lunes, 21 de diciembre de 2015

Natividad del Señor

25-12-2015                                            NAVIDAD (C)

            (Ya aviso por adelantado que la homilía de hoy no va a ser una homilía navideña al uso). Hoy es un día de alegría: la familia está reunida, tenemos unos días de descanso, hay un ambiente de villancicos, de fiesta, de diversión y de compras en la calle, en casa, en la TV… Esta alegría está bien, pero un cristiano no se con­forma con ello. Un cristiano busca algo más, quiere algo más y tiene algo más: Hoy celebramos el día del nacimiento de Jesucristo. Pero también hoy recordamos que Jesús va a venir una segunda vez a este mundo. Será su última y definitiva venida. Necesitamos que Jesús venga de nuevo a nuestro mundo. El vino y volverá para salvarnos. ¿Para salvarnos? ¿De qué? De nosotros mismos, de los hombres.
            (Leo un artículo aparecido en La Nueva España en diciembre de 1992). VERGÜENZA DE SER HOMBRE. De Arturo Pérez Reverte. Voy a contarles a Vds. algo que ocurre, ahora que estamos en las fiestas navideñas y todo el mundo canta paz y amor y cosas por el estilo, y nos damos la mano en misa del gallo y todos nos queremos tanto. El pueblo se llama Vogosca (Bosnia). Es un pueblo como son los pueblos por allá: casas en ruinas, bombazos de vez en cuando, algún muerto pudrién­dose entre los rastrojos de maizal quemado por los combates. Hay un sótano, porque en las guerras siempre hay un sótano, en el que viven desde hace meses las mujeres y los críos, sin comida, agrupados unos con otros para no helarse de frío, a oscuras y sin atreverse a asomar la cabeza al exterior. A sus hombres los degollaron los serbios, o los alistaron a la fuerza en alguna milicia. Y ellas y los críos está allí, esperando a que los serbios las deporten a zona musulmana o que les tiren una granada por el hueco de la escalera y todo termine de una vez.
            Pero no sólo no termina, sino que continúa. Un detalle para que Vds. entren en situación: las madres han rapado el pelo a todas las niñas mayores de 12 años, a ver si hay suerte y consi­guen que sus carceleros serbios las confundan con niños varones. Pero algunas ya tienen formas de mujer y cantan mucho. El caso es que, de vez en cuando, se abre la puerta del sótano y aparece un serbio. A veces incluso son vecinos, conocidos del mismo pueblo. Se paran en lo alto de la escalera, las alumbran con una linterna y dicen: tú, tú y tú.
            Antes las madres o las hijas lloraban, suplicaban, pero hace tiempo que no tienen energías, ni fuerza, ni esperanza alguna para hacerlo. Ahora se aprietan como un rebaño asustado mientras los serbios se llevan a Mirjia, de 40 años; a Jasmina, de 20; a Liljiana, de 13. Se las llevan a la escuela del pueblo, o al bar, o al cuartel. Vds., claro, no saben cómo grita una mujer cuando la violan. Algunos lo sabemos, por nuestros pecados. No, supongo que no saben como gritan. Lo hacen como animales enloquecidos, pero siempre, al final, si se las trata con la brutalidad adecua­da, se resignan y se callan.
            Con suerte, después de terminar con Mirjia, Jasmina, o Liljiana, los serbios las devuelven al sótano. Salvo que se encaprichen de una de ellas y la lleven a un burdel perma­nente para soldados, donde centenares de mujeres bosnias están encerradas desde hace meses, para uso y relax de los héroes de la Gran Serbia. Bonito detalle: no se permite abortar a las embarazadas porque llevan simiente serbia en el cuerpo. Eso para que luego digan que los serbios no tienen sentimientos. El caso es que hay al menos 16 de estos burdeles de campaña en los territorios bosnios ocupados por Serbia. Y si les gustan las cifras, anoten también ésta: 14.000 mujeres han sido violadas allí en los últi­mos 8 meses. Catorce mil nombres propios, catorce mil ojos ate­rrados, catorce mil bocas abiertas para gritar. Imagínenselas todas juntas, en la foto. Es la postal navideña.
            Yo he conocido a algunas de esas mujeres, antes y después, y he apartado los ojos, avergonzado de ser hombre. ¿Y saben una cosa? A veces cierro los ojos y aún las veo allí, en su sótano. Esperando. Después pongo la tele y, entre anuncio de turrón y de champa­ña...” ¿Para qué seguir leyendo?
            En estos días me ha llegado un correo electrónico con un enlace para un vídeo en el que hacen una entrevista a una monja argentina. No, no es la monja separatista de Cataluña. Esta monja se llama hermana María de Guadalupe, del Instituto del Verbo Encarnado. En la entrevista explica cosas como las que acabo de leer del artículo de Reverte, pero la religiosa hace referencia explícita al comportamiento de los cristianos perseguidos y dice cosas como ésta: “Los cristianos allá tienen muchas necesidades. Tienen una lista muy grande de cosas que necesitan, pero a nosotras nos piden que, cuando nos pongamos en contacto con el exterior, les digamos: ‘Recen por nosotros’ […] Los cristianos perseguidos nos interpelan, cuestionan nuestro cristianismo. Allá los cristianos se tatúan la cruz en las manos para distinguirse, para mantenerse firmes al momento del martirio. Por eso, se ponen la cruz en su carne. Y nosotros a veces, en occidente, intentamos esconder que somos cristianos o nos da vergüenza. En algunos ambientes sí, pero en otros ambientes no voy a decir que rezo, o no me voy a persignar en público, porque eso no queda bien. Realmente los cristianos en Siria nos cuestionan cómo estamos viviendo nuestra fe. Tenemos que vivir nuestra fe con más coraje, sin miedo a manifestarnos como cristianos. Ellos están derramando su sangre, mientras nosotros seguimos viviendo preocupados por las cosas materiales, cuando lo importante no está ahí. Estos cristianos de Siria nos señalan el cielo, y nos dicen que hay que prepararse para eso. Y el único miedo que tenemos que tener es a perder la gracia de Dios por el pecado.
            Los cristianos somos y debemos ser personas que vivimos de otro modo, que buscamos otros fines, que sólo esperamos la salvación que nos viene de Dios.

            Por eso necesitamos que nazca Cristo, necesitamos que venga Cristo de nuevo a la Tierra: para salvarnos. Por eso tenemos alegría: porque Cristo viene a salvarnos: “Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros”.

4 comentarios:

Feli dijo...

No tengo palabras para poder decir lo que siento,quizás si, dolor,rabia,impotencia,pena,y sobre
todo pena de no oír voces contra esa esclavitud sabiendo que existe.
Ven,ven Señor no tardes,
Ven, ven que te esperamos.
Te esperamos,para que pongas más paz,más igualdad,más tolerancia,y más discípulos para que denuncien tanta aberración que tenemos en nuestro planeta. Feliz Navidad y que el Nacimiento de Nuestro Señor nos de fuerza para denunciar esas aberraciones.Un abrazo.

Anónimo dijo...

Que pena da mirar al mundo y ver que lo que Dios creo, los hombres lo están destrozando,donde tenía que haber amor, hay odio,falta de respeto y creencia en El, estamos como salvajes, no importa nada que ofendas a los demás, no se piensa....
pidamos a este NIÑO que va a nacer que nos traiga la PAZ Y EL AMOR QUE TODA LA TIERRA NECESITA.
Desde Valdemoro un abrazo y ¡FELIZ NAVIDAD!

Pepitina dijo...

¡Feliz Navidad!
HIMNO
Hoy grande gozo en el cielo
todos hacen,
porque en un barrio del suelo
nace Dios.
¡Qué gran gozo y alegría
tengo yo!

Mas no nace solamente
en Belén,
nace donde hay un caliente
corazón.
¡Qué gran gozo y alegría
tengo yo!

Nace en mí, nace en cualquiera
si hay amor;
nace donde hay verdadera
comprensión.
¡Qué gran gozo y alegría
tengo yo!

Gloria al Padre y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amén.

¡VEN, SEÑOR JESÚS!!

Anónimo dijo...

No me parece adecuada la homilía de hoy no esperaba un cuento de Navidad , pero lo de hoy me resultó deprimente teniendo en cuenta que los pocos niños que van a misa alguno desconoce el significado de las violaciones que usted tanto recalcó, entiendo que cada vez vayan menos familias a misa con esas descripciones tan explicitas de dramas que usted nos hace, bastantes tenemos ya sin tener que oírlas el día de Navidad .

Es una opinión personal pero es la mía.