miércoles, 11 de mayo de 2016

Domingo de Pentecostés (C)



15-5-2016                              PENTECOSTES (C)

Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
            Desde hace más de una semana en las Misas procuro cantar esta canción para invocar al Espíritu Santo: “ESPÍRITU SANTO, VEN, VEN / (3) EN EL NOMBRE DEL SEÑOR[1]. Éste es el estribillo, y en las estrofas se pide al Espíritu lo siguiente: “Acompáñame, ilumíname. Santifícame y transfórmame. Resucítame, conviérteme. Glorifícame, renuévame. Acompáñame, transfórmame. Ilumíname, condúceme”. Esto es lo que pedimos al Espíritu que haga con nosotros, pero ¿realmente lo hace? Ciertamente en la primera lectura se nos dice que el día de Pentecostés los apóstoles recibieron el Espíritu Santo y los convirtió de cobardes en valientes, de débiles en fuertes, de traidores en fieles… Pero eso lo hizo el Espíritu Santo hace ya muchos años. ¿Y ahora? ¿En estos tiempos actuales el Espíritu Santo acompaña, ilumina, santifica, transforma, convierte, renueva, conduce a los hijos de Dios?
            Hace una semana recibí un correo sobre una religiosa que murió en el terremoto de Ecuador. Juzgad por vosotros mismos si el Espíritu Santo hizo todo eso en ella o no. Aquí está su testimonio:

La hna. Clare nos cuenta su historia en sus propias palabras. Nací en una familia católica. Soy de una pequeña parcela del mundo que se llama Derry, en el norte de Irlanda. Cuando yo era pequeña, era un sitio donde los términos ‘católico’ y ‘protestante’ eran solamente políticos. Nacer en una familia católica no significaba necesariamente que fueras a Misa o recibieras formación en la fe católica. Los católicos, que querían una Irlanda unida, mataban a los protestantes; y los protestantes, que no querían una Irlanda unida, mataban a los católicos. Para mí, eso es lo que significaba ser católica. Dios no tenía ningún papel en mi vida. En una sociedad donde prevalecía el odio, no había sitio para Dios.
Desde pequeña quería ser actriz. Hacia los quince años, entré en una compañía de teatro y tenía un ‘manager’. Presentaba algunos programas de televisión, escribía teatros, hacía muchas actuaciones, ganaba premios y a los dieciocho años hice un pequeño papel en una película. Me gustaba la fiesta. Desde los dieciséis o diecisiete años, mis fines de semana consistían en emborracharme con mis amigos. Gastaba todo mi dinero en alcohol y tabaco. Un día, una de mis amigas me llamó: ‘Clare, -me dijo- ¿quieres ir a España gratis?’ ‘¡Un viaje gratis a España!’ -pensé-, diez días de fiesta en España con el sol. ¡Por supuesto que quería ir! Me dijo que todos los que iban se reunirían en una casa la semana siguiente. Llegó el día y fui a la casa donde iban a estar mis amigos, y entré en una habitación con gente de 40 y 50 años, todos con rosarios en las manos. ‘¿Van a España?’ -les pregunté-, casi con miedo de oír la respuesta que iban a dar con todo entusiasmo tres segundos después: ‘Sí, vamos a la peregrinación’. Sí, queridos amigos, íbamos de peregrinación durante diez días. Intenté escaparme, pero mi nombre ya estaba en el billete, y no hubo más remedio, tuve que ir. Ahora veo que fue la manera que usó la Virgen para traerme a casa, a su Hogar, al de su Hijo (CONDÚCEME). La peregrinación fue durante la Semana Santa en un monasterio del siglo XVI. No era, ciertamente, lo que yo había imaginado cuando pensé en ir a España. Este encuentro de Semana Santa era con un grupo que se llamaba Hogar de la Madre, y yo no quería estar allí. Sin embargo, fue durante esta peregrinación cuando el Señor me dio la gracia de ver cómo Él había muerto por mí en la cruz (ILÚMINAME). Después de recibir esta gracia, sabía que tenía que cambiar (CONVIÉRTEME): ‘Si Él ha hecho esto por mí, ¿qué voy a hacer yo por Él?’
Es tan fácil, durante un retiro o cuando sientes el amor de Dios, decirle: ‘Haré todo lo que me pidas...’ Pero, cuando ‘bajas del monte’, no es tan fácil. Las hermanas me invitaron a ir con ellas y otras chicas de peregrinación a Italia unos meses después. Fui, y a pesar de mi actitud superficial durante la peregrinación, el Señor me habló muy claro. Quería que yo viviese en pobreza, castidad y obediencia como las hermanas. Automáticamente le dije que me era imposible. ‘¡No puedo ser monja!’, dije, ‘no puedo dejar de beber, de fumar, de salir de fiesta, mi carrera, mi familia…’ Si Jesús nos pide que hagamos algo siempre nos da la fuerza y la gracia para hacerlo (TRANSFÓRMAME). Sin su ayuda nunca podría haber hecho lo que tuve que hacer para responder a su llamada y seguirle (ACOMPÁÑAME). Después de saber que me llamaba, el Señor me dio otra gracia cuando estaba grabando la película en Inglaterra. Yo veía que, aunque parecía que tenía todo, en realidad, no tenía nada. Me sentaba en la cama de la habitación del hotel y sentía un gran vacío. Estaba consiguiendo todo lo que siempre había deseado, y no era feliz. Sabía que solamente haciendo lo que Dios quería para mí, sería realmente feliz (RESUCÍTAME). El Señor me mostró cuánto hería su Sagrado Corazón mi estilo de vida alocado. Sabía que tenía que dejar todo y seguirle. Sabía con gran claridad que me pedía confiar en Él, poner mi vida en sus manos y tener fe. Ahora estoy felizmente consagrada en las Siervas del Hogar de la Madre. Nunca me deja de impresionar cómo el Señor trabaja en las almas, cómo puede transformar totalmente la vida de uno y conquistar su corazón. Agradezco al Señor la paciencia que ha tenido y que sigue teniendo conmigo. No le pregunto por qué me ha elegido, simplemente acepto el que lo haya hecho. Dependo completamente de Él y de la Virgen María, y les pido que me den la gracia de ser lo que quieren que sea” (GLORIFICAME).

 Con la Hna Clare murieron otras chicas ecuatorianas, que se estaban preparando para entrar en la Congregación religiosa y entregarse a los demás y a anunciar a Jesucristo. Aquí tenéis las fotografías de todas ellas. 



[1] https://www.youtube.com/watch?v=LiIuAOQOCAc
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