viernes, 27 de julio de 2007

Domingo XVII del Tiempo Ordinario (C)

EN EL MES DE AGOSTO NO PONDRE HOMILIAS EN EL BLOG, PUES ESTARE DE VACACIONES Y NO ME SERÁ FACIL ACCEDER A UN ORDENADOR CON INTERNET. SI TARDO UN POCO EN SUBIR LOS COMENTARIOS QUE SE HAGAN A ESTA HOMILIA, TENER, POR FAVOR, UN POCO DE PACIENCIA. ¡QUE DIOS OS BENDIGA, BUEN DESCANSO Y HASTA SEPTIEMBRE!
29-7-2007 DOMINGO XVII TIEMPO ORDINARIO (C)
Gn. 18, 20-32; Slm. 137; Col. 2, 12-14; Lc. 11, 1-13
Queridos hermanos:
- Hay gente que se asusta con frecuencia de lo que trae el Antiguo Testamento y no quiere leerlo, porque no lo entiende y porque transmite una imagen de un Dios terrible y vengador. Un ejemplo típico de esto se da en la primera lectura que acabamos de escuchar: Se ve a un hombre (Abraham) suplicando a Dios para que no destruya a Sodoma y Gomorra: “Entonces Abrahán se acercó y dijo a Dios: ‘¿Es que vas a destruir al inocente con el culpable? Si hay cincuenta inocentes en la ciudad, ¿los destruirás y no perdonarás al lugar por los cincuenta inocentes que hay en él? ¡Lejos de ti hacer tal cosa!, matar al inocente con el culpable […] El Señor contestó: - ‘Si encuentro en la ciudad de Sodoma cincuenta inocentes, perdonaré a toda la ciudad en atención a ellos.’ Abrahán respondió: - ‘Si faltan cinco para el número de cincuenta inocentes, ¿destruirás, por cinco, toda la ciudad?’” Y Abraham va bajando la cifra de posibles justos, como regateando a Dios para intentar arrancarle una sentencia de perdón. En este texto aparece un hombre más misericordioso que Dios mismo.
Por esto, no es extraño que con frecuencia en nuestra sociedad se tenga una imagen de Dios falsa. Veamos un ejemplo: hace unos meses he recibido una carta de una antigua alumna mía y me mandaba una “oración” del “Padre nuestro”, que había compuesto su hijo de 14 años, y me preguntaba mi opinión. Os leo lo que escribió el chico: “Padre nuestro, de todos nosotros, de los pobres, de los sin techo, de los marginados y de los desprotegidos, de los desheredados y de los dueños de la miseria, de los que te siguen y de lo que en ti ya no creemos. Baja de los cielos, pues aquí está el infierno. Baja de tu trono, pues aquí hay guerras, hambre, injusticias. No hace falta que seas uno y trino, con uno solo que tenga ganas de ayudar, nos bastaría. ¿Cuál es tu reino? ¿El Vaticano? ¿La banca? ¿La alta política? Nuestro reino es Nigeria, Etiopía, Colombia, Hiroshima. El pan nuestro de cada día son las violaciones, la violencia de género, la pederastia, las dictaduras, el cambio climático. En la tentación caigo a diario, no hay mañana en la que no esté tentado de crear a un Dios humilde, a un Dios justo. Un Dios que esté en la tierra, en los valles, los ríos, un Dios que viva en la lluvia, que viaje a través del viento y acaricie nuestro Alma. Un Dios de los tristes, de los homosexuales. Un Dios más humano… Un Dios que no castigue, que enseñe. Un Dios que no amenace, que proteja. Que, si me caigo, me levante, que si me pierdo, me tienda su mano. Un Dios que si yerro, no me culpe y que, si dudo, me entienda. Pues para eso me dotó de inteligencia, para dudar de todo. Padre nuestro, de todos nosotros. ¿Por qué nos has olvidado? Padre nuestro, ciego, sordo y desocupado, ¿por qué nos has abandonado?”
- Pasemos ahora al evangelio, en donde ya se nos presenta una imagen de Dios muy distinta. Jesús, que es el Hijo de Dios y que conoce al Padre por experiencia propia y no de oídas, nos da la verdadera descripción de Dios: “¿Qué padre entre vosotros, cuando el hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿0 si le pide un pez, le dará una serpiente? ¿0 si le pide un huevo, le dará un escorpión? Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?” Por lo tanto, la auténtica medida del amor, de la misericordia, de la comprensión, del perdón… para Jesús no es el hombre, sino que es Dios mismo, su Padre. Jesús no dice otra cosa que lo que ha aprendido de su Padre; no hace otra cosa -al curar a los hombres y al consolarlos- que poner por obra lo que ha visto hacer a su Padre. Con esta confianza, Jesús se dirige a los discípulos y a todos los hombres, y les habla de su propia experiencia en el trato con Dios Padre y exclama: “Así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre.”
Hace un año me hablaron de un hombre angustiado, porque su hija de unos 20 años era un auténtico desastre: bebía, no estudiaba, contestaba mal en casa… Sus padres estaban inmersos en el ámbito educacional y conocían técnicas para tratar casos difíciles, pero, todo lo que valía para decir a los padres de los otros, fallaban en aquella hija. El padre de esta chica estaba muy perdido y habló con un sacerdote exponiéndole toda esta situación. Este sacerdote le escuchó, le dio algunas palabras de ánimo y, al despedirse, le dijo: ‘Yo voy a rezar a Dios por tu hija’. Esto era en el mes de agosto. En octubre la chica, sin más ni más, dejó de beber, se matriculó en la universidad y cambió su comportamiento en la casa. El padre dice que ha sido algo milagroso y, una y otra vez, le vienen a su mente y a su corazón las palabras de aquel cura: ‘Yo voy a rezar a Dios por tu hija’.
¿Creo yo en Dios de tal manera que me dirijo a El con total confianza? ¿Mi oración a Dios es confiada y me abandono totalmente a su cariño y a su amor por mí? Os recuerdo una vez más las palabras de Jesús: “Si vosotros, pues, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?” El Papa Juan Pablo I, el Papa de la sonrisa, ha experimentado a este Dios providente, al Dios de Jesús. Por eso exclamó aquello de “Dios es Padre, pero sobre todo es Madre”; tanta era la ternura que veía en El.
- Sin embargo, ante las palabras de Jesús en el evangelio de hoy: “Así os digo a vosotros: Pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre”, alguien puede decir que él reza a Dios, que le pide a Dios, pero que Dios no le concede siempre lo que se le pide. Esto es real. Recuerdo que en la década de los 60, cuando llegaron en África al poder varios regímenes comunistas, un jefe comunista entró en una escuela católica rodeado de soldados y en medio de todos los niños les preguntó si creían en Dios. Todos dijeron que sí. Entonces este jefe les dijo a los niños que pidieran caramelos a Dios. Los niños los pidieron, pero… los caramelos no bajaron del cielo. Luego el jefe les dijo que le pidieran caramelos a él y él les dio caramelos. Concluyó este jefe su presencia diciendo que Dios no existía, porque no atendía a la gente cuando se le pedía cosas, y que en él sí que tenían que creer, porque él sí que está presente, a él sí que lo veían, y él sí que daba caramelos.
Por lo tanto, ¿qué decir cuando Dios no nos concede lo que le pedimos? A esto hemos de responder con unos textos de Jesús: * en la versión del “Padre nuestro” de S. Mateo (la de hoy es la del evangelio de S. Lucas) se dice: “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mt. 6, 10). Es decir, no que yo haga la voluntad de Dios o que Dios haga mi voluntad, sino que se cumpla la voluntad de Dios. * Cuando Jesús ora en Getsemaní pide al Padre que pase de él aquel sufrimiento, aunque a continuación añade: “pero no sea como yo quiero, sino como quieres tú” (Mt. 26, 39b.42b). Es decir, que se cumpla la voluntad de Dios y no la de Jesús. * Y en el evangelio de hoy Jesús dice: “¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden?”, es decir, el Padre no da coches deportivos, casas, vacaciones, puestos de trabajo…, sino que El da lo que es verdaderamente importante para nosotros y nos sirve para siempre y no sólo para un momento de nuestra vida: Dios Padre nos da ESPIRITU SANTO.
De este modo aprende el cristiano, como aprendió Jesús y todos los santos, que la vida de fe y la petición en la oración consiste en que caminemos nosotros hacia la voluntad de Dios y no que El camine hacia nuestra voluntad y hacia nuestros gustos.

2 comentarios:

Aloya dijo...

Orar es hablar con Dios. Jesús nos enseñó a comunicarnos con el Padre, a través de una oración sublime, como es el Padre Nuestro. En esta oración se establece una relación afectiva, cercana, cálida entre Padre y nosotros sus hijos, de confianza, de esperanza, de perdón. Cúantas veces he rezado el Padre Nuestro en mi vida y sin embargo, no percibía la catequesis de oración que entraña esta comunicación directa con Dios. Cada palabra, es de por sí, toda una revelación sobre el hacer y sentir del Cristiano, de reverenciar y aceptar la voluntad del Señor y de pedirle perdón por nuestras debilidades, y de contarle, que también nosotros, entendemos y perdonamos las debilidades de nuestros hermanos, y así corresponder a su Divina Misericordia.
Hoy el Padre Nuestro, tiene para mí una nueva dimensión. Medito cada una de sus frases y todas tienen un eco especial en mi corazón.
Le deseo a D. Andrés, que encuentre como Jesús, una Betania, donde descansar y reponer fuerzas en estas vacaciones, en compañía de sus seres queridos. Muchas gracias por esta homilía, que me aporta tanta luz.
Un abrazo a los amigos del Blog.

Anónimo dijo...

Me ha parecido dura y tremenda la oración que hizo este muchacho pero no voy a fijarme en eso, sino en que algo le mueve por dentro para llegar a escribir a Dios,luego no todo está perdido.
Su camino hacia Dios ha empezado duro pero seguro que le llevará a comprender que Dios es padre y, efectivamente, que es madre.
Un abrazo para tod@s, tanto aquell@s que son mas marías que martas como al revés. Soco