viernes, 13 de julio de 2007

Domingo XV del Tiempo Ordinario (C)

15-7-2007 DOMINGO XV TIEMPO ORDINARIO (C)
Dt. 30, 10-14; Slm. 68; Col. 1, 15-20; Lc. 10, 25-37
Queridos hermanos:
En el evangelio de hoy se dice: “En aquel tiempo, se presentó un maestro de la Ley y le preguntó a Jesús para ponerlo a prueba: - ‘Maestro, ¿qué tengo que hacer para heredar la vida eterna?’ Él le dijo: - ‘¿Qué está escrito en la Ley? ¿Qué lees en ella?’ Él contestó: - ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma y con todas tus fuerzas y con todo tu ser. Y al prójimo como a ti mismo.’ Él le dijo: - ‘Bien dicho. Haz esto y tendrás la vida.’”
Cuando empecé a preparar la homilía de hoy, enseguida me vino a la mente la primera encíclica del Papa Benedicto XVI: “Dios es amor”. Es una encíclica preciosa, que, si no habéis leído, yo os lo aconsejo vivamente. Tiene una lectura fácil y es muy provechosa. Al menos, a mí me gustado mucho. Por eso, si me lo permitís, os trascribiré algunos pasajes:
- “El amor al prójimo enraizado en el amor a Dios es ante todo una tarea para cada fiel, pero lo es también para toda la comunidad eclesial” (n. 20). Como bien nos dice el Papa en este texto y nos dice Jesús en el evangelio de hoy, no puede separarse el amor a Dios y amor al prójimo, al hombre concreto. Y esta tarea (la de amar a Dios y al prójimo) es de cada fiel y de toda la Iglesia, bien sea la universal, la de una diócesis o la de una parroquia. Cuando uno de nosotros hace un acto de caridad o de amor (es lo mismo), es la misma Iglesia quien lo hace. Y la Iglesia ama y actúa en caridad a través de sus hijos, de hijos concretos, con nombres y apellidos. Por eso, no se puede decir que la M. Teresa de Calcuta es una santa y, por el contrario, la Iglesia es “una tal y una cual”, porque el actuar de la M. Teresa de Calcuta es el actuar concreto de la Iglesia. Lo mismo se ha de decir de cada sacerdote, de cada obispo, de cada fiel…
- Este amor concreto comenzó ya en la primitiva Iglesia, cuando los cristianos compartían sus bienes para que nadie pasara necesidad alguna. La ‘comunión entre los fieles’ se transforma en ‘comunicación de bienes’, que “consiste precisamente en que los creyentes tienen todo en común y en que, entre ellos, ya no hay diferencia entre ricos y pobres (cf. también Hch 4, 32-37)” (n. 20). “Con el paso de los años y la difusión progresiva de la Iglesia, el ejercicio de la caridad se confirmó como uno de sus ámbitos esenciales, junto con la administración de los Sacramentos y el anuncio de la Palabra: practicar el amor hacia las viudas y los huérfanos, los presos, los enfermos y los necesitados de todo tipo, pertenece a su esencia tanto como el servicio de los Sacramentos y el anuncio del Evangelio. La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra (n. 22). “Esta función se manifiesta vigorosamente en la figura del diácono Lorenzo († 258) […] A él, como responsable de la asistencia a los pobres de Roma, tras ser apresados sus compañeros y el Papa, se le concedió un cierto tiempo para recoger los tesoros de la Iglesia y entregarlos a las autoridades. Lorenzo distribuyó el dinero disponible a los pobres y luego presentó a éstos a las autoridades como el verdadero tesoro de la Iglesia” (n. 23)[1].
- “Desde el siglo XIX se ha planteado una objeción contra la actividad caritativa de la Iglesia, desarrollada después con insistencia sobre todo por el pensamiento marxista. Los pobres, se dice, no necesitan obras de caridad, sino de justicia. Las obras de caridad —la limosna— serían en realidad un modo para que los ricos eludan la instauración de la justicia y acallen su conciencia, conservando su propia posición social y despojando a los pobres de sus derechos. En vez de contribuir con obras aisladas de caridad a mantener las condiciones existentes, haría falta crear un orden justo, en el que todos reciban su parte de los bienes del mundo y, por lo tanto, no necesiten ya las obras de caridad. Se debe reconocer que en esta argumentación hay algo de verdad, pero también bastantes errores” (n. 26). El amor —caritas— siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa. No hay orden estatal, por justo que sea, que haga superfluo el servicio del amor. Quien intenta desentenderse del amor se dispone a desentenderse del hombre en cuanto hombre. Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo […] Este amor no brinda a los hombres sólo ayuda material, sino también sosiego y cuidado del alma, un ayuda con frecuencia más necesaria que el sustento material. La afirmación según la cual las estructuras justas harían superfluas las obras de caridad, esconde una concepción materialista del hombre: el prejuicio de que el hombre vive ‘sólo de pan’ (Mt 4, 4; cf. Dt 8, 3), una concepción que humilla al hombre e ignora precisamente lo que es más específicamente humano” (n. 28).
- “La experiencia de la inmensa necesidad puede, por un lado, inclinarnos hacia 1) la ideología (curas guerrilleros) que pretende realizar ahora lo que, según parece, no consigue el gobierno de Dios sobre el mundo: la solución universal de todos los problemas. Por otro, puede convertirse en 2) una tentación a la inercia ante la impresión de que, en cualquier caso, no se puede hacer nada (derrotismo). En esta situación, el contacto vivo con Cristo es la ayuda decisiva para continuar en el camino recto: ni caer en una soberbia que desprecia al hombre y en realidad nada construye, sino que más bien destruye, ni ceder a la resignación, la cual impediría dejarse guiar por el amor y así servir al hombre. La oración se convierte en estos momentos en una exigencia muy concreta, como medio para recibir constantemente fuerzas de Cristo. Quien reza no desperdicia su tiempo, aunque todo haga pensar en una situación de emergencia y parezca impulsar sólo a la acción […] La beata Teresa de Calcuta es un ejemplo evidente de que el tiempo dedicado a Dios en la oración no sólo deja de ser un obstáculo para la eficacia y la dedicación al amor al prójimo, sino que es en realidad una fuente inagotable para ello” (n. 36). “La familiaridad con el Dios personal y el abandono a su voluntad impiden la degradación del hombre, lo salvan de la esclavitud de doctrinas fanáticas y terroristas. Una actitud auténticamente religiosa evita que el hombre se erija en juez de Dios, acusándolo de permitir la miseria sin sentir compasión por sus criaturas. Pero quien pretende luchar contra Dios apoyándose en el interés del hombre, ¿con quién podrá contar cuando la acción humana se declare impotente? […] En efecto, los cristianos siguen creyendo, a pesar de todas las incomprensiones y confusiones del mundo que les rodea, en la ‘bondad de Dios y su amor al hombre’ (Tt 3, 4). Aunque estén inmersos como los demás hombres en las dramáticas y complejas vicisitudes de la historia, permanecen firmes en la certeza de que Dios es Padre y nos ama, aunque su silencio siga siendo incomprensible para nosotros” (nn. 37-38).
[1] “Una alusión a la figura del emperador Juliano el Apóstata († 363) puede ilustrar una vez más lo esencial que era para la Iglesia de los primeros siglos la caridad ejercida y organizada. A los seis años, Juliano asistió al asesinato de su padre, de su hermano y de otros parientes a manos de los guardias del palacio imperial; él imputó esta brutalidad —con razón o sin ella— al emperador Constancio, que se tenía por un gran cristiano. Por eso, para él la fe cristiana quedó desacreditada definitivamente. Una vez emperador, decidió restaurar el paganismo, la antigua religión romana, pero también reformarlo, de manera que fuera realmente la fuerza impulsora del imperio. En esta perspectiva, se inspiró ampliamente en el cristianismo [...] Los sacerdotes debían promover el amor a Dios y al prójimo. Escribía en una de sus cartas que el único aspecto que le impresionaba del cristianismo era la actividad caritativa de la Iglesia. Así pues, un punto determinante para su nuevo paganismo fue dotar a la nueva religión de un sistema paralelo al de la caridad de la Iglesia. Los «Galileos» —así los llamaba— habían logrado con ello su popularidad. Se les debía emular y superar. De este modo, el emperador confirmaba, pues, cómo la caridad era una característica determinante de la comunidad cristiana, de la Iglesia” (n. 24).

3 comentarios:

Olga dijo...

Si bien, el domingo pasado nos hemos dado cuenta que Jesús en el evangelio se dirigía a sus discípulos y a cada uno de nosotros y nos decía: "la mies es abundante y los obreros pocos: rogad, pues, al dueño de la mies que mande obreros a su mies". Y nos llamaba a ponernos en camino para ser esos obreros en su mies. También nos daba una serie de indicaciones para nuestro trabajo en esa mies necesitada de Dios. Hoy nos dice a través del evangelio y de la homilía que el AMOR (LA CARIDAD), ES EL ALMA DE LA MISIÓN, que el Señor nos ha encomendado a cada uno de nosotros, “no puede separarse el amor a Dios y amor al prójimo, al hombre concreto”.
El Papa Benedicto XVI en su primer mensaje con motivo de la Jornada Mundial de las Misiones, situaba el amor como alma y fuente principal de la Misión, nos recordaba que el amor es, desde el principio de la humanidad, fuente de vida y salvación. “El Hombre -nos dice el Papa-, salió de las manos del Creador como fruto de una iniciativa de amor…y con la muerte de Cristo en la cruz, Dios se pone incluso contra sí mismo para dar nueva vida al hombre y salvarlo”.
A lo largo de la historia de la humanidad, muchas han sido las personas que han tenido el amor como fuente y guía de sus vidas, que se han puesto “en contra de sí mismas” y lo han dado todo para el bien de los demás, hay muchas personas que siguen siendo testigos de ese amor incondicional que Dios tiene por toda la humanidad. Un amor que las lleva, desde el anonimato, a ponerse en contra de sí mismas y dedicarse por completo a los desheredados de la tierra. Son miles y miles de personas que sintiéndose amadas por Dios, quieren transmitir ese amor a los demás. Hay muchas personas que trabajando en el campo del Señor, siendo sus obreros de esa mies, se inclinan como el buen Samaritano, sobre las necesidades de todos, especialmente de los más pobres y necesitados.
Ser trabajadores de la mies, realizar la misión que Jesús nos ha encomendado es atender como el samaritano las necesidades de todos, especialmente de los más pobres y necesitados, porque quien ama con el corazón de Cristo no busca su propio interés, sino únicamente la gloria de Dios y el bien del prójimo y todo esto es frutoy respuesta de un fuerte encuentro con el Señor a través de la oración.
Cuando oraba ayer tarde con la homilía me acordaba de la 1ª a Cor. 13,1-3 y sgtes. “Aunque tuviera en don de profecía y conociera todos los misterios, todas las ciencias, aunque tuviera plenitud de fe como para trasladar montañas sin AMOR no soy nada”
En la Eucaristía de hoy escuchaba esta frase el “amor es mas que el mandamiento”. Y una anécdota que penetró hasta el fondo de mi ser: En cierta ocasión había un mendigo pidiendo limosna, pasaba cerca de él un hombre que se echó la mano al bolsillo y le dio una moneda, el mendigo le siguió mirando y como si le estuviese pidiendo algo mas, el hombre le pregunta si es que no ha sido suficiente la moneda que le había dado y el mendigo le respondió que necesitaba una sonrisa.
Amo no solo curando los enfermos, visitándolos, dando una limosna, visitando los presos, enseñando al que no sabe etc.etc. Sonriendo, siendo acogedor en fin de muchas maneras…
Gracias doy hoy al Señor que a través de Andrés me hace un llamado a examinarme hoy en el AMOR. GRACIAS por darme la oportunidad de AMAR MEJOR… y ser consciente de ello.
Un abrazo para todos y una feliz semana. A todos los tengo muy presente en mi oración al pie de la Santína
Olga

Aloya dijo...

¿Y quién es mi prójimo ? La pregunta del Sabio de la Ley a Jesús, y para la cual, Jesús describió una bellísima parábola que todos conocemos. Nos pone en evidencia, con este relato, al denunciar nuestra negligencia y comodidad ( el sacerdote y el levita, que pasan de largo, ante el judio atacado por los bandidos ) y nos demuestra, que el samaritano, a pesar de ser el enemigo sempiterno de los judios, tiene algo que no poseen los otros, caridad, misericordia, y la aplica con decisión y convencimiento, definiendo con su actitud, el verdadero sentido de la palabra prójimo.¿ Cuántas veces he pasado por la vida, siendo simplemente un espectador, sin involucrarme en los problemas de los demás ?. Muchas, unas de forma consciente, y otras por la desgana o la temida comodidad. Ya vendrán otros, que lo solucionarán.
Escuchando a D. Andrés hoy, en su homilía en la Catedral, descubría nuevos matices de la palabra prójimo, al incorporar a la iglesia a esta acción, y no a un personaje aislado, pude comprobar, que cuando nos entregamos a la caridad,= al amor al prójimo, lo estamos haciendo toda la iglesia, y eso me ha impresionado, pues ese matiz no lo había percibido antes. Yo entendía que una obra de caridad, era un acto individual, o de una asociación, del tipo que fuera, y que en el primer caso, ésta, obedecía a un sentimiento de piedad y de sensibilidad con el hermano necesitado, era algo entre Dios y yo, y a lo sumo, con el destinatario de la acción.

Todo el brillo social del mundo, el poder, el dinero, etc. no sirven ni satisfacen, si no hay generosidad, amor, caridad, deseo de compartir, y cuando no se dan estas características, surgen el desencanto, la inestabilidad, la desgana, la depresión, las drogas y un sinfín de dramáticos acontecimientos. Creo que Dios, nos pone siempre en el camino, la oportunidad de conocer a nuestro prójimo, de ser útiles en la medida de nuestras posibilidades, Dios, nunca pide nada que no podamos dar. Dios es amor
Gracias D. Andrés, por seguir enseñándome, aspectos fundamentales para mi vida de crecimiento en la caridad, y en el amor al prójimo, a través de la iglesia.
Un abrazo a todos los queridos amigos del Blog.
Aloya

Pepitina dijo...

Espero que no me pase el verano sin leer despacio la Carta del Papa, que en su momento no me pareció de tan fácil lectura y la fui dejando, pero me pondré a ella, pues la homilía me anima a ello.
Jesús no solamente le pregunta al maestro de la ley: "¿qué está escrito en la ley?", sino además:"¿qué lees en ella?"; le invita a profundizar más en la respuesta a su pregunta, porque aquel escriba de la ley sabía ésta de memoria-Jesús lo sabe y también que pretendía probarle-.
No basta saber, ni basta leer la Palabra- si esta no es acogida por el corazón, pues sólo así la ponemos en práctica; por ello Jesús por dos veces le dice a su interlocutor en tono imperativo, HAZLO.
A través del Blog y a base de leer y re-leer las lecturas y-guardadas en el corazón-con mimo, dejando que esa Palabra de Dios nos posea, vamos viendo como se hacen realidad en nosotros frases como -La Palabra es viva y eficaz- ó la ley del Señor es descanso del alma..No cabe duda que de aquello que rebosa el corazón hablan los labios y cuánto nos ayudan a ir viviendo la Palabra de Dios, la reflexión de las lecturas desde la homilía y los distintos comentario que compartimos. Esto es un regalo precioso que nos hace el Señor,¡agradezcámoslo!
También a mi como a Aloya, me resultó novedoso el que "nuestra caridad" es la misma Iglesia quien la realiza; luego lo comprendí dándole vueltas. Aunque con mas profundidad, me imaginaba una gran familia de la que salen muchos hijos y estos son portadores de lo allí aprenden y viven y encuentran apoyo desde ella misma para dar testimonio fuera del hogar. Porque si no fuera por la Palabra predicada, la Eucaristía, los sacramentos...¡¡¡¿qué Caridad seríamos capaces de ejercer? creo que ninguna fuera del ser solidarios en casos concretos-como puede ocurrir en los no creyentes. Pero ese Amor de 1ªCor.13...sin Su Gracia lo veo imposible.
Tenía curiosidad por ver al P. Andrés desarrollando esta importante reflexión desde una homilía y me acerqué a escucharla en directo...muy buena, el Espíritu actuó en él. Amplió explicaciones, como en el n.22:-
La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra” (n. 22)-,nos expuso el ejemplo de un trípode:sacramentos, palabra, caridad..si falta alguno de ellos no hay equilibrio en nuestro ser cristianos.
Me dió a pensar mucho ese justicia-caridad,-"“El amor —caritas— siempre será necesario, incluso en la sociedad más justa."
Siempre habrá sufrimiento que necesite consuelo y ayuda. Siempre habrá soledad. Siempre se darán también situaciones de necesidad material en las que es indispensable una ayuda que muestre un amor concreto al prójimo..- Comprendí porque lo viví. Hace dos semanas estuve en Covadonga dos dias, allí:una de las hermanas de la Casa de Ejercicios me recibió gozosa: "siempre me da alegría que estés aqui con nosotras, en serio"-no sabe ella la alegría que me dió a mi-; luego recibí un mensaje en el móvil:"¿estas mejor?",-sí, aquel interés me hizo sentir mejor;por último el poder compartir una bonita oración de acción de gracias ante el sagrario con Olga- misionera y querida participante de nuestro Blog-...Esto es Amor, y este Amor no me lo proporciona la justicia, aún cuando fuese justa nuestra sociedad;este amor sólo podemos recibirlo de alguien que es Amor, ese Dios nuestro que se vale de tantos medios para mostrarnos ¡cuánto nos ama!
Podemos recordar que el comentario del P.Andrés sobre la asignatura de la Ciudadanía se refiere a esto en algún momento, y aquí queda más explícito.
Siento el retraso al comentario, tengo tanta gente a mi alrededor..¡feliz descanso en esta semana!