sábado, 17 de marzo de 2007

Domingo IV de Cuaresma (C)

18-3-2007 DOMINGO IV CUARESMA (C)
Jos. 5, 9ª.10-12; Slm. 33; 2ª Cor. 5, 17-21; Lc. 15, 1-3.11-32
Queridos hermanos:
- En el evangelio de hoy se nos narra la parábola del hijo pródigo. Tantas veces oída, tantas veces orada, tantas veces meditada y, sin embargo, con tanto por descubrir en ella aún. Y es que nadie puede agotar nunca la riqueza de la Palabra divina. Vamos a dar algunas pinceladas sobre este texto:
a) El hijo pródigo. Es la imagen de tantos hombres y mujeres autosuficientes, que no necesitan de nadie, que buscan el placer y la liber­tad a cualquier precio y sin darse cuenta caen en la esclavitud del consumo. Todos estos placeres les dejan insatisfechos y vacíos. No es que Dios eche de su lado a estas personas, a estos hijos pródigos; son ellos quienes huyen de su lado, pues todas las cosas en las que Dios no está tienen un poso amargo, que, más tarde o más temprano, sale a la luz.
Hoy existen muchas personas en esta situación. Todos, cuando pecamos, lo estamos. Hemos de pararnos y darnos cuenta de nuestra penosa situación en estas circunstancias. Y hemos de decir y hacer el "sí, me levantaré, volveré junto a mi padre" que hizo el hijo pródigo al darse cuenta de cómo estaba y a dónde le había conducido su egoísmo, su soberbia y su ansia de disfrute malsano: “Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. Y entrando en sí mismo, dijo: ‘¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre!’”.
Voy a transcribir aquí un testimonio de un sacerdote de la antigua URRS, Alexander Fix. Veréis cómo él era también un hijo pródigo y cómo encontró el camino de vuelta a la casa del Padre: “Nací en una pequeña aldea de Kazajstán en 1971. Fui educado por mis padres y abuelos. Mis abuelos, en particular mi abuela, conservaban una fe profunda y sólida a pesar de las fuertes persecuciones. Cuando era pequeño, oí hablar de Jesús a mi abuela. De ella aprendí algunas oraciones, pero al frecuentar la escuela perdí mi fe. Eran los tiempos del régimen comunista de la Unión Soviética. Los profesores normalmente me preguntaban: ‘¿Durante cuántos años ha ido tu abuela a la escuela?’ Yo contestaba: ‘Dos’. Y ellos me decían: ‘¿Ves?, tú ahora ya has frecuentado más años que tu abuela la escuela. Has aprendido mucho más y no necesitas creer en Dios’. Y la autoridad de los profesores acabó con mi fe. De este modo crecí como un ateo. Más tarde decidí frecuentar la academia militar para llegar a ser oficial. Fui aceptado en la academia militar en Siberia, en la que pasé dos años. En aquellos años vi la corrupción y la maldad del sistema, en particular en las fuerzas armadas. Los soldados se odiaban entre ellos y el odio caracterizaba también las relaciones entre soldados y oficiales. Muchos oficiales hacían carrera sin importarles los demás. Comprendí que éste no era mi camino. Con motivo de una visita a mis abuelos, le conté a mi abuela la situación y mis dificultades. Ella me dijo: ‘Hijo mío, debes rezar y el buen Dios te ayudará’. Estas palabras sencillas de mi abuela, dichas en la situación en que me encontraba, fueron para mí como un ‘golpe de gracia’. Copié el ‘Padre Nuestro’ y el ‘Ave María’ y empecé a rezar. Rezaba durante el servicio nocturno en la armada y empecé a sentir la presencia de Dios de una manera tan intensa que me dije a mí mismo: ‘¡Qué estúpido he sido al no creer en Dios!’. Conseguí terminar mi servicio militar felizmente y volví a casa. Paso a paso comencé a adentrarme cada vez más en la fe, rezando el rosario y leyendo la Biblia. Después de dos años, sentí en mi corazón la llamada al sacerdocio.”
b) El hijo mayor. Es el que ha rechazado al hermano, pero también ha rechazado al hijo de su padre, y de esta forma también ha rechazado a su padre: "Ese hijo tuyo." La huida del hermano en el fondo alegró al hijo mayor, quizás porque se quedaba solo. Solo, no tanto para recoger para sí el amor del padre, cuanto para tener únicamente para sí los cabritos y demás posesiones del padre. El hijo mayor, como el hijo pródigo, quería más las cosas de su padre, que a su propio padre. El hijo mayor no se marchó de la casa del padre, pero en el fondo estaba tan lejos como el hijo pródigo… por no comprender ni aceptar el amor del padre.
c) El padre. Ese padre, que es Dios y que Jesús lo describe tan bien, otea el horizonte con angustia para ver cuándo aparece su hijo perdido. Cuando lo ve, corre al encuentro de su hijo y no quiere oír sus disculpas; lo abraza, lo besa, lo perdona. El amor de Dios es más fuerte que la culpa del hijo perdido. Por eso, le da vestidos nuevos, joyas, banquetes y fiesta, que no son simplemente cosas, sino muestras del amor incondicional del padre. Esto es lo vivimos los cristianos. Nosotros fuimos reconciliados con Dios por Cristo, ya como hijos pródigos, ya como hijos mayores. Y ahora somos los anunciadores de la reconciliación a todos los hombres.
En esta Cuaresma en la que estamos quiero anunciaros que la conversión es tarea de todos. Tanto los que estamos fuera (hijos pródigos) como los que nos quedamos en la casa del padre (hijos mayores), pues unos y otros estamos o hemos estado al lado de un padre amoroso y no siempre nos hemos enterado ni hemos valorado todo esto.
- El lema de este año para el día del Seminario es: “Sacerdotes, Testigos del Amor de Dios”. Sí, los sacerdotes tenemos nuestras propias historias de conversión y de vocación, las cuales muchas veces están entrelazadas. Hay sacerdotes y seminaristas que en su vida han sido hijos pródigos y han descubierto a ese Dios maravilloso como Padre que les ha acogido y llamado a su lado. Hay sacerdotes y seminaristas que en su vida han sido hijos mayores y también han descubierto un día a ese Dios Padre. Es un camino que empezó un día, pero que no acabó el día que se entró en el Seminario, sino que continúa hasta llegar al Reino de Dios.
Voy a contaros dos ejemplos sencillos de cómo unos sacerdotes pueden ser testigos de ese Amor de Dios ante sí mismos o ante los demás:
a) Este viernes estaba en la reunión del Consejo Episcopal con el Sr. Arzobispo, con el Obispo auxiliar y con el resto de vicarios. Tenía el móvil en vibración y siento que, hacia las 11,30 de la mañana, me envían un mensaje. Lo abro y veo que es un mensaje de un sacerdote joven. Escribía: “Acabo de decir al Señor que soy muy feliz de ser sacerdote, y una gran paz me inundó. ¡Animo en la reunión! Lo pasé muy bien contigo en Valladolid. Te quiero mucho.” Este mensaje me alegró la mañana y el día, y me hizo dar gracias a Dios.
b) No sé si alguna vez habéis oído hablar de una “juerga mística”. Pues os voy a narrar la “juerga mística” que nos corrimos este cura joven y yo por Valladolid el domingo y lunes inmediatamente anteriores a carnaval. Veréis, lo pasamos “como los indios” yendo después de las Misas de ese domingo a un monasterio religioso cerca de Valladolid, en donde me esperaba una religiosa de clausura para hacer dirección espiritual. Lo pasamos “como los indios” hablando de nuestras cosas en el trayecto. Lo pasamos “como los indios” mientras yo hacía dirección espiritual con la religiosa y mi compañero-amigo oraba y leía un poco. Lo pasamos “como los indios” mientras cenábamos y hablábamos con tres religiosas. Lo pasamos “como los indios” cuando al día siguiente nos fuimos a Salamanca y allí atendimos a una persona que nos esperaba, y también mientras regresamos a Asturias y seguíamos hablando de los avatares del viaje y de lo acaecido en el monasterio de Valladolid y en Salamanca. Al final de viaje, éramos más felices y estábamos más llenos del Señor, porque Este había hecho el bien a través nuestro, y nosotros disfrutamos con ello.

10 comentarios:

ALOYA dijo...

Me siento hijo pródigo en muchos momentos de mi vida. Siempre que le fallo a Dios, no hago otra cosa que ser hijo pródigo, alejándome de El, con todos los dones que me ha dado y volviendo de vacio, implorándo su clemencia una y mil veces, y una y mil veces la tengo, y en mi interior, cuando eso sucede, por medio del Sacramento de la Penitencia en primer lugar y por la oración, siento como el Padre me recibe otra vez más, regalándome su cariño y protección.
Cuando me hablan de esta parábola siempre me fijo en el pobre hijo pródigo, pero hasta hoy en esta bella homilía de D. Andrés, yo al menos, no me había percatado de la figura del hijo, mayor que efectivamente, tiene un papel muy relevante, desde mi punto de vista, casi protagonista. Analizando su postura, la encuentro efectivamente egoista y sin sensibilidad, mientras el primero " quema " su fortuna y casi su vida, pero tiene ese momento de reflexión profunda, en que decide regresar a casa de su Padre con sincero arrepentimiento, el segundo, permanece bien "acomodado", sin importarle nada ni nadie, salvo él mismo y sin muestras de generosidad o caridad hacia su hermano, es un papel en la sombra pero a mi modo de ver, mucho más demoledor que el hermano pródigo. Vistas así las cosas, prefiero ser hijó pródigo a hermano mayor.
Desconocía el término " juerga mística ", pero ahora ya lo tengo claro. Me parece que deben de repetirla lo más amenudo que puedan, por dos motivos:
1º) Es buena para su salud, y alegra a Dios.
2º) Es buena para la salud de los demás, que se benefician del hecho de que unos sacerdotes, sean felices y puedan transmitir esa paz y sabiduría, que solo tienen las personas que están llenas del Señor, y ésto también alegra a Dios.
Feliz semana. Un abrazo para todos.
Aloya

Olga dijo...

Antes de hacer el comentario a la homilía quiero decirles a Rubén, Asun, Pepitina, Salamea, Aloya y a los amigos anónimos “Gracias” no os alcanzáis a imaginar el bien que producen y lo que enriquece a mi corazón, a mi alma y a todo mi ser, vuestros comentarios. Aunque no nos hemos ido a Valladolid ni a Salamanca y no hemos tenido la oportunidad con algunos de encontrarnos personalmente para dialogar, a que también nos los pasamos “como los indios” por este medio? Que gran regalo le ha hecho el Señor a Andrés con la inspiración y la creación de este Blog cúanto bien nos está haciendo.
No te preocupes….. por los puntos, comas, demás signos de puntuación o palabras que se te escaparon al hacer el comentario, los que el Señor nos está reuniendo cada semana por este medio ya le ponemos esos signos de puntuación y esas palabras que faltaron lo importante es el “BIEN” que producen a leerlos.

A medida que iba escuchando la homilía cuántas cosas, cuántos pensamientos, cuántas mociones brotaban en mi interior, y con cuántas me sentía identificada, haría falta muchas páginas de este blog para hacer el comentario pero me quedo con este por hoy para tenerlo en cuenta en mi oración de hoy y de estos días: “he sido esa hija menor que he recibido la herencia de mi PADRE y la he malgastado, me he alejado de la casa de mi PADRE, me he ido muchas veces pero GRACIAS a su AMOR y a su PACIENCIA tan grande de PADRE me seguía esperando hasta que decidí regresar y me di cuenta de LO DIFERENTE que saben las algarrobas, las bellotas de los cerdos el vestido que estaba usando y el trato de las gentes del lugar donde me marché, al VESTIDO, EL TENERO CEBADO Y EL TRATO QUE ME DA MI PADRE”.
También he tomado muchas veces la posición de esa hija mayor que me he “acostumbrado” a vivir en la casa de mi PADRE y la “rutina” de la vida no me ha dejado gustar del TENERO CEBADO y del CABRITO Y DE TODO LO QUE ME HA DADO MI PADRE estando con El.
Hoy a través de éste comentario me invita a pedirle PERDÓN por haberme alejado de Él, a alegrarme de TENER UN PADRE QUE SIEMPRE ESTÁ ESPERANDO CUANDO ME MARCHO PARA QUE REGRESE y me da LO MEJOR y aun “NUEVAS COSAS” que no había percibido cuando me marché. Y finalmente a que esté atenta a no tener esa posición del hijo mayor Y QUE LA “RUTINA” AHOGUE Y NO DEJE VER LO QUE A CADA INSTANTE ME DA.
Finalmente os invito a leer “El regreso del Hijo Pródigo” de Henry J.M. Nouwen, es precioso.
Un abrazo muy fuerte y que sintamos durante esta semana ese ABRAZO de nuestro PADRE.
Nuevamente “Gracias al Señor que a través de Andrés”. Nos hace nuevamente reflexionar y gustar de su Palabra por este medio. Y de la Eucaristía a los que podemos encontrarnos en la Catedral cada domingo.
Olga

Anónimo dijo...

Estimado Don Andrés:

El hijo pródigo es quizás la parábola más impactante de JESUCRISTO. Tan solo voy a ocuparme de la parte, final por descubrir humildemente un aspecto poco comentado tal vez.

Es trágico y parece que termina bien pero no lo es. El padre que tenía dos hijos y cuando regresa el que se arrepentido se dá cuenta que su otro hijo, el que parecía que estaba siempre con él, se aleja. En medio de la alegría de recuperar al hijo pródigo su hijo mayor le da a su padre el gran disgusto de enfadarse y disentir de su forma de pensar misericordiosa, una forma de distanciamiento, quien sabe si irreconciliable.

¡Benditos sean DIOS y JESUCRISTO!

soco dijo...

¡Cuánta miga se puede sacar de este Evangelio!.
¡Cuántas veces he sido hijo pródigo e hijo mayor!. He sido hijo mayor en todas aquellas veces que estuve a la sombra del padre, protegido por el padre, pero en cuando el padre tendió la mano a mi hermano necesitado sentí celos, me enfurruñé porque le prestaba más atención que a mí, sin valorar todo lo que el padre me había dado. Todo lo que el Padre había puesto en mi camino.
Pero no es eso lo que me provoca a participar, sino el mensaje de ese hermano menor al hermano mayor que le hace partícipe de su agradecimiento a Dios, por un lado, y de la compañía del hermano mayor, por otro. Me ha emocionado ese "te quiero mucho". ¡Qué bien ha venido!, precisamente para el Día del Seminario. Yo creo que tenemos que ser generosos en las muestras y palabras de cariño.
Un abrazo a todos/as.

asun dijo...

Tengo la inmensa suerte de poder asistir todos los domingos a la Sta. Misa que celebra D. Andrés, y oír de viva voz su homilía, después la leo. Es un ritual que me hace descubrir mejor los matices y mensajes fundamentales en lo escrito. Como todos sabéis es un placer oírle por muchos motivos: es muy didáctico, muy plástico en los ejemplos, pero sobretodo, sabe dar en la diana para que algo se mueva en nosotros. Este domingo la homilía ha sido eso y mucho más.
Hace un tiempo D. Andrés puso en mis manos un libro precioso, no recuerdo exactamente el título, es un estudio espiritual sobre los personajes de un cuadro de Rembrandt así titulado: el hijo pródigo.
Al leerlo resplandece, sobre todos los demás, la figura del padre, su inmenso AMOR falto de condiciones, su GENEROSIDAD, al dar al hijo parte de su fortuna, y
sigue amando al hijo dándole LIBERTAD, y su PERDON final.
En una esquina oscura del cuadro está la figura mezquina del hijo mayor, con rostro y ademán de pesar por el recibimiento: con ENVIDIA y CODICIA, sintiéndose SUPERIOR al que retorna, y no comprendiendo al padre.
Coloca el pintor en zona de luz la figura del hijo que vuelve derrotado, avergonzado, pero CONFIADO también en la bondad de su padre.
Destaco de la escena los siguientes conceptos: AMOR, GENEROSIDAD, LIBERTAD, PERDON, y ENVIDIA, CODICIA, SOBERBIA y CONFIANZA.
Haré una confesión, quiero encontrarme en esta parábola y me resulta difícil identificarme con uno de los hijos: soy los dos.
He tenido todos los bienes y favores de mi Padre y no los he aprovechado, además, ¿ estoy yo exenta de mezquindad, de envidia, de soberbia?.
La lectura de este evangelio, me lleva a leer el capítulo entero, y me encuentro con otra parábola con el mismo mensaje: LC.15, 1-7; por enésima vez se nos presenta el Señor en busca del perdido y con el perdón para el encontrado.
Siempre como hija pródiga y como oveja descarriada tendré a mi Padre pendiente de mí y con su seguro perdón ante mi arrepentimiento. Más AMOR y GENEROSIDAD no caben.
Sé que un retorno, una conversión sin fallos, con todo lo que este concepto encierra, no la alcanzaré por mi debilidad humana, pero el inicio de los primeros pasos, ya alegran a mi Padre.
El hijo mayor mueve mi conciencia, no solo de forma individual, sino que me hace pensar en la colectividad cristiana con respecto de otras creencias. Los cristianos nos hemos creído que somos seres privilegiados, ciudadanos de primera clase. Tanto Jua Pablo II, como ahora Benedicto XVI, trabajan por el buen entendimiento con todas las religiones, TODOS somos hijos de DIOS.
Siempre gracias a mi Padre, y a mi director espiritual.
NOTA:¡Como me ha gustado lo de “juerga mística”. Comprendo perfectamente el gozo que produce hablar con otra persona que está en la misma sintonía. Me estoy dando cuenta de que la fe une mucho. Un fuerte abrazo para todos
Perdón por la extensión.

Pepitina dijo...

¡Qué fácil de entender nuestro Dios y a la vez cuánto misterio hay en Él! Quiere que seamos Testigos de su Amor a través de medios tan sencillos como: las palabras de una abuela-que provocan la conversión-;la "juerga mística" de dos sacerdotes amigos que desean ser cauce de la Bondad de Dios para los demás y lo son;ó expresar el amor a Dios y el cariño humano desde un mensaje de móvil que lleva ánimo y alegría a un hermano; comparo esto con el efecto que hacen en nosotros/as los comentario en el blog y esa Palabra de Dios que vamos aprendiendo a desgranar con un buen maestro como el que tenemos la suerte de tener como director espiritual, creo que la mayoría. Somos testigos de Su Amor, desde ese compartir su contenido y enviarnos el cariño y bendiciones como nos ocurre. Nos hemos convertido en la Parroquia de la Catedral de Oviedo--y lo dice una de Gijón.
Esto me lleva a comentaros, pues así lo veo, que la fuerza de estas homilías, salen de la Fuerza de la Palabra de Dios que el mismo P. Andrés suele transcribir en sus escritos, homilías, charlas ó Ejercicios esp. Esto me ha llevado a volver a leer las lecturas del domingo, antes de escuchar- por escrito- la homilía que corresponda, y de esa forma noto como la Palabra hace mas eficaz la homilía y viceversa, la homilía ilumina mejor la Palabra de Dios en mi vida ¿es así Pater?
Dos hermanos y el Padre: ¡qué misterio el del Amor del Padre! Amor que TODO LO AGUANTA, TODO LO ESPERA y con los brazos abiertos; y para que no se cierren ha permitido que fuesen clavados a Su cruz...
Amor que nos ha repartido a TODOS y a manos llenas: ¡¡cuántos dones despilfarrados!!; ¿qué hemos hecho de ellos? ¿qué estoy haciendo de ellos? Y me cuestiono, ¿no será por ahí la Conversión que Dios espera de mi esta Cuaresma? porque ¿donde dar fruto abundante sino donde el Señor ha sembrado?
Contamos con su paciencia, pero también con Su Palabra , que siempre se cumple y hace pocos dias nos recordaba: "el que se cree seguro, ¡cuidado! no caiga" Y ahí esta el hermano mayor creyéndose seguro...está en la Casa del Padre. ¿?
Quiero pensar-¿por qué no iba a ser así?- que la vuelta del hermano menor hace reflexionar al mayor su pérdida de tiempo en la Casa Paterna sin haberle conocido, vivido ó permanecido en Él, sino en SUS COSAS (las del Padre). Y es que nos ocurre ¡tantas veces! que estamos en las cosas del Señor y descuidamos al Señor de las cosas. Es un camino a seguir; en la oración, en la Palabra, en ese "permaneced en mi Amor..." “si guardais mis mandamientos, permanecereis en mi Amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en Su Amor" y TODO esto: "para que vuestra alegría sea completa".
¡Otra "juerga mística"! Entonces seremos Testigos de Su Amor.

samalea dijo...

Me han alegrado las lecturas de este domingo. La primera del libro de Josué me hizo presente la cercanía de la Pascua, y me hace revivir la cantidad de veces que el Señor venció a mis enemigos y me libró de la más terrible esclavitud, la del pecado, y después me dio a participar de su mesa e hizo Pascua conmigo.
Este evangelio me hizo presente los últimos tiempos de mi padre terreno, la alegría que llevaba cada vez que sentía la llave en la puerta cuando yo llegaba a casa. Me presentía antes de llegar y me llamaba con cariño, feliz de verme. E intentaba compararla con la que Dios como Padre siente al acercarme yo a El cada vez que me alejo de su lado y quiero hacer la vida a mi manera. Y he comprendido mejor este pasaje. Y también he comprendido que en unos momentos tengo la actitud del hijo pequeño que se busca su vida y se cree que tiene todos los derechos a hacer su voluntad. Y quiero decir también: "sí, me levantaré, volveré junto a mi padre" Otras veces soy el hijo mayor, intransigente, me creo superior y pienso que me lo merezco todo.
Por eso quisiera tener sentimientos de humildad ante la propia debilidad y flaqueza, y decir con el salmista: “Bendigo al Señor en todo tiempo” y apoyarme solamente en Dios y proclamar a todos “gustad y ved que bueno es el Señor”
Hoy también he dado gracias a Dios por todos los sacerdotes, testigos del Amor de Dios, que he conocido a través de mi vida. Y he pedido por ellos para que Dios les conceda fidelidad a su vocación y les haga santos.
Yo también me alegro de formar parte de esta “comunidad virtual” que participa de la fe y nos hace ser como una gran familia, aun sin conocernos. Y me ayuda vuestra experiencia de fe y poder compartirla.
Un abrazo. La paz

Pepitina dijo...

Aunque el examen de conciencia tuyo Pater, es el mas claro y completo que he conocido, este nos facilita el "vernos" al estar recorriendo la Parábola que tanto nos ha iluminado. La he recibido de D. Laurentino, de la Parr. de la Corte en su revista.
Examen de conciencia desde la Parábola del Hijo Pródigo
1. “Un hombre tenía dos hijos. El menor de ellos dijo al padre: Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde. Y él les repartió la hacienda” (Lc 15,11-12).
¿Me creo con derechos en la presencia de Dios?
¿A dónde me ha conducido mi excesivo afán de libertad y autonomía?, ¿a la libertad o a la esclavitud?
2. “Entró en sí mismo y recapacitó” (Lc 15,17)
Como el hijo pródigo de la parábola, ¿tengo la capacidad de reflexionar, de entrar en mí mismo, para darme cuenta de mi situación?, ¿pienso con nostalgia en la casa del Padre?
3. “Cuántos jornaleros de mí padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre. Me levantaré e iré a mí padre” (Lc 15,17).
Mi voluntad de vuelta a la casa del Padre ¿es equívoca e interesada?
4. “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo. Trátame como a uno de tus jornaleros. Partió y se puso en camino hacía su padre” (Lc 15,18-20).
¿Pretendo intercambiar mi condición de hijo con el «pan, que me permitiría sobrevivir?
5. “Cuando todavía estaba lejos, lo vio su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. El hijo le dijo: “Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo” (Lc 15, 20).
¿Cómo reacciono ante la iniciativa del Padre, quien, olvidando toda forma de cálculo, me sale al encuentro, acogiéndome sin reservas, rehabilitándome en mi dignidad de hijo?
6. “Pero el padre dijo a los criados. Pronto, traed el vestido mejor y vestidlo, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado. Y comenzaron la fiesta” (Lc 15,22-23).
¿Soy plenamente consciente de que sólo en el abrazo del Padre podré vivir plenamente mi vocación a la libertad?
7. “El hijo mayor se encontraba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas, y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. Él le dijo: ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque lo ha recobrado sano. Él se irritó y no quería entrar” (Lc 15,25-28).
Frente al amor misericordioso de Dios que perdona a mi hermano, ¿cultivo sentimientos de enfado, de celos, de desprecio?
¿Me tengo por bueno, justo, fiel?
¿Encuentro excusas para juzgar y condenar a los hermanos?
8. «El padre salió a suplicarle» (Lc 15,28).
¿Estoy dispuesto a convertirme a la lógica del amor del Padre y, sobre todo, al amor fraterno?
«Hijo, tú estás siempre conmigo y todo lo mío es tuyo, pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado» (Lc 15, 15, 32-32)
¿Consigo entender el amor del Padre como una realidad viva, presente y visible en los gestos y en las palabras de Jesús, que mediante el Espíritu Santo sigue actuando eficazmente en su Iglesia, sobre todo en los sacramentos? ¿Sé captar, con los ojos de la fe, la caridad del Padre en los acontecimientos de la vida humana, en la vida de la Iglesia y en mi propia vida?
¿Cómo respondo a la llamada del Padre, que me lleva a ensanchar mis horizontes y a realizar gestos de auténtica caridad?

ANA dijo...

Uno se siente feliz cuando siente que es hijo de Dios, y ¡qué fácil es recibir gratuitamente el AMOR de Dios!, ¡qué grande es su misericordia!, pero cuando nos toca transmitir ese Amor y dedicarnos a los demás, y sobretodo a aquellos que un día se fueron como el hijo pródigo y tan difícil es su vuelta….., se nos hace cuesta arriba.

Cuando leía esta parábola, como bien dices tantas veces leída, escuchada, meditada…, no me paré en el papel del hijo pródigo como otras veces, sino que me paré en el papel del hijo mayor. En muchas situaciones no entiendo el por qué le van las cosas mejor a las personas que un día abandonaron los brazos de Dios, no es que les vaya mejor, sino que el pecado de la envidia, mi mirada a lo material, no me deja caminar en paz. No porque cumpla todos los mandamientos, porque rece todos los días voy a estar en gracia, creo yo, sino que debo actuar en gracia de Dios también, vivir desde y para el Amor.

También me fijé en los dos tipos de lenguaje tan diferentes que se ven entre el hijo mayor y el padre; por un lado, un lenguaje de castigo, ya que si no cumples la ley el padre no te quiere, eso pensaba el hijo mayor; y por otro lado un lenguaje de Amor , el del padre, no un Amor cualquiera, por interés, sino que es un Amor sin límites, un Amor gratuito.

Todo ello me hace pensar y reflexionar sobre mi relación con Dios, no puedo actuar como Dios quiere si no estoy diariamente a la escucha, si no soy constante en la oración. La oración tiene que dejar de ser una rutina (no es que ahora lo sea, pero si lo viví así), se tiene que sentir como una necesidad en tu camino, por poco o mucho tiempo que le dedique.

Y acabo con dos preguntas que me estoy haciendo estos días:
1. ¿ Qué hago para impedir que los demás (por ejemplo los niños que hacen su primera comunión y abandonan la catequesis, o los jóvenes que se confirman y abandonan la parroquia, la Iglesia…)se vayan y no vuelvan?
2. ¿Qué hago para que aquellos que la abandonan regresen?

Mucho me queda por aprender y caminar. Creo que en cualquier puesto de los personajes de esta parábola gira mi vida espiritual, todavía estoy en ese sube y baja que tanto nos cuesta dejar. Pero doy gracias a Dios por recibirme con los brazos abiertos y tenderme sus manos siempre que lo necesito a pesar de mis miserias.

Pepitina dijo...

Querida Ana:
Hace años fui catequista; siguiendo las edades de mis hijos, íbamos dando pasos juntos en la parroquia y yo les acompañaba en su formación religiosa..de esto hace unos años, pero estas preguntas siempre han estado presentes en nuestras responsabilidades entre las catequistas ante un grupo de niños, jóvenes ó adultos-como es mi caso en estos momentos.
Hoy me doy una respuesta a mi misma: Para que no se vayan he de actuar como el Padre con el hermano mayor,y para que regresen imitar al Padre con el Hijo pródigo, haciéndoles saber a ambos que los amamos inmensamente sean como sean y que si un día no están, nos dará tristeza y siempre tendrán un lugar en nuestro corazón. Es lo ÚNICO que podemos hacer, actuar como el Padre, la Madre y quedarnos tranquilos confiando y rezando para que un día ellos actuen como el Hijo,que agradó al Padre-Madre y como este aprendan a amar SIN MEDIDA. Creo que todo dependerá de ese Amor nuestro SIN MEDIDA sin esperar ver los frutos, como tantas veces nos han dicho.
ORAR Y CONFIAR.
Pd. Me apeteció compartir mi experiencia contigo, pero si el P. Andrés las contestase, que- daríamos las dos encantadas.