jueves, 1 de diciembre de 2016

Domingo II de Adviento (A)



4-12-2016                                2º DOMINGO ADVIENTO (A)

            En este segundo domingo de Adviento se nos presenta en el Evangelio la figura de Juan Bautista. Él fue quien mejor, junto con la Virgen María, preparó la venida del Hijo de Dios, de la segunda persona de la Santísima Trinidad. Fijémonos en él para que nos sirva de modelo para este Adviento.
            Los judíos acudían de toda Judea a verlo y a escucharlo. Vayamos nosotros también al río Jordán en donde Juan bautiza y predica. Fijémonos bien en lo que vemos y oímos, puesto que después tendremos que contarlo a otros.
- ¿Qué vemos? Nos dice el Evangelio que “Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre”. Para seguir a Jesús tal y como Él quiere de nosotros tendríamos que vivir únicamente con lo necesario, es decir, con austeridad, pero… ¡estamos llenos de tantos “cacharritos” [1]! Que si esta prenda debe conjuntar con esta otra, que si a este traje le viene bien estos complementos, que si hay que probar la comida en este restaurante o hay que tener en casa esta comida o bebida… Nos llenamos de mil preocupaciones y necesidades que nos quitan tiempo y energía para lo fundamental. Y hemos de recordar las palabras de S. Pablo: “teniendo qué comer o con qué vestirnos, ya nos es suficiente” (1ª Tim. 6, 8). Por lo tanto, lo primero que hemos de fijarnos y procurar imitar de Juan Bautista es la austeridad de vida. Sólo el austero posee la libertad para escuchar al Señor y le será más fácil seguirlo. Sino recordad al joven rico, el cual no pudo, ni quiso seguir a Jesús, porque tenía que dejar muchas cosas. A estas alturas de su vida, ¿para qué narices le sirvió y sirve todo lo que tenía? Muchas veces nos parecemos a los faraones de Egipto, que amontonaban víveres y joyas para llevárselo a la tumba para después de muertos. Y cuando se abrieron las tumbas… allí estaba todo, sin usar, salvo las tumbas que habían sido saqueadas por los ladrones de todos los tiempos[2].
            - Ahora vamos a escuchar lo que nos dice Juan: “Convertíos, porque está cerca el Reino de los cielos […] Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. La palabra “conversión” es muy rica en significados. Supone un cambio de mentalidad, de corazón, del centro de nuestras decisiones e implica tres aspectos: pasado, presente  y futuro.
* Pasado. Hay tres errores muy comunes respecto a posicionarnos con nuestro pasado: 1) Hacer como que nuestro pasado nunca existió, y negarlo sistemáticamente. 2) Anclarse en el pasado y nunca salir de ahí. 3) Echar la culpa a los otros (padres, hermanos, compañeros de clase, profesores, jefes, novios/as…) de todo el mal  que nos sucede y de nuestra situación actual. ¿Cuál ha  de ser la postura correcta ante nuestro pasado? No tengamos miedo de ver nuestros errores y pecados, nuestra historia y nuestra familia, quizás no tan ideal. Algo nos dice que no podremos cambiar, que todo seguirá igual, pero no es cierto. Dios nos enseña a mirar sin acritud ni miedo nuestro pasado y a aceptarlo con paz, pidiendo perdón por nuestros errores y dando gracias por lo bueno que encontremos en él.
* Presente. Seamos conscientes que tenemos la edad que tenemos, la historia, la familia, el trabajo, la jubilación y la salud o la enfermedad que tenemos, y creer realmente que es posible el cambio. Para ello hemos de tener la libertad de despojarnos de las cosas que poseemos y tenemos en nuestras manos, pero más aún de lo que está agarrado a nuestro corazón; tenemos que hacer un vacío interior para que sólo Dios pueda llenarlo. Hemos de desear más a Dios que al oro, al euro, a la salud, al éxito profesional, que a la persona amada. Hemos de desear a Dios más que a todo. Que Dios sea nuestro centro y que lo ocupe todo, y sólo así las personas que nos rodean y las cosas que usamos estarán en su justo puesto.
* Futuro. Todo esto que  acabamos de decir sólo tiene sentido si es para recibir al Señor, para que habite en nosotros el Reino de Dios. Dios da sentido a nuestra existencia.
            Un hombre convertido es un hombre distinto. Se vuelca y se dirige sólo a Dios. Lo otro no le importa. Es un hombre libre y por eso puede decir, como Juan Bautista, a los ricos e importantes de su tiempo: “Raza de víboras, ¿quién os ha enseñado a escapar de la ira inminente? Dad el fruto que pide la conversión”.
            - Sólo el hombre austero, convertido a Dios y libre, como Juan Bautista, está en la disposición correcta para recibir a Jesús en este Adviento, en esta Navidad y siempre.

[1] Caso de chico que fue de peregrinación a Santiago de Compostela en el Año Santo Jacobeo de 1993 y llevaba consigo muchas cosas al inicio de su caminar, pero las fue dejando (las tuvo que ir dejando), ya que le pesaban, le estorbaban y le impedían caminar con soltura y comprometían su llegada a Santiago. Al final de la peregrinación se dio cuenta de una cosa sorprendente: ¡Con qué poco se puede vivir!
[2] Resulta muy curioso el fenómeno vivido en estos días del “Black Friday” (‘viernes negro’), que, “aunque nació en Estados Unidos y España se sumó a la moda hace sólo cuatro años, en nuestro país el viernes negro de descuentos ya casi se celebra con más ímpetu que en su lugar de origen. Esta jornada se ha convertido en una especie de Día Mundial del Consumo y ya es el segundo día de más compras del año, compitiendo con Reyes y por delante de Papá Noel. El furor consumista se clausurará este lunes con el llamado Cyber Monday’, día pensado en origen para las rebajas en el comercio online” (El Mundo 26-11-2016).

3 comentarios:

Milagros dijo...

Doy gracias a Dios porque Vd con sus palabras,claras y sencillas,nos van abriendo el camino para conocer mejor al Señor e intentar vivir como nos muestra el Evangelio,porque tiene razon,nada de lo que acumulamos aqui lo llevamos a la otra vida,a veces hasta nos complican aqui abajo la existencia,gracias

Ana dijo...

Buenos días ...migrarías x guiarnos en estos días yo personalmente en este segundo domingo de aviento pediré a María que su mano me guíe !

ESPERAR CONTIGO

Que este tiempo de Adviento
seas Tú María
mi mejor compañía.
Acompañarte quiero
en el silencio y la escucha,
de la Voluntad de mi Dios
que quiere reinar en mi vida.

Feli dijo...

Yo , quiero proponerme esta Navidad,Vivir más intensamente el nacimiento del Salvador.Quiero dejar las cosas que me paralizan,las preocupaciones vanas,ejemplo, lo de las comidas y cenas,parece que no,pero son un lastre.Y encima gastar muchas veces lo que uno no tiene.Si quitásemos todos esos problemas,nuestro camino,estaría mucho más libre y limpio para estás fiestas.Y mirando para los lados si alguién necesita alguna de las cosas que yo voy a ahorrar.Así,que voy ir preparándome,que para eso es el tiempo de Adviento. Un abrazo.