viernes, 20 de noviembre de 2009

Jesucristo, Rey del Universo (B)

22-11-09 JESUCRISTO, REY DEL UNIVERSO (B)
Dn. 5, 1-3; Slm. 92; Ap. 1, 5-8; Jn. 18, 33-37


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Queridos hermanos:
Celebramos en este día el último domingo del año litúrgico y lo acabamos con la festividad de Jesucristo, Rey del universo.
- Os invito a acercaros a las lecturas que acabamos de escuchar y dejar que la Palabra de Dios empape todo nuestro ser y nos dé vida eterna. “Señor, ¿qué nos quieres decir hoy con tu Palabra?”
En el evangelio asistimos al dramático interrogatorio que Pilato hace a Jesús. Faltan pocos minutos para que lo condene a muerte de cruz. Pilato busca un delito en Jesús. Si lo encuentra, lo mandará ajusticiar. Si no lo encontrara, tendría que dejarlo en libertad. Y es que a Jesús el sanedrín (sumos sacerdotes, fariseos y saduceos) lo han denunciado por hacerse pasar por rey de los judíos y, de este modo, promover una insurrección armada contra el poder romano. Otros habían intentado esta rebelión armada, pero fracasaron y los romanos los colgaron en la cruz. Sin embargo, durante el interrogatorio Pilato se da cuenta que Jesús no es como los demás presos y terroristas con los que ha tratado hasta entonces. Jesús reconoce que él promueve un Reino, pero no al modo de los zelotes (nacionalistas judíos armados) ni al modo de los romanos. En efecto, en el interrogatorio Jesús reconoce tres cosas: 1) que él es Rey; 2) que su Reino no es de este mundo, pues, de otro modo, sus soldados hubieran luchado para librar a Jesús, su Rey; 3) el Reino de Jesús consiste en propagar la verdad y todo lo que ello conlleva: fe en Dios, amor a Dios y a los hombres, perdón, paz, alegría, esperanza… Pues en todoello está contenido la Verdad de Dios.
- Bien, hasta aquí lo que se dice en el evangelio. Ahora se trataría de sacar consecuencias prácticas para nosotros:
* Cualquier hombre está llamado a entrar en este Reino de Jesús. Pero a este Reino no se entra simplemente con la muerte; se puede entrar ya en vida. Pero eso sí, quien entra en este Reino lo hace libremente y también se puede marchar libremente.
* Quien confiese a Jesús como Rey ha de ponerlo por encima de todo: de toda ideología y de todo bien material. Para una persona que acepte a Jesús como Rey y Señor ha de poner a éste por encima de lo que diga Zapatero, Rajoy, de lo que diga su partido político, de sus preferencias ideológicas, de su amor por España, por Asturias, por Cataluña, de sus dineros y de sus razones.
* Quien confiese a Jesús como Rey debe saber que el Reino de Dios no es de este mundo. Por lo tanto, no hemos de buscar las cosas de este mundo a la manera de aquí. Ciertamente un cristiano ha de luchar por el progreso material[1], no sólo por el propio, sino también por el todos los hombres, pero sin endiosar ese progreso ni las cosas materiales. Tantas veces Jesús nos dijo que no nos apeguemos al dinero, pues no se puede servir a dos amos: o bien servimos a Dios, o bien servimos al dinero.
Y en cuanto a que este Reino no es de este mundo, ya nos lo decía San Pablo: “Porque sabemos que si esta tienda (se refiere al cuerpo), que es nuestra morada terrestre, se desmorona, tenemos un edificio que es de Dios: una morada eterna, no hecha por mano humana, que está en los cielos. Y así gemimos en este estado, deseando ardientemente ser revestidos de nuestra habitación celeste” (2 Co. 5, 1-2). El martes me contaba una señora que, ante una desgracia ocurrida en su pueblo (la muerte por enfermedad de una persona joven), se encaró con Dios y le echó en cara que El no era justo. Al día siguiente, al celebrar la santa Misa, me encontré con la primera lectura: segundo libro de los Macabeos capítulo 7, en donde se relata aquel suceso terrible de las torturas y muertes de una madre y sus siete hijos. El rey de entonces quiso obligar a esta madre y a sus hijos a hacer algo en contra de su fe. Vamos a leer lo que nos dice la Biblia: “El rey trató de obligarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la Ley. Pero uno de ellos, hablando en nombre de todos, le dijo: ‘Estamos dispuestos a morir, antes que violar las leyes de nuestros padres’. El rey, fuera de sí, mandó poner al fuego sartenes y ollas, y cuando estuvieron al rojo vivo, ordenó que cortaran la lengua al que había hablado en nombre de los demás, y que le arrancaran el cuello cabelludo y le amputaran las extremidades en presencia de sus hermanos y de su madre. Cuando quedó totalmente mutilado, aunque aún estaba con vida, mandó que lo acercaran al fuego y lo arrojaran a la sartén. Mientras el humo de la sartén se extendía por todas partes, los otros hermanos y la madre se animaban mutuamente a morir con generosidad, diciendo: ‘El Señor Dios nos está viendo y tiene compasión de nosotros’. Una vez que el primero murió de esta manera, llevaron al suplicio al segundo. Después de arrancarle el cuero cabelludo, le preguntaron: ‘¿Vas a comer carne de cerdo, antes que sean torturados todos los miembros de tu cuerpo?’. Pero él, respondiendo en su lengua materna, exclamó: ‘¡No!’. Por eso, también él sufrió la misma tortura que el primero. Después de este, fue castigado el tercero. Apenas se lo pidieron, presentó su lengua, extendió decididamente sus manos y dijo con valentía: ‘Yo he recibido estos miembros como un don del Cielo, pero ahora los desprecio por amor a sus leyes y espero recibirlos nuevamente de él’. Una vez que murió este, sometieron al cuarto a la misma tortura y a los mismos suplicios. Y cuando ya estaba próximo a su fin, habló así: ‘Es preferible morir a manos de los hombres, con la esperanza puesta en Dios de ser resucitados por él’. En seguida trajeron al quinto y comenzaron a torturarlo. Después de este trajeron al sexto. Incomparablemente admirable y digna del más glorioso recuerdo fue aquella madre que, viendo morir a sus siete hijos en un solo día, soportó todo valerosamente, gracias a la esperanza que tenía puesta en el Señor. Llena de nobles sentimientos, exhortaba a cada uno de ellos, hablándoles en su lengua materna: ‘Yo no sé cómo aparecisteis en mis entrañas; no fui yo quien os dio el espíritu y la vida ni quien ordenó armoniosamente los miembros de vuestro cuerpo. Pero sé que el Creador del universo os devolverá misericordiosamente el espíritu y la vida’. Como aún vivía el más joven, el rey no sólo trataba de convencerlo con palabras, sino que le prometía con juramentos que lo haría rico y feliz, si abandonaba las tradiciones de sus antepasados. Le aseguraba asimismo que lo haría su amigo y le confiaría altos cargos. Pero como el joven no le hacía ningún caso, el rey hizo llamar a la madre y le pidió que aconsejara a su hijo, a fin de salvarle la vida. Entonces, acercándose a su hijo le dijo: ‘Hijo mío, ten compasión de mí, que te llevé nueve meses en mis entrañas, te amamanté durante tres años y te crié‚ y eduqué‚ dándote el alimento, hasta la edad que ahora tienes. Yo te suplico, hijo mío, que mires al cielo y a la tierra, y al ver todo lo que hay en ellos, reconozcas que Dios lo hizo todo de la nada, y que también el género humano fue hecho de la misma manera. No temas a este verdugo: muéstrate más bien digno de tus hermanos y acepta la muerte, para que yo vuelva a encontrarte con ellos en el tiempo de la misericordia’. Apenas ella terminó de hablar, el joven dijo: ‘¿Qué esperáis? Yo no obedezco el decreto del rey, sino las prescripciones de la Ley que fue dada a nuestros padres por medio de Moisés. Mis hermanos, después de haber soportado un breve tormento, gozan ahora de la vida inagotable, en virtud de la Alianza de Dios. Yo, como mis hermanos, entrego mi cuerpo y mi alma por las leyes de nuestros padres, invocando a Dios’. El rey, fuera de sí y exasperado por la burla, se ensañó con este más cruelmente que con los demás. Así murió el último de los jóvenes, de una manera irreprochable y con entera confianza en el Señor. Finalmente murió la madre, después de todos sus hijos” (2 Mcb. 7). ¿Qué distintas se ven las cosas desde la fe o desde la no fe, o desde la fe profunda o desde la fe más superficial?
* Quien confiese a Jesús como Rey debe saber que su Reino busca vivir en la verdad de Dios. Esta verdad nos puede parecer dura en un primer momento, pero la verdad de Dios nos da vida ya aquí en esta tierra. Quiero aquí contar un episodio que supe estando de párroco en Taramundi. Sucedió hacia 1986 en una parroquia vecina: había dos matrimonios que tenían dos hijos cada uno de ellos. Ambos matrimonios eran ganaderos y agricultores. Uno de ellos tenía una tierra y la sembró de “ballicu” (una hierba muy jugosa para el ganado). Este tipo de sembrado estaba subvencionado entonces por la Consejería del Principado de Asturias. Una vez que brotó la hierba el hombre aquel llamó al funcionario de la Consejería, el cual certificó la veracidad de la siembra y le firmó un documento por el cual se le concedió una subvención de 40.000 pts… ‘de las de entonces’. El cogió el cheque, lo cobró y lo ingresó en su cuenta bancaria. Luego retornó a casa, se cambió y cogió el arado y levantó el “ballicu” y sembró patatas, que es lo que quería en verdad recoger de aquella tierra. Luego este hombre se vanagloriaba ante su vecino de lo “listo” que había sido e incitaba a su vecino para que hiciera lo mismo. Este dijo que no, que eso sería robar. El “listo” se burló de los escrúpulos de su vecino…
¿Y qué pasó después? Tranquilos que el “cuento” no acaba aquí. Resultó que el vecino “tonto” (el honrado) tenía a sus dos hijos estudiados con carrera y trabajando, y siendo hombres de provecho. Los dos hijos del “listo” habían aprendido de su padre y no daban “golpe” en casa ni fuera de ella. Al llegar el fin de semana le pedían dinero al padre para irse de discoteca hasta las tantas de la madrugada. Total: al poco tiempo los dos hijos habían gastado las 40.000 pts. de la subvención en cosas “de provecho”.
Jesús nos ofrece su Reino. Reino que no es de este mundo y Reino que se fundamenta en la verdad. ¿Quién quiere formar parte de él y trabajar en él?
[1] “Aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios” (Gaudium et Spes 39).

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Querido D. Andrés y demás hermanos:

Felicidades a todos en el día de nuestro Señor Jesucristo, hermano mayor de todos nosotros y rey de reyes.

¡Viva Cristo Rey!

Un abrazo a todos.

Any dijo...

Andres ¡¡ feliz dia ya que hoy 22 de Noviembe es tu Santo ......y tratemos de ir copiando a nuestro Hermano mayor Jesus ...para que en esta fecha tan importante que se acerca ..la Navidad se sienta orgullos de nosotros .. con nuestras penas .. nuestros errores ..pero que sepa que El es nuestro ejemplo y que vive en nuestro corazon ¡¡¡y asi en esta nueva Navidad renasca el amor ¡¡¡¡

Anónimo dijo...

Seguir al Señor es un camino apasionante y difícil, y más en estos tiempos, que no difieren mucho de los que se vivían cuando la matanza de los Hermanos Macabeos. El ser humano es capaz de las mayores vilezas, y también cuando se deja penetrar de la gracia del Señor, de las mayores grandezas. Si el Señor actúa en nosotros por medio de la fe, la esperanza y el amor, encontraremos arrestos para seguir los caminos tortuosos de la vida, para enfrentar las situaciones complicadas y para tener el valor necesario para actuar de acuerdo con los deseos del Señor.
Yo tengo presente en las situaciones críticas de mi vida, que solo El me puede ayudar, y siempre encuentro esa persona, "ese angel" como yo denomino a aquellos que el Señor pone en mi camino para acompañarme en mis problemas, El, que escudriña los corazones, sabe hasta dónde puedo llegar con mi esfuerzo, y hasta dónde necesito que el me ayude a continuar, soy frágil y débil, así que como un niño confiado, me refugio en la Divina Misericordia de Dios.
Muchas gracias D. Andrés por esta preciosa homilía, y por ayudarme a descubrir que la fe, puede cambiar las situaciones más dramáticas de nuestra vida, en caminos de esperanza en la vida eterna, y que ya podemos aquí en la tierra iniciar esa aventura de lo que será el encuentro definitivo con el Señor.
Un fuerte abrazo a los hermanos del blog.

Pepitina dijo...

El título de Cristo como Rey, siempre estuvo en mi vida -pues formaba parte de mis “asignaturas como cristiana”, pero estaba en mi cabeza, memoria, entendimiento incluso en mi voluntad. Entonces de niña educada en un colegio de Religiosas del Sagrado Corazón, aquella imagen de Jesús con los brazos extendidos (parecida a la que corona la Iglesiona ó Basílica de Gijón) tenía en mi todos los títulos en general. Ha sido ahora en mi edad madura, habiendo madurado también mi fe, cuando ese Rey ha bajado a mi corazón y a mi vida y lo ha hecho desde el ANUNCIO de SU REINO, hermoso, pleno, edificante y que ha tocado mis fibras más sensibles. Tantas veces voy cantando a ese Reino, en el coche ó dando un paseo: “Anunciaremos tu Reino Señor, reino de Paz y Justicia; reino de Vida y Verdad, reino de Amor y de Gracia, reino que habita en nosotros, reino que sufre violencia, reino que ya ha comenzado, reino que no tendrá fin.” También en el prefacio de la misa de hoy lo escuchamos además como un reino de alegría, de alabanza, que da Gloria a Dios. No me cabe duda de que ese Reino he de comenzar a vivirlo aquí, en este mundo, hasta poder vivirlo en la plenitud de Dios cuando Él lo desee.
Recuerdo con gran cariño aquellos Ejercicios Espirituales de Meres (hará 3 ó 4 años) en los que el P. Andrés fue desgranando el Padre Nuestro. Algunos/as de vosotros asististeis, creo. Tantas veces he vuelto a aquellos apuntes, charlas…creo que una de las peticiones de esta oración que más me gusta es esa: VENGA A NOSOTROS TU REINO. Me indica el Camino, la Verdad, la Vida, que es Jesús mismo.
Algo que también he descubierto en mi madurez espiritual ha sido La Verdad. Siempre me atrajo la sinceridad, la claridad, la rectitud, pero la Verdad de Jesús es mucho más, mucho más. Es todo ese Reino que vive en el Corazón de Jesús puesto a nuestra disposición, como un Don, el mejor de los regalos que puede hacernos nuestro Rey.
Aunque alargue mi comentario merecen la pena aquellas palabras de una de las charlas sobre el Reino de la Verdad de aquellos Ejercicios:
“No más mentiras, no más esconder lo que somos, en lo que creemos y en lo que ponemos nuestra esperanza. No más maquillajes ni pantallas. No más miedo a las consecuencias de la Verdad. No más vivir el reino de la mentira, el reino de Satanás y de la apariencia. Nosotros no somos, no sabemos, pero nosotros, los ignorantes, somos los que buscamos a Dios y su Reino de la Verdad.”
Es cierto, amigos, Su Reino no es de este mundo.
Termino recordando, de los mismos Ejercicios..:
“El acceso al Reino de Dios es un don suyo, pero también es verdad que hemos de poseer unas determinadas actitudes para entrar en este Reino: se necesita ser pobre en el espíritu (Mt. 5, 3) (Pobre no es el que no tiene posesiones, ni el que es un pusilánime, ni… Pobre de espíritu es el que todo lo espera de Dios, todo lo acepta de Dios, tiene su confianza puesta sólo en Dios. “Sólo Dios basta.)
; una actitud de niño (Mt. 18, 1-4); buscar el Reino de modo activo (“buscad ante todo el Reino de Dios y lo que es propio de él, y Dios os dará lo demás” Mt. 6, 33); soportar las persecuciones (Mt. 5, 10; Hch. 14, 22; 2 Ts. 1, 5); el sacrificio de todo lo que se posee (Mt. 13, 44ss. [vendo todo para comprar el campo del tesoro escondido y la perla de gran valor]); la caridad hacia nuestro hermano (Mt. 25, 34-36) “porque tuve hambre..tuve sed..era forastero..estaba desnudo..enfermo..en la cárcel.. y estuvisteis conmigo..”

Cada día en la Misa le digo al Señor con el corazón ansioso, sabiéndome escuchada, ¡VEN SEÑOR JESÚS!! ¿Lo va a olvidar Él? Vendrá con Su Reino y entonces ese himno hermoso será Vida y Verdad; será Él mismo. Mi Señor, Mi Rey, Mi Dios.

Chony dijo...

Jesucristo, Rey del universo; es una fiesta que a mi me parece muy importante, y que me hace meditar; primero, en lo estupendo que sería que esto fuese una realidad en nuestro mundo, es decir, que los hombres todos tubiésemos fe en Dios, amor a Dios y al prójimo,perdón, paz, alegría, esperanza, pero lamentablemente una observa que lo que ocurre es mas bien todo lo contrario.
Si esto es así, entonces como puede reinar Jesucristo; solo puede hacerlo si yo le dejo que sea el Rey de mi vida, porque yo tengo que fijarme en el granito de arena que pueda yo aportar para este fin. Es cierto que el Reino de Dios no es de este mundo, pero no lo es menos que ya podemos gustarlo aquí, y pueden comenzar a verse sus frutos.
Esta lectura del libro de los Macabeos siempre me impresionó, me parecía y sigue pareciéndome imposible que una madre pueda soportar lo que esta mujer, ¡que tremenda fe y confianza en el Señor hay que tener! solo si Dios REINA de verdad, si está tan dentro de ti, que ya no eres tu sino Él el que vive en tu interior, y es Él quien te empuja y te lleva; de otra forma es totalmente imposible, al menos es lo que yo pienso, es demasiado fuerte y cruel.
Yo me veo muy apegada a las cosas de este mundo, que me llevan a ponerlas tantas veces por delante de Jesucristo, y esto es un obstáculo, para que Él sea mi Dueño y Señor, y se mueva en mi interior con toda libertad. Esto me lleva a pensar en cuando he sido yo mas feliz, ¿cuando he hecho lo que me "apetecía", o cuando me he fiado del Señor y me he dejado llevar por Él? la respuesta es clara, he sido y soy totalmente dichosa, cuando escucho y me fío de Dios,
cuando tengo la certeza de que Él está a mi lado, que me quiere y me sostiene, y desea que sea feliz. Cuando en la intimidad de la oración me encuentro con un Jesús, dulce, tierno, amoroso, que me acoge con alegría y gozo, que me levanta cuando me encuentro caída, y me mira con amor; merece la pena apostar por un Rey así.
En mi pequeño universo, yo quiero que reine Jesucristo, es el único que puede llevarme a la victoria, ayudándome a llevar a cabo su voluntad.
Muchas gracias Andrés, ¡cuanto ayudan tus reflexiones!
Feliz semana amigos, y que Jesús reine en vuestras vidas.
BENDITO SEA DIOS.
chony