viernes, 16 de julio de 2010

Domingo XVI del Tiempo Ordinario (C)

18-7-2010 DOMINGO XVI TIEMPO ORDINARIO (C)

Gn. 18, 1-10a; Slm. 14; Col. 1, 24-28; Lc. 10, 38-42



Homilía de audio en MP3

Queridos hermanos:

- El salmo 14 presupone que el compositor de dicho salmo tenía un origen nómada o tenía un recuerdo muy reciente del nomadismo de Israel, es decir, cuando éste atravesó durante 40 años el desierto del Sinaí huyendo de Egipto y camino de la tierra prometida. Y hablo de una alusión al nomadismo en el salmo 14 porque en el mismo se hace referencia a la tienda, que era la casa habitual de los nómadas. En efecto, las casas de los nómadas no eran de barro o de piedra. No eran casas sujetas día y noche al suelo a través de los cimientos, sino que eran tiendas de lona que se armaban por las tardes y se desmontaban al amanecer para seguir el camino. Pues bien, este pueblo nómada creía firmemente que Dios mismo les acompañaba cada día a ellos y era uno más entre el pueblo. También Dios, como el resto de la gente, armaba su tienda por la tarde y la desmontaba al amanecer para acompañar a su pueblo en todo tiempo. De ahí viene la respuesta al salmo 14: “Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?”

Era normal que, al anochecer y después de haber atendido a los ganados y otras obligaciones, las gentes se pasaran a una tienda para hablar y contar historias del pueblo. Ahí aprendían los niños y jóvenes de los más mayores. También era normal que, si algún caminante pasaba al lado del campamento, se le ofreciera hospitalidad.

Bien, imaginaros que estamos en el campamento del pueblo de Israel y que somos parte de este pueblo. Hemos atendido nuestras obligaciones y al anochecer, antes de acostarnos, mucha gente va a la tienda de Dios para escuchar sus enseñanzas, para hablar con Él, para sentir su amor. De hecho, en la actualidad mucha gente, antes de acostarse, dedica un tiempo a la oración personal con Dios Padre. Imaginaros igualmente que cogemos la Biblia y leemos y meditamos el salmo 14, el cual nos presta sus palabras para poder preguntarle a Dios: “Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?” ¿Quiénes de los que estamos aquí podremos ser hospedados por Dios en su tienda para pasar la noche, para escucharlo? Y el mismo salmo que hace la pregunta, da también la respuesta.

Sin embargo, antes de leer dicha respuesta, quisiera leeros otro ‘salmo’. Resulta que el domingo pasado, al terminar de celebrar la Misa de 11, entré en la sacristía para quitarme la casulla e ir al confesionario y Fran, el sacristán, me habló de un artículo que había aparecido en el periódico del día anterior. Yo no había leído entonces el artículo, pero sí que lo hice después. Creo que será reconocido y recordado por algunos de vosotros. Voy a leeros algunas de sus partes. El titular decía así: “Mi madre me felicitó cuando aborté”. “‘Quise contarle a mi madre que había abortado para hacerle un regalo, como agradecimiento a todos los años en los que estuvo inculcándonos a mí y a mí hermana que teníamos que ser libres, que no debíamos cargar con algo que no deseáramos. Cuando le conté que había abortado, mi madre me felicitó’. La madre de Eva, la que le dio la enhorabuena por su aborto como otras lo hacen por su futura maternidad, se casó embarazada de su primer hijo y después llegaron otros tres, cuatro en total. ‘Ninguno fue deseado, aunque nos quiera muchísimo’, cuenta Eva. Así que puso todo su empeño en que las hijas no repitieran los errores de la madre, incluso enfrentándose a su marido, y su hija no supo hasta que punto se lo tenía que agradecer, dice, hasta el día que tomó la decisión de abortar.

Eva no quiere ser madre, nunca lo ha querido, así que experimentar en su cuerpo los síntomas del embarazo fue una sensación casi insoportable […]

De aquellos días aún conserva cierto regusto de la gran vergüenza que sintió por haber dejado que lo que nunca se le había pasado por la cabeza, un embarazo inesperado, le hubiese sucedido a ella. Es algo que repite una y otra vez mientras recuerda aquellos acontecimientos.

No tiene remordimientos, conflictos morales ni culpabilidad por motivos religiosos. ‘Era creyente, pero fui evolucionando y ahora soy atea convencida’, comenta […] Eva no tuvo ninguna duda de lo que tenía que hacer y se siente satisfecha de haber ‘reparado un error’. Eso precisamente, el haber fallado, es lo que la avergonzaba. ‘A mí, ¿cómo podía haberme pasado aquello a mí? Teniendo toda la información, sabiendo todo lo que hay que saber...’, se atormentaba”. Creo que el texto se comenta por sí solo.

- Lo que está claro es que todos nosotros somos nómadas y estamos de paso en este mundo.

- Lo que está claro es que todos nosotros pasamos horas y horas en alguna tienda, en la que se nos enseña ya desde niños qué hacer en nuestra vida y cómo hacer con nuestra vida. Nadie queda sin aprender o con el disco duro de nuestro ordenador sin rellenar. Si no aprendemos de un lado, aprendemos de otro.

- Esta chica, Eva (se trata sin duda de un seudónimo), aprendió en la tienda de su madre y fue una buena alumna, puesto que su madre la felicitó. Eva está muy a gusto con lo aprendido y con las acciones hechas a raíz de su aprendizaje.

- Pero nosotros, los que estamos aquí, no queremos aprender en la tienda de la madre de Eva. Nosotros queremos aprender en la tienda del Señor. Por eso, con las palabras del salmo 14 oramos y suplicamos: “Señor, ¿quién puede hospedarse en tu tienda?” Y el mismo Señor nos responde y nos expone las condiciones para entrar en su tienda. Escuchemos: “El que procede honradamente y practica la justicia, el que tiene intenciones leales y no calumnia con su lengua. El que no hace mal a su prójimo ni difama al vecino […] El que no presta dinero a usura, ni acepta soborno contra el inocente. El que así obra, nunca fallará”.

Y ahora que lo hemos escuchado…, vamos a meditar si en nuestra vida ordinaria hacemos esto que el Señor nos dice, pues queremos practicarlo con la ayuda de Dios.

¡Que así sea!

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido Andrés
Sólo algunas consideraciones sobre el artículo leído en la Homilía sobre el aborto. Triste escuchar la banalidad con la que se expresa a la que refiere el artículo, cuando de lo que se trata es de una vida que ya está ahí, independientemente del tiempo de gestación (yo no soy nadie para quitar la razón a otros, pero lo que está meridianamente claro es que la vida empieza en el momento en el que se unen un óvulo y un espermatozoide. Lo demás son excusas para adecuar este tema a una legislación). Respeto su decisión, pero no comparto en absoluto los razonamientos fundamentados en el más crudo egoismo. Además estas situaciones están amparadas legalmente, porque los gobernantes de cierto signo político se erigen en jueces y legislan cuando una vida pasa de ser una “cosa” a convertirse, al día siguiente, en un ser humano. Insistir una vez más en que la solución no debería ser nunca el aborto, teniendo en cuenta la cantidad de parejas que queriendo tener hijos, por lo que sea no pueden y serían los candidatos más adecuados para resolver el “error” de otra mujer.
Hace unos días veía en un programa de televisión una pareja que vivía en una casa espectacular, con jardín, enorme y todo tipo de comodidades, para compartir con sus ……… ¡¡¡ perros !!!. Son una pareja convencida de que no quieren tener hijos. Respetable. Prefieren tener 5 o 6 perros a los que tratan a cuerpo de rey. Envidiable (me refiero a ser perro con ellos). Aunque con esas ideas tan claras, son posibles candidatos a remediar un “error” de la forma más macabra. Repito: respetable, pero desde mi punto de vista, no concibo un matrimonio sin hijos. Otra cosa es que no se pueden tener.
Para terminar recordar la vehemencia con que Juan Pablo II decía aquello de: “¡¡¡No se puede legitimar la muerte de un inocente!!!”.
Un abrazo.
Un penitente agradecido.

Anónimo dijo...

Doy gracias al Señor, por haberme dado unos padres que me cobijaron en su tienda desde que nací, y era una tienda hermosa, tenía muchas veces por techo, el cielo estrellado y cálido de los veranos de mi tierra, en ella escuchaba a los "mayores" hablar de la vida, dar sabios consejos, en ella, me enseñaron a rezar, en ella me hablaron de preciosas historias.¡Gracias Señor, por nacer, incluida esa preciosa cardiopatía congénita con la que ví la luz, y gracías nuevamente por esos padres que vivieron y se desvelaron por mí, pero sobre todo porque fueron escuela del buen ejemplo! Hoy encomiendo a todas las Evas del mundo, y a todas sus madres, para que Tú Señor en tu Misericordia, les muestres el camino que lleva hacia tí en esta vida, no las dejes partir sin tomarlas de tu mano, y guarda por favor junto a tí, a esos niños que no nacieron, para que reciban a sus mamás con un beso, de esos que dan los bebés..., llenos de babas de ternura y amor.
Gracias D. Andrés, por dejarme entrar en su tienda, y alegrarme y aprender, con las buenas noticias del Señor, sabiendo que El, nos espera siempre.
Un fuerte abrazo a los hermanos del blog.

yolanda dijo...

Buenos dias hermanos del blog y a ti un saludo muy especial Andres..
Yo entre en la tienda del Señor pero una de las veces q me sali me costo bien caro..
Pero cuando mas perdida estaba..el Señor salió de su tienda y me fue a buscar de nuevo..Salió a buscar a su oveja descarriada y arrepentida...a mi.
Me calentó en su tienda y ya no he querido salir mas.
Nunca se puede decir si voy a volver a salir de su tienda, pero lo que si sé es que cuando vuelva a descarriarme Él me vendrá a buscar...porque es mas grande el Amor que Dios nos tiene, que todas las veces que queramos salir de la tienda del Señor para perdernos.
Que tengais buen dia a todos y que Dios os bendiga.

Anónimo dijo...

Mi comentario en primer lugar es para manifestarle mi admiración y agradecimiento por su blog, con su bonito y certero mensaje reflejado en sus homilías.

En segundo lugar, decir que por obra del Señor, he llegado hasta aquí gracias a Yolanda, una de sus seguidoras que me habló de su blog y de sus homilías.

Yo soy Cristiano y practicante, pero llevo un tiempo que mi camino es escabroso y he comenzado a titubear y a fallarle al Señor.

Señor ¿Quien puede hospedarse en tu tienda?....

Señor mío, sabes que te he fallado, pero has puesto en mi camino a una ferviente seguidora tuya, Yolanda, que me ha enseñado el puente para llevarme de nuevo hasta la tienda del Señor.

Señor quiero que me ayudes a cruzar este puente que me conduzca con humildad hasta tu tienda y me acerque a ti.

Chony dijo...

¡¡Que homilía tan bonita!!
Ciertamente el testimonio que nos relatas, es terrible; pero siguiendo tus indicaciones yo me pregunto: ¿Qué tiendas he visitado y visito cada día? Tantas veces he llamado en tiendas equivocadas, y he salido herida y confundida; pero he tenido la gran “suerte ” de habitar en una tienda en la cual me enseñaron que era lo mas importante; amar a Dios, guardar sus mandamientos, ser buena persona, respeto y amor al prójimo, etc. etc. esta fue la tienda en que habité en mi niñez y adolescencia, hasta que dejé el hogar paterno para irme al mío propio.
En muchas ocasiones como decía, me colé en otras no recomendables, que me enseñaron cosas contrarias a mis principios, y he salido arrepentida y herida, no me gustaba lo que allí me enseñaban, y siempre en el fondo de mi alma, estaba muy presente lo que mis padres me habían enseñado.
Podría contar muchas cosas, pero solo quiero pararme en lo que ocurre hoy en mi vida.
Por la gran misericordia de mi Dios, encontré la mejor Tienda, en la cual fui muy bien recibida, y me enseñaron cosas que superaban todas mis ansias, y en la cual yo encontré la felicidad.
Cada mañana acudo a ese lugar presurosa y confiada, allí siempre está esperándome mi Dios con una cautivadora sonrisa, y sus brazos extendidos; siempre un saludo de llegada, y largo tiempo de conversación, cada día el Señor me enseña algo nuevo, y con su cariño va conquistando el mío, que casi sin darme cuenta va creciendo y creciendo, hasta el punto de que ya no puedo pasar sin esos encuentros tras de los cuales me siento renacer cada día.
Señor que bien se está aquí; realmente cuesta trabajo el irse, pero el gran consuelo es que no me voy sola, mi Señor me acompaña a lo largo del día, y eso me da seguridad y alegría.
Andrés, muchas gracias, que Dios te bendiga por estas catequesis tan estupendas.
Un abrazo queridos hermanos del blog.
BENDITO SEA DIOS.
Chony

Pepitina dijo...

Durante esta semana que he pasado en Covadonga en la Casa de la Madre, ¡qué fácilmente brotaba de mi corazón ese hermoso salmo: "Una cosa pido al Señor, habitar en la Casa del Señor, todos los días de mi vida!!, habitar en la casa del Señor por años sin término!!." Allí os tuve presente a vosotros, amigos del Blog, que nos unimos a través de la Palabra, que profundizada desde la homilía del P. Andrés, ¡tanto nos ayuda a vivir la Fe!!
Ojalá nos recordemos en la oración durante el verano y como él lo pide, tengamos presente a nuestro director espiritual del Blog, en ella.Esperamos que el P. Andrés pueda descansar..lo necesita y lo merece. Nunca tenemos mayor seguridad de "estar" y "permanecer" en Su Casa que en esos momentos de escucha que tenemos en la oración; aunque también creo que nunca estamos lo suficientemente preparados para entrar en Su Presencia. Seamos fieles..el verano a veces nos complica en lo urgente, y olvidamos lo importante.
Mi cariño para todos y el deseo de que allí en "Su Casa" nos encontremos cada día.Hasta septiembre amigos y buen verano.