miércoles, 23 de marzo de 2016

Viernes Santo



25-3-2016                                       VIERNES SANTO (B)

Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
En el evangelio de hoy se dice: “Entonces se lo entregó para que lo crucificaran. Tomaron a Jesús, y él, cargando con la cruz, salió al sitio llamado «de la Calavera» (que en hebreo se dice Gólgota), donde lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado, y en medio, Jesús”. En el relato de la pasión de Jesús se nos dice que Él cargó con la cruz. En otras partes del evangelio también nos dice a nosotros, sus discípulos, que tenemos que coger nuestra cruz de cada día: “Después dijo a todos: ‘El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz cada día y me siga’” (Lc. 9, 23).
Quisiera que en el día de hoy, Viernes Santo, oráramos y reflexionáramos sobre este aspecto: Jesús tomó su cruz. Nosotros hemos de tomar nuestra cruz de cada día. ¿Cómo cargó Jesús con su cruz, y cómo hemos nosotros de cargar con nuestra cruz? Para ayudarnos en esta oración-reflexión os narro un cuento: “Tres obreros trabajaban en una enorme granja. Daniel se ocupaba de cuidar los caballos y se pasaba todo el día lamentándose de cuán duras eran sus tareas y qué poca paga recibía. A Ramón le tocaba ordeñar y llevar a pastar a las vacas. Siempre se le escuchaba maldecir y con frecuencia estallaba lleno de cólera pegando patadas a todo lo que se le ponía por delante. Por último, Carlos estaba encargado de cuidar los cerdos. Carlos, antes de comenzar su tarea, daba los buenos días a sus compañeros y les dedicaba una sonrisa. El trabajo de Carlos, al igual que el de Daniel y el Ramón, era muy pesado, pero Carlos nunca maldecía ni se quejaba. En los momentos más duros Carlos cogía un crucifijo de madera que tenía en su bolsillo, lo contemplaba un instante y continuaba con su labor con una gran paz. Este hecho provocó la curiosidad de sus compañeros y un día Daniel le preguntó: ‘Carlos, ¿por qué siempre llevas una cruz en el bolsillo’. Ramón burlonamente comentó: ‘Seguro que es su amuleto de la buena suerte’. Carlos sacó la cruz de su bolsillo y dijo: ‘Esta cruz la fabriqué yo con mis propias manos y tiene un gran significado para mí. Este trozo de madera representa la cruz que me ha tocada cargar en esta vida. Cada vez que la miro, a mi mente me viene el recuerdo del calvario y veo a tres personas que subiendo esa cima llevaron sus respectivas cruces. La primera persona a la que veo es a Dimas (el buen ladrón), que llevó su cruz obligado, porque no le quedaba más remedio. La otra persona a la que veo es a Gestas (el mal ladrón), que la llevaba maldiciendo y renegando de todo y contra todos. Por último, veo a Jesús que se abrazaba a su cruz mientras caminaba. Cuando el cansancio, la injusticia, la cólera… me amenazan con robarme la paz, entonces tomo esta cruz en mis manos, la miro y me hago la siguiente pregunta: ¿Cómo quiere Dios que lleve esta cruz que me ha tocado? ¿Como Dimas? ¿Como Gestas? ¿O como Jesús?’”.
            Con nuestros labios decimos que queremos seguir a Jesús, pero en tantas ocasiones nuestra vida y nuestras reacciones se parecen bastante más a las de Daniel-Dimas. Otras veces se parecen a las de Ramón-Gestas. ¡Qué pocas veces se parecen a las de Carlos-Jesús! Somos nosotros quien podemos llevar la cruz de la vida de la primera manera, o de la segunda manera, o, con la ayuda de Dios, del tercer modo. ¿Cómo sé yo de qué manera llevo la cruz? Muy fácil: si tengo resignación, llevaré la cruz al modo de Daniel-Dimas. Si tengo ira e impaciencia en mi corazón, llevaré la cruz al modo de Ramón-Gestas. Si tengo paz, entonces llevaré la cruz al modo de Carlos-Jesús, ya que donde está Jesús no puede haber más que paz, vida eterna y mucho fruto.

1 comentario:

Pepitina dijo...

¡Cuánto hemos podido contemplar Tu Cruz, estos días, Señor!! me siento tan agradecida y consolada a la vez, viendo como tanto sufrimiento sigue presente en nuestro mundo, esperando ahora nuestra voz, nuestras manos, nuestros pies.. y cuánto sentido sigue y seguirá teniendo siempre Tu Cruz para quienes deseamos seguirte.
Anoche en el Vía Crucis desde Roma, me impresionó la cercanía del dolor de Jesús en las distintas estaciones, preciosamente proclamadas, con las situaciones de dolor que nuestro mundo vive y sufre hoy. Al finalizar el Papa, las resumía con una bella oración: Oh Cruz de Cristo….sólo desde ahí me pareció que tenía sentido mi Fe, ante tanto mal provocado por el hombre y que el Papa nos iba recitando; situaciones de dolor aunque otras también de esperanza. Porque Jesús resucitó!!
Recordé otra Cruz: la Cruz abrazada por Jesús en su primera caída- en la película de la Pasión de Mel Gibson-. Esa imagen me impactó, me sigue mordiendo el alma cuando la veo de nuevo o simplemente la recuerdo.
Y otra Cruz. Era la fiesta de San Juan de la Cruz y las carmelitas habían colocado la imagen bellísima del Santo ante el altar. Juan de la Cruz, acaricia tan tiernamente con la mano y con su mirada esa Cruz que vivió y tanto amó, de tal forma, que trasmite esa Paz que sólo Dios nos puede dar.
Suelo llevar un pequeño crucifijo en el bolso de la chaqueta o del pantalón. De vez en cuando lo acaricio…me recuerda que está conmigo, vivo y resucitando todos los imprevistos que van surgiendo a lo largo de cada día. ¡¡Qué grande es la Fe!! ¡Y, qué hermosa, hermanos!