miércoles, 9 de diciembre de 2015

Domingo III de Adviento (C)



13-12-2015                            DOMINGO III DE ADVIENTO (C)
            Este tercer domingo de Adviento es el domingo de la alegría: las lecturas nos hablan de gozo, de júbilo, de estar alegres… En el año 2013 y 2014, al predicar sobre este tercer domingo de Adviento, os hablé de la alegría. Hoy, sin embargo, quiero hablaros de lo contrario: de la tristeza. Sí, Dios quiere que estemos alegres, contentos y jubilosos. Y esto sólo lo logramos si estamos a su lado. Pero…, quien se aparta de Dios, es una persona de la que la tristeza se adueña. No hablo aquí de cualquier clase de tristeza, sino de la tristeza provocada por la lejanía de Dios.
            La idea central de esta homilía, por lo tanto, es ésta: La lejanía de Dios nos deja una tristeza profunda. La cercanía de Dios nos da una alegría profunda, duradera, que contagia y que es invencible ante cualquier situación de salud o enfermedad, de pobreza o de riqueza, de éxito o de fracaso. Esto sólo lo puede experimentar quien ha sentido de verdad la presencia de Dios.
            Veamos un ejemplo de la tristeza que mencioné más arriba tomado de un periódico, ‘El Mundo’; concretamente se trata de un artículo publicado el 25 de enero de este año: “Ferrán Pla movía maletines llenos de billetes ordenados en fajas; llegó a ganar 10.000 euros a la semana, fue un tiburón inmobiliario y montaba fiestas salvajes donde amanecías vestido con la ropa de otro. O de otra. Su historia es bien conocida en los albergues de Barcelona, donde la crisis ha alumbrado una nueva tipología de pobres. Tipos que llegan con traje, pero sin nada más. Tipos que piensan que ellos no deberían estar allí. Por algo le llamaban ‘el Señorito’ en el año y medio que ha vivido dentro. Por algo nos pide una cosa: que le compremos una cajetilla de tabaco de las baratas. Cuando hace no demasiado tiempo podría haberse encendido un Cohiba de los caros, echarnos el humo a los ojos y tirarlo a la mitad. ‘Entonces era muy fácil ganar dinero en el mundo inmobiliario. Porque se compraba todo lo que se edificaba. Todo se vendía. Sé de gente que fue al banco a pedir 175.000 euros y salió con 250.000... Yo valía para ese negocio. Me di cuenta’. Ésta es la crónica de un subidón fulgurante y el relato de una lenta caída. Tocó el cielo en la era del ladrillo y aterrizó en 2012 en el aeropuerto de Barcelona. Con 100 euros en el bolsillo como todo capital, una cartera y una corbata. Arruinado. Se quedó a vivir en el aeropuerto.
‘En la época de las vacas gordas hacíamos cosas ilegales, como cobrarle al comprador de la casa un 6% de comisión; algo que era ilegal. Yo movía maletines llenos de billetes. Vivía en el barrio de Salamanca. Mi perdición fue la coca, el alcohol y el buen yantar. A lo mejor me daba el punto y me iba a cenar a Nueva York, Estambul o por ahí. Con chicas. Nunca menos de dos’. Su ruina no sucedió de repente. Fue poco a poco. ‘La cosa iba a peor. La gente dejó de comprar. En 2012 ya había vendido todo: los muebles, la televisión, el ordenador... para pagar las deudas que tenía. No me quedaba nada. Así que dejé Madrid para regresar a Barcelona’. ‘Como no tenía adónde ir, decidí quedarme en El Prat (aeropuerto). Porque la estación (de ferrocarril) de Sants cierra por la noche y es mucho más insegura. Era diciembre y fuera llovía. Allí en el aeropuerto estaba bajo techo, protegido. Cuando me gasté el último de los 100 euros que llevaba, me tuve que buscar la vida. Para comer robaba sándwiches del bar. Me afeitaba con las maquinillas que cogía de la tienda. Me aseaba en el baño de los discapacitados, porque había más espacio y me apañaba mejor. Lavaba los calzoncillos a mano en el lavabo. Caminaba. Me sentaba. Dormía en los sofás de la cafetería... Cuando venían los seguratas a la T-1, yo me iba a la T-2. Cuando iban a la T-2, yo me iba a la T-1. Y allí me veías siempre con mi maleta y mi corbata. Aunque estaba sin un duro, era un señor’. Hablamos con frío. En esta casa de la calle Provençals donde el Ayuntamiento de la ciudad le paga a Ferrán el alquiler de una habitación hace frío. También te provoca frío su dormitorio. Frío saber que en diciembre de 2014 se le acabó la renta de 426 euros que cobraba. ‘La vida es una mierda. No tengo ni un euro para comer, pero creo que lo peor ya ha pasado. A los albergues no quiero volver a ir porque el ambiente es muy jodido, lleno de pringaos. Cada vez hay gente más jodida, cada vez están más llenos los albergues, cada vez hay más españoles que se han ido a la mierda... Un día, allí dentro, me hice una pregunta importante: '¿Pero qué hago yo aquí?'. Y con el tiempo encontré la respuesta: 'Si estoy aquí dentro es porque soy igual que ellos'”.
En este caso concreto nos encontramos con la vida de tristeza de un hombre que sólo vivió para sí, que robó, que estafó, que malgastó, que se dio a todos los vicios, y que esa misma vida lo devoró. Fue un hombre que no pensó nunca en los demás, sino en sí mismo. Fue un hombre en el que Dios no tenía cabida. Sí que tenían cabida la soberbia, el orgullo, la prepotencia, la avaricia, la gula, la lujuria, el lujo desenfrenado…, pero Dios y los demás hombres no. ¿Dónde están ahora todos aquellos con los que Ferrán se corría sus juergas, con los que hacía negocios? ¿No tiene Ferrán familia que mire ahora por él? Cuando estaba en la cresta de la ola con todo su dinero y con sus éxitos, ¿miró él por su familia? El artículo se escribió en enero de 2015, ¿qué habrá pasado con Ferrán desde entonces hasta aquí?
Es muy fácil ver en la vida de Ferrán su tristeza, su vida en soledad y sin horizontes, y descubrir las causas de todo lo que le está pasando. Pero resulta más difícil descubrir esa tristeza sin Dios en las personas que no tienen necesidades materiales. Hace un tiempo, en Oviedo, conocí a una señora de Cabo Verde, que me decía que un día fue a África, al poblado donde vivía su padre y éste le dijo: “Hija, en Europa tenéis de todo, pero no sois felices. ¿Qué os pasa?” La actriz Claudia Koll se hizo popular en Italia, hace algunos años, por su participación en películas pornográficas. 

Dice Claudia de sí misma y de su vida: “El mundo del espectáculo me ha utilizado; el mundo en general utiliza nuestra debilidad y nos golpea allí donde somos más débiles, cuando tenemos un gran deseo de amor. Yo quería probar emociones fuertes. Nadie realmente me había enseñado a vivir. Nada me bastaba, no estaba contenta de verdad con nada, siempre estaba buscando algo más. Nadie me había enseñado la fidelidad y ni siquiera era capaz de expresar gestos de amor, no sabía amar”. Claudia tenía de todo, pero no era feliz. Le faltaba algo en lo más profundo de su ser. Claudia, como el salmista, se preguntaba: “¿Por qué estás triste, alma mía?” (Slm. 42, 6). Y esto mismo lo gritaba también el rey David, el cual tenía oro, fama, hombres a su mando, tierras, propiedades, pero no era feliz porque se había alejado de Dios por sus pecados: pecado de adulterio, pecado de asesinato, pecado de prepotencia, pecado de engaño… con Urías el hitita y su mujer. Por eso, gritaba el rey David a Dios: “Devuélveme la alegría de tu salvación” (Slm. 51, 14).
Termino con la historia de Claudia, porque ella ahora sí que es feliz, porque ha encontrado a Jesús. O mejor dicho, Jesús la ha encontrado a ella. “Después de cometer muchos pecados, después de haber herido el corazón de Dios, he sentido que Él, en el momento en el que más lo necesitaba, venía a socorrerme”. ¿Cómo se produjo su conversión? Hace algunos años, Claudia entró ‘por casualidad’ en una iglesia de Roma. Esta pequeña iglesia, Santa Anastasia, tiene exposición perpetua del Santísimo. Un grupo de la Renovación Carismática estaba rezando justo en ese momento. Ella decidió quedarse. Humanamente hablando daba la impresión de haber sido sacada de otro lugar, con su aspecto archimundano, junto a ese grupo de gente tan sencilla. De repente, Claudia comenzó a llorar copiosamente: Jesús estaba realmente allí; ella lo comprendía desde lo profundo de su corazón, describirá luego esta revelación como ‘fulgurante’, Jesús le señalaba todo su pecado y al mismo tiempo le manifestaba el amor que Él le profesaba. Cuando Claudia salió de la iglesia era otra, no era la misma que cuando entró. Su insatisfacción con la vida y su tristeza profunda habían desaparecido. Ahora ella es feliz con Jesús y haciendo su obra. Claudia renunció a poseer millones, a una fortuna considerable. Su dinero, lo destina íntegramente a unos misioneros de África, a favor de los enfermos de SIDA y de los niños abandonados a quienes apadrina.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

El cambio de Felicidad en ambas fotos del rostro de esta mujer es impactante.Dios nos va transformando incluso exteriormente.
¡VEN, SEÑOR JESÚS!
Buena semana amigos.

Milagros dijo...

Alegria y tristeza,alternativamente aparecen en nuestras vidas,la primera cuando aceptamos la voluntad de Dios,a pesar de los contratiempos,las fatigas,etc y tristeza cuando nos rebelamos,cuando ante cualquier hecho nos miramos a nosotros mismos y quedamos insatisfechos.Que en este tiempo de Adviento y gracias a sus buenas ensenanzas.vayamos conformando nuestra voluntad a la de Jesus y adi caminemos alegres por la vida y haciendo agradable el dia a dia a los demas.Gracias por su entrega y dedicacion que tanto bien have a nuestras almas.un abrazo

Feli dijo...

El otro día comiendo con unas personas,salió el tema de la Navidad,y un señor dijo que a él,no le representaba nada, porqué no creía en Dios,entonces tan pancha le dije pues no sabes lo que te pierdes,la Navidad representa el nacimiento de Jesús,y los que creemos es algo tan especial que te hace reír ,llorar de alegría,cantar,y te hace feliz.Además es un compromiso de ayuda a los demás.Cuantas personas les llega el momento,que están vacías,que nada las llena,y como cambia la cosa cuando Jesús les aparece en el camino,no tendrán riquezas ,pero sus vidas están tan llenas que no les hace falta nada,como Claudia,cuanto está dando porqué está llena de Dios y esa transformación de LUZ en su cara lo dice todo.Muchos besos para tod@s.

MARY dijo...

El que tiene la suerte o el regalo de saber que JESÚS está con nosotros,que nos ama, que nos levanta de nuestras caidas , en difinitiva que es el centro de nuestra vida ,esa cara severá serena y tanbien alegre .Los que en nuestra carne hemos sentido el dolor por la pérdida de un ser querido ,¡cuánto nos ayudas JESÚS! ,sin ti todo serian tinieblas, y sin embargo con tigo sigue reinando la luz :esa luz de esperanza ,ganas de hacer el bien y de amar a todos ,eso solo se vive si estás al lado de JESÚS .No me extraña el cambio de CLAUDIA , descubrir aJESÚS no hay nada que lo iguale ,por mucho éxito que te haya dado el triunfar en la vida.Que el SEÑOR nos ilumine siempre ,y derrame sobre nosotros su alegria y su paz.

Ana dijo...

Buenos días ..... Si aceptamos sin cuestionarnos la voluntad del Señor viviremos con alegría pues sentiremos que estamos con El en todo momento ....cuando empezamos a cuestionarnos todo , las tinieblas llegan y nos llenan de tristeza .... Pues a veces somos como esos niños caprichosos que solo queremos hacer nuestra voluntad ...muchas veces nos cuesta ver el camino que Dios quiere para nodotros pues no lo entendemos ..... En este Adviento reconozco que la tristeza muchas veces me llena el alma pues hay cosas de los hijos que lastiman el alma y uno no puede llegar a entender .....en ese momento que me aferro a mi rosario y mirando el pesebre pido a Dios me devuelva la alegría de sentirlo en mi corazón ...no es fácil pero lo intento

Anónimo dijo...

Estad siempre alegres en el Señor!! nos dice S. Pablo en la segunda lectura.Esta es la Alegría que realmente nos hace felices, porque es el Señor quien nos la regala, y es en Él y con Su gracia y presencia como llegamos a percibir que Sólo en Él y con Él y viviendo para Él podemos alcanzar esa felicidad que el hombre ansía, porque hemos sido creados para esa Felicidad; no para la que el mundo nos ofrece. Nada nos llenará sino la Alegría en el Señor.
Lo demás serán "flashes" de alegrías, risas y alboroto...todo eso es un engaño que pasa y no nos deja felices.Y además, lo sentimos claramente en nosotros.
¡Ven, Señor Jesús!