que necesiten alguien que les ayude a encontrar el camino... Es un riesgo muy grande tocarlos. Te puedes contaminar. Puede que no te comprendan…
* Pidamos ahora mismo a Jesús la gracia de vernos y sentirnos leprosos a los ojos de Dios. Pidamos la humildad necesaria para acercarnos a Jesús o para permitir que El se acerque a nosotros. Pidamos, como el leproso del evangelio: “Si quieres, puedes limpiarme”. Pidamos a Jesús que El nos toque, que nos diga: “Quiero: queda limpio”. Pidamos a Jesús que sepamos ser sus discípulos y que sepamos extender su misericordia a otros hermanos nuestros.

10 comentarios:

Pepitina dijo...

Termina la homilía con una invitación a que pidamos..
--Pidamos ahora mismo a Jesús la gracia de vernos y sentirnos leprosos a los ojos de Dios. Pidamos la humildad necesaria para acercarnos a Jesús o para permitir que El se acerque a nosotros. Pidamos, como el leproso del evangelio: “Si quieres, puedes limpiarme”. Pidamos a Jesús que El nos toque, que nos diga: “Quiero: queda limpio”.-- Acabo de leer esta anécdota que me ha parecido muy a propósito y copio aunque sea algo larga:
Un médico, intentando mejorar la máquina de los rayos X, descubrió por casualidad un nuevo tipo de rayos, los rayos Y. Lo sorprendente de estos rayos era que, en lugar de ver en la radiografía los huesos, los pulmones, los riñones o el hígado, lo que se veía era la bondad o maldad que había en la cabeza, el amor o el egoísmo que tenía el corazón, la sinceridad de la lengua, la paz que respiraban los pulmones, la generosidad que contagiaban las manos, la solidaridad de
la sangre, el rencor del estómago, etc. Acababa de descubrirse el invento del siglo. Si con los rayos X se podía detectar y curar enfermedades físicas, ahora, con los rayos Y, se podría detectar y curar la maldad que había en el interior de las personas. Cuando dio a conocer su invento el mundo entero quedó asombrado y llovieron los premios. Pero cuando instaló la máquina de rayos Y en el primer hospital, nadie quiso acudir allí para hacerse una revisión.
Pasó el tiempo y sólo unos pocos fueron a curarse. Casi nadie se reconocía enfermo de maldad, de egoísmo, de mentira, de odio etc. Todos pensaban que eran los demás los que se encontraban enfermos. El médico se sorprendió de que fueran tan pocos los que se sintieran enfermos y necesitados de ser curados. Quizá fuera porque este tipo de enfermedades no causaban apenas dolor y molestias en uno mismo; eran los demás los que sufrían principalmente sus
consecuencias. El invento tuvo poco éxito; no era fácil encontrar pacientes que quisieran ser curados.
Al final, el médico no tuvo más remedio que inventar otra nueva máquina – la máquina de los rayos Z – con ésta se podrá curar el profundo dolor que causaban continuamente en las personas aquellos que no se reconocían enfermos de egoísmo y maldad.
Curiosamente, esta máquina tuvo un gran éxito. Nunca se le acabaron los pacientes. Siempre había largas colas de personas esperando ser curadas.”
Sabeis, siento alegría cuando tras la misa de once, veo una gran cola en el confesionario del P. Andrés, aunque a mi me toque ejercitar la paciencia..merece la pena. Tener la oportunidad de acercarme a Jesús y “suplicándole de rodillas-poder decirle- ‘Si quieres, puedes limpiarme’, creo que es uno de esos Gozos, que sólo nuestro Dios, un Dios que nos salva, puede concedernos y que facilmente hace que brote de nuestro corazón la alabanza.
Buena semana para todos

Anónimo dijo...

Confieso mi total ignorancia a la hora de interpretar los textos del Antíguo Testamento, pero entiendo que ante una dolencia como la lepra, la reacción fuese la que nos dicen, de rechazo, y de miedo al contagio, pues en realidad es así. Otra cosa, es la forma cruel de tratar a los enfermos, por considerar su enfermedad producto del pecado, como era habitual en la cultura judía. En la película de Ben-Hur, vimos como a la madre y la hermana del protagonista, les hacían lo mismo.
Hoy también sigue sucediendo con algunas graves dolencias, pero también se margina, no solo a algún tipo de enfermo, se margina a los pobres, a los que no consiguen despuntar en este mundo competitivo, a los obesos, a los flacos, incluso a los minusválidos, a los ancianos, etc. Los tiempos pasan, pero las conductas humanas tienden a repetirse, de lo contrario, no habría guerras, con una, hubiera bastado para no repetir la experiencia, y sin embargo hay conflictos por todo el mundo.
La figura de Jesús, es siempre el mejor referente a la hora de evaluar nuestra vida, y la vida en general. El, tan rompedor como siempre, no se conforma con curar a distancia, quiere " tocar ", no tiene miedo como dice D. Andrés al contagio. Yo le pido al Señor, que también me cure mis miedos, que me haga sensible al dolor ajeno, que me permita compartir con el necesitado, y también que me permita ser ayudado, por que los seres humanos necesitamos de alguna manera para nuestro crecimiento unos de otros, y esa ayuda no tiene porqué ser material, también el amor fraterno da sosiego, y templa el animo abatido.
El Señor que es Misericordia pura, nos sanará de nuestros males, si realmente confiamos en El como el leproso.
Gracias D. Andrés por esta Homilía tan preciosa, y por sus enseñanzas siempre tan enriquecedoras para el espíritu.
Magnífica la idea de tener en audivisual sus Homilías. ¡ Todo un regalo ! Es un nuevo esfuerzo que dará muchos frutos.
Un abrazo para todos los hermanos del blog.

Violeta dijo...

Querido Andrés y demás hermanos:

Después de leer y releer el Evangelio y la homilía de D. Andrés, lo reflexioné en la oración y me surgieron dos posturas a seguir para llevarlo a mi vida diaria:

1ª El sentirme “leprosa”, conocer de cerca mi lepra o lepras espirituales…

2ª Que mi actitud ante los posibles “leprosos”, con los que me puedo encontrar, sea la de
acoger, sin excluir a nadie y pedir perdón al Señor por las veces que no supe integrar a las
personas que por una u otra causa las ignoré o las hice de menos…

3º Agradecer al Señor el que, por medio de sus ministros me haya curado de tantas
lepras…Dándole gracias por su gran misericordia, su ternura, su paternidad y
maternidad…, su paciencia conmigo.

El hecho de ver mis “lepras” espirituales, me ha de llevar a ser humilde, compasiva y comprensiva con los demás. La suerte que tengo y que tenemos es que, no vamos por el mundo gritando: “Soy impura, impura..” todo queda en la intimidad, entre Dios y cada uno de nosotros…¡Gracias Señor! Por haber instituido el Sacramento del perdón, de la misericordia… ¡Cuántas veces me “tocaste” y me dijiste: “Queda limpia”…y otras tantas sin cansarte, me lo volviste a repetir, porque en lugar de salir de mi “aldea: ”mi orgullo y egoísmo, he vuelto a contraer la enfermedad.

Pido para mí y para todos los que leen y meditan el Evangelio, y escuchamos al Espíritu que habita en nuestro interior, y a las personas que el Señor puso en nuestro camino para ayudarnos, que realmente hagamos vida el último párrafo de la Homilía… sólo nos cabe decir: ¡Señor,“Si quieres puedes limpiarme”!

Gracias a D. Andrés y un saludo para todos.

Anónimo dijo...

Estimado Don Andrés y demás hermanos.

En la sociedad occidental en la que la lepra como enfermedad física ha sido erradicada, existe otro tipo de lepra peor la del entendimiento, el egoísmo. Es una lepra que empieza por el miedo como todos los demás pecados, el miedo a no tener suficiente, el miedo a los demás, el miedo a ser diferente y rechazado por los convencionalismos de este Mundo anti-espiritual.

El Sistema en el cual vivimos nos exigen comportamientos de lepra colectiva, hay que ser insensible al dolor de los demás, desconfiar y no mover un dedo por ellos y por supuesto pensar como los políticos dictan ¡Que falsedad! ¡Que aborregamiento!

Que nadie se entere de que soy católico y practicante ¡Que lepra más dura! Hasta que Jesucristo se acerca y nos dice al oído, no tengas miedo queda limpio.

¡BENDITO SEA JESUCRISTO!

Un abrazo para todos de parte de un leproso más.

Anónimo dijo...

Antes de escribir el comentario, quiero pedir disculpas, por si algún lector pudiera sentirse molesto con el mismo. Sé que es duro, pero así se ha movido mí alma al escuchar la homilía de hoy.
¿Por qué ir tán lejos en el tiempo?
¿Por qué asustarnos de lo que se hacía en aquella época con los leprosos?
¿Por qué ser tán impostor?
En el mundo sigue habiendo lepra,¡claro! en el tercer mundo, y eso pilla muy lejos...
Mi cabeza se llena de SIDA, INDIGENCIA y seres humanos de otras ETNIAS, que nos rodean aquí y ahora.
¿Queremos los católicos enganchar a la juventud con esta hipocresía?
Intentaré dar,aún, un paso mas,dejando enfermedades y clases sociales aparte.
La pregunta es: ¿trato a los semejante que me rodean como lo que son, mis hermanos? Les dedico el trato y el tiempo que ellos me demandan?
Mí alma , por todo esto, también se llena de "lepra", pero es Él quién pone sus sábanas para que descanse y cure.
¿Qué es ser cristianos? Es ser discípulos de Cristo
¿Podemos llamarnos así gran parte de la Iglesia?
¿Estaría Jesucristo hoy contento con los que nos proclamamos sus seguidores?
Su perdón será como un bálsamo para nuestra "lepra" porque su misericordia es infinita.
Un abrazo para D. Andrés y todos los seguidores del blog.

David rico dijo...

Hola querido Don Andrés y hermanos.
Antes de nada queria deciros que soy un leproso, soy un leproso porque soy impuro, egoista, pensaba que yo podia solucionar mis problemas, pero hoy con esta homilia me doy cuenta de que tengo que ser humilde, descender en los peldaños de la humildad para pedirle a Dios que me cure, porque yo por mi solo no puedo, por mucho que lo intente, me he dado cuenta que yo no puedo curarme, tiene que ser Dios quien me cure, ojala algún día Jesús me toque y me diga "Queda Limpio".
Siempre he creido que yo solo podía solucionar todos mis problemas, más que nada porque no creia ni en Dios ni en nada, pero ahora me he dado cuenta que por mucho que haga…solo Dios puede curarme.
Gracias Don Andrés por abrirme los ojos. Un abrazo para todos.

pazglez1936@gmail.com dijo...

Queridos hermanos: si mis pecados, fueran tan visibles como es la le-
pra,también tendría que vivir alejada y, en último caso caso, apedreada,pero, y aqui entra la Buena Nueva,Jesús, en el Sacramento de la Penintencia quiere, y yo quedo limpia.Igual que el leproso,rodilla en tierra, las manos de la Madre Iglesia ( en mi caso de Andrés), me tocan y dicen:Quiero, estás limpia!Vete en Paz. !Hay quien dé más!.Que yo haga lo mismo con los demás, estoy
en ello. Paz

Chony dijo...

¡¡¡Que Dios te bendiga!!! Tu le prestas la voz, para que Él nos dirija a traves de ti, palabras impregnadas de amor y de esperanza; palabras de Vida, que nos ayuden a mirar hacia adelante, levantarnos y seguir caminando.
Es precioso este evangelio y la homilía; francamente somos muy afortunados de poder escuchar estas cosas, porque todos, estamos deseosos de amor de perdón, pero sin condiciones; ese amor que Jesús nos ofrece en toda su plenitud, abajándose y curando nuestras heridas.,
Es necesario sentirte enfermo pera acudir al doctor, así como es preciso reconocer que eres un gran pecador, para desear que tus pecados te sean perdonados, y que nadie te desprecie ni te rechace, cuando los descubren; y una vez que yo reconozco mi situación, poder arrodillarme ante Jesús, confiada en su piedad y deseo de que sea feliz.
Señor, soy una leprosa repugnante y maloliente, a ti acudo porque sé que puedes limpiarme, ten piedad de mi; necesito sentir el contacto de tus manos que dan Vida, solo Tú sabes mirarme con amor y sin asco.
Andrés solo puedo decirte.. ¡¡¡GRACIAS!!!
Este fin de semana me fuí en busca de Jesús, como hacia la gente en Jerusalen, es decir, para poder escuchar su palabra y para que me curase. Podeis pensar que no hacía falta el ir tan lejos, pero es que no fuí sola, me fuí de convivencia con otros hermanos tan necesitados como yo.
Eramos un grupo muy numeroso, mas de trescientos, todos leprosos, cojos ciegos, y con todo tipo de llagas repugnantes, necesitábamos que Jesús nos curase. Como Él hacía, nos dirigió palabras de esperanza y de amor; celebramos el sacramento de la penitencia, o reconciliación, y a todos a traves de sus ministros, unos veinte, el Señor nos tocó con su mano, y fuimos quedando limpios.
¡¡Cuanto amor derrocha el Señor con todos sus hijos!!
Luego era "justo y necesario" darle gracias a Dios, alabarle bendecirle; claro está celebrando la eucaristía; una eucaristía gozosa y alegre, y una vuelta a casa feliz, dando gloria a Dios, contando sus hazañas en nuestra vida. ¡¡Fantástico!!
BENDITO SEA DIOS.
Chony

Anónimo dijo...

Después de la homilía de este Domingo VI del tiempo ordinario me brota una pequeña oración que quiero compartirla con Andrés y con los amigos del blog.

Gracias Señor por curar la lepra de mi orgullo, de mis impaciencias, de mis egoísmos, de mi falta de pobreza.
Gracias Jesús por acercarte a mi y extender tu mano cariñosa para curarme.
Gracias por darme la oportunidad de pedirte que me cures, por tu respuesta acogedora, comprensiva y llena de amor hacia mi. “Quiero queda limpia”.
Tus palabras me liberan de todo lo que me aparta de la comunidad y de ti.
Gracias por devolverme la frescura a mi ser.

Os invito a todos a que oremos juntos como el salmista: “Restaurarnos Dios Salvador nuestro”.

Gracias a todos los que habéis puesto vuestros comentarios: “Todo es Presencia y Gracia...”

Gracias Andrés porque nos invitas a fijarnos en el detalle que Jesús nos toca y no teme ensuciarse con nuestras impurezas.

Feliz semana para todos.

Cristina

Any dijo...

Querido hermanos la verdad despues de leer y escuchar la homilia ¡¡y leer todos los comentarios cada cual mas rico ¡¡me he quedado sin palabras ¡¡¡¡Han llenado mi almame quedo con esta frase Pidamos,como el leproso del evangelio: “Si quieres, puedes limpiarme”. Pidamos a Jesús que El nos toque, que nos diga: “Quiero: queda limpio”.-- ...Amen