jueves, 22 de diciembre de 2016

Navidad (A)



25-12-2016                                        NAVIDAD (A)
            En alguna ocasión he escuchado a una señora de la cuenca minera esta historia personal (no sé si la contaré bien): Cuando ella era muy pequeña recuerda perfectamente cómo su madrina llegaba el día del domingo de Ramos y le traía siempre una tarta. Ella esperaba con ilusión este dulce. Entonces vivía en una aldea remota y era una época en que se tenía lo justo. Cuando llegaba la madrina y traía la tarta, su madre enseguida cortaba diversos trozos y los iba repartiendo por distintas casas y familias de la aldea. La madre de esta mujer compartía aquella tarta con otras personas, y esto causaba un gran desazón y disgusto a la entonces niña, pues, al final, quedaba muy poco para ella. Uno de los años y sabiendo que estaba a punto de llegar la fecha en que su madrina le trajera la tarta, avisó esta niña a su madre para que no repartiese el dulce con nadie, pues era SU TARTA. La madre intentó hacerla entrar en razón y convencerla para que compartiese el pastel con otras personas, pero la niña no quería y tercamente se negaba a ello, pues decía que la tarta ERA SUYA. Finalmente, llegó el día en que le trajeron la tarta y la madre le cumplió el deseo: no compartió la tarta con nadie del pueblo, pero tampoco nadie en la casa comió de la tarta. Allí quedó medio abandonada en un armario. Iban pasando las horas y los días, y la tarta seguía entera. La niña preguntaba a la madre por la tarta y ya estaba dispuesta a compartirla con otros, pero la madre se mantuvo inflexible. No era para otros del pueblo, no era para nadie. Con el paso de los días la tarta se llenó entera de moho y hubo que tirarla, y la niña aprendió una lección que le sirvió para siempre: lo que no se COMPARTE, se llena de moho. ¿Os gustó la historia? Vamos a sacar ahora de ella una enseñanza para nosotros en este día de Navidad.
            Sí, celebramos hoy la Navidad, el nacimiento de Jesús. En el Reino de los Cielos estaban muy felices, muy contentos y sin ninguna necesidad Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. También estaban los ángeles en una continua fiesta. Aquí, en la tierra, los hombres estaban llenos de temores, de muerte, de pecados, de orgullo, de robo, de enfermedades… Entonces Dios decidió COMPARTIR su felicidad, su alegría, su amor, su santidad con los hombres y, por eso, envió a su Hijo Jesús a este mundo. Así nos lo dice el evangelio de hoy: Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria.
            Sí, Navidad significa que Dios Padre COMPARTE su Hijo con nosotros. Nos lo entrega para que escuchemos su Palabra, para que sigamos sus pasos, para que descubramos su sabiduría, como en las maravillosas parábolas del hijo pródigo, del buen samaritano, del sembrador; también para que descubramos las maravillas del Sermón de la Montaña en el evangelio de san Mateo, capítulos del 5 al 7; asimismo para que descubramos la paz que nos da la Palabra de Dios en otros pasajes de la Biblia, como le pasó a una persona el domingo pasado cuando escribió su testimonio en el blog de las homilías: Al hacer la oración de hoy me encontraba realmente mal. Le decía al Señor que por las circunstancias por las que paso me sentía impotente, abandonada, desilusionada conmigo misma. Traía a mi mente, buscando luz y consuelo las recomendaciones que nos había hecho (Andrés) en esta semana: sonreír, ver lo bueno de todo, reflexionar si estoy frustrando los designios de Dios, el sentido de mi vida, escuchar a Dios en la conciencia y en el sueño, y… nada. La obscuridad más absoluta. Entonces escuche la homilía del viernes (de la III semana de Adviento: 16-12-2016) varias veces, y allí estaba la respuesta: en el salmo 66[1] y en Números 6, 24-26. Gracias, Andrés, por ser la voz de la palabra de Dios. Que Él lo bendiga, le sea propicio y le de la paz. Un saludo.
            Sí, Navidad significa que Dios COMPARTE su amor con nosotros. Dios nos quiere; no nos deja solos; Dios nos acepta tal y como somos: no tenemos que ser mejores para ser aceptados y amados por Dios, y, si somos peores, Dios nos sigue amando y aceptando siempre y para siempre.
            Sí, Navidad significa que Dios COMPARTE su perdón con nosotros. Nada de lo que hacemos es imperdonable para Dios, si nos volvemos hacia Él con humildad. Nada de lo que nos hacen o nos hicieron es imperdonable (o debería no serlo), si nos piden perdón de palabra o de obra. Nada de lo que hemos hecho a otros es imperdonable (o debería no serlo), si pedimos perdón.
            Sí, Navidad significa que Dios COMPARTE su luz con nosotros. Los hombres en tantas ocasiones no vemos, no sabemos, estamos perdidos y desorientados, seguimos mentiras como si fueran verdades… Un pequeño hecho que demuestra esto: cuántas veces miramos para atrás en nuestras vidas y, cosas que dábamos entonces por ciertas y seguras, hoy vemos que no eran así (relaciones de amistad, importancia que dábamos a cosas materiales, cosas que creíamos con fe ciega…). Ahora, desde otra altura de la vida, desde la experiencia de los años, desde la luz que Dios nos da… vemos las cosas de otro modo.
            En este mundo en que vivimos se piensa que, cuanto más se da, menos se tiene. Sin embargo, desde Dios es muy distinto: si no das, si no compartes, lo que tienes se llena de moho. Pero si compartes con los demás, entonces tienes más. Si compartes luz, tienes más luz. Si compartes perdón, tienes más perdón. Si compartes amor, tienes más amor. Si compartes a Jesús, tienes más a Jesús dentro de ti.

[1] “Que Dios tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobe nosotros; conozca la tierra tus caminos, todos los pueblos tu salvación”.

2 comentarios:

Feli dijo...

Ayer me mandaron un correo precioso.Espero que os guste tanto como a mí.
Un hombre entró en un local,y vio a un señor en el mostrador.Le preguntó,señor que se vende aquí?,el señor le contestó,los dones de Dios.Preguntó cuanto cuestan?.Respondió no cuestan nada, aquí todo es gratis.El señor que entró estuvo mirando maravillado,había jarros de amor,frascos de fe,paquetes de esperanza,cajitas de salvación,mucha sabiduría,fardos de perdón.
El hombre maravillado,pidió el mayor jarro de amor,todos los jarros del perdón, y un jarro grande de fe,para él y su familia. Entonces el tendero preparó todo y le entregó,un paquetito,que cabía en la palma de su mano.
El señor incrédulo dijo,pero como puede estar aquí todo lo que le pedí?
Sonriendo el tendero le respondió.En el local de Dios, no vendemos frutos,solo semillas¡¡ PLANTELAS¡¡ Dependiendo de nuestra siembra así será nuestra cosecha. Feliz NAVIDAD.

Anónimo dijo...

Precioso cuento Feli.
Feliz Navidad para tod@s