miércoles, 3 de mayo de 2017

Domingo IV de Pascua (A)



7-5-17                                     DOMINGO IV DE PASCUA (A)

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Queridos hermanos:
            Celebramos hoy el domingo del buen Pastor. En otros años os he dicho que Jesús es el buen Pastor y el verdadero modelo de todos los pastores en la Iglesia. Comúnmente se entiende por pastores a los obispos, sacerdotes y diáconos. En esta ocasión, sin embargo, quisiera hablaros, no de los pastores, sino de los fieles. Me vino la idea de predicar sobre los fieles en un día como hoy, porque he sabido de diversos casos en que algunos pastores no hemos defendido o cuidado convenientemente a los fieles a nosotros encomendados. Dice Jesús en el evangelio de hoy “que el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, sino que salta por otra parte, ése es ladrón y bandido; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas. A éste le abre el guarda, y las ovejas atienden a su voz, y él va llamando por el nombre a sus ovejas y las saca fuera. Cuando ha sacado todas las suyas, camina delante de ellas, y las ovejas lo siguen, porque conocen su voz; a un extraño no lo seguirán, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”. En ocasiones, los que hemos sido puestos por Dios como pastores para cuidar y defender los fieles nos hemos comportado con ellos como “ladrones y bandidos”. Por eso, los fieles han huido y huyen de nosotros, porque no conocen nuestra voz, que no se parece demasiado a la voz de Jesús, el buen Pastor.
            La Iglesia reconoce en documentos doctrinales y conciliares, y en verdaderas normas jurídico-canónicas que todos los fieles, por el hecho de recibir el sacramento del Bautismo, poseemos el sacerdocio real y común (LG[1]. 10-11). Dentro de los fieles existe un grupo de ellos que han sido consagrados con el sacerdocio ministerial (LG. 10). La palabra ‘ministerial’ viene del término latino ‘minister’, que quiere decir el servidor o criado. Procede de la raíz ‘minus’ (menor, menos, miniatura). Es el opuesto a ‘magister’, término del que derivan magistrado y maestro. O sea, que los sacerdotes ministeriales estamos para servir, según las palabras del mismo Señor: “el que quiera ser importante entre vosotros, sea vuestro servidor, y el que quiera ser el primero, sea vuestro esclavo. De la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por todos” (Mt. 20, 26-28).
Los fieles son sujetos de derechos y de deberes dentro de la Iglesia. No son derechos ni deberes que pueden serles reconocidos o no, exigidos o no, dependiendo de un cura u otro, de un obispo u otro. Los fieles, por el mero hecho de haber recibido el Bautismo, tienen tales derechos y obligaciones. Vamos a ver detalladamente algunos de estos a continuación:
- Existe una verdadera igualdad en la Iglesia en razón del Bautismo que todos hemos recibido (LG. 32). Por ello, nadie es más que nadie, ni nadie es menos que nadie en la Iglesia. Cuando en una parroquia hay un problema o discusión y el cura lo zanja con un “aquí mando yo”, estas palabras están totalmente fuera de lugar y el sacerdote está conculcando el derecho de igualdad entre todos los fieles.
- Todos y cada uno de nosotros, desde los dones y carismas que Dios nos ha dado, tenemos el derecho y el deber de esforzarnos en expandir y propagar el evangelio de salvación para todos los hombres (LG. 17.30.33). No es tarea sólo de los obispos o de los sacerdotes.
- Todos los fieles tienen el derecho y el deber de exponer, dentro de su conocimiento y competencia, su parecer y opinión sobre los asuntos de la Iglesia (LG. 37). ¿Y esto por qué? Pues 1) porque la Iglesia es responsabilidad tanto de ‘los unos’ (pastores) como de ‘los otros’ (seglares), es responsabilidad de todos los bautizados, y 2) porque Dios da su Sabiduría a los sacerdotes, pero también a los seglares. ¿No recordáis a Sta. Catalina de Siena? Ella, una mujer y, además, seglar, recibió de Dios unas gracias extraordinarias, y Papas, Cardenales, obispos, sacerdotes, seglares, reyes, duques y la gente más humilde le pedían consejo. Si podéis leer algo de esta santa, hacedlo.
- Todos los fieles tienen el derecho de vivir su fe desde la espiritualidad propia que les ha sido regalada por Dios, siempre que sea conforme con la doctrina de la Iglesia. Dentro de ésta existen muchas clases de espiritualidades y todas válidas: la espiritualidad de la Acción Católica, de la Renovación Carismática, de S. Ignacio de Loyola, de los carmelitas (Sta. Teresa de Jesús, S. Juan de la Cruz, Sta. Teresita del Niño Jesús), de S. Francisco de Asís, de Sto. Domingo, del Hno. Rafael, del Opus Dei, del Camino Neocatecumenal… Nadie puede imponer una espiritualidad a otro, o impedir que cada uno viva según la espiritualidad que Dios mismo le ha regalado. Si Dios regaló a un fiel la espiritualidad del Opus Dei (o de los Kikos, o de los franciscanos, o…), ¿quién es el cura para impedirlo? Otra cosa es que el párroco coordine en su parroquia las distintas sensibilidades espirituales que existan. Os cuento un chiste sobre el Espíritu Santo, que ilumina esto: una vez hubo una señora que fue al párroco y le pidió una novena sobre el Espíritu Santo, pues le tenía mucha devoción. Y el cura le contestó: “¡Señora, rece a S. Antonio como todo el mundo y déjese de devociones raras!” Es un chiste, pero en ocasiones se acerca a la realidad de un querer dominar la fe de la gente y las manifestaciones de esta fe. Para ir hacia Dios hay muchos caminos, y no sólo los que al cura se le ocurren o los que al sacerdote le valen. Dios es mucho más grande que cada uno de nosotros.

[1] Lumen Gentium es un documento del Concilio Vaticano II y que trata sobre la Iglesia.

2 comentarios:

Feli dijo...

Queridos amig@s,os tengo que contar algo que me pasó el otro día,para mí fue algo muy especial.Veréis hará tres días,llegue a casa ,serían las 9 de la noche. Meto el coche en el garaje ,y al cerrar la puerta,se me vino a la cabeza,quién me diese tener aquí un sagrario,y mirarlo sin decir nada,solo mirar. Entro en casa me suena el Whatsap,lo abro y era un sacerdote que me mandó la foto de un Sagrario. No lo podía creer, sentí una felicidad inmensa. fue un momento mágico.Quería estar con Él,y me lo concedió.Bendito seas Señor.Como nos puedes dar tanta felicidad. Un abrazo .

Anónimo dijo...

Mi querido cura de Tapia,

Me he sentido gratificada con este reconocimiento de mis derechos y obligaciones.
Gracias por esta exposición tan clara ya que se puede decir mas alto pero no más claro.
Buena semana y un abrazo para cada un@