jueves, 22 de febrero de 2007

Homilía de boda

ME HA PEDIDO PEPITINA QUE PUBLIQUE EN EL BLOG ESTA HOMILIA QUE SUELO PREDICAR EN LAS BODAS, YA QUE PUEDE SERVIR COMO COMPLEMENTO A LA CHARLA DE LA SEXUALIDAD. MUCHOS DE VOSOTROS CREO QUE YA LA CONOCEIS.

Homilía en audio
Queridos hermanos:
A la hora de unirse un hombre y una mujer existen diversas formas:
a) Lo que ahora se denomina “parejas de hecho”, es decir, basta la mera voluntad de él y la mera voluntad de ella para que establezcan una convivencia marital.
b) También se pueden unir a través del matrimonio civil. En este caso se necesita la voluntad de él, la voluntad de ella y el rellenar una serie de papeles ante el Ayuntamiento y el Registro Civil.
c) Finalmente, existe la unión religiosa. Aquí me voy a fijar en la unión religiosa católica, o sea, la celebración del sacramento del matrimonio. En este caso es necesaria la voluntad de él, la voluntad de ella, el rellenar una serie de papeles del expediente matrimonial y el cumplir una serie de condiciones. Sí, para casarse por la Iglesia Católica no vale cualquier hombre o mujer. Hay que estar vocacionado para ello, como los hombres que desean ser sacerdotes y las mujeres que desean ser monjas. No vale cualquiera para casarse. Cuando uno o una que no tienen vocación para el matrimonio y, sin embargo, se casan producen matrimonios nulos o matrimonios infelices, y hay muchos de aquéllos, pero sobre todo de estos. A continuación voy a reseñar algunas de las condiciones necesarias para contraer matrimonio por la Iglesia Católica:
1) Es necesario tener unas tijeras para cortar el cordón umbilical que se tiene con mamá, o con papá, o con el trabajo, o con los amigos. A partir de la celebración del matrimonio, lo más importante para él y para ella pasa a ser su marido o su mujer. Los demás están, pero… en un segundo o tercer lugar. Si alguien no es capaz de relegar a un segundo plano, respecto a su cónyuge, a los padres[1], amigos, etc., es que no vale para casado o casada. Si alguien sabe que no va a ser capaz de cumplir esto, por favor, que sea honrado y que lo diga para no causar tanto sufrimiento inútil y tanto matrimonio fracasado. Todo esto que digo no es mío, sino del mismo Jesucristo cuando dice: “por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer, y serán los dos uno solo. De manera que ya no son dos, sino uno solo” (Mateo 19, 5-6).
2) Es necesaria aceptar y guardar la fidelidad. No sólo la sexual, que por supuesto, sino también la fidelidad a la palabra dada. Cuando uno está en su noviazgo ambos hacen planes para el futuro. Esos planes han de cumplirlos y sólo pueden modificarlos ambos esposos, no uno por su cuenta y riesgo sin contar con el otro. En mi experiencia de sacerdote y también por la vida ordina­ria he visto que hay como cuatro modelos de matrimonios: * Manda él y obedece ella. * Manda ella y obedece él. Un día en Covadonga: "Señora que de malos modos me dice: ¡coge eso!... ¡extiende esto! Pensaba que estaba hablando con su marido". * Cada uno anda por su lado. Cada uno tiene sus propios amigos/as, uno se ocupa del trabajo fuera y otro en casa, tienen tareas ya especificadas y uno no se puede meter en lo del otro. Hay temas tabú que no se pueden tocar, por lo que se "calcan" mentiras unos a otros o se ocultan las cosas. Incluso pueden tener hasta las camas separadas... hasta por un tabique. Es decir, durmiendo en habitaciones separadas. Son dos extraños bajo un mismo techo. Cada uno con lo suyo. * La comunión total de cuerpos, de mentes, de espíritus, de anhelos, de ideales. Cuando en el evangelio se dice que forman «una sola carne», no se refiere exclusivamente al momento del acto sexual, sino a toda la vida. Como aquel hombre que al morir su mujer decía: «Se me ha muerto mi hermana, mi madre, mi amiga.»
3) Es necesario aceptar y vivir la indisolubilidad conyugal. Esto significa que él y ella se casan para toda la vida; hacen una apuesta total por la persona amada: “Hasta que la muerte nos separe”. Yo llevo 22 años de cura; no sé si mañana me secularizaré. Sé que el día que me ordené quería ser cura para toda la vida y hoy también. ¿Y mañana? No lo sé. Lo mismo pasa en el matrimonio. Uno se casa hoy con intención de que sea para toda la vida. No sabemos qué pasará mañana. Hace falta aceptar la indisolubilidad, pero cada día. Recuerdo que un día, en una boda, después de predicar estas ideas, se me acercó una pareja de mediana edad y hablamos sobre estos temas, porque decían no estar de acuerdo con varias cosas de las que yo decía. En un determinado momento les pregunté: “Con lo que hoy sabéis, ¿os casaríais de nuevo con él/con ella…?” Y vosotros, los casados, ¿qué haríais? La apuesta por la indisolubilidad no es sólo el día de la boda, sino cada día de la convivencia conyugal.
Pero, además, la indisolubilidad significa que uno también se casa con la otra persona entregado todos los aspectos y circunstancias de su vida, y aceptando lo mismo de la otra persona: “en la salud y en la enfermedad, en la prosperidad y en la adversidad”. Estas parecen… y son palabras muy bonitas, pero vamos a aterrizar un poco. Cuando una pareja me piden que asista a su matrimonio, siempre les pregunto si van a hacer las famosas capitula­ciones o separación de bienes antes de la boda. Si me dicen que sí, entonces les planteo que se ha de suprimir de la ceremonia de bodas el rito de las arras, puesto que es una hipo­cresía y un fariseísmo hacer separación de bienes y al mismo tiempo, ante Dios, decir que se van a compartir todos los bienes. Fija­ros en lo que dice el texto del rito y lo que se dicen los esposos al entregarse mutuamente las arras: «N., recibe estas arras como prenda de la bendición de Dios y signo de los bienes que vamos a compar­tir.» De manera que se está dispuesto a compartir con la pareja el dolor, la alegría, los secretos, la desnudez, los hijos, el amor…, pero el dinero NO. “Lo tuyo, tuyo; y lo mío, mío”. ¿Es esto un matrimonio? Pues sí. ¿Es esto un matrimonio cristiano? De ningún modo. Otra cosa, es verdad, es que se haga la separación de bienes por conveniencia fiscal o para proteger a los hijos o al otro cónyuge ante posibles embargos, o acciones civiles o penales. En estos casos la separación de bienes se busca y realiza con efectos meramente de cara al exterior, pero la pareja misma tiene intención y acción real de compartir absolutamente todos sus bienes materiales. En este caso, repito, veo que se puede hacer el rito de las arras, pues responde al compartir de verdad todo.
4) Es necesario estar abierto a la venida de los hijos. ¡Claro, como los curas no tienen que mantenerlos! ¿Cuántos hijos hay que tener? ¿Los que diga el cura? No. ¿Los que diga el Papa? No. ¿Los que diga el médico? No. ¿Los que diga mi madre o mi abuela? No. ¿Los que digan los vecinos? No. ¿Los que digan Ana Rosa Quintana o el famoso o famosa de turno? No. Entonces, ¿quién lo debe decir? ¡Los propios esposos! Es cierto que yo, como cura, debo plantear a este matrimonio cristiano una serie de criterios, por ejemplo, el suprimir todo interés egoísta. Porque, con mucha frecuencia, se quiere vivir la vida primero, tener todo bien arreglado: piso, muebles, coche, trabajo, tiempo de disfrute de la pareja y los hijos se deja para lo último. Es decir, prima el egoísmo de la pareja sobre qué es lo mejor para la descendencia. Con frecuencia se busca el tener hijos muy cerca de cuando a la mujer “se le va a pasar el arroz” y con frecuencia ya, a ciertas edades, los hijos no vienen. Luego hay que hacerse pruebas, buscar adopciones… Y uno se puede encontrar con 50 ó más años sin hijos, bien “refalfiados” de pisos, muebles, coches, trabajos, viajes a países y lugares de ensueño, acciones bursátiles, pero tremendamente solos. Y como decía Jesucristo en el evangelio: “¿Para quién va a ser ahora todo lo que has amontonado?”
5) La última condición es que Dios y la Iglesia sean centro del matrimonio. Si uno dice que cree en Dios y no en la Iglesia, yo le diría entonces que te case Dios, que te entierre Dios, que te bautice Dios, que te dé la comunión Dios. Cuando uno está ante este altar es porque quiere hacer su matrimonio ante Dios y ante su santa Iglesia, sino es una hipocresía y un engaño. Ante tanto sufrimiento y tantas alegrías como hay en la vida de un matrimonio, Dios y la Iglesia siempre están presentes dando ese punto de equilibrio y de ayuda a los cónyuges. Cuando una pareja se casan se dan las manos, y Dios pone su mano sobre las suyas. Puede ser que el marido retire o decaiga su mano, pero permanecen las manos de la mujer y de Dios. Puede ser que la mujer retire o decaiga su mano, pero permanecen las manos del marido y de Dios. Puede ser que los esposos retiren o decaigan sus mano, pero permanece la mano de Dios. El siempre está. Y es este Dios al que habéis llamado al inicio de vuestro matrimonio para llegar al Reino de Dios juntos.
Recordad: para casarse por la Iglesia católica es necesario la voluntad de él, la voluntad de ella, el rellenar una serie de papeles del expediente matrimonial y el cumplir una serie de condiciones: tijeras, fidelidad, indisolubilidad, apertura a los hijos y Dios como centro de todo.
[1] ¡Cuántos sufrimientos y dolores causan los suegros, porque los respectivos hijos no son capaces de poner las cosas en su sitio!

7 comentarios:

Pepitina dijo...

Comienzo con un parrafo de la homilía..."Sí, para casarse por la Iglesia Católica no vale cualquier hombre o mujer. Hay que estar vocacionado para ello, como los hombres que desean ser sacerdotes y las mujeres que desean ser monjas. No vale cualquiera para casarse. Cuando uno o una que no tienen vocación para el matrimonio y, sin embargo, se casan producen matrimonios nulos o matrimonios infelices, y hay muchos de aquéllos, pero sobre todo de estos."
La última vez que escuché esta homilía fue en la boda de mi hijo Jaime, el único casado de momento, y hubo dos reacciones, como suele ocurrir ante nuestra mala costumbre de entablar polémica antes de escuchar incluso que acabe de hablar el otro. Fue simpático porque muchos salían sonriendo y diciendo : yo soy del segundo grupo ó del primero...clgunos valientes y educados se acercaron al sacerdote, D. Andrés, durante el aperitivo y bien en pareja ó bien solos, le refutaron las ideas ó le dieron la razón, ó bien le hicieron preguntas..Hubo quienes callaron y dijeron simplemente que no les había gustado -en una boda-este tipo de homilía.Conclusión: generalmente cuando se habla con claridad-y aunque duela- las cosas llegan y mucha gente lo agradece y para los demás-"AHÍ QUEDA". Ya les llegará el momento de recordar qué es un matrimonio cristiano.
Creo que un porcentaje altísimo de los matrimonios fracasan- sufriendo ellos y su entorno- debido a que no tienen vocación matrimonial..sino que lo asumen como si sólo existiera este camino además del religioso ó sacerdotal, ¿y la soltería? Tan válida y digno ese camino como los anteriores...¿ó no? Muchos van al matrimonio, pretendiendo vivir como de solteros...y eso no vale; con la libertad de antes,con la fiambrera llena del guiso de mamá,con la idea de mínimos en el servicio, fidelidad etc..NO VALE. Eso creo y me demuestra la experiencia de tantas familias que sufren las consecuencias de esto.
Al terminar la ceremonia de la boda de mi hijo,muchos jóvenes se acercaron a decírmelo, pero me fijo en uno de ellos.."si, todos los curas hablasen tan claro, habría más jóvenes en la iglesia".
Este chico hoy está sufriendo, toda la familia y los buenos amigos; 4 años de casado, una niña de tres añitos y un proceso de nulidad por delante porque él se ha dado cuenta de su tendencia homosexual. ¿inmadurez, precipitación, falta de conocimiento...? lo que sea no les importa sino a ellos, pero yo me sigo preguntando,¿por qué fracasan tantos matrimonios hoy? ¿Será que se les habla mal ó poco claro sobre el matrimonio cristiano-sacramento? ¿Sabrán que ese camino es una vocación y como tal tendrían que planteársela? Ojala se encontrasen respuestas diversas y acertadas para tantos casos y tanto sufrimiento como vemos en las familias.¡¡ojalá!!
Pido mucho por ti Pater, porque tu trabajo esté pleno de la luz del Espíritu y puedas seguir ayudando a quitar un poquito de ese dolor que existe en nuestra sociedad egoista y tan vacia de Dios.

Pepitina dijo...

Cada día que acudo al Blog, me da pena no encontrar ningún comentario vuestro sobre este tema tan importante, sobretodo en estos tiempos que nos han tocado vivir. ¿y eso? Venga,ánimo y COMPARTAMOS, eso es lo mismo que anunciarnos entre nosotros- asiduos al Blog- que el Reino está entre nosotros.
¡¡Dios os bendiga!!

ALOYA dijo...

¡ Qué Homilía tan preciosa ! No encuentro otro término mejor para definirla, pero tampoco digo nada nuevo, puesto que está a la vista, así que después de darle vueltas al tema, solo me gustaría contar una historia que sucedió hace muchos años y que siempre me deja dudas.
Se trató de dos hijos únicos que se casaron muy enamorados. Detrás de cada uno de ellos, había una historia drámatica por la supervivencia, no solo de ellos, sino que también de sus padres.Los unos y los otros tenían una fuerte dependencia emocional y económica entre sí, y a pesar de ello, decidieron correr el "riesgo" de contraer matrimonio, sin posibilidad de utilizar las tijeras. Fue una apuesta fuerte que les llevó por caminos tortuosos, donde el uno no quería hacer comentarios o molestar al otro o viceversa sobre sus respectivas mamás y tía, y así transcurrieron muchos años, vinieron los niños y ellos asumieron esta " extraña familia ", donde las mamás eran incompatibles entre sí, compitiendo constantemente y tensionando el ambiente, aunque hay que decir, que nunca fueron conscientes de ser elementos desestabilizadores. Con sus "respectivos hijos " iban como la seda, lo único que perseguían era lo mejor para ellos... ¡ Pobres ingénuas !
¿ Pueden los hijos únicos con padres dependientes de ellos, aspirar a enamorarse y como consecuencia casarse ? ¿ Deben de renunciar a esta posibilidad, hasta que por lógica, desaparezcan sus mayores, y después intentar llegar al matriminio en los umbrales de la ancianidad ?

Los años pasaron para esta pareja que había desafiado las leyes de la lógica, en el camino dejaron frustraciones, días de desierto, sueños... Y alegrías que las hubo. Llegaron unos hijos maravillosos y seguian manteniendo la constante del respeto y del amor sereno y un poco " apagado " por tanto vaivén. La gente de fuera estaba admirada de como se habían podido conjugar con éxito, tantos elementos extraños alrededor de este matrimonio, e incluso hubo épocas en que los mismos cónyuges se lo llegaron a creer. Su apuesta por la indisolubilidad del vínculo era real, cayera lo que cayera.
Un día, Dios debió de cansarse de esta historia, y les mandó la gran prueba, uno de los dos iba a morir en el plazo de dos meses. La pareja se miró perpleja al conocer la noticia, el uno estaba deshecho por su mala suerte, de la que solo conocía un " poquito " y el otro, sí sabía lo que se le venía encima. Pactaron no decir nada a las mamás, no deberían saber la cruel realidad, porque el uno había convencido al otro de que luchando juntos saldrían adelante.
Se dedicaron a replantear su vida, convertida en un reloj de arena que se vaciaba a pasos agigantados. Se trataron con amor, se prodigaron toda la ternura ahorrada tantos años, se hicieron fuertes en su dolor, esta vez, pusieron en marcha las tijeras para vivir su vida, se volvieron a redescubrir el uno al otro, y todo pareció como cuando se conocieron y se enamoraron hacía un montón de años. Dios les concedió dieciséis largos meses para descubrir que siempre se quisieron, y que sus vidas habían podido servir para hacer felices a otras personas a expensas muchas veces de sus renuncias, los dos llevaron su
"cruz" con aceptación total y el uno trató de dulcificar el dolor del otro hasta el mismo momento del adiós. Su amor en este caso, fue más fuerte que la muerte.
Espero haber contado bien la historia.
ALOYA

Anónimo dijo...

Que maravillosas palabras, las que he escuchado el dia de hoy, a traves de esta homilia se va una vez mas dejando claro quienes sirven para casarse, y sobre todo la ayuda que tienen para sre felices,
los puntos son concretos y muy profundos. los tomare en mis sermones, y charlas, gracias al padre Andres, y a doña Pepitina, un abrazo desde Peru. Lima.
hasta pronto.
GERSONHOTOVA@hotmail.com

Anónimo dijo...

es bueno tener en cuenta todas esas consideraciones para prepararse a contraer santo matrimonio.

Elmar dijo...

Muy buena homilía....muchas gracias padre

Anónimo dijo...

Muchas gracias don Andrés. Se ve que es Ud todo un pastor. Flaco favor se hace a quien se acerca al matrimonio sin saber las condiciones que Ud tan sabiamente expone en su homilía. Felicidades.