martes, 13 de febrero de 2007

Charla sobre la sexualidad

(Además de las homilías, en ocasiones publicaré aquí algunas de las charlas que imparto en algún momento de mi tarea sacerdotal. Comienzo con ésta sobre la sexualidad).
En el primer semestre de 2006 acudí a la parroquia de Turón (Asturias) para impartir una charla sobre las nulidades eclesiásticas. En la charla apunté algunas de las causas más frecuentes de nulidad canónica matrimonial: inmadurez, falta de libertad, alcoholismo, drogadicción, ludopatía, psicopatologías y desviaciones sexuales. De aquí surgió la idea en algunos de los asistentes para que volviera en otra ocasión a Turón y diera una charla “sobre el sexo” (¡sic!). La verdad es que yo no me encontraba preparado (ni me encuentro) para hablar –en una charla- sobre este tema, ya que no es mi especialidad, sino que entra más bien en el ámbito de un moralista. Sin embargo, ante la insistencia de la gente he aceptado, finalmente, preparar la charla e impartirla.
Hablaré de la sexualidad, no tanto desde un punto de vista físico o médico, sociológico…, sino desde unos principios antropológicos, bíblicos y teológicos, como sacerdote de la Iglesia Católica que soy. Por supuesto, no pretendo agotar el tema y dejo muchas cosas en el tintero. Podría decirse que esta charla… es una ligera aproximación al tema de la sexualidad.
1) La sexualidad ha sido creada por Dios y es buena
La sexualidad en el ser humano es buena y ha sido creada por Dios. Esta es la afirmación básica de la que hemos de partir. En efecto, en el relato de la creación que nos hace la Biblia, en el primer capítulo del Génesis, se dice a cada paso y a cada acción creadora de Dios: “Y vio Dios que era bueno” (Gn. 1, 10.12.18.21.25). Y termina el relato de este modo: “Vio entonces Dios todo lo que había hecho, y todo era muy bueno (Gn. 1, 31). No sólo “era bueno”, sino que “era muy bueno”. Y en ese “todo” también viene comprendida la sexualidad humana. En efecto, algunos versículos atrás, al describir la creación del hombre, lo hace de este modo: “Y creó Dios a los hombres a su imagen; a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios diciéndoles: ‘creced y multiplicaos” (Gn. 1, 27-28). Si hemos sido creados a imagen de Dios y si hemos sido creados “varón y hembra”, entonces es que, como decía el Papa Juan Pablo I, Dios es Padre, pero también es Madre; Dios tiene el componente masculino, pero también el femenino.
Por tanto, para la Iglesia y para los cristianos la comprensión del sexo ha de ser siempre muy positiva. El sexo se ha de entender como algo maravilloso. Sí, maravilloso, porque Dios lo pensó como FUENTE DE AMOR Y DE VIDA. Dios inventó el sexo, podríamos decir; de Él procede y tiene ante Él una enormemente importancia, ya que Dios es también Amor y Vida. Por ello, el sexo no puede ser malo en absoluto. Si Dios quiso añadir a la unión corporal entre hombre y mujer un intenso placer físico no es para ponernos piedras de tropiezo, sino para encender y aumentar el amor de los esposos y, como fruto de ese amor, originar nuevas vidas.
2) El pecado también influye en la sexualidad
Pero esta realidad maravillosa, que es la sexualidad y que se ha descrito, fue desordenada por el pecado. También otras realidades humanas fueron desestabilizadas por el pecado (: el trabajo humano (“con fatigas comerás sus frutos… con el sudor de tu frente comerás el pan” [Gen. 3, 17.19]), los odios entre hermanos (“Caín se lanzó contra su hermano Abel y lo mató” [Gen. 4, 8]), etc.). Veamos cómo se nos cuenta el Génesis las consecuencias del pecado en las relaciones entre un varón y una mujer:
- Cuando Adán ve a Eva, exclama: “Ella es hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Gn. 2, 23). ¡Qué piropo más bonito! Pero, cuando Eva le dio a Adán a comer del fruto prohibido y él comió, y luego se vio pillado ante Dios, Adán dijo aquello de: “la mujer que me diste por compañera me ofreció el fruto del árbol y comí” (Gn. 3, 12). Es decir, Adán pone distancia con Eva y encima se excusa y justifica él acusándola a ella y echándole toda la culpa.
- “A la mujer (Dios) le dijo: multiplicaré los dolores de tu preñez, parirás a tus hijos con dolor; desearás a tu marido, y él te dominará (Gn. 3, 16).
-“Al hombre le dijo: […] volverás a la tierra, de la que fuiste formado, porque eres polvo y al polvo volverás” (Gn. 3, 19).
Así, comprobamos claramente como del primer pecado viene la muerte, la rivalidad, las iras, los rencores, las rencillas... en todos los órdenes de la vida humana, también en el sexual, en la relación de pareja, en el matrimonio. Pero también es cierto que la salvación que Dios ofrece alcanza, no sólo al alma, sino de igual modo al cuerpo, comprendiendo la sexualidad. Y ésta que era buena, por ser creada por Dios, antes del pecado, después de éste sigue siendo algo bueno.
3) Una aproximación a la definición de la sexualidad
a) Al crear al hombre como varón y mujer, Dios quiso que el ser humano se expresase de dos modos distintos y complementarios, igualmente bellos y valiosos.
Pero, ¿por qué les ha hecho diferentes? La procreación no puede ser la única razón. La sexualidad humana significa una clara disposición hacia el otro. Manifiesta que la plenitud humana reside precisamente en la relación, en el ser-para-el-otro. Impulsa a salir de sí mismo, buscar al otro y alegrarse en su presencia. Es como el sello del Dios del amor en la estructura misma de la naturaleza humana.
Aunque cada persona es querida por Dios «por sí misma» y llamada a una plenitud individual, no puede alcanzarla sino en comunión con otros. Está hecha para dar y recibir amor. De esto nos habla la condición sexual que tiene un inmenso valor en sí misma. Por tanto, el amor de pareja, el amor conyugal, sólo puede florecer en dos seres a la vez distintos y complementarios. Por ello, Dios ha unido el amor y la sexualidad en una íntima comunión. No pueden existir, para Dios, uno sin la otra o viceversa.
Ambos sexos están llamados por el mismo Dios a actuar y a vivir conjuntamente. Esa es su vocación. Se puede incluso afirmar que Dios no ha creado simplemente al hombre varón y mujer para que engendren nuevos seres humanos, sino que, justo al revés, el ser humano tiene la capacidad de engendrar para perpetuar la imagen divina que él mismo refleja en su condición sexuada. El otro día me comentaba una persona que recordaba una frase de su madre, ya difunta, sobre el matrimonio. Decía que la relación matrimonial es vivir ya el paraíso en la tierra.
b) Por otra parte, no podemos caer en la identificación de “sexualidad” y “genitalidad”. La sexualidad se expresa a través del cuerpo, el cual manifiesta el amor que viene de Dios y que conduce a Dios. No se ha de pensar exclusivamente en el gesto genital de las relaciones completas, sino también en todas aquellas expresiones afectuosas que se intercambian las personas y que poseen cierto tono sexual. El gesto, la mirada, la palabra, el tono, el abrazo y el beso son expresiones de los cinco sentidos del hombre; el elemento sexual no se manifiesta de modo exclusivo entre los esposos: también las actitudes del padre o de la madre respecto a sus hijos están codeterminadas por el sexo respectivo. Esto se aplica igualmente a las amistades entre personas de distinto sexo, a las que es ajena, sin embargo, cualquier expresión genital o una intención de aprovechamiento sexual o de vínculo erótico. El hombre expresa su personalidad en su condición corporal[1].
La expresión sexual es tanto más sana y noble cuanto más supera la esfera física y sensible y, asumiéndola, se convierte en el auténtico testimonio del amor fiel. Ella profundiza y presupone la amistad humana personal y, según la doctrina de la Biblia, exige el pacto indisoluble de amor. La unión corporal está destinada a participar del diálogo total y de la comunidad vital. Al significado unitivo del amor sexual genital le es inherente otro trascendente: la unión conyugal significa apertura a la transmisión de la vida. La misma unión, si es auténtica, es creadora de valores espirituales y enriquece a los cónyuges de suerte que pueden extender su amor a los demás y, por ello, participa de la acción creadora de Dios trayendo nueva vida a este mundo. El amor conyugal transmite vida en el sentido corporal, pero también en educación a la plena estatura humana.
4) La sexualidad marca la diversidad y la complementariedad del ser humano
En la Biblia se nos dice que fue Dios quien creó al ser humano, pero los creó de modo diferenciado (“Varón y hembra los creó” [Gn. 1, 27]) y les dio la misión de crecer y de multiplicarse. Esta diferenciación e igualdad debe de tener un sentido:
a) El varón y la mujer son iguales en dignidad, pues de ambos se dice que han sido creados a imagen y semejanza de Dios. Llevan en ellos impreso el rostro de Dios y, cuando Dios les mira, se ve reflejado en todos y cada uno de ellos. Da lo mismo que sean de un color o de otro, que sean de un país o de otro, que sean ricos o pobres, jóvenes o viejos, varones o mujeres, Dios ha creado al ser humano a imagen suya. Por ello, todos los seres humanos: todos los varones y todas las mujeres, tienen para Dios la misma dignidad.
b) Pero la diferencia de sexos dentro del ser humano les hace diferentes no sólo físicamente, sino también sentimentalmente, intelectualmente, espiritualmente… Porque varón y mujer resultan complementarios. Lo específico de cada sexo hace el equilibrio, la balanza del otro. Un especialista sexólogo escribía lo siguiente:
- Dentro de una relación, el varón será siempre más impulsivo. Dada su naturaleza activa, tenderá a la relación inmediata. La mujer, por sus características, será siempre más receptiva, esperará que se le considere y valore en todo lo que ella vale.
-El varón será siempre potente y arrojado. La mujer desarrollará su capacidad magnética. Desde las células germinales aparece esta característica: el espermatozoide es luchador, combativo, activo, emprendedor. Afanoso, va en busca de su complemento. El óvulo, por el contrario, espera; se caracteriza por su tranquilidad receptora, se deja querer. Sabe que el esperma lo necesita para lograr su fin, y parece que no le corre ninguna prisa.
- El impulso sexual entre varón y mujer es, pues, diferente, y habrá que tenerlo en cuenta para que la relación conyugal sea armónica y no una fuente de conflictos.
- En la mujer predomina la afectividad sobre la sensualidad, por lo que para ella será más importante la seguridad de saberse amada que la unión corporal. De ahí que la unión entre los esposos deba comenzar por la unión de sus corazones; de este modo, la unión de sus cuerpos vendrá a ser la culminación de aquello que ha comenzado en el interior de cada uno.
5) Resumen de principios y consecuencias
a) Los principios hasta ahora reseñados se pueden resumir del siguiente modo:
- La sexualidad es buena, porque ha sido creada por Dios.
- El pecado ha desordenado la creación, al ser humano y sus relaciones. También ha influido negativamente en la sexualidad humana.
- La salvación que nos ofrece y da Dios en su Hijo Jesucristo alcanza, no sólo al alma, no sólo a la mente, no sólo al cuerpo, sino también a la sexualidad humana.
- La sexualidad es expresión del mismo Dios que se entrega. Por eso, el varón y la mujer se perfeccionan y llegan a su plenitud en la entrega mutua. El varón es el ser para la otra. La mujer es el ser para el otro.
- Sexualidad y amor están íntimamente conectados y conexionados. No puede ni debe darse uno sin el otro.
- No se debe confundir sexualidad y genitalidad. Identificarlos supone un reduccionismo de la sexualidad.
- Las relaciones sexuales (no simplemente genitales), que alcanzan a todos los seres y en todos los ámbitos de la vida: amistad, padres-hijos, noviazgo, matrimonio… tienen distinta forma de expresarse. En la concepción cristiana, la sexualidad en su aspecto de genitalidad está reservada al matrimonio.
b) Algunas consecuencias de todo lo anteriormente expuesto serán éstas:
- Hemos de aprender a emplear correctamente las palabras o expresiones a la hora de designar diversos hechos. Es bastante común decir “hacer el amor” para referirse a la realización del coito. Entiendo que no significa lo mismo realizar el coito con una prostituta “a la que se paga sus servicios”, con una chica o chico que se acaba de conocer y que no se volverá a ver más, con un ligue de verano, con un novio/a con el/la se va a contraer matrimonio próximamente, con el cónyuge…
- “Hacer el amor” debe significar primero y sobre todo… AMARSE. Amarse con un amor de amistad, con un amor de sentirse aceptado tal y como uno es, con un amor de admiración por el otro/a, con un amor de ponerse en lugar del otro, con un amor de desear en todo momento el bien del otro/a, con un amor de querer siempre perder de sí mismo para que gane el/la otro/a… En definitiva sólo puede “hacer el amor” aquel que ame y se sienta amado tal y como nos lo dice S. Pablo en la famosa definición[2] que nos da en la 1ª Carta a los Corintios: “el amor es paciente y bondadoso; no tiene envidia, ni orgullo, ni jactancia. No es grosero, ni egoísta; no se irrita ni lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que encuentra su alegría en la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo aguanta. El amor no pasa nunca” (1ª Cor. 13, 4-8).
- “Hacer el amor” no consiste simplemente en desnudarse, en tocarse los genitales, en introducir el pene en la vagina y en eyacular dentro de ella. Consiste en la comunicación que tienen un hombre y una mujer con sus ojos al verse; con sus palabras cuando se interesan uno por otro (cómo han pasado el día, qué preocupaciones han tenido o qué alegrías); con las palabras que dicen cosas bellas (“¡qué vestido más bonito tienes!, ¡qué bien te sienta!, ¡qué bien te queda bien ese peinado!…”); con los oídos cuando se deja el partido de fútbol o la carrera de Fernando Alonso o el Diario de Patricia o Ana Rosa Quintana o el programa de televisión que más me gusta para escuchar a mi amado/a; con los gestos que demuestran atención y no ausencia; con los gestos que no hieren; con los dedos y manos que acarician las mejillas, el pelo, la mano; con los detalles de educación y no sólo cuando soy novio o novia, sino incluso después[3].
- En la relación de pareja debe de existir un respeto mutuo sobre los modos de pensar del otro/a. No se trata de crear fotocopias o clones, de tal manera que seamos iguales en todo: en las ideas políticas, en las aficiones, en los gustos culinarios, en las ideas religiosas, etc. Recuerdo que, estando de cura en N, me vino cierto día una chica que era catequista y me dijo que tenía que dejar de ser catequista. Yo pensé que era por el trabajo de su casa: ganado, tierras, atención del hogar ante los padres mayores. Pero me dijo que lo tenía que dejar, porque su novio se lo exigía, ya que éste no era creyente. Yo le dije que hiciera lo que quisiera, pero que, si siendo novios, él ya se imponía de esa manera y no respetaba sus ideas, ¿qué sería una vez de casados? Por otra parte el respeto mutuo significa que se eviten los desprecios de uno u otro, de uno y otro ante los amigos y los conocidos y los familiares. También se han de evitar las bromas de mal gusto ante los demás siempre a costa del cónyuge, quedando uno por el listo/a y el otro por el tonto/a. Igualmente se ha de evitar el decir y repetir siempre lo negativo de la familia del otro/a y, sin embargo, no se consiente que el otro/a se meta con la familia propia.
- En las relaciones sexuales y más concretamente en las genitales debe existir el respeto mutuo. No se puede obligar a la pareja a realizar la felación, o el sexo anal, o ponerse determinadas prendas, ver determinadas películas o revistas pornográficas, o a realizar determinados tocamientos, si esa persona no está de acuerdo con ello. La relación sexual no se trata de una competición para causar placer, para hacer “el más difícil todavía”, para adquirir nuevas experiencias que alimenten el ego o la soberbia. EL RESPETO MUTUO SERÁ INDICIO DEL AMOR MUTUO.
Quedan aún muchos temas por tratar, pero no hay más tiempo ni espacio. Entre los temas que quedan destacaría la educación de los niños y jóvenes en la sexualidad, la sexualidad y sus diferentes manifestaciones a lo largo de los años en el matrimonio, relaciones prematrimoniales, métodos anticonceptivos y la moralidad de los mismos, homosexualidad, etc.
[1] Recuerdo que, en cierta ocasión, siendo yo formador del Seminario, y estando con un seminarista de unos 16 años y más alto que yo, le hice una broma y le pasé mi brazo por sus hombros como para pedirle disculpas. De repente, él puso su cabeza sobre mi hombro y se quedó muy pegado a mí. Tenía una historia detrás de mucho sufrimiento familiar y estaba falto de cariño. Yo le abracé, porque comprendí que necesitaba ternura y contacto físico. Necesitaba el abrazo de alguien que lo quisiera y lo protegiera. Esto es un ejemplo de sexualidad no genital, es decir, de expresión corporal de cariño, simplemente de cariño.
[2] Recuerdo que hace años me vino una mujer con una revista del corazón en donde una psicóloga escribía cuáles eran los síntomas del enamoramiento: sudoración en las manos, palpitaciones, insomnio, etc. Me decía esta mujer que ella tenía algunos de estos síntomas, pero que otros no y me preguntaba si estaría enamorada. Yo le contesté que también los cristianos teníamos nuestra “revista del corazón” y en ella se nos decían los síntomas del enamoramiento. Cogí la Biblia y le leí el texto de 1ª Corintios 13, 4-8.
[3] Había un sacerdote que viajaba en el metro de Madrid siempre a una misma hora y hacía siempre el mismo trayecto. Al ir siempre en el mismo vagón observó que, normalmente, también allí estaba la misma gente. Se fijó en un chico que estaba en una esquina. En la otra estaba una chica. Cierto día que llovía, la chica traía un paraguas. Al salir del vagón a ella se le olvidó el paraguas y el chico, muy educado, lo recogió y salió detrás de ella. “Señorita, se le olvidó el paraguas”, le dijo muy amablemente. Ella le dio las gracias. A partir de aquel instante se ponían siempre juntos y hablaban animadamente. Pasado un tiempo, el sacerdote vio que tenían anillos en sus dedos. Se habían casado. Luego el sacerdote fue trasladado a otro lugar. Pasados unos dos años volvió a hacer el mismo trayecto y volvió a ver al joven matrimonio. Un día en que llovía, a ella se le olvidó el paraguas, y entonces él lo cogió, salió tras ella y le dijo de un modo brusco: “Te dejaste el paraguas olvidado. ¡Cualquier día olvidas la cabeza!”.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Las mujeres NO necesitamos que ningún varón nos valore, NO necesitamos la seguridaa de sentirnos amadas por ningún varón para saber que valemos.
Las mujeres valemos por nosotras mismas independientemente de todos y cada uno de los varones.

Anónimo dijo...

Me ha gustado. Creo que no es necesario ser tan explícito en uno de los párrafos.

Pepitina dijo...

Pater, la charla es buena, muy buena; cuanto más la reflexiono- y lo estoy haciendo con cada uno de mis hijos (5 en casa y uno casado en Madrid comentándola por correo, con la pareja)- mejor y más necesaria me parece, no sólo por el tema ¡¡importantísimo!! sino por la claridad de su exposición..ya que mi experiencia me dice, que la mayoría de las veces vemos las situaciones a "nuestro aire y manera" y en "los demás". No profundizamos sino cuando se nos toca en lo íntimo, que entonces suele cuestionarnos, generalmente desde las críticas que podamos hacer. Cuando no somos capaces de vernos a nosotros mismos en situaciones "tabú" ó hablando de temas que nos incomodan porque "no van conmigo", tampoco vemos el dolor que podemos causar a los demás desde estas actitudes, que por no ver con toda su importancia y claridad, vemos lejos¡¡lejísimos!! de nosotros. Por supuesto esto es una opinión, como las que compartimos en tu blog.
Como comenta el anónimo anterior, hay "demasiado realismo" en alguna de tus descripciónes, y también lo creo, pero...¿y el egoismo tan real y doloroso que existe en tantos matrimonios - y no me refiero a una generación joven- porque nadie ha sido claro con ellos y les falta formación madura sobre su sexualidad, incluso trás 25, 30 ó 50 años de casados? Me pregunto si no les hubiera sino más hermoso y fácil, el camino de su convivencia si alguien les hubiera hablado con esta claridad, que puede resultarnos dura.
No sé si equivocadamente, pero el centro de la charla lo he puesto- trás varias lecturas- en que seguimos viendo el tema de la sexualidad como TABÚ y no como esa parte de la creación , que el Creador nos regaló amorosamente y "VIÓ QUE TODO ERA MUY BUENO".
Necesitamos formación:los jóvenes, para que el matrimonio sea vivido desde Dios y los mayores, para renovarnos, aprender-tanto no sabido- y ser más agradecidos a nuestro Dios que cuando “Vio entonces todo lo que había hecho, y todo era muy bueno” (Gn.1, 31). pensó en cada uno de nosotros.
Me gustaría seguir comentando esta charla aunque continues con las homilías, porque los mismos comentarios me ayudan para luego transmitir a mi alrededor su importancia.
Además Pater, te animo a publicar la homilía sobre el matrimmonio(ya sabes cuál es; aunque muchos la conozcamos) que va muy unida a esta charla formativa, pues de tener los conocimientos que expones en esta charla, quizás no se diesen las situaciones que narras en la homilía sobre el matrimonio ó al menos se contemplaría éste desde otro prisma.

Anónimo dijo...

Quizá deberíamos meditar esta charla y darnos cuenta de cómo a veces nos incomodan meras PALABRAS y no las IDEAS que subyacen detrás.

Anónimo dijo...

Me parece una charla muy valiente y muy positiva.
Creo que es una de las formas mas bonitas de explicar la sexualidad, que puede enfocarse desde varios puntos de vista pero desde el bíblico ha salido preciosa.
Fuimos creados por Dios hombre y mujer, diferentes y complementarios. No es la única manera de complementarnos pero sí la más importante pues es la que da vida. Es el punto de partida de la vida.
¡Cuánto sufrimiento por una mala formación!. Por no llamar a las cosas por su nombre, por no ser claros, aunque suene fuerte, por considerar tabú algo natural.
Yo creo que el amor no se hace, el amor nace, el amor crece. Se pueden hacer otras cosas pero el amor con mayusculas no.
Un saludo a todos/as.

Pepitina dijo...

¡¡qué bonito, amigo/a anónimo/a!!
--el amor no se hace, el amor nace, el amor crece. Se pueden hacer otras cosas pero el amor con mayusculas no. --
Si me das tu permiso, me gustaría hacer mias y utilizar tus palabras, cuando la ocasión se brinde.

Anónimo dijo...

Querida Pepitina, ¡claro que te doy permiso! y las gracias por tus oraciones y tus comentarios.
Yo también digo ¡que Dios te bendiga!
Un saludo.

Pepitina dijo...

<“Y creó Dios a los hombres a su imagen; a imagen de Dios los creó; varón y hembra los creó..."(Gn. 1, 27-28). Si hemos sido creados a imagen de Dios y si hemos sido creados “varón y hembra”, entonces es que, como decía el Papa Juan Pablo I, Dios es Padre, pero también es Madre; Dios tiene el componente masculino, pero también el femenino.>
Vereis,cuanto más "entro" en el tema de la creación--y digo "entro" porque es algo mas que leer ó meditar--más hermoso lo encuentro y por eso comparto con vosotros nuevamente algo de esta charla. Muchas veces he usado esa expresión: Dios es Padre y Madre, y veo la razón bíblica por primera vez, donde para mi hasta ahora, esto era firmemente creible -por la confianza en quién se lo escuché predicar- pero sobretodo porque yo había percibido en mi, esos sentimientos encontrados, de la autoridad de un Padre y de la ternura de una Madre en Dios. --Mi Dios y mi TODO--. Así es nuestro Dios,-Padre y Madre-.Recuerdo que en una ocasión alguien me dijo, que nunca había pensado en Dios como Madre y quedó muy pensativa; yo sólo le hubiese podido responder, que esa era una vivencia mía; ahora podría acudir al texto del Génesis y mi experiencia estaría apoyada por la Palabra de Dios mismo,interpretada por su Iglesia.
Gracias, Pater.

Anónimo dijo...

Creo que es absolutamente necesario este tipo de formacion, a cualquier edad, pero sobre todo a los jovenes.Estan constantemente rebiendo mensajes cargados de sexo:para comprar un producto cualquiera,para su tiempo de ocio..en todos los ambitos de su vida y ¿quien contrarrestra tanta desinformacion?. Nuestros jovenes estan hoy mas perdidos que nunca en este tema y nadie les echa una mano. Es imprescindibles hablarles asi de clarito porque todos echamos balones fuera cuando nos llega la hora: los padres que en la catequesis, en la catequesis que en el cole, en el cole que los padres y unos por otros "la casa sin barrer".
Gracias pater por hablarnos de sexualidad con valentia y a la vez por mostrarnos toda la hermosura que Dios quiso encerrar en ella.
Hasta pronto!