miércoles, 5 de abril de 2017

Domingo de Ramos (A)



9-4-2017                                DOMINGO DE RAMOS (A)
Homilía en vídeo
Homilía de audio
Queridos hermanos:
            Los liturgistas nos dicen a los párrocos que, en el Domingo de Ramos, procuremos hacer una homilía corta, ya que de por sí la celebración es bastante larga. Por eso, simplemente voy a decir algunas pequeñas ideas que nos ayuden a centrarnos en lo que vamos a vivir en esta Semana Santa que se inicia.
            La entrada apoteósica de Jesús en Jerusalén, que hoy nos relata el evangelio que hemos leído al principio de la celebración, pudo durar como una hora y media o dos horas. Este tiempo es el que duraron las aclamaciones que el pueblo hizo a Jesús. Le reconocieron como rey, como el que venía en nombre de Dios, como el Mesías, como el Salvador. Parecía que ya todo estaba hecho. Que esta entrada con palmas, vítores y ramas era el reconocimiento a sus palabras, a sus milagros, a sus curaciones. En definitiva, era la respuesta de fe; FE que alegraba a los hombres y mujeres que gritaban y cantaban.
            Sin embargo, después del evangelio del principio de la celebración (cuando bendecimos los ramos), la Iglesia nos pone para nuestra escucha y reflexión la lectura de la Pasión de Cristo según S. Mateo. Hace un tiempo (durante unos ejercicios espirituales) leí de seguido los cuatro relatos de la Pasión de Jesucristo: el relato según S. Mateo, según S. Marcos, según S. Lucas y según S. Juan. Y, parecerá una tontería, pero me fijé en el siguiente detalle: Resulta que S. Juan no dice en qué hora fue crucificado Jesús ni a qué hora murió. Los evangelios sinópticos, que son el resto, dicen los tres que a las 12 de la mañana del viernes se oscureció el cielo, y que Jesús murió a las 3 de la tarde. Sólo el evangelio de S. Marcos nos dice que Jesús fue crucificado a las 9 de la mañana. Luego Jesús estuvo en total 6 horas en la cruz vivo, desde que lo crucificaron hasta que murió. Seis horas de agonía, seis horas que cambiaron al mundo. Desde que el Señor me hizo fijarme en este dato, siento en mí mucha más devoción a Cristo crucificado. Sobre todo mi espíritu está más pendiente los viernes por la mañana, de 9 de la mañana a 3 de la tarde. Oro en esos momentos en instantes sueltos, y pienso y siento en mi ser más profundo que Cristo subió a la cruz por mí y por mis pecados.
            ¿Por qué será que siempre dura más tiempo lo malo que lo bueno? Dos horas de gozo y cantos con la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén. Seis horas de agonía en la cruz hasta su muerte.
            Termino diciéndoos que un cristiano ha de vivir, tanto la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén como su agonía en la cruz, o dicho de otra manera, Jesús vive en nosotros, tanto los momentos alegres y gozosos como aquellos momentos de dolor y sufrimiento sin sentido y sin fin. Una cosa y otra, alegría y dolor, forman parte de la misma moneda, de nuestra vida y Dios está en todo ello.
            Que estas sencillas reflexiones nos ayuden a vivir desde Él esta Semana Santa, estemos donde estemos, sin perder el sentido espiritual, y arrastrados por la vorágine de vacaciones y desplazamientos.
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