jueves, 14 de julio de 2016

Domingo XVI del Tiempo Ordinario (C)



17-7-2016                   DOMINGO XVI TIEMPO ORDINARIO (C)
                                                          Gn. 18, 1-10a; Slm. 14; Col. 1, 24-28; Lc. 10, 38-42

            Seguimos con la segunda homilía sobre las obras de misericordia:
4.- Las obras de misericordia corporales
4.1.- Dar de comer al hambriento
- El pueblo de Israel experimentó el hambre en el Sinaí. Mucha gente ha experimentado, y aún hoy siente, el hambre. Recordemos en estos tiempos el hambre de los refugiados sirios en los campos en donde malviven. Jesús recuerda también el hambre de las gentes en la oración del Padrenuestro: “Danos hoy nuestro pan de cada día” (Mt. 6, 11).
- Nos empuja a alimentar al hambriento el mandato de Jesús: “Porque tuve hambre y me disteis de comer” (Mt. 25,35), pero también cómo vivió este mandato la primitiva Iglesia. Tenemos el ejemplo de la carta de Santiago: “¿De qué le sirve a uno, hermanos míos, decir que tiene fe, si no tiene obras? ¿Acaso esa fe puede salvarlo? ¿De qué sirve si uno de vosotros, al ver a un hermano o una hermana desnudos o sin el alimento necesario, les dice: ‘Id en paz, calentaos y comed’, y no les da lo que necesitan para su cuerpo? Lo mismo pasa con la fe: si no va acompañada de las obras, está completamente muerta” (Sant. 2, 14-17). En esta misma línea el Papa Benedicto XVI decía: “En muchos países pobres persiste, y amenaza con acentuarse, la extrema inseguridad de vida a causa de la falta de alimentación: el hambre causa todavía muchas víctimas entre tantos Lázaros a los que no se les consiente sentarse a la mesa del rico epulón […] Dar de comer a los hambrientos (cf. Mt 25,35.37.42) es un imperativo ético para la Iglesia universal, que responde a las enseñanzas de su Fundador, el Señor Jesús, sobre la solidaridad y el compartir. Además, en la era de la globalización, eliminar el hambre en el mundo se ha convertido también en una meta que se ha de lograr para salvaguardar la paz y la estabilidad del planeta. El hambre no depende tanto de la escasez material, cuanto de la insuficiencia de recursos sociales, el más importante de los cuales es de tipo institucional. Es decir, falta un sistema de instituciones económicas capaces, tanto de asegurar que se tenga acceso al agua y a la comida de manera regular y adecuada desde el punto de vista nutricional, como de afrontar las exigencias relacionadas con las necesidades primarias y con las emergencias de crisis alimentarias reales, provocadas por causas naturales o por la irresponsabilidad política nacional e internacional. El problema de la inseguridad alimentaria debe ser planteado en una perspectiva de largo plazo, eliminando las causas estructurales que lo provocan y promoviendo el desarrollo agrícola de los países más pobres mediante inversiones en infraestructuras rurales, sistemas de riego, transportes, organización de los mercados, formación y difusión de técnicas agrícolas apropiadas, capaces de utilizar del mejor modo los recursos humanos, naturales y socio-económicos, que se puedan obtener preferiblemente en el propio lugar, para asegurar así también su sostenibilidad a largo plazo. Todo eso ha de llevarse a cabo implicando a las comunidades locales en las opciones y decisiones referentes a la tierra de cultivo[1] […] El derecho a la alimentación y al agua tiene un papel importante para conseguir otros derechos, comenzando ante todo por el derecho primario a la vida. Por tanto, es necesario que madure una conciencia solidaria que considere la alimentación y el acceso al agua como derechos universales de todos los seres humanos, sin distinciones ni discriminaciones” (Encíclica Caritas in veritate, 27).
            - No obstante, aunque resuenan en nosotros el mandato de Jesús de dar de comer al hambriento, también resuenan en nosotros las palabras de Jesús en el desierto: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios” (Mt. 4, 4). En efecto, Jesús es el verdadero pan de vida (Jn. 6, 35). Sólo Jesús sacia nuestra hambre de Dios, de justicia, de verdad, de vida… de todos los valores del Reino. Y este pan lo tenemos en la Eucaristía.
            Sí, demos pan de trigo a los hambrientos con hambre física, pero también demos el pan de la Palabra de Dios a los que tienen hambre en su alma y en su espíritu.
4.2.- Dar de beber al sediento
- Nos dice Jesús: “Porque tuve sed y me disteis de beber” (Mt. 25, 35). El mismo Papa Francisco nos recuerda en su reciente encíclica Laudato si (n. 30) que “el acceso al agua potable y segura es un derecho humano esencial, fundamental y universal, puesto que determina la supervivencia de las personas y por esto es condición para el ejercicio de los otros derechos humanos”.
En la zona occidental de Asturias hemos asumido el año pasado y este mismo año dos proyectos de perforación de pozos y mantenimiento de manantiales. El año pasado se quería facilitar el acceso al agua en una zona de Etiopía: no tienen fácil acceso al agua potable y limpia. Gran parte de la población utiliza el agua contaminada de manantiales no protegidos o de los ríos. Como consecuencia de ello, los principales problemas de salud de los habitantes de esta zona se deben a la ingesta de agua contaminada y a la falta de higiene, lo cual origina tifus, parásitos abdominales, infecciones respiratorias y malaria. Las mujeres y las niñas son las que tienen que ir a buscar el agua, teniendo que andar una o dos horas como mínimo y dos veces al día (homilía mía de la Campaña contra el Hambre, 2015). Y este año vamos a intentar construir 20 pozos de agua en Malawi-África: “Se trata de construir 20 pozos de agua en Malawi, que es un país de sureste de África. El coste del proyecto estaría en 96.966,00 € y beneficiaría a unas 55.000 personas. La economía del país depende principalmente de la agricultura, la cual emplea casi al 85% por la población. Malawi tiene una corta estación lluviosa y una larga estación seca. Con el cambio climático se ha acentuado un aumento de las inundaciones, las sequías y la variabilidad de las lluvias. El 40% de la población carece de acceso al agua potable, lo cual provoca el consumo de agua contaminada y un aumento de enfermedades. Más de dos tercios de los pequeños agricultores no pueden producir lo necesario para subsistir. Mayormente son las mujeres y las niñas las encargadas de ir a buscar el agua que necesitan […] Con estos 20 pozos se pretenden resolver o paliar los siguientes problemas: falta de acceso al agua potable, largas caminatas para conseguir agua, utilización de agua contaminada, porcentaje elevado de enfermedades de origen hídrico, absentismo escolar, bajo saneamiento, baja productividad, pérdida de tiempo” (homilía mía de la Campaña contra el Hambre, 2016).
- Aparte de la ayuda económica que podamos aportar a otras personas que no tienen fácil acceso al agua, también es conveniente que trabajemos por ser conscientes de lo necesario que es el agua en nuestra vida y que procuremos no desperdiciar el agua en nuestra actividad diaria: al ducharnos, al fregar, al lavarnos los dientes… El agua es un bien escaso y cada vez lo será más.
- No obstante, como en el punto anterior, también tenemos que tener una visión más profunda y espiritual sobre el agua. Jesús decía subido a la cruz: “Tengo sed” (Jn. 19, 28). Esta frase le sirvió a Teresa de Calcuta para orar, para acercarse a Jesús, para dar a Jesús a otras personas. Jesús tenía sed física, pero también tenía y tiene sed de nuestras almas.
El agua y la sed ha sido muy utilizada por los escritores sagrados para expresar la relación con Dios. Así el salmista dice: “¡Oh Dios, estoy sediento de ti!” (Slm. 63, 2); “tengo sed de Dios, del Dios vivo, ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?” (Slm. 42, 3); “como busca la cierva corrientes de agua, así mi alma te busca a ti, Dios mío” (Slm. 42, 2s).
Y el mismo Jesús utiliza esta rica imagen del agua: “El que beba de esta agua tendrá nuevamente sed, pero el que beba del agua que yo le daré, nunca más volverá a tener sed. El agua que yo le daré se convertirá en él en manantial que brotará hasta la Vida eterna” (Jn. 4, 13s). Por eso, la Samaritana le pide de esta agua: “Señor, dame de esa agua; así no tendré más sed” (Jn. 4, 15).
Hoy la gente nos grita a los cristianos, a la Iglesia como la Samaritana para que le demos agua: agua que calme su sed física, pero también agua que calme una sed más profunda. No hay hombre o mujer que en su vida, como la mujer de Samaria, no se encuentre junto a un pozo con un cántaro vacío, con la esperanza de saciar el deseo más profundo del corazón, aquel que sólo puede dar significado pleno a la existencia. Hoy son muchos los pozos que se ofrecen a la sed del hombre, pero conviene hacer un discernimiento para evitar las aguas contaminadas. Es urgente orientar bien la búsqueda, para no caer en desilusiones que pueden ser ruinosas. Mas nosotros, los cristianos, no podemos dar esta agua divina, si antes no lo tenemos nosotros. No puede pasarnos lo que denunciaba el profeta Jeremías a los judíos: “Porque mi pueblo ha cometido dos maldades: me abandonaron a mí, la fuente de agua viva, para cavarse cisternas, cisternas agrietadas, que no retienen el agua” (Jer. 2, 13). Si Cristo no sacia nuestra sed, ¿cómo vamos a saciar la sed de Cristo de los demás? Si no tenemos en nuestra vida de cada día el agua de Jesús, ¿cómo vamos a poder dársela a los demás? Y el imperativo de Jesús nos sigue a todos lados: “Porque tuve sed y me disteis de beber” (Mt. 25, 35).

[1] Ejemplo de plantaciones de café en países enteros y no de otros productos. Control del precio por parte de las multinacionales.

3 comentarios:

Feli dijo...

hoy en día nos ofrecen cientos de pozos,pero donde el agua está contaminada,otros secos,y otros llenos de falsas promesas.Por eso pienso que el único pozo que llena el cuerpo y el alma,es el pozo donde está el cuerpo y sangre de Jesús,nos da comida ,bebida,amor, bondad, sacrificio,total nos sacia de todo,de alegría ,felicidad, sobre todo de esa fuerza que cada vez que ayudamos a un hermano nuestro,nos llena de paz y de amor.Un abrazo , y que cacito a cacito,vayamos llenando nuestro pozo de pequeñas obras. Alabado sea Dios.

Feli dijo...

Oración a la VIRGEN DEL CARMEN
Tengo mil dificultades :AYÚDAME
De los enemigos del alma:SÁLVAME
En mis desaciertos: ILUMÍNAME
En mis dudas y penas: CONFÓRTAME
En mis enfermedades :FORTALÉCEME
Cuando me desprecien: ANÍMAME
En las tentaciones :DEFIÉNDEME
En horas difíciles :CONSUÉLAME
Con tu corazón maternal :ÁMAME
Con tu inmenso poder: PROTÉGEME
Y en tus brazos al expirar : RECÍBEME.
Virgen del Carmen, ruega por nosotros. AMÉN

Milagros dijo...

Feli preciosa la oracion como para hacerla vida de nuestra vida.un abrazo.