sábado, 22 de noviembre de 2008

Domingo Jesucristo, Rey del Universo (A)

Por error he preparado la homillía según las lecturas del Ciclo B, lo siento. Ya no me da tiempo a preparar la homilía según el Ciclo A. Las lecturas que figuran aquí son las del ciclo B, pero la referencia la he puesto para el Ciclo A. Siento todo este lío.
23-11-08 JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO (B)
Dn. 5, 1-3; Slm. 92; Ap. 1, 5-8; Jn. 18, 33-37
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Homilía de audio en WAV
Queridos hermanos:
- Con este domingo terminamos el año litúrgico , pues el día 30 empieza un nuevo año litúrgico con el tiempo de Adviento. Con la festividad de Cristo Rey se hace referencia al sentido de nuestra vida y de la vida en este mundo. Nuestra visión del mundo no es cíclica o repetitiva, sino que para nosotros este mundo tiene un principio y un fin: Dios es el origen y será también la meta de todo y de todos. Hacia Dios caminamos.
En la homilía de hoy me fijaré especialmente en dos verbos referidos a Jesús: VER Y ESCUCHAR.
- VER. Al preparar esta homilía me detenía en unas palabras de la lectura del libro del Apocalipsis, que es el último libro de la Biblia. Dice así: “¡Mirad! Jesús viene en las nubes. Todo ojo lo verá, también los que lo atravesaron”. Este texto responde a un anhelo grande (más o menos consciente) de la humanidad: ver a Dios. Recuerdo que hace unos 28 años, siendo yo seminarista, una chica de una parroquia, en la que yo colaboraba pastoralmente y que tenía algunas dudas de fe, me decía que para creer en Dios a ella le bastaría que El se le mostrase físicamente una sola vez. A esta chica le costaba creer en algo que le contaban, pero que no palpaba, que no veía, que no se podía demostrar científicamente. En esta misma línea, Nietzsche, filósofo alemán del siglo XIX decía de Jesús: “Si de verdad eras el Hijo de Dios, ¿por qué no nos lo has mostrado más claramente?” Incluso un famoso jesuita del siglo XX, Teilhard de Chardin, dijo: “¿Por qué callas, Señor? Tus criaturas están ante ti perdidas y angustiadas pidiendo ayuda; y a ti, si existieras, te bastaría –para hacerlas correr hacia ti- mostrarles un rayo de tus ojos, la orla de tu manto. Pero tú no lo haces.” Sí, en nuestro tiempo a muchas personas les cuesta creer en Jesús como Dios, pues la historia de su nacimiento, vida y muerte en cruz es algo que pasó hace muchos años. Estas personas no sienten en su ser, como experiencia concreta, que Jesús haya muerto por ellas. Por todo esto –repito- a muchos les cuesta creer en Jesús como Dios. Pero es que a las personas que estuvieron hace 2000 años con Jesús por las tierras de Israel también les costaba creer en El como Dios, porque lo veían como un hombre completamente normal, que comía, bebía, dormía… como todos los hombres. Sí, es verdad que le veían hacer cosas extraordinarias, pero algunos pensaban que hacía esto por ser un mago muy poderoso, o porque tenía el poder de Satanás, o de Dios, pero El, Jesús, no era más que un hombre; extraordinario, pero hombre.
Por todo esto, la Iglesia sitúa hoy este texto (“¡Mirad! Jesús viene en las nubes. Todo ojo lo verá, también los que lo atravesaron”) en la Misa. Al final de los tiempos, o de nuestro tiempo, todos los ojos veremos a Jesús. Lo veremos quienes hemos creído en El y quienes no han creído. Verán a Jesús los que le atravesaron con la lanza en el costado cuando colgaba en la cruz; lo verán los que le crucificaron, los que le flagelaron, los que le condenaron, los que le negaron, los que se burlaron de él, los que lo amaron, los que lo siguieron, los que apostataron y los que se mantuvieron fieles. Lo verán quienes acuden a Misa y los que no acuden, quienes rezan el rosario y quienes no lo rezan. Lo verán quienes hicieron el bien y quienes hicieron el mal.
Sin embargo, yo no me conformo con ver a Jesús al final de los tiempos o al final de mi vida. Quiero verlo ya, aquí y ahora. Naturalmente que sé que esto es un don de Dios. Nosotros sólo podemos disponernos para recibirlo y clamar al Señor por este don. Clamamos por este don mediante la oración y la espera paciente ante Dios. Y nos disponemos para recibir este don por la pureza de nuestro comportamiento, de nuestras palabras, por la humildad y por la práctica de las virtudes. Este es un camino infalible para ser regalados aquí y ahora con la vista admirable del Señor Jesús.
- ESCUCHAR. Al finalizar el evangelio de hoy Jesús le dice a Pilato: “Soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para esto he venido al mundo: para ser testigo de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”.
Existe una diferencia entre oír y escuchar. Oye la persona a la que se le habla, pero puede hacer caso o no, puede acoger dichas palabras o no. Los fariseos en tiempos de Jesús le oían, pero no acogían lo que les decía y lo despreciaban o lo dejaban de lado. Hacían realidad aquel refrán que dice: “Predícame, cura, predícame, fraile, que por aquí me entra y por aquí me sale”. Anás y Caifás oyeron a Jesús; Herodes y Pilato oyeron a Jesús; Judas y tantos fariseos oyeron a Jesús; hoy tanta gente oye a Jesús, pero no acogen sus palabras.
Escuchar, no quiere decir que se acepte sin ningún tipo de crítica o de reflexión lo que se nos dice. Escuchar significa oír las palabras y acogerlas en el corazón, en la mente, en el alma y tratar de adecuar la vida a lo que hemos escuchado. Escucho lo que me dice Jesús porque sus palabras me dan vida, alegran mi ser más íntimo, me conmueven las entrañas, arrojan de mí todos los miedos… Escucho las palabras de Jesús porque me fío de El; he tenido experiencia de El y sé que nunca me engaña ni me engañará; sé que me quiere y me ama, y que desea lo mejor para mí. Por lo tanto, escucho las palabras de Jesús por lo que me dice y por quién me lo dice. Así lo hicieron S. Pedro, María Magdalena y tantas personas a lo largo de la historia. María, la madre de Jesús, es el mejor modelo de escucha de su Hijo Jesús y de las cosas de su Hijo Jesús. En el evangelio de S. Lucas por dos veces se nos dice que “María guardaba estas palabras y las meditaba en su corazón” (Lc. 2, 19.51).
- Ya termino con unas palabras de un gran santo: S. Agustín. El ansió ver y escuchar a Jesús y lo logró. Por eso escribió estas palabras tan bellas de su Amado Jesús, y que yo hoy suscribo del mismo modo:
"Nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti" (S. Agustín, Confesiones, Libro I, Cp. I, 1).
"¿Quién me dará descansar en ti? ¿Quién me dará que vengas a mi corazón y le embriagues para que olvide mis maldades y me abrace contigo, único bien mío? […] Que yo corra tras tu voz y te dé alcance. No quieras esconderme tu rostro. Muera yo para que no muera y pueda así verle" (S. Agustín, Confesiones, Libro I, Cp. V, 5).
“¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! […] Llamaste y clamaste, y rompiste mi sordera; brillaste y resplandeciste, y curaste mi ceguera; exhalaste tu perfume y respiré, y suspiro por ti; gusté de ti, y siento hambre y sed; me tocaste, y abráseme en tu paz” (S. Agustín, Confesiones, Libro X, Cp. XXVII, 38).

9 comentarios:

Any dijo...

Ver y escuchar ... que palabras que parecen tan simples y aveces son tan dificiles de usar ...
Despues de tan bella homilia ..no hay mucho para decir ...yo humildemente solo quiero ompartir esto que para mi es tan simple y quizas para muchos inentendible---Yo veo a Jesus en los pajaros .. en las plantas .. en los hombres en la vida y tambien en la muerte .. y lo escucho en mi corazon dia a dia .

Anónimo dijo...

Estimado Don Andrés y de más hermanos:

Tan solo unas pocas palabras

¿Que Dios es capaz de encarnarse de hombre para sufrir y morir para salvar a la humanidad? ¿Que Rey es capaz de dar la vida por sus vasallos?

Un solo Dios, Dios mismo. Un solo Rey, Cristo.

¡Viva Cristo Rey!

Un abrazo para todos.

Anónimo dijo...

D. Andrés, no tiene que disculparse por un cambio de Homilía, la que escuché hoy me parece preciosa, trascendente, buena para mi avance en el conocimiento de Dios.
Yo no tengo el privilegio de los grandes Santos ni de las personas elegidas para ver a Dios, pero me conforta el saber que un día me encontraré con El, y con mis seres queridos. He pensado muchas veces cómo será ese encuentro, y en algunas ocasiones, me da un poco de miedo. Es todo tan misterioso para mí, Dios es siempre tan extraordinario y tan imprevisible, que me sobrecoge. Yo también quisera verlo patente en esas situaciones horribles por las que atraviesa el mundo, pero El, que escribe la historia, sabe cómo y cuándo hacerse presente, y debemos estar alerta a su llamada. Los hombres tenemos que testimoniar con nuestros actos, en todas las situaciones, el Mensaje que Jesús nos legó, el Mensaje de Dios.
La Oración me permite acercarme también al Señor, y sentir su presencia en mi vida, eso condiciona ya para siempre mis actos.
Gracias D. Andrés por esta maravillosa homilía, ha sido un regalo.
Un abrazo para los hermanos del blog.

Chony dijo...

Acabo de escuchar de nuevo la homilía de hoy; Jesucristo Rey del universo. Si me paro a pensar en si es cierto que Jesus es el Rey del universo, ciertamente cuesta trabajo creerlo, porque mas bién parece que se le quiera borrar de la faz de la tierra. ¿Cual ha sido el trono de Jesús? Todos lo sabemos. Jesús reinó desde la cruz, y desde ese madero fue tan eficaz su "gestión" que nos trajo la salvación a todos los que por
nuestros pecados, estabamos destinados a una condenación eterna.
Hoy lo que me tengo que preguntar es, ¿Es Jesús el Rey de mi vida? ¿me dejo aconsejar por Él? ¿Trato de verle y escucharle? ¿Que lugar ocupa en mi corazón? y un sin fin de preguntas mas. Como dices, yo no quiero esperar al fin de mis días, necesito verle y escucharle aquí y ahora, porque es cuando realmente le necesito. Necesito de su amor, de sus besos, de sus caricias, necesito sentirme
cobijada y segura entre sus brazos, sentir su calor, su ternura, lo necesito absolutamente todo de Él. Y esta necesidad nace precisamente de que por su gracia, y porque Él así lo ha querido, ya me ha hecho gustar de esto, y ha sido una experiencia tan sublime, que ahora lo añoro aún mas, porque sé lo que es.
Bendito sea mi Dios, que por su infinita msericordia se ha fijado en esta pobre pecadora, y al igual que a María Magdalena, no se ha fijado en mis pecados, si nó que a cambio de mis infidelidades, se me ha mostrado en toda su tenura y grandeza, haciéndome comprender que a su lado todo lo que este mundo me ofrece es basura, como decía S. Pablo.
Hoy quiero dar gracias a mi Rey, y rogarle que se me muestre cada día,
que no me esconda su rostro, y pueda gozar de nuestra intimidad.
También que sepa acoger su palabra en mi corazón, y que viva según su
voluntad.
Muchas gracias Andrés, no importa que te hayas equivocado, ya que la
palabra de Dios, siempre es alecionadora, y nos enseña cada dia nuevas cosas, siempre muy provechosas. Que Dios te bendiga.
BENDITO SEA DIOS.
CHONY

Anónimo dijo...

¡Bendito sea Dioa que ha hecho que te equivocaras!. Me imagino el susto que habrás llevado cuando te diste cuenta, sin embargo ya ves que no hay problema, el alimento es el mismo.
Yo no bajé a las 11 a la Catedral, fui a mi parroquia y allí se leyó lo que correspondia, sin embargo el alimento era tan soso que tuve que esforzarme por sacarle gusto.
Así que vuelvo a decir ¡bendito sea Dios por tu equivocación! pues yo he comido dos veces.
Un abrazo para tod@s.

Pepitina dijo...

Querido amigos:
Meditando un texto sobre S Pablo, decía que una de las formas más hermosas de Anunciar a Cristo Jesús, era manifestar a los demás hermanos lo que el Señor ha ido haciendo ó está haciendo en cada uno de nosotros, advirtiendo se haga "sin espíritu de propaganda ni excesivo pudor". Al leer el testimonio valiente de algunos de vosotros, y tras este párrafo, os recordé con gran cariño y agradecimiento.
Tras esta introducción he de darle la razón al P. Andrés quien nos conduce por ese camino hermoso que sin merecerlo ninguno, nos predispone para VER y ESCUCHAR al Señor. Sabiéndome regalada por Él, no sale de mi corazón sino una continua alabanza a Su Amor. Esa es mi oración continua en estos dos últimos años de mi vida, alabarle, bendecirle..en cualquier lugar ó situación de pena ó gozo, da igual, pues no soy yo, quien programe-qué voy a orar ó a decirle- sino el mismo Espíritu el que lo hace en mi interior. Esto me hace comprender que el Cielo- como nos lo han descrito en ocasiones- sea una continua alabanza al Padre por el Hijo en el Espíritu, y mi gozo interior es impresionante. Hasta que llegue esa última y primera visión, me conformaré con Su abrazo, Su beso, Su presencia palpable casi, Su mirada sobre mi -aunque esté hablando con otra persona- percibo cómo da calor a mi espalda. Está ahí, mirándome con ternura infinita.
EscucharLe. Me recuerda aquella anécdota -que algunos conoceis y a la que me refiero en ocasiones en mis grupos- de aquella joven madre que enseñaba a su niñita pequeña a orar-hablar y escuchar- a Dios:-quién nos habla al corazón-.
Su voz es clara en el Silencio, uno de sus lugares preferidos para "hablarnos al corazón"; "la llevaré al desierto y le hablaré al corazón", ó sí, ¡cuantos desiertos!-en todos los sentidos, los de mi vida y ¡¡cuánta claridad y luz la de Su voz ante mi escucha!!.
Siempre cuando Él quiere, cómo Él quiere y lo que Él quiere..también el recuerdo de su mirada y de su voz, llena momentos en los que desea esconderme Su Rostro. Voy entendiéndole..es para que le busque más, por otro camino, desde otro desierto, otra persona..Hay un lugar donde siempre le Veo, sintiéndome mirada por El y le Escucho: Su Palabra, viva y eficaz que va marcando mi caminar hacia Él.
Por todo esto, sintonizo tan bien, cuando al finalizar vuestros comentarios algunos escribis: Bendito sea Dios ó le alabais de alguna forma. ¡Dios os bendiga!
Bendito sea nuestro Dios, que desde este Blog, nos invita esta semana a VerLe y EscucharLe.
Un fuerte abrazo y buena semana para todos.

Anónimo dijo...

En algunas ocasiones pienso en como sería conocer a Jesús en persona pero sin saber su condición divina. ¿Le VERÍA? Con mayúsculas, ¿Le ESCUCHARÍA? Con mayúsculas. ¿Cuál sería mi actitud ante su presencia y palabras? Y realmente dudo de mi misma y creo que me costaría trabajo descubrir en un hombre de carne y hueso la grandeza, el amor, la realidad del Dios en el que creo.

María Cristina dijo...

Dios escribe derecho en renglones torcidos. Andrés feliz equivocación la que has tenido, cuanta riqueza nos tenía preparada nuestro Padre Dios a través de tu equivocación.

Quiero darle gracias a Dios por todo lo que nos ha regalado con tu homilía, la he escuchado varias veces y me ha ayudado en mi oración todos estos días. Me he quedado con el verbo VER... si cuánto deseamos VER A DIOS, pero estoy segura que Él también desea VERNOS CADA MAÑANA ante el sagrario gustando de su presencia, aunque aparentemente no le sintamos. Con el salmista digo: “GUSTAD Y VED QUE BUENO ES EL SEÑOR...”

Gracias a todos los del blog por los comentarios tan ricos, llenos de profundidad y sabiduría. El próximo domingo estaré en sintonía con todos los de la “Comunidad de las once” en la Eucaristía celebrando el Inicio del Adviento y la fiesta de San Andrés, juntos oraremos por nuestro Padre Espiritual para que Dios le siga dando muchos dones y gracias para crecer en santidad y ayudarnos a crecer a nosotros. Hasta otro momento.

Cristina

Anónimo dijo...

que pena no poder acudir a tus homilias.porque es MUY IMPORTANTE lo que dices,pero tambien lo que transmites,en esta epoca en la cual mucha gente estamos perdidos y nos consuela encontrar palabras de apoyo y de esperanza como las tuyas que solo DIOS sabe poner en tu boca para que nos las transmitas.Besos de Luci,tu hermana desde tfe¡SORPRESA!