sábado, 5 de diciembre de 2015

Inmaculada Concepción



8-12-2015                              INMACUALADA CONCEPCION (C)
            En el día de hoy celebramos la festividad de la Inmaculada Concepción. Quisiera rescatar y repetir una homilía ya predicada por mí hace siete años, pero que creo que puede seguir aportando luz y servirnos a fecha de hoy. Vamos allá.
            Nos narra el evangelio que el ángel Gabriel se presentó a una doncella de una aldea perdida en la montaña de Galilea. A esta doncella se le propuso de parte de Dios la posibilidad de ser la madre del Mesías, la madre del Hijo de Dios. Ella pregunta al ángel Gabriel que cómo va a quedar embarazada si no ha mantenido relaciones con ningún hombre, a lo que el ángel le contesta que será el Espíritu Santo quien la cubra y quien la deje encinta, pues todo es posible para Dios. Al oír esto María, ya sin ninguna duda y con total disponibilidad, contesta: Aquí está la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.
            En el momento en que María contesta de este modo, ella se queda embarazada. Su vientre recibió la semilla divina, que fecundó su óvulo, y allí apareció una vida humana y a la vez una vida divina. María llevaba dentro de sí a un niño humano y a la vez a Dios mismo.
El 25 de marzo la Iglesia celebra la festividad de la Encarnación del Hijo de Dios en el vientre de María y el 25 de diciembre la Iglesia celebra el nacimiento de Jesús. No quiero ahora detenerme en si tales días corresponden realmente a las fechas de la concepción y del nacimiento de Jesús. No es el momento de entrar en este tema. Pero lo que sí quisiera plantearme, aquí y ahora, es la siguiente pregunta: ¿Qué pasó durante estos 9 meses, es decir, qué sucedió durante el tiempo del embarazo?

Nada de esto se nos dice en los evangelios. Uno de los evangelistas únicamente nos dice que en estos 9 meses sucedió el encuentro de María con su prima Isabel.
- Cambios en el cuerpo de una mujer embarazada. Se ha de suponer que en estos 9 meses la Virgen María percibió algunos cambios en su cuerpo, lo mismo que les sucede a todas las mujeres que se quedan embarazadas. Lo que voy a decir ahora lo he preguntado a algunas mujeres que han sido madres. Lo primero que me dijeron es que cada embarazo es distinto. De modo general, lo que una mujer embarazada puede sentir y, por tanto, lo que María pudo haber sentido es esto (perdón por los errores e imprecisiones que cometa al decirlo):
* En el primer trimestre María pudo sentir, entre otras cosas, nauseas, vómitos, se volvió más sensible, tuvo más sueño, se le agudizó el olfato. A partir de la semana 12 de gestación ya estaba formado enteramente el bebé.
* Parece que el segundo trimestre pudo ser el mejor, pues María quizás no tuvo ya las nauseas, ni las molestias del primer trimestre, ni tampoco la pesadez que tendría en el tercer trimestre. También es cierto que hay mujeres que lo pasan mal, muy mal durante todo el embarazo. En este segundo trimestre, a partir de la semana 18, María habría empezado a notar que la criatura se movía dentro y daba alguna patada. 
* En el tercer trimestre los pulmones de María se habrían visto aprisionados, porque el niño ya habría crecido bastante y necesitaba más espacio. Además, María tuvo que llevar más peso consigo en este tiempo y esto le dificultó para caminar, con la consiguiente hinchazón de piernas y con dolor de riñones.
- Cambios en la mente de una mujer embarazada. Sí, en María hubo un cambio en su cuerpo durante el embarazo, pero también en su mente, pues dejó de ser adolescente para convertirse en toda una mujer. Dejó de ser mujer a secas para irse convirtiendo poco a poco en madre. Asimismo la relación con su entorno: vecinos, familiares… tuvo que cambiar. Ella vería ahora todo con otros ojos y a ella también la verían con otros ojos. El embarazo de María tuvo que ser muy bonito, el sentir cómo se iba creando dentro de su ser una vida nueva e independiente de ella. Para María lo más bonito que podía sucederle era el ser madre.
 - María está en comunión con las mujeres y con los hombres. Por todo lo que acabo de narrar, se puede decir que María fue, es y será solidaria con todas las mujeres que han estado embarazadas, que lo están y que lo estarán. María acoge, comprende y vela sobre todas las mujeres embarazadas (aunque los cristianos hablamos más de “estar en comunión”, que tiene un significado más profundo que la mera solidaridad). El 4 de diciembre de 2008 leía en un periódico el testimonio de una mujer, Esperanza Puente, que había abortado. Decía así: He querido explicarles lo que vivimos las mujeres cuando vamos a abortar. El miedo, la angustia, la soledad cuando te enfrentas a un embarazo inesperado y te abandona tu pareja, o no hay comprensión por parte de la familia, o te amenazan en el trabajo: ‘abortas o te despido’, o hay exclusión social, o tienes problemas económicos...”. También María pudo pasar por esta soledad, por esta angustia y por este miedo. José pudo denunciarla y ella podría haber acabado lapidada junto con su hijo. Por eso, María está en comunión con todas las mujeres que, por una razón u otra, se han visto obligadas a abortar, o están abortando ahora mismo, o van a abortar en un futuro.
María está asimismo en comunión con tantas mujeres que no pueden tener hijos; está en comunión con tantas parejas que, por una dificultad del varón o de la mujer, no pueden engendrar hijos y se quedan sin ellos, a pesar de ansiarlos tanto.
Igualmente María está en comunión con tantas mujeres que se casaron enamoradas y por haber fracasado su matrimonio y debido a su edad ya no pueden tener hijos, a pesar de que los deseaban y los desean con todas sus fuerzas.
Alguien puede preguntarse o preguntar por qué María puede estar en comunión con todas estas personas y la respuesta es que María llevó en su vientre, no simplemente a un niño, sino que con ella tenía a Dios mismo, al Hijo Único de Dios Padre. ¿Qué habrá sentido María en su espíritu al llevar a Dios durante esos 9 meses? Pues bien, a través de su Hijo, María pudo, puede y podrá estar en comunión con todas esas personas.

8 comentarios:

Ana dijo...

Después de leer tu homilia solo puedo decir Amen !
Gracias por tan bellas palabras !

Feli dijo...

Es tanta la felicidad ser madre ,que los vómitos,mareos, no importan.Así que cuando la Virgen supo que iba a ser la madre de nuestro Salvador,no me puedo imaginar cuanta alegría y felicidad, sentiría.Gracias Madre,por traer al mundo a Jesús,Él, nos llena de paz y al mismo tiempo nos dirige la vida,para hacer un mundo mejor.Un abrazo,y que Dios nos bendiga a todos.

Milagros dijo...

Tambien yo digo Amen y siempre amen.gracias por hacernos reflexionar

Mary dijo...

El día de la INMACULADA siempre fue un día muy especial para mí.En mi niñez se celebraba
también el dia de la madre.Ibamos a misa y ese día se le decían poesías a la VIRGEN.Recuerdo muchas de aquellas ,y ahora se me está ocurriendo poner una ,allá va .La dedico a mis dos madres.
yo tuve dos madres,tan buenas tan santas,
que en toda mi vida, no podré olvidarlas.
Tan iguales eran,de tez tan rosada
que las confundía cuando las miraba.

Si rosa pulida era una,azucena la otra,
de suaves miradas,celeste era una
de tiernas sonrisas,terrestre la otra.

La una se llamaba María,
la otra María se llamaba
mi madre querida y la Inmaculada.

Eran dos azucenas gemelas
del hermoso pensir de las hadas.
dos estrellas del cielo azulino
que mi niñez alumbraban,
y me sostenían con un par de alas.

Una noche empecé a pensar :
¿si llegara a faltarme mi madre?
y el temor me embargaba,
y yo me decia ,no no puede ser tanta amargura
tan desoladora tan desesperada.

Tu no puedes morir madre mía,
otra no existe pera mí tan santa
la muerte y su furor no puede ,
no puede tener para tí una espada
y así me dormía soñando besarla.

Pero ¡ay!ese día llegó ,
ese día tan triste y amargo
y la madre que vida me dió,
tornando su rostro a la parca
su vida entregó.

¡Quise darle vida!
encendiendo de nuevo la llama
pero palidecía....
sus grandes pupilas vidriadas...
su rotro tornóse marchito
su frete más fria, más blanca.

ESPERO QUE OS HAYA GUSTADO ¡UN ABRAZO.!


Feli dijo...

Es bonita como tú.Te admiro mary,porqué estás llena de María.

Anónimo dijo...

Gracias X la homilía de hoy Andrés. Me ha encantado y me ha emocionado;).Decirte que el miércoles pasado hicimos otra ecografia y nos han confirmado que va a ser un niño.Ya lo noto moviéndose dentro de mi. Es una maravilla.La maternidad es un milagro de de Dios precioso. Un saludo de los cuatro.

Anónimo dijo...

Mi querido Cura de Tapia,

Gracias por tu generosidad al compartir tu sensibilidad ante la mujer embarazada.
Un abrazo fuerte

Anónimo dijo...

El otro día compartiendo la fe en un Grupo, quedó una pregunta en el aire sobre la Vocación a la que nos sentíamos llamadas cada una. Yo lo tenía claro, ya desde niña con 10 años supe que mi vocación era ser madre. Y hoy con una preciosa familia numerosa, tengo la certeza de haber acertado. Terminada mi maternidad física sigue viviendo en mí, la maternidad espiritual que ahora llega a todos mis nietos y continúa como una sombra sobre mis hijos, nueras y yernos. Sale de dentro y no lo puedo evitar.
Desde muy niña, mi gran amor era la Virgen, Mater! -la llamábamos en el colegio- y así inculcamos a nuestros hijos mi marido y yo el amor a Ella. Con la madurez, también la espiritual, la Virgen me llevó a Jesús, ¡lo hace tan bien! y ahora Ella me sigue acompañando, pero como una sombra discreta que sonríe porque voy conociendo y amando cada vez más a Su Hijo querido, Jesús y esa es la principal función de una madre.
Ayer entrábamos por la Puerta Santa de la Misericordia trás el Papa, de la mano de La Madre de la Misericordia - María Inmaculada- ¡cuánto nos dice esto a los creyentes!No importa la advocación que tenga María, es la Madre. Madre de Dios y Madre nuestra. Ella nos siga bendiciendo y a este buen párroco de Tapia que tanto bien nos hace con su cercanía y sus palabras.
Embuídos de la Misericordia, entremos con alegría en este 3 Domingo de Adviento, de la mano de la Madre haciendo camino para el encuentro con Jesús que viene. ¡Ven, Señor Jesús!