viernes, 25 de julio de 2008

Domingo XVII del Tiempo Ordinario (A)

27-7-08 DOMINGO XVII TIEMPO ORDINARIO (A)
1 Re. 3, 5.7-12; Slm. 118; Rm. 8, 28-30; Mt. 13, 44-52

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Queridos hermanos:
- Dice Jesús en el evangelio de hoy que el Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido o a una perla de gran valor, que, cuando uno los encuentra, vende TODO lo que tiene y, con lo que saca, se compra esa perla o ese campo en donde está enterrado el tesoro.
En la vida ordinaria esto se hace comúnmente: El otro día un amigo mío aprobó una oposición de funcionario y le tocó como destino la otra punta de España; deja aquí todo lo querido por él para ir a trabajar allá; renuncia, aunque sea momentáneamente, a todo por aquello que considera más valioso: su puesto de trabajo. Otro caso: un chico y una chica se conocen; cada uno es de un punto de España o del mundo; se enamoran y deciden pasar su vida juntos, pues cada uno es para el otro como esa perla de gran valor o ese tesoro escondido; por ello, uno o los dos dejan su familia, sus amigos, su trabajo, su ambiente de toda la vida y se va al lado de su amado o de su amada.
Pues si esto lo hacemos en nuestra vida ordinaria y es entendido como algo normal, ¿por qué no admitir como algo normal el “vender todo por el Reino de los cielos”? Tenemos el caso del P. Kolbe, sacerdote polaco, que murió en un campo de concentración nazi. Estaba en unos barracones del que un prisionero se fugó. El comandante del campo sometió al bloque a torturas espeluznantes, hasta que por fin se decidió a elegir a diez presos que irían a morir a las celdas de hambre. Formados en el centro del campo, a la vista de todos los compañeros de otros bloques, el comandante ordenó a los diez elegidos: - Descalzaos, vais a la celda del hambre. Los desgraciados gritaron adiós... Y se oyó el lamento desesperado de uno de ellos: -Decidles adiós a mi mujer, a mis hijos, decidles adiós. Hubo un instante de terror cuando los presos vieron que de la formación uno se atrevía a salir hacia el comandante. Los guardias echaron mano a la pistola. Pero se detuvieron atónitos. Nunca nadie en Auschwitz vio que un preso le hablara al comandante. "Kolbe, es el padre Kolbe", se pasaban la noticia los detenidos. Le conocían todos, porque hablar de noche unos minutos con él servía de consuelo. - Señor comandante... Kolbe se ha quitado el gorro de preso y habla educadamente. - ¿Qué pasa? -Señor comandante, yo le pido permiso para ocupar el puesto de uno de los condenados. -¿Morir tú en su lugar? ¿Por qué? -Yo estoy viejo y enfermo, ya no sirvo para trabajar. - ¿A cuál de los condenados quieres sustituir? - A ese que tiene mujer y tiene hijos. - Pero ¿tú quien eres? - Soy un sacerdote católico. - Un cura. Kolbe sabe que las SS ponen a los curas en el segundo lugar de la basura humana. Primero los judíos, segundo los curas. El comandante cederá. - Acepto, tú ocuparás su lugar. Duró quince días la lenta agonía, el martirio por hambre. A los diez condenados los encerraron desnudos en el sótano, en el famoso búnker, todos juntos en la celda del hambre. Ni una chispa de pan, ni una gota de agua. Al segundo, al tercer día, comenzaron a morir. Pero aquella vez los sótanos de Auschwitz, entre lamento y lamento, escucharon plegarias y cantos a la Virgen. Los alemanes tenían un polaco guardián encargado de sacar fuera el cadáver de los que morían y de vaciar la única letrina colocada en la celda. Él lo ha contado y su relato está en las arcas de los tribunales de justicia y en los archivos del Vaticano. Kolbe y otros tres duraron hasta el día quince: El comandante necesitaba la celda para un nuevo lote de condenados y mandó al médico del campo que con una inyección de ácido fénico apagara el último pulso de sus vidas.
Hay otro caso y que a mí se me quedó grabado desde que lo supe: hacia 1980 en El Salvador (Centroamérica) hubo una guerra civil en que se hicieron auténticas barbaridades. En una aldea había una capilla, a la que la gente acudía los domingos a cantar salmos y a escuchar la palabra de Dios. No había sacerdote y dirigía el culto un catequista. Un domingo, mientras estaba la gente allí, se presentó un capitán del ejército con algunos soldados y entraron en la capilla buscando guerrilleros. Dijo que aquello era una reunión subversiva, tiró el crucifijo al suelo y dijo que fueran saliendo todos, y que escupieran al crucifijo. Quien no lo hiciera, sería muerto allí mismo. Hubo un silencio y al cabo de unos minutos salió un hombre de la aldea de unos 45 años; al marchar escupió y calló el escupitajo en pleno rostro del Cristo. A continuación se adelantó una niña de unos 12 años, se arrodilló ante el crucifijo y puso sus labios en el rostro de Jesús, justo donde había caído el escupitajo. El capitán, al ver aquello, le pegó un tiro en la cabeza a la niña y le reventó el cerebro. El padre de la niña se lanzó hacia ésta y la abrazaba llorando. Entonces el capitán se marchó con sus soldados. La niña sólo vio a su amado Jesús escupido y por el suelo, y no pensó en su vida, sino en su Dios y su todo. Jesús era su tesoro escondido y su perla, por la que estaba dispuesta a perder todo, hasta su propia vida.
¿Cuál es mi tesoro y mi perla por la que estoy dispuesto a vender todo lo que tengo?
- En esta segunda parte de la homilía quisiera pararme en la primera lectura. Si, como a Salomón, Dios se nos apareciera y nos dijera: “Pídeme lo que quieras”. ¿Qué le pediríamos? Creo que habría gente que le pediría salud; poder jubilarse y disfrutar durante unos años de la pensión; un trabajo y algo de dinero para los hijos; que los hijos o los nietos acaben unos buenos estudios; que le toque la lotería; que le dé una enfermedad al jefe para que deje a uno tranquilo; que se muera un vecino, la mujer, el marido o el que me está fastidiando; etc.
Fijaros en lo que pidió Salomón: “Da a tu siervo un corazón dócil para gobernar a tu pueblo, para discernir el mal del bien”. Y Dios valora mucho su absoluto desinterés y su falta de egoísmo cuando le responde: “Por haber pedido esto y no haber pedido para ti vida larga, ni riquezas, ni la vida de tus enemigos, sino que pediste discernimiento para escuchar y gobernar, te cumplo tu petición: te doy un corazón sabio e inteligente, como no lo ha habido antes ni lo habrá después de ti.”
Para acertar en la vida del cristiano hemos de mirar las cosas y los hechos que nos rodean con los ojos de Dios y no con los ojos del mundo, ya que, lo que un momento nos parece malo o negativo, a la larga puede ser lo mejor y lo conveniente (así se dice en la segunda lectura: “Sabemos que a los que aman a Dios todo les sirve para el bien”). Desde esta perspectiva se entienden perfectamente las palabras de los santos que encontraron un día a ese Dios. Por ejemplo, Santa Teresa de Ávila, la cual decía: “Dadme muerte, dadme vida: dad salud o enfermedad, honra o deshonra me dad, dadme guerra o paz cumplida, flaqueza o fuerza a mi vida, que todo diré que sí. ¿Qué queréis hacer de mí? Dadme riqueza o pobreza, dad consuelo o desconsuelo, dadme alegría o tristeza, dadme infierno o dadme cielo, vida dulce, sol sin velo, pues del todo me rendí. ¿Qué mandáis hacer de mí? Si queréis que esté holgando, quiero por amor holgar, si me mandáis trabajar, morir quiero trabajando”.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Dos historias conmovedoras las que nos relata D. Andrés. Para mí son dos grandes historias de AMOR triunfante, en medio de la tragedia propia de cada una. El Padre Maximiliano Kolbe es el ejemplo de amor al prójimo, de la generosidad por excelencia, siempre me impresiona, y el de la niña tiroteada mientras besa el Crucifijo, es la demostración de que ella, sí había encontrado esa Perla preciosa en Jesús, y lo dió todo por conseguirla.
" Y todo el corazón quedó abierto para todo el don que el Dios del reino le ofrecía "(Lucas,21 1-4).
Me emocionan estas dos historias de amor, y me sobrecoge el desvarío en el que conscientemente podemos caer los seres humanos; está claro que somos capaces de amar y odiar con una intensidad inconmesurable, y nuevamente se pone de manifiesto la gran lucha entre el bien y el mal.
Yo también quiero encontrar esa perla o ese tesoro escondido, para ello, intento desprenderme de todo lo supérfluo, de los " cacharritos " como dice D. Andrés, que solo lastran y nada aportan, espero que llevando equipaje ligero lo logre al fin, la Misericordia del Señor es infinita, y su Paciencia también.
¿ Qué tengo si no te tengo... ?
Mas ¿ Cómo puedo tenerte,
si en todo dejas tu huella
para que te busque siempre ?
Me gusta especialmente, este pequeño fragmento del poema de A.L. Baeza ( Un Dios locamente enamorado de ti )
Gracias D. Andrés, por todas sus Homilías, auténticas lecciones de vida, esclarecedoras, para encontrar ese Tesoro de mi existencia que es Jesús, y por todo el bien que me hacen, así como por este blog, catequesis permanente, y fuente de extraordinarias experiencias para mi.
Le deseo unas tranquilas y felices vacaciones.
Un abrazo para los hermanos del blog.

Pepitina dijo...

El Reino de lo cielos es semejante...así dice Jesús en su explicación desde las parábolas que nos ha ido presentando S. Mateo.El Reino ha llegado, está; ¿le hemos encontrado, percibido al menos? no lo parece en un mundo en el que se nos tacha de raros si se nos escucha hablar de "vender todo por el Reino de Dios", igual que se ve normal el ayuno por adelgazar y escuchamos protestas - considerándolo anticuado- por el ayuno que nos pide la Iglesia dos veces al año. Parece que Dios sale perdiendo siempre, y digo parece porque sabemos que no es así.
El P. Kolbe, una niña de 12 años, Sta. Teresa, y tantos otros/as..supieron que había llegado el Reino, que sólo Cristo Jesús era el Tesoro,el único que merecía la pena seguir por encima de todo pues colmaba sus vidas, pero para que hoy nosotros pudiésemos hablar sobre ellos como testigos, trás haberLe encontrado tuvieron que dejarLo TODO. Y en que situaciones tan distintas dieron su "Todo" cada uno de ellos; allí demostraron quién era su tesoro, a quién seguían como valor supremo y por quién se sentían Amados..No puedo pensar que alguno de nosotros no tengamos esta misma oportunidad, de tener ese Encuentro con el Señor, que nos haga realmente considerarlo como nuestro mayor Bien, nuestro Tesoro..si hasta a aquellos despistados de Emaús se les presentó...(nosotros podemos estar menos despistados que ellos), pero ellos supieron pedirLe: "Quédate con nosotros"; a nosotros a veces se nos olvida hacerlo ó bien tenemos miedo de sus exigencias si lo hacemos.Lo curioso es que todos estos personajes santos,a pesar de costarles mucho, sus vidas abandonadas en Dios están llenas del gozo al ir entregándolas.
Hasta ahora yo no entendía bien esta parábola del tesoro para aplicarla a mi vida, aunque sí como una bonita historia..hoy comprendo que -no era cuestión de comprar un campo y buscar un tesoro, quedándome en una ilusión probablemente-, sino que lo primero era dejarme encontrar por Él- mi tesoro- e ir deshaciéndome y dejando de lado cuánto me separase de Él. Leía el otro día sobre este evangelio, - Hay que haber encontrado el tesoro para tener la fuerza y la alegría y vender Todo.-
Este evangelio nos lleva a lo esencial de nuestra Fe, a esa escala de Valores, que debemos revisar frecuentemente en nuestra vida y poder trasmitirla.
Buena semana.

Anónimo dijo...

Meditando sobre este evangelio, tengo que reconocer que por pura misericordia de Dios, y porque a Él Le ha parecido bién, en un momento de mi vida, me he encontrado este tesoro, que ha llenado mi existencia de dicha y felicidad, creo que lo que pude esperimentar, no había ocurrido nunca ni con nada; lo gusté y lo saboreé; y puedo asegurar que no hay manjar que lo igüale. Hoy me pregunto ¿He valorado en lo que vale este tesoro? ¿esta perla? me sigo preguntando ¿Que he vendido yo, ó de que me he desprendido para adquirirlo? Es curioso, pero creo que se me ha regalado, que yo no he hecho nada, y a pocas cosas he renunciado; aún así, disfruto de Él. Francamente, que escesivamente generoso es mi Dios. ¿Cómo es que se me dá sin yo merecer nada? La respuesta a mi me queda grande, pero creo que con esta generosidad, me está invitando a mi, a fiarme de Él, para que me conceda "desprenderme de todo" para dejar más lugar para Él.
Son impresionantes estos testimonios, y tantos mas que hay a lo largo de la historia; a mi esto me parece imposible que se dé en mi, porque soy cobarde y demasiado débil, pero también sé, que lo que yo no mpuedo, sí lo puede Jesús en mí. Por eso creo, que a lo mejor cuando llegue el momento, el E. S. en mi, me empujará a dar testimonio, y a perder mi vida, por defender este Amor. En esto confío y espero, porque muchas muestras tengo de ello. El Señor nunca falla.
Muchas gracias Andrés, por todo. Felices vacaciones.
BENDITO SEA DIOS

Any dijo...

Que bellas historias y cuanto amor hay en ellas ..La del padre Kolbe ..la he leiso varias veces y no deja de emocionarme ..pues en ella se nota y siente el verdadero amor al projimo ,la generosidad .. lo que realmente deberia ser el verdadero Cristino ... pero tambien se que es muy difil .. y no todos somos capaces de semejante accion .. si asi fuera ¡¡¡que distinto seria este mundo ¡¡
Siempre trato de dar lo mejor de mi ... invoco al Señor y como dice Sta Teresita #quien a Dios tiene nada le falte " y a El le pido amor para dar a los demas ... con todo lo que el amor implica ---
Hermosas como siempre tus palabras Andres .. A todos los amigo del Blog les deseo Armonia en sus vidas y paz en el corazon ¡¡