viernes, 12 de marzo de 2010

Domingo IV de Cuaresma (C)

14-3-2010 DOMINGO IV CUARESMA (C)
Jos. 5, 9a.10-12; Slm. 33; 2ª Cor. 5, 17-21; Lc. 15, 1-3.11-32

Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
En el domingo de hoy la Iglesia nos propone para nuestra reflexión y para nuestra oración la parábola del hijo pródigo. Creo que todos la conocemos, pero vamos a pararnos una vez más en ella, pues siempre podemos sacar de ella cosas buenas y nuevas para nosotros.
Esta semana pasada estuve con un sacerdote joven que dio unos ejercicios espirituales en su parroquia. Le pedí que me mandara el material que había utilizado y así lo hizo. Vi que había dado los ejercicios espirituales mediante el sistema de la “lectio divina”. Es decir, enseñó a la gente un método usado ya por los cristianos de hace siglos para poder profundizar y escuchar la Palabra de Dios. El sistema es el siguiente: en un primer momento se lee un trozo de la Biblia, por ejemplo, la parábola del hijo pródigo; se lee despacio y todo seguido. En un segundo momento se hacen cinco pasos para profundizar en la Palabra leída y escuchada: 1) Me fijo en qué dice el texto: ¿Cuántos hermanos son? ¿Qué le pide el hijo pequeño al padre? ¿A dónde se va el hijo pequeño? ¿En qué gasta el dinero de la herencia? ¿Qué hace cuando se queda sin nada? ¿En qué piensa al no tener qué comer? Etc. 2) ¿Qué me dice a mí el texto? Pienso y me pregunto: ¿Con quién me identifico más? ¿Soy más parecido al hijo pequeño o al mayor? ¿En qué momentos de la vida me he comportado con Dios y con los demás como el hijo pequeño? ¿En qué momentos de la vida me he comportado con Dios y con los demás como el hijo mayor? Etc. 3) ¿Qué le digo a Jesús en mi conversación personal con Él?: Le pido que me enseñe a ver el amor de Dios Padre; le pido a Dios a ver mis pecados y a arrepentirme como el hijo pequeño; le pido a Dios que no deje que mi corazón se endurezca ante Dios y ante mis hermanos, los hombres; etc. 4) Nos miramos Dios y yo. Me quedo un tiempo contemplando y saboreando esta escena: tomando parte en lo que allí sucede, como si estuviera presente e intervengo con confianza en el diálogo y la conversación. 5) Nos despedimos. Saco algunas conclusiones de lo orado, de lo que Dios me ha dicho, y me propongo algo concreto que me ayude en mi vida de fe y/o en mi vida ordinaria.
De esta manera que acabo de exponer es como hago yo mi oración personal, cuando me ayudo de la Biblia, pero también cuando preparo las homilías que cada domingo os predico. Y los frutos, luces y conclusiones que yo saco y que me vienen bien a mí, os las predico a vosotros para haceros partícipes de todo ello.
A veces el Señor me contesta en medio de mi oración personal, pero otras veces en el tiempo de oración me tiene a “palo seco”= o sea, no me dice nada, pero luego, a lo largo de la semana o del mes, me habla a través de otras personas o de acontecimientos de la vida. Así, concretamente sobre este evangelio de hoy el Señor me ha hablado en estos días de atrás de estas dos formas:
1) Hijo mayor. La primera fue en los ejercicios espirituales que impartí en Lugo. Una persona hablaba conmigo y me dijo, con mucha pena, que sentía una gran lástima de ver a tantos sacerdotes que eran como el hijo mayor. Es decir, ellos estaban siempre al lado de Dios Padre, tenían todas sus riquezas, sabían todo o casi todo de Él…, pero se comportaban ante Dios y ante los demás como de mala gana, siempre protestando y no valorando lo que Dios les daba. Recordad lo que decía el hijo mayor al padre: “En tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado”. ¡Qué diferencia entre el comportamiento del hijo mayor y el comportamiento del padre! El hijo mayor se irrita ante el regreso de su hermano, el padre se conmueve al ver regresar a su hijo. El hijo mayor se niega a entrar en la casa, el padre echa a correr para abrazar a su hijo pequeño. El hijo mayor protesta porque NUNCA se le ha dado un cabrito, el padre manda matar el ternero cebado para su hijo. El hijo mayor dice “ese hijo tuyo” (quiere separarse de él), el padre dice “ese hermano tuyo” (quiere unirlos a los dos). El hijo mayor se hace la víctima y sólo se ve a sí mismo pues NUNCA ha desobedecido a su padre, el padre muestra lo bueno de su hijo pequeño: estaba perdido y ha sido encontrado. El hijo mayor ve sólo lo malo de su hermano: ha comido los bienes del padre con malas mujeres, el padre ve sólo lo bueno su hijo: estaba muerto y ha revivido.
2) Hijo pequeño. A principios de febrero me escribió Luz, la chica que ha venido ya dos veces a esta Misa y tiene dificultades para caminar. Dice así en su carta: “Soy una chica de tan solo 24 anos, que ha dejado su país cuando la vida me dio una enfermedad. Sí, es duro reconocer que los seres humanos con frecuencia aprendemos a base de golpes, pero afortunadamente creo más en Dios gracias a esta enfermedad. Tengo que confesar que Dios me levanta cada mañana y el Espíritu Santo me da energía, fuerza de voluntad y coraje. Se lo pido desde que me confirmé, gracias a una esplendida catequista, que hoy no está con nosotros. Sin embargo, es donde mejor ahora puede estar. Tomé la decisión de irme, porque necesitaba terminar mi carrera en Inglaterra, pero luego me gustó mucho el trato que recibí y me quedé. No sé si Dios quiere que me quede o que regrese; muchas veces no sé escuchar…y me veo perdida, pero tengo que confiar más. Sí, si tuviera la fe que debería de tener, no tendría miedo, porque sabría que Él me cuida siempre. En realidad, sé que lo está haciendo; no me cabe la menor duda, pues es imposible que con mi problema pueda estar viviendo sola, trabajando y estudiando también. Mis médicos consideran que es imposible que con mi problema pueda estar sola en Inglaterra viviendo en un piso sin ningún cuidador. Yo… me río y les sonrió diciendo que Dios me levanta y me cuida durante todo el día, cuando estoy solita en casa y tengo que cocinar o simplemente hacer las tareas de la casa. Además, cuando intento caminar, me pone a la persona que necesito encontrar en mitad de mi camino, porque sabe que yo sola no puedo llegar lejos. Ahora rezo más, pero no tanta oración, sino que hablo con Él mucho, porque es mi mejor amigo. Cuando no tienes a la familia cerca, te das cuenta de que amigos hay muy pocos. En realidad si has encontrado uno, eres muy afortunado… Sí, cuando estás sola, empiezas a valorar los pequeños detalles y no quiero decir que, gracias a mi enfermedad, soy más buena, porque, aunque preferiría no tenerla, pero desde que me doy cuenta lo difícil que es levantar un pie o ponerse el pijama por las noches, mi empatía por las personas se incrementa y me hace ser más buena o, al menos, menos mala. Hemos de confiar de verdad en Dios, porque existe y muchas veces no entendemos por qué sufrimos o por qué nos pasa cualquier cosa, pero debemos pensar que es por nuestro bien y estoy complemente segura que tiene que ser por nuestro bien. Por eso no podemos estar nunca tristes. Si uno se da cuenta, el católico sonríe más que los demás y eso es porque sabemos que Dios está con nosotros”.
De alguna forma Luz era un poco la hija pequeña, como el de la parábola de Jesús, y Dios la ha ayudado a volver a casa.
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