sábado, 10 de marzo de 2007

Domingo III Cuaresma (C)

11-3-2007 DOMINGO III CUARESMA (C)
Ex. 3, 1-8ª.13-15; Slm. 102; 1ª Cor. 10, 1-6.10-12; Lc. 13, 1-9
Queridos hermanos:
El evangelio de hoy contiene dos mensajes que parecen contradictorios entre sí. Por una parte, se nos apura y se nos incita a la conversión y, por otra, se nos habla de la paciencia de Dios:
1) Cristo Jesús nos invita de un modo perentorio a la conversión: “Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.” “Ya ves: tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a ocupar terreno en balde?”
- La conversión que Jesús nos pide es la de un cambio en nuestra vida. No vivamos más según lo que nos dice el mundo, sino según lo que nos dice Dios. Cada uno tendrá que ver en su vida qué es lo que Dios le pide concretamente y qué es lo que le está dando a Dios.
- La conversión que nos pide Jesús es que demos frutos. Quizás la higuera fuera grande y frondosa. Quizás tuviera grandes y verdes hojas. Quizás fuera muy vistosa, pero… no tenía higos, no daba fruto. Quizás nosotros nos dejemos asombrar por la vistosidad y la apariencia de las personas (: es joven, no tiene arrugas, viste a la última moda, tiene un chalé en la playa, tiene un buen coche, tiene…), pero Dios se fija en el interior del hombre, en los frutos de conversión.
Hay un texto en el Antiguo Testamento, concretamente del profeta Daniel en que se narra que el rey Baltasar de Babilonia vivía de espaldas a Dios y un día que banqueteaba con sus generales, nobles, mujeres y concubinas, vio aparecer unos dedos que escribieron tres palabras en una de las paredes del palacio. Nadie supo interpretar aquellas palabras, salvo Daniel el profeta: “Esta es la inscripción que ha sido trazada: Mené, Tequel, Parsín. Y esta es la interpretación de las palabras: Mené: Dios ha contado los días de tu reinado y les ha puesto fin; Tequel: tú has sido pesado en la balanza y hallado falto de peso; Parsín: tu reino ha sido dividido y entregado a los medos y a los persas” (Dn. 5, 25-28). Ante nuestra forma de vida, sin una conversión seria y sin frutos de conversión, también los dedos de Dios aparecen y escriben en las paredes de nuestros hogares: “Mené, Tequel, Parsín”. Es decir, Mené, que significa que Dios ha contado y examinado nuestros días, y sólo ve rutina y sin sentido; Tequel, que significa que Dios ha pesado nuestros frutos y ve que nos falta humildad, paciencia, comprensión, cariño, escucha, austeridad, esperanza, fe, laboriosidad, constancia, entrega, sinceridad…; Parsín, que significa que tenemos una vida divida, rota, frustrada, fracasada, con la autoestima por los suelos y que estamos entregados, esclavizados y vaciados, en lo más íntimo de nuestro ser, por los dioses e ídolos terrenos que se nos presentan.
Decía Jesús en el evangelio: “Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera.” Sin embargo, no es Dios quien nos hace perecer, quien nos mata o nos tala como a la higuera, sino que nuestra propia vida, sin frutos de conversión, es la que hace que nos sequemos, nos pudramos por dentro y nos muramos. Pero ¿no vemos que vivimos como muertos, que estamos atiborrados de ansiolíticos, de antidepresivos, de pastillas para dormir? ¿No vemos que tenemos de todo y que, no obstante, nos falta algo esencial?
Sí, ciertamente hay gente que puede sentirse muy bien como vive, como está, con lo que tiene. En su vida no hay ningún “Mené, Tequel, Parsín”. Pero entonces surgen las palabras de S. Pablo en la segunda lectura: “Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado no cai­ga!” Me parece que ya lo he contado otra vez aquí, pero lo repito. Recuerdo que, hacia finales de la década de los 90, había una persona que trabajaba en un buen puesto, que cobraba de aquella casi 400.000 pts. mensuales, que tenía una buena mujer, que ésta también trabajaba e igualmente cobraba un buen sueldo, que tenían dos hijos preciosos, que este hombre no creía en Dios y que no lo necesitaba, que tuvo un desgraciado accidente, del cual murió instantáneamente. ¿Qué vida es ésa en que uno pasa del estar “bien” a la desgracia más profunda en el tiempo de dos segundos de reloj? “Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado no cai­ga!”
2) Por otra parte, se nos habla en el evangelio de hoy de la paciencia de Dios. En efecto, el mismo Jesús dice sobre la higuera: “Déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás.”
“Déjala todavía este año.” El Señor nos da más tiempo para la conversión, para dar frutos. El Señor espera por nosotros año tras año, como el padre del hijo pródigo que salía siempre a los límites de su hacienda a buscar con la mirada a su hijo pequeño, a su hijo perdido, a su hijo querido.
“Yo cavaré alrededor y le echaré estiércol.” Pero el Señor no se limita a darnos tiempo, a esperar. El Señor actúa sobre nosotros y nos cuida, nos quita las malas hierbas, remueve la tierra para que entre oxígeno, para que entre mejor la humedad y llegue el alimento necesario a las raíces. El Señor nos da el alimento y las vitaminas necesarias. “El Señor es mi pastor, nada me puede faltar. Él me hace descansar en verdes praderas, me conduce a las aguas tranquilas y repara mis fuerzas” (Slm. 23, 1-3).
En definitiva, la paciencia de Dios es nuestra salvación, ya que El “usa de paciencia, no queriendo que algunos perezcan, sino que todos se conviertan” (2 Pe. 3, 9).

8 comentarios:

Rubén dijo...

Andrés, me enteré por Elena de que tenías blog, y veo que desde hace tiempo. Me parece estupendo.

Mené, Tequel, Pasín. Lo recordaré esta semana, Andrés me ayudará a convertirme.

Olga dijo...

En mi vida, en varias ocasiones cuando he escuchado, leído pero sobre todo cuando me he puesto en oración con este texto de la parábola de la higuera estéril, mi actitud ante el Señor ha sido de compararme con esta higuera que no da fruto y de mi interior ha surgido la petición al Señor "Ten paciencia conmigo deja a esta Olga un año más, por favor no la cortes, espera por favor..." y me he dado en muchos momentos y Hoy de una manera especial de que Él se ha derrochado en paciencia para conmigo, ha esperado, espera y estoy segura que seguirá esperando que dé fruto de conversión y en lo más profundo del corazón me dice que de esa misma manera que vió el rey Baltazar de Babilonia, tres dedos que escribían tres palabras Mené,Tequel y Parsín, yo debo estar atenta a ver los signos o a escuchar sus exigencias desde lo mas profundo de mi ser y convertir ese Mené, Tequel y Parsín en los frutos que Dios quiere de mi vida.
El ha derrochado mucha PACIENCIA para conmigo, infinito es su AMOR y su MISERICORDIA para conmigo y nuevamente en este momento de mi vida ha puesto a Andrés como instrumento para que por medio de estos Ejercicios Espírituales que acabo de hacer, cavó al rededor, la abonó, removió la tierra seca y estéril a ver si da fruto.
Un abrazo
Feliz semana. Con frutos de conversión

Asun dijo...

Nuestro Dios, es PERSONAL y fundamentalmente, SALVADOR. Nuestra religión, es ESPERANZA. Estas ideas básicas se hacen palpables en las lecturas y evangelio de hoy. Mi reflexión sobre todo ello me hace meditar sobre el inmenso AMOR de Dios hacia los hombres...de ahí su empeño en salvarnos y su paciencia para darnos una y otra oportunidad. Mi Dios es AMOR INFINITO, jamás talaría la higuera porque esta no diera fruto, si no que, abonaría, limpiaría y cavaría alrededor de ella hasta la saciedad...Pero dar fruto es tarea dura y dificil. Para ello el Señor nos lo pone un poco más fácil que al hombre del A.T.,nos da el testimonio de su Hijo.Todo consiste en una sola cosa:AMAR. Para el cambio profundo que se nos pide en la homilía, no hay más que seguir y meditar en la persona de Jesucristo. ¿Estámos dispuestos? La propuesta que el Señor nos hace es revolucionaria totalmente, sería un cambio profundo en nosotros mismos: orden de valores,visión de los demás bajo otro prisma, actitud diferente ante la vida... Todo esto cambiaría la idea que los demás tienen de nosotros, los católicos,e iría cambiando poco a poco a través de nuestros hijos a la sociedad. Comprendo la dificultad, pero merece la pena. En mi visión personal de Dios no cabe verlo de otro modo: mi Dios es AMOR,mi Dios es ESPERANZA, mi DIOS es SALVACION. Quiero animaros también a la lectura de la Biblia. Ante cualquier situación o duda, y para un mejor conocimiento de nuestra fe, leedla; ayuda en la reflexión,y es nuestra guia para viajar por la vida. Siempre, gracias a mi Padre el Señor, y ami director espiritual.

Anónimo dijo...

Estimado Don Andrés:

Yo he tengo una forma de pensar sobre esta faceta la más importante en la vida de una persona. En esta elegimos una opción o con DIOS o sin EL, no existe otra, el hombre no tiene una tercera posibilidad, la opción propia.

El plazo de conversión va desde que tiene uso de razón, hasta el final de su vida, hasta el último segundo de su existencia. Los niños que mueren o son asesinados en el vientre de sus madres, van directamente al Cielo.

Dios nos llama a todos en diferentes momentos de nuestra estado terrenal, unos de jóvenes y a otros de mayores ¿Cuantas veces habrá llamado DIOS a la puerta de nuestra voluntad, antes de haberle aceptado? Su paciencia es tan grande para con la rebelde estupidez del hombre, un día cuando estemos delante de EL nos lo contará todo, con toda confianza y afabilidad, sin reproches, como un padre que le cuenta a su hijo con todo amor, los detalles de su relación con él.

¡BENDITOS SEAN DIOS Y JESUCRISTO!

Anónimo dijo...

Seguro que mis frutos no son los de una higuera en pleno explendor, seguro que Dios examina mis dias y encuentra rutina, muchas faltas, tibieza...
Pero yo me siento feliz, estoy muy contenta. Cada día espero con impaciencia el momento de caminar hacia la iglesia para hacer un ratito de oración ante el Sagrario y cuando vuelvo a casa reboso de alegria y entusiasmo.
Los ejercicios ¿si han dado fruto?.
Gracias D. Andrés. Gracias SEÑOR.

Pepitina dijo...

--"Sí, ciertamente hay gente que puede sentirse muy bien como vive, como está, con lo que tiene. En su vida no hay ningún “Mené, Tequel, Parsín”. Pero entonces surgen las palabras de S. Pablo en la segunda lectura: “Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado no cai­ga!"-
Puede ocurrirnos no ver ese Mené, Tequel ó Parsín en nuestras vidas, sobretodo en temporadas en que hayamos podido dejar un poco de lado la oración, pero sin duda podemos caer con facilidad en -sentirnos seguros-- bien porque tenemos un buén director espiritual-que acaba tirando de nosotros/as, porque vivimos un poco de rentas, de mejores momentos, bien porque nos tranquilice entrar en el Blog y participar, que siempre nos hace bien y nos justifica de otras cosas.. pero vuelvo a ello -"el que se cree seguro, ¡cuidado no cai­ga!” y como prueba de si hemos de tener cuidado, a continuación os envío una bonita oración para "pesar" nuestra humildad, virtud tan alabada por el Señor, ante ese pecado capital que es la Soberbia: Pecado que nos sitúa a nosotros mismos por encima de Dios y de los demás; es el pecado que nos hace centrarnos en nosotros mismos.
Del deseo de ser estimado
Del deseo de ser amado
Del deseo de ser proclamado
Del deseo de ser ensalzado
Del deseo de ser alabado
Del deseo de ser preferido a otros
Del deseo de ser consultado
Del deseo de ser aprobado
LÍBRANOS, JESÚS
Del temor de ser humillado Del temor de ser despreciado
Del temor de ser despedido
Del temor de ser calumniado
Del temor de ser ridiculizado
Del temor de ser injuriado
Del temor de que sospechen de mí
Del disgusto de que no se siga mi opinión
LÍBRANOS, JESUS

Que los otros sean más amados que yo
Que los otros sean preferidos a mí
Que los otros crezcan en la opinión del mundo
y que yo disminuya
Que los otros puedan ser llamados a ocupar cargos
y yo sea relegado al olvido
Que los otros sean alabados y nadie se preocupe de mí
Que los demás sean preferidos en todo
Que los demás sean más santos que yo, a fin de que
llegue a la santidad que corresponde a mis fuerzas
de ser olvidado.
HACED QUE LO DESEE, JESÚS
(letanías de la humildad del Cardenal M. del Val)
“Por lo tanto, el que se cree seguro, ¡cuidado no cai­ga!”
(S. Pablo)

samalea dijo...

Me gustaría decir al Señor como Moisés: "Aquí estoy". Pero la verdad es que estoy muchas veces sorda a su llamada. Por eso pido al Señor reconocer la "Tierra Sagrada" y ser consciente de su presencia, su llamada y su envío.
"Si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera". Esta frase desconcertante, al igual que la parábola de la higuera, me hace ver la urgencia de mi conversión. Dios me ofrece la posibilidad de la conversión y me muestra la paciencia que tiene conmigo. Quiero dejar que Dios riegue, abone y labre oportunamente esta tierra para no quedarme en simple arbusto, para dar lo que haya que dar y ser lo que tenga que ser. Siempre podrá más la paciencia de Dios que mi esterilidad. Dios siempre…me da otra oportunidad.
Por eso quisiera aprovechar este tiempo litúrgico de conversión y penitencia, y quisiera morir con el Señor a mi hombre viejo, para resucitar luego con él a una vida distinta.
Simplemente quisiera decir que decir que sí al Señor y abandonarme en sus manos.
Un abrazo y la paz de Jesucristo

ALOYA dijo...

Creo en la infinita Paciencia y Misericordia de nuestro Dios. Tengo la seguridad de que la higuera estéril, Dios la indulta hasta el mismo momento en que su última hoja caiga, hasta que la última gota de sabia deje de subir por su tronco, hasta que la más pequeña de sus raíces tenga un átomo de vida. Dios no quiere decepcionarse de su propia Obra, y somos obra suya, hechos a su imágen y semejanza y esto me hace albergar la esperanza de que los asesinos, ladrones, violadores, ateos, los suicidas, las denominadas - gentes de mal -,en definitiva los que viven al márgen de la Ley de Dios, y las personas como yo, que le fallamos una y mil veces, tendremos en el instante postrero de nuestras vidas, la mano amorosa del Padre, que nos rescatará finalmente de esa tela de araña que hemos ido tejiendo con nuestros actos, y en la que nos enredamos a lo largo de nuestra existencia. Todos los días vemos testimonios de padres que una y mil veces disculpan, amortiguan, hechos terribles de sus hijos y siempre por lo general, están dispuestos a comenzar de nuevo, incluso sin perder su desesperación o su impotencia, pero contemplando una nueva posibilidad para el hijo pródigo.
Ningun ser vivo sobre la tierra ha escogido venir a ella, somos el deseo de Dios materializado en hombres, animales, plantas, etc., ello me anima a creer que puestos en una balanza todos los - a pesar de -,el Señor estará con nosotros hasta el fin y más alla, porque es el mejor Jardinero que existe y sabe que un árbol sin frutos es un pobre árbol, pero vivo al fin,y que espera esa primavera cargada de sabia redentora, que le permitirá tener ese verde y brillante follaje y esas yemas cargadas de frutos, que ya solo su Creador puede darle.
" Déjala todavía este año ".
Gracias D. Andrés por esta preciosa homilía.
Un abrazo para todos.
Aloya