viernes, 20 de julio de 2007

Domingo XVI del Tiempo Ordinario (C)

22-7-2007 DOMINGO XVI TIEMPO ORDINARIO (C)
Gn. 18, 1-10a; Slm. 14; Col. 1, 24-28; Lc. 10, 38-42
Queridos hermanos:
- En esta semana un sacerdote, creo que de la diócesis de Córdoba, fue asesinado en su cama y en su casa. Parece ser que el asesino fue un inmigrante al que había dado cobijo y trabajo. Este sacerdote solía hospedar a gente necesitada e igualmente le daba trabajo. De esta práctica habitual suya se derivó su muerte, una muerte violenta. Cuando uno ve estos hechos, desde el Señor, debe preguntarse a quién se parece más uno: ¿al sacerdote asesinado o al asesino? No puedo sin más condenar o juzgar a las otras personas. No puedo juzgar al sacerdote por ser un ingenuo y un inconsciente. No puedo juzgar al asesino por ser un desagradecido y un desgraciado. ¿A quién me parezco yo más en mi vida ordinaria: al sacerdote o al asesino?
En el salmo 14 se dice en la respuesta: “Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?” Y la respuesta es la siguiente: “El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua. El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino, el que […] honra a los que temen al Señor. El que no presta dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente.“ Pues bien, nosotros, con frecuencia, estamos hospedados en la tienda del Señor y somos como ese asesino del sacerdote. Nosotros también respondemos con mal a la mano que nos da de comer (a Dios y sus hijos, nuestros prójimos), a la mano que nos cobija (a Dios y a sus hijos, nuestros prójimos), a la mano que nos da cariño (a Dios y a sus hijos, nuestros prójimos).
- Según nos cuenta el evangelio, Jesús estaba constantemente ocupado y de acá para allá. Siempre hablando y enseñando a la gente. Siempre curando y caminando de una aldea a otra, de un pueblo a otro. No podía sacar tiempo ni para estar a solas. Solía apartarse un poco por la noche para estar con Dios a solas. Asimismo ¡cuántas veces quiso estar con los apóstoles únicamente, pero no podía! Jesús necesitaba, como todos los hombres, su espacio de silencio, de soledad, de estar en paz, de “quitarse los zapatos y andar las zapatillas”! Y lo mismo que nosotros tenemos nuestros rincones preferidos, nuestros amigos… también Jesús lo tenía y se llamaba Betania. Era un pequeño pueblo cercano a Jerusalén, en donde habitaban sus amigos Lázaro, Marta y María; hermanos entre sí. El evangelio de hoy nos narra un episodio ocurrido en Betania, en casa de los tres hermanos: Llega Jesús y con él sus discípulos. Las amas de casa ya sabéis lo que come un hombre de más en el hogar. ¡Pues imaginaros 12 hombres y Jesús: en total 13 varones! En aquel tiempo no había agua en la casa, no había neveras ni supermercados con comida rápida. Para cualquier mujer toda esta situación hubiera supuesto un verdadero quebradero de cabeza. Lo sería hoy día con todos los medios modernos con los que cuentan las casas, ¡cuánto más en tiempos de Jesús! Por eso, nos cuenta el evangelio que Marta se multiplicaba para atender a todo y a todos, y al ver a su hermana María que no hacía nada, que no ayudaba en nada, y que estaba sentada a los pies de Jesús escuchándolo, fue cuando Marta se paró y le dijo a Jesús aquello de: “Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano.” Marta tenía toda la razón, pero el Señor con su respuesta parece que se la quita. En efecto, Jesús le dice: “Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor, y no se la quitarán.” Podía Marta haber contestado que entonces ella también pararía de trabajar y de preparar comidas y lechos para dormir, que ella también se sentaría a los pies de Jesús a escuchar y a no hacer nada. Y, cuando llegase la hora de comer, que cada cual se arreglase por sí mismo.
Hay personas (sobre todo mujeres) que me han comentado lo mal que les parece esta respuesta de Jesús… por injusta y porque se ve que Jesús es un hombre y que no pisa los pies en el suelo. Sin embargo, yo entiendo que Jesús no contesta a Marta para aquel momento concreto, sino que más bien le dice algo a Marta que llega a lo más profundo de su corazón y de su alma. En efecto, Jesús ve que Marta es una persona ajetreada, pero no sólo en ese momento, sino en todos los momentos de su vida. Es una persona toda actividad y poca reflexión, toda impaciente y con poca paz, todo ruido y con poco silencio, todo el ‘aquí y ahora’ y no ver las cosas un poco más allá. (El jueves me contaba una persona que pasó unos días de julio en Orense y que se dio cuenta de lo mucho que gritaba y hablaba alto la gente por allá. Antes esta persona hacía igual, pero, desde que conoció al Señor más de cerca, habla más suave y más pausadamente y su corazón no está tan agitado).
Ante este texto y esta explicación, ahora os pregunto yo: ¿Nosotros nos parecemos en nuestra vida ordinaria más a Marta (inquietos, nerviosos, con falta de paz, ruidosos, volubles…) o a María (con más serenidad, con más paciencia y más paz, estables, con equilibrio en nuestra personalidad…)? Cuanto más estamos con el Señor, El nos da los dones de María y nos va quitando los nerviosismos de Marta.
- El texto de la segunda lectura es muy denso. Voy a destacar dos frases: 1) “Nosotros anunciamos a ese Cristo; amonestamos a todos, enseñamos a todos, con todos los recursos de la sabiduría, para que todos lleguen a la madurez en su vida en Cristo.” La fe de S. Pablo es cristocéntrica. El no cree simplemente en Dios, sino en el Dios de Jesucristo. En sus predicaciones habla sólo de Cristo y de aquello que conduzca a Cristo. Es un enamorado de Cristo. Recuerdo que, hace años, un chico entró en el Seminario de Oviedo y con los jóvenes de la parroquia en donde realizaba su labor hablaba de Jesús una y otra vez. Un día le dijeron: ‘Basta ya. No sabes más que hablar de Jesús. ¿No tienes otro tema de conversación?’ De momento el seminarista se quedó parado, pero enseguida respondió: ‘Un novio habla de su amor, de su novia. Yo hablo de mi amor, de Cristo’. Y siguió con su monotema. A mí me tiene dicho gente que le trataba, que este seminarista arrastraba a los que tenía a su alrededor, pues hablaba desde el corazón y no desde lo que había aprendido en los libros.
S. Pablo hablaba de Cristo a todas horas y su afán era que todos los que lo escucharan creyeran en El, y madurasen en la vida de fe. ¿Noto cómo madura de mi vida de fe con el paso de los años o sigo igual que hace tiempo?
2) La segunda frase que destaco es ésta: “Me alegro de sufrir por vosotros; así completo en mi carne los dolores de Cristo, sufriendo por su cuerpo que es la Iglesia.” S. Pablo tenía dos amores: Cristo y la Iglesia. Para él el sufrimiento era tomar parte de los dolores de Cristo Jesús, compartía sus sinsabores y fracasos. Pero S. Pablo sufría, como Cristo, por la Iglesia, por los cristianos, por los hombres, por todos los hombres y por cada hombre en particular. Hay gente a la que le hablan mal de la Iglesia y es como si le clavaran una puñalada. Hay gente que ve un pecado en la Iglesia y es como si le clavaran una puñalada. Sufrir con Cristo y sufrir por la Iglesia es un don de Dios, que no todo el mundo tiene, sino sólo aquellos a los que Dios se lo ha concedido y han trabajado por ello en su vida espiritual. ¿Tengo yo estos dones? ¿Son Cristo y la Iglesia mis grandes amores como lo eran para S. Pablo?

9 comentarios:

Rubén dijo...

Gracias, Andrés. Ahora que vienen las vacaciones, es un buen momento para dedicarse a ser algo más María que Marta.

Aloya dijo...

Personalmente, pienso que tengo que convivir con la dualidad de ser Marta y María a lo largo de mi vida. Yo estoy de acuerdo, en que cuando Jesús le " reprocha ", seguro que con mucho cariño a Marta su constante actividad, no lo hace desde una postura machista, sino que le habla directamente al corazón, quiere simplemente que se serene, que vaya un poco más sosegada, en su vida cotidiana, incluso doméstica, que tenga paz interior, la suficiente para percibirle, para escucharle. Hoy en día, cuando eliges vivir en el mundo, tener trabajo, llevar un familia, es cada vez más difícil, encontrar ese momento, para la reflexión, para el silencio del alma, y así escuchar al Señor. Soy Marta muchas horas del día. Es pues necesario, que ajuste " mi agenda de prioridades personales ", y encuentre ese espacio necesario para mi relación con Dios, con Jesús, para fortalecer mi fe, para cuidar mi diálogo diario con el Señor, para contarle cómo va mi vida, para ser hijo y poder sentarme a los pies del Padre y atender sus consejos, y ser un tiempo de cada día, solo María.

Cada vez que no reconozco a mi prójimo, cada vez que lo ignoro,
cada vez que mi corazón no sienta alegría o tristeza, cuando mi prójimo está alegre o triste, estoy convirtiéndome en un pobre desalmado. De la falta de amor, derivan todos los males. No me extraña la muerte del Sacerdote, los ataques constantes a la iglesia, la violencia, el mal, todo es consecuencia solo de la falta de caridad = amor.

Muchas gracias a D. Andrés, por la homilía y el precioso Icono de los Angeles, que la acompaña. ¡ Todo un regalo para la vista y el oído !
Sigo caminando a su lado D. Andrés.

Un abrazo para todos los amigos del blog.
Aloya.

Pilar dijo...

Gracias Andrés, me ha gustado mucho esta homilía, la considero muy provechosa para los tiempos que corren y la explicación que das de la respuesta de Jesús a Marta me ha convencido, nunca la había sentido ni oido tan clara y convincente. Sólo me queda seguir reflexionando en ella para tenerla presente en mi vida. ¡Cuánto me queda todavía por conocer y amar a Jesús haciéndolo vida en mí!.

Marilu Fabiola Bastida B dijo...

Tiene mucha razon Padre, cuantas veces nos parecemos a Marta, bueno al menos asi me siento yo en estos momentos de mi vida, siempre caminando contra reloj para ser mil cosas, y asi dia tras dia, pero tambien es cierto que ese afanarnos en tantas cosas muchas veces para quedar bien con las personas, nos dejan un vacio cada vez mas grande. Le pido al Senor que nuestras ocupaciones diarias nunca nos impidan reclinar nuestro corazon ante El.
Gracias por sus comentarios me ayudan mucho, que Dios los bendiga.

samalea dijo...

Encuentro que estas lecturas de hoy son muy ricas de contenido y me hablan de muchas cosas: de acogida, hospitalidad, servicio, oración, de la voluntad de Dios
Como Abraham quisiera tener esa confianza absoluta en Dios, sabiendo que es El quien lleva mi vida y no yo. Porque sé que Dios siempre cumple sus promesas y sé que la lógica de Dios es distinta a la mía. Y me cuesta comprender que los planes de Dios no se realizan cuando yo quiero sino cuando El quiere. Y no como yo quiero sino como El quiere. A veces me es más fácil cumplir la Voluntad de Dios, que tener la paciencia para esperar el momento en que Dios quiere hacer su Voluntad: “Cuando vuelva a verte, dentro del tiempo de costumbre, Sara habrá tenido un hijo”.
Por eso le digo al Señor como Abraham: “Señor, si he alcanzado tu favor no pases de largo junto a tu siervo” ¡No pases, te ruego, sin detenerte!
Y quiero servir al Señor pero sé que servir a Dios es hacer su Voluntad, es complacerlo en todo, dejar que El sea quien me dirija.
Pero el problema es que ando muchas veces como Marta, sólo ocupada en la actividad. “La mejor parte, la única necesaria” es justamente la “aparente” inactividad de la oración. En la oración Dios me muestra su Voluntad. Y en esa oración puedo saber qué desea El de mí. Además, en la oración, Dios me da la fortaleza para cumplir su Voluntad, me da también la entrega para aceptarla... y, además me da la paciencia para saber esperar el momento de su Voluntad.
Por eso necesito ponerme a los pies del Señor y estar cerca de El, como Abraham y como María. Y estar en oración a la escucha de la Palabra del Señor, porque sé que no sólo es la mejor parte, sino que es lo único necesario: “Marta, Marta: andas inquieta y nerviosa con tantas cosas: solo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán”
Confío que el Señor me hospede en su tienda toda la eternidad.
La paz

María Cristina dijo...

Con las lecturas y la homilía de ayer me sentí como si hubiese ido al médico y me dijese: para tener el corazón sano es preciso: trabajar para no ser egoísta, tener un corazón pobre, vivir de la fe, ser humilde, ser orante, ser sencilla, no presumir ni de dones ni de ropa ni de cacharritos.

Aún sigue resonando dentro de mi el salmo: Entra en tu tienda Señor: el que procede horradamente, el que tiene intenciones leales etc… Y en la riqueza del evangelio sigue la misma temática. ¿Quién entra en la tienda de Él? Los contemplativos , los que escuchan la Palabra, los pacíficos como María la Hna. de Lázaro, los que trabajan como Marta en los quehaceres de la casa, pero conservan la sintonía y la paz con el “Huésped” que ha llegado a su casa.

Andrés tus preguntas son siempre iluminadoras para mi vida y seguro para todos los del blog. Se te ocurre cada cosa. ¿Qué a quien nos parecemos al sacerdote asesinado o al asesino?, ¿Nos parecemos más a Marta o a María? Y viene tu motivación. “Cuanto más estemos con el Señor, El nos da los dones de María y nos va quitando los nerviosismos de Marta.”

Pablo fue un enamorado de Cristo; mi compromiso esta semana es orar para que todos los que participamos del blog y los de la comunidad de las once seamos “verdaderos enamorados de Cristo y como María estemos a sus pies: “ESCUCHÁNDOLO Y CONTEMPLÁNDOLO.

Andrés que nuestro Padre Dios siga calentando tu corazón y tus labios para seguir anunciándolo y recordándonos que es preciso: ENTRAR EN SU TIENDA Y QUEDARNOS AHÍ CON ÉL.

Feliz semana para todos.

Pepitina dijo...

--Cuanto más estamos con el Señor, El nos da los dones de María y nos va quitando los nerviosismos de Marta.--
¡¡es cierto!! y además, nos muestra como ser también Marta con la actividad del servicio, la prontitud,la escucha y la espera para los demás, y todo ello realizarlo con la paz y certeza que nos da el Señor, trás silenciarnos, estar, permanecer y hospedarnos en Él mismo, que se nos ofrece como Todo lo necesario, lo mejor y lo ÚNICO, para actuar en Caridad hacia los demás.
Creo que hemos de llegar a ser Martas, pero siempre desde la experiencia de María, que es encuentro con el Señor y desde ahí...a lo que Él nos disponga, porque suele hacerlo con mucha claridad.
Hace unos años un sacerdote me escribió una dedicatoria en la hojas destinadas a ello de la "Guía del peregrino",libro que se utiliza en los Cursillos de Cristiandad-movimiento que algunos de vosotros conocereis-,decía:"eres una Marta encantadora con ramalazos de María"..., no hace mucho se lo enseñé y nos reimos juntos...porque ¡¡qué cosas hace Dios en nosotros!! ¡¡cómo cambia nuestra vida y le da vueltas, la trastoca, la convierte..y todo porque un día alguien decide ponerse a Sus pies y escucharLe. Sí; "me sedujiste Señor y me dejé seducir".
¡¡cuantos bienes recibimos a través de una buena dirección espiritual, aunque pasemos momentos duros y de gran exigencia..!! Gracias, Pater.

Asun dijo...

“Señor, si he alcanzado tu favor, no pases de largo junto a tu siervo.” Estas son las primeras palabras que se han quedado en mí al leer las lecturas de hoy. Hay algo en ellas con las que me identifico y que , dicho más burdamente, salen de mis labios con frecuencia: cuando soy consciente de que SOY sólo porque El me quiere y quiere; cuando también soy consciente de que nada pasa sin su consentimiento, aún cuando la libertad de la que me dotó, me lleven por un camino no tan recto; en definitiva, cuando mi corazón y mi cabeza, cuando todo mi ser me dice que El es el pilar de mi vida, en los momentos de mayor intimidad con El, de mi alma brota alguna frase similar.
En mi opinión, la frase contiene solamente magnitud humana. El condicional sobra para Dios… ¡qué poca cuenta me doy de esto! El no pasa de largo, aunque yo no haya alcanzado su favor. Es su infinita misericordia. Desde mi alma pecadora, ésa es la esperanza: que no pase de largo junto a mí.

El evangelio me lleva a una familia, la de Lázaro, especialmente querida por Jesús y donde se le amaba grandemente. Puedo imaginar el despliegue de atenciones, sería grande y desbordante. Parece que Marta sale mal parada, pero es su forma de oración, de agasajo hacia Jesús. Es la acción. Con la colaboración de María, las dos hubieran tenido tiempo para escuchar.
Esta reflexión puede deberse a una “deformación profesional”, ¿qué haría yo para procurar el bienestar de mi Señor? Todo sería poco, por eso Marta me es cercana y me enternece.
Desde mi punto de vista meramente cristiano. ¿No es buena la combinación activa y contemplativa en la oración? ¿No oran a su Señor las dos?

Otra frase quedó en mi mente y en mi conciencia: “Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda? El que…”
Señor, en mi travesía, quisiera entrar en tu tienda.

Olga dijo...

Al leer, reflexionar y orar la Homilía de este domingo me llenaba de gozo cuando veía que “lo mismo que nosotros tenemos nuestros rincones preferidos, nuestros amigos… también Jesús lo tenía y se llamaba Betania”.Me imaginaba la alegría que sentiría Jesús como todos los hombres la experimentamos, cuando podemos acercarnos y tener nuestros ratos de compartir y estar a solas con nuestros amigos, imaginaba la escena cuando compartía estos espacios con Lázaro, Marta y María y de ellos con su GRAN AMIGO JESÚS, hasta se me ocurría pensar que el nerviosismo, la inquietud, la queja de Marta era el no poder ella también estar sentada a los pies de Jesús disfrutando de su presencia, de su compañía, como lo estaba María, por tener que ocuparse de los quehaceres de la casa.
¡Cuántas enseñanzas nos dan las lecturas de este domingo y cuántas nos hace ver a través de esta preciosa Homilía!:
Ser contemplativos como María, sentarnos a sus pies, escuchar su palabra en nuestro interior, ir poco a poco consiguiendo ese silencio exterior e interior para poder disfrutar de la presencia de nuestro GRAN AMIGO JESÚS, sosegar nuestra mente, nuestro corazón.
Llegar a convencernos totalmente que: Una sola cosa es necesaria, y que si nos dejamos absorber por los quehaceres, por el ruido, por el nerviosismo, del poseer y tener demasiadas cosas no llegaremos a experimentar lo que significa tener la presencia de nuestro GRAN AMIGO JESÚS en nuestra casa.
Estar seguros de que estando a su lado, a sus pies, aprendemos y experimentamos la paz, el sosiego, la firmeza, la seguridad, etc.etc.
Llenarnos de Él para tenerlo en aquellos momentos en los que no podemos estar en soledad por el trabajo, el ajetreo y el desasosiego de la vida.
La hospitalidad de Marta, esa virtud que ella tenía de ser una mujer, acogedora, en su casa, hizo posible que Jesús entrase a ella y así poder escucharle y percatarse de su nerviosismo, de su impaciencia, de su inquietud, de su ajetreo.
Esa misma virtud que tuvo Marta nos la enseña hoy la primera lectura, Gn. 18, 1-10°, Abraham también recibe de parte de Dios su recompensa en esta acción de la hospitalidad y le anuncia por medio de los ángeles que Sara su mujer tendrá un hijo.
Saber también que en medio del trabajo, de los quehaceres podemos llegar a ser personas contemplativas en medio de la acción.
Pido al Señor para mí y para todos EL SILENCIO, LA PAZ, LA SERENIDAD, LA SOBRIEDAD, LA HOSPITALIDAD para poder disfrutar de la PRESENCIA DE NUESTRO GRAN AMIGO JESÚS en nuestras vidas.
Un abrazo fuerte para todos de una manera especial los del Blog. Cuánto aprendo de vosotros.GRACIAS.
Olga