jueves, 18 de mayo de 2017

Domingo VI de Pascua (A)



21-5-17                                   DOMINGO VI DE PASCUA (A)

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Queridos hermanos:
            - El 13 de mayo de 1917 se produjo la primera aparición de la Virgen de Fátima (Portugal) a los tres pastorcitos. El centenario de esa aparición se celebró el sábado pasado. Lo que quizás muchos no sepan (o recuerden) es que, para estos tres pequeños pastores, los hechos extraordinarios comenzaron un año antes. En efecto, antes de que se les apareciera la Virgen María, un ángel se les mostró en tres ocasiones:
La primera vez fue en la primavera de 1916. Lucía lo cuenta así: El ángel “dijo: ‘No tengáis miedo. Soy el ángel de la paz. Orad conmigo’. Él se arrodilló, doblando su rostro hasta el suelo. Con un impulso sobrenatural hicimos lo mismo, repitiendo las palabras que le oímos decir: ‘Dios mío, yo creo en Vos, yo os adoro, yo  espero y yo os amo. Os pido perdón por los que no creen, no os adoran, no  esperan y no os aman’. Después de repetir esta oración tres veces el ángel se incorporó y nos dijo: ‘Orad de esta forma. Los corazones de Jesús y María están listos para escucharos’. Y desapareció”.
En el verano de ese 1916 tuvo lugar una segunda aparición. Estaban los tres pastorcitos jugando y el ángel se les mostró de nuevo y les dijo: “‘¿Que estáis haciendo? ¡Tenéis que rezar! ¡Rezar! Los corazones de Jesús y María tienen designios misericordiosos para vosotros. Debéis ofrecer vuestras oraciones y sacrificios a Dios, el Altísimo’. ‘¿Pero cómo nos debemos sacrificar?’, pregunté. ‘En todas las formas que podáis ofrecer sacrificios a Dios en reparación por los pecados por los que Él es ofendido, y en suplica por los pecadores’”.
La tercera aparición ocurrió a finales de septiembre o de octubre de 1916. En esta ocasión el ángel se presentó después de que los pastorcitos habían tenido un día de mucha oración, pues, tras la segunda aparición, ellos fueron mucho más diligentes con sus prácticas religiosas. Nos lo narra Lucía así: “El ángel tenía en su mano izquierda un cáliz y sobre él, en el aire, estaba una hostia de donde caían gotas de sangre en el cáliz. El ángel dejó el cáliz en el aire, se arrodilló cerca de nosotros y nos pidió que repitiésemos tres veces una oración. Después se levantó, tomó en sus manos el cáliz y la hostia. La hostia me la dio a mí y el contenido del cáliz se lo dio a Jacinta y a Francisco”.
            Esta fue la tercera y última vez que el ángel se les apareció. Y el texto de donde saqué estos datos terminaba así: “Fue de esta forma en la que fueron catequizados en oración, sufrimiento por reparación, y en la doctrina de la Santa Eucaristía, y fortalecidos por el Pan de los Ángeles, como los niños de Fátima fueron preparados para la visita de la Reina de Portugal, la Inmaculada Virgen María”. En efecto, la Virgen no se apareció sin más a los tres pastores, sino que Dios les preparó previamente con las visitas del ángel para que se purificaran de sus pecados, para que adecentaran su alma para el inmenso regalo que iban a recibir, para que entraran en comunión con el mismo Dios, el cual sufría (y sufre) por las acciones de los pecadores en este mundo. Así, de este modo, los tres pastores estuvieron preparados para los mensajes divinos que les iban a venir en 1917. Todo esto que les sucedió a los pastores, ¿está en línea con escrito en la Palabra de Dios? SÍ. Así lo atestigua la Biblia: “La Sabiduría no entra en un alma que hace el mal ni habita en un cuerpo sometido al pecado” (Sab. 1, 4).
            Cuando me hablan de apariciones de ángeles o de la Virgen María o ante cualquier otro hecho extraordinario, siempre procuro aplicar ‘la prueba del algodón’, y ésta consiste en contrastar estos hechos con la Palabra de Dios. Si esos hechos o mensajes extraordinarios no pueden ser reconducidos o entendidos en la Palabra de Dios, entonces claramente se ha de decir que no son verdaderas tales apariciones o verdaderos tales mensajes.
            - Habiendo dicho todo lo anterior, es aquí donde quiero entroncar las ideas arriba expuestas con una frase del evangelio que acabamos de escuchar, e intentaré que podamos sacar una enseñanza de provecho para nuestra vida de fe. Dice Jesús en el evangelio: “El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él”. Jesús nos pide que aceptemos sus mandamientos, es decir, todo lo que nos ha ido revelando en su evangelio. Entonces, para aceptar sus mandamientos, primero tenemos que leer con atención la Palabra de Dios, concretamente los cuatro evangelios. En efecto, no podemos aceptar los mandamientos de Jesús si antes no los conocemos a través de la lectura, de la meditación y de la explicación que se nos haga de ellos. Una vez 1) conocidos dichos mandatos, 2) los acogemos en nuestro corazón, los amamos y los aceptamos. Y es entonces cuando 3) podemos comenzar a guardarlos y cumplirlos en nuestra vida ordinaria.
            Jesús da un paso más: quien conoce mis mandamientos, quien los acepta y quien los cumple, 4) esa persona ama a Jesús. Y quien ama a Jesús, 5) será amado por Dios Padre y 6) los dos morarán en el espíritu de esa persona.
            Todo esto fue lo que pasó con los tres pastores. Pero no pasó de la noche a la mañana, sino que, como he dicho más arriba, antes hubo una preparación en ellos para fueran capaces de conocer los mandamientos de Dios, para que fueran capaces de aceptar los mandamientos de Dios, de guardarlos, de amar a Dios, de ser amados por Jesús y por el Padre, y de que Éstos se mostraran en ellos. Si, la aparición del ángel y de la Virgen de Fátima no era más que el preámbulo para una APARICION mucho mejor y más extraordinaria: la APARICION de Dios en sus espíritus y en sus vidas.
            Esto les pasó a los tres pastores, pero nosotros también estamos llamados a lo mismo. ATENCION: No a que se nos aparezca un ángel o la Virgen María, sino a que se nos manifiesten Dios Padre y Dios Hijo…, si conocemos sus mandamientos, si los aceptamos, si los guardamos, si amamos a Dios. Para ello debemos prepararnos.

1 comentario:

Feli dijo...

Que grande es la fe, como moviliza los corazones. Dios mío, cuantas personas viviendo el centenario de la aparición de la Virgen.Con que devoción,velas, lágrimas,Rosarios.No tengo palabras para definir lo que vi. Yo sentí tanta emoción,que quiero guardar ese recuerdo,para mientras viva. Pidamos a la Virgen,que nos ayude a vivir en paz, menos odios,y más amor.Un abrazo.