viernes, 16 de febrero de 2007

Domingo VII Tiempo Ordinario (C)

18-2-2007 DOMINGO VII TIEMPO ORDINARIO (C)
1 Sm. 26, 2.7-9.12-13; Slm. 102; 1ª Cor. 15, 45-49; Lc. 6, 27-38
Queridos hermanos:
* Plan de Cuaresma. El próximo miércoles, 21 de febrero, es Miércoles de Ceniza y ya comienza el tiempo de Cuaresma, tiempo de penitencia y de preparación para la celebración de la pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús. Ya os propuse para el Adviento y para la Navidad un plan de vida, que sea algo personal. Pues temo que, si no nos proponemos algo concreto, pasen estos días sin ninguna consecuencia religiosa y de santidad en nuestras vidas. Mucha gente prepara los carnavales desde muchos meses atrás; prepararan las vacaciones de Semana Santa... Nosotros, como seguidores de Cristo que queremos ser, hemos de vivir esta Cuaresma de otro modo. Hay personas que me han contado que les ha costado elaborar el plan de Adviento y de Navidad, y luego tratar de cumplirlo, pero… que ha merecido la pena. Os aporto algunas propuestas orientativas, y cada uno lo adecuará a su situación personal, a su voluntad y, sobre todo, a lo que Dios le pida.
- En el ámbito espiritual sería bueno que nos pudiéramos plantear el acudir más frecuentemente a la Eucaristía entre semana. Podemos meditar en la oración sobre las lecturas de la Biblia, que se nos proponen en cada Misa. Podemos realizar una confesión al inicio de la Cuaresma y otra, al menos, en torno a la Semana Santa. Podemos frecuentar más el sagrario como medio de cercanía a nuestro Amado Jesús. Podemos pedir a Dios que nos dé luz para elegir un director espiritual, que nos ayude en nuestro caminar hacia El.
- En el ámbito humano y familiar podemos luchar contra un defecto que se nos resiste o por fortalecer una virtud que el Señor nos pide con más ahínco. Por ejemplo, dejar algo más la tele, el ordenador, Internet, la lengua, los gastos superfluos, no comer carne el Miércoles de Ceniza ni los viernes (por pura obediencia a la Iglesia de Dios), ayunar el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo… y algún día más (no vamos a morirnos por ello), el hacer más tareas en casa o en nuestro trabajo o estudio, ser ordenados en nuestros horarios de levantarse o de acostarse, o ser puntuales en nuestras citas, sujetar el genio, mortificar el egoísmo o la soberbia, visitar enfermos o gente que sabemos que nos agradecerá un poco nuestro escuchar o nuestra presencia, dar dinero o cosas o “cacharritos” que son un lastre en la pobreza que Jesús nos pide. Ser más cariñosos con los que nos rodean, perdonar a los que nos ofenden, pedir perdón a los que herimos…
- En el ámbito pastoral o de apostolado, ver qué puedo hacer en la Iglesia, parroquia, movimiento, en la preparación del Sínodo Diocesano…
* De todas formas, en el evangelio que acabamos de escuchar, Jesús nos presenta bien claro un posible plan de vida para esta Cuaresma… y para toda nuestra vida. Fijaros lo que nos dice (leo primero y luego voy comentando): “Amad a vuestros enemigos[1], haced el bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen[2], orad por los que os injurian[3]. Tratad a los demás como queréis que ellos os traten[4]. Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo; no juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados; dad, y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante.”
* Escuchando esta homilía podemos pensar que todo depende de nosotros: con nuestro plan de Cuaresma y con nuestro esfuerzo personal. NO. Todo depende de Dios, pues nosotros somos muy débiles. Así se nos dice con las bellas palabras del salmo 102: “El Señor es compasivo y misericordioso. El perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura. El Señor no nos trata como merecen nuestros pecados ni nos paga según nuestras culpas. Como un padre siente ternura por sus hijos, siente el Señor ternura por sus fieles.”
[1] No he de pensar únicamente quién es mi enemigo, sino también en quién me tiene por enemigo suyo, aunque yo no lo sea de él o de ella.
[2] Escribo aquí unas palabras de un hombre que hizo vida en sí mismo estas palabras de Jesús. Un día fue despedido en su trabajo. “Durante las semanas y meses que siguieron, empecé a experimentar un rencor violento, y aparentemente imposible de desarraigar, contra las personas que me había puesto en aquella situación imposible. Al despertarme por la mañana, mi primer pensamiento era para aquellas gentes. Mientras me duchaba, al comer, al andar por la calle, al dormirme por la noche, me atenazaba aquel pensamiento obsesivo. El resentimiento me roía las entrañas y me envenenaba. Sabía que me estaba haciendo daño a mí mismo, y a pesar de mis oraciones, aquella obsesión me chupaba la sangre como una sanguijuela. Pero un día, una frase de Jesús se me clavó en el ser: 'Bendecid a los que os persiguen' (Mt. 5, 44). De repente, todo se me hizo claro. Así, comencé a bendecir a los que me había hecho daño: los bendije en su salud, en su alegría, en su abundancia, en su trabajo, en sus relaciones familiares y en su paz, en sus negocios, etc. La bendición consiste en querer todo el bien posible para una persona o personas, su pleno desarrollo, su dicha profunda, y quererlo desde el fondo del corazón con total sinceridad. Esta bendición transforma, cura, eleva, regenera, centra espiritualmente, y desembaraza nuestro ser de pensamientos negativos, condenatorios o críticos. Al comienzo bendecía sólo con mi voluntad, pero con una sincera intención espiritual. Poco a poco las bendiciones se desplazaron de la voluntad al corazón. Bendecía a las personas a lo largo de todo el día: mientras me limpiaba los dientes, mientras hacía footing, cuando iba a correos o al supermercado, mientras lavaba los platos o me iba durmiendo. Los bendecía uno a uno, en silencio, mencionando su nombre. Seguí esta disciplina y a los tres o cuatro meses me encontré bendiciendo a las personas por la calle, en el autobús, en las aglomeraciones. Bendecir se fue convirtiendo en uno de los mayores gozos de mi vida. No he recibido ningún ramo de rosas de mi antiguo empresario ni la más mínima expresión de afecto ni la menor excusa por su parte. Pero he recibido rosas de la vida, a manos llenas.”
[3] Cuando alguien me confiesa su resentimiento contra alguien, le digo una serie de tácticas que el Espíritu nos ha enseñado: 1) No hablar mal de esa persona, o ni mal ni bien, para que no se enquiste más en nosotros ese mal sentimiento. 2) Rezar por esa persona todos los días; aunque no nos salga del corazón, aunque no lo sintamos. Lo hago, porque Jesús me dice que ore por los que nos injurian. 3) Pedir al Señor para que nos dé el mismo amor que El tiene a mis enemigos, porque son sus hijos. Tanto como nosotros somos hijos de El.
[4] Al leer esto último me acuerdo de un episodio que supe hace tiempo. En la 2ª Guerra Mundial, cuando los ejércitos soviéticos avanzaba por Alemania, llegó una patrulla rusa a un pueblo alemán y el oficial ordenó a la gente que hospedara en su casa a un soldado o a varios, según la capacidad de la casa. Uno de los soldados fue a casa de una viuda pobre. Esta, en cuanto entró el soldado, se le tiró al cuello y lo cubrió de besos. Le fue quitando la ropa, le preparó agua caliente y le ayudó a lavarse. Le dio ropa limpia, le dio lo mejor que tenía para cenar, le preparó su propia cama con sábanas de lino limpias. A la mañana siguiente le dio un buen desayuno y ya le dio su ropa de soldado: limpia, cosida y planchada, y lo despidió con un beso. El soldado le preguntó que por qué lo trataba así, si era su enemigo. A lo que la señora le respondió que su único hijo estaba luchando en el frente ruso y que esperaba que, si un día entraba en casa de la madre del soldado ruso, esta señora lo tratara en Rusia como ella había tratado al suyo en Alemania.

7 comentarios:

José Luis dijo...

Realmente es un Evangelio duro, porque siempre nos han enseñado a "odiar" a nuestro enemigo; pero el enfoque que nos da Jesús es totalmente distinto, y ¿que pasa si nos fiamos de El, y hacemos lo que nos dice?, pues lo vemos claro en el comentario que hace D. Andrés en el punto (2) y (3). No tengo experiencia de actuar de esa forma, pero no dudo en absoluto de que en esa circunstancia solo encontraré la paz actuando como me dice Jesús, y me creo totalmente lo que se dice de esa persona que fué despedida de su trabajo, y que su odio se convirtió en Paz, tras sus bendiciones. ¡Que suerte tenemos de ser Hijos de Dios!, y de recibir Su Gracia para encontrarnos en paz, al igual que sentirnos perdonados de nuestros pecados.
¡Bendito sea el Señor! que nos ha amado hasta la muerte.

Anónimo dijo...

«Por tanto, todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos;
porque ésta es la Ley y los Profetas.
«Entrad por la entrada estrecha; porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la
perdición, y son muchos los que entran por ella;mas ¡qué estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la Vida!; y poco son los que lo encuentran.(San Mateo 7, 12-14)

Y que dificil es cumplir con todo esto en un Mundo como el nuestro, en esta España a la que están desquiciando y llevándola a una situación difícil en todos los ámbitos, de todas formas el camino está trazado por Jesucristo y aunque sea cojeando o arrastras hemos de tratar de caminar por él como sea.

¡BENDITOS SEAN DIOS Y JESUCRSITO!

ALOYA dijo...

"Tratad a los demás como queréis que ellos os traten", precioso mensaje y difícil de llevar a la práctica, pero posible desde la fe y el amor a Dios que es nuestro Padre, y que nos trata con la ternura de hijos muy queridos, por lo tanto nuestra respuesta filial y fraterna debería ser siempre el bálsamo que haga feliz a nuestro Padre Celestial, el amor al prójimo.
Creo en el poder curativo de la bendición. Yo modestamente, la practico desde hace mucho tiempo. Cada mañana cuando me despierto, lo primero que hago es bendecir el nuevo día, a mi familia, a mis amigos a mis enemigos y a todos aquellos que han formado parte de mi pasado, de mi presente y quizás de mi futuro. Siempre deseo extender la bendición no solo a las personas, sino a toda la obra de la Creación y me parece que me quedo corta. Es la manera que tengo de dar gracias a Dios por vivir, por compartir, por emocionarme, por sentir dolor propio y ajeno y también por las alegrías que contiene cada día, por las pequeñas cosas, por las buenas noticias, por los avances científicos... y todo ello, estoy segura, que me reporta energía y mucha paz. Hoy tengo la suerte de bendeciros de corazón a todos los que integráis el Blog y a vuestras familias, agradeciendo a Pepitina su oración en Covadonga.
Yo también aprendo mucho de vosotros y habéis entrado en mi corazón.
La homilía de D. Andrés es preciosa y el plan que nos propone es muy duro, pero indudablemente es un camino de crecimiento personal al que no debemos renunciar, ya que tenemos la suerte de contar con algunas claves para intentarlo, y la seguridad de estar en las manos de Dios.
Un abrazo para todos.
Aloya.

Olga dijo...

Tres aspectos han hecho eco en mi interior al leer, escuchar y meditar sobre la Homilia:
1º Qué me exige el Señor como plan para vivir esta cuaresma?, Qué me pide en este momento actual de mi vida para responderle mejor? Que El me dé y nos dé la luz necesaria para hacerlo y vivirlo fielmente.
2ºTODO depende de Dios, NO de nosotros, ni de nuestros esfuerzos personales,TODO es GRACIA y DON de EL. EL, es el que a este hombre a pesar de sus resistencias para perdonar le dió la GRACIA para que en su mente, en su corazón y con sus labios se le clavara la frase "BEDECID A LOS QUE OS PERSIGAN".
3º Si yo tratase a los demás como quiero que me traten a mi y como se que Dios me trata con su infinito AMOR, PACIENCIA y MISERICORDIA, que diferente sería mi vida y la de todos aquellos que buscamos al Señor.
Que El nos acompañe siempre, rescate y saque día día, momento a momento nuestra vida de esa "fosa" que nos impide acercarnos a El y vivir a plenitud el Evangelio que hoy nos señala. Que El siga colmándonos de su gracia y percibamos su ternura en todo lo que nos acontece por muy adverso que nos parezca.
GRACIAS Don Andres por regalarnos y hacernos gustar de la Bondad del Señor a través de su Palabra, de la Eucaristía, del Perdón,Amor, Comprensión.
TODO ES DON Y GRACIA DE DIOS A TRAVÉS DE USTED.
Olga

samalea dijo...

Con lo fácil que me resulta querer a los amigos (aunque les vea defectos) ¿por qué me resulta tan difícil a veces querer a algunas personas? ¿ por qué queriendo hacer el bien es el mal el que me sale? No creo ser tan importante como para tener enemigos, pero es verdad que no quiero a todo el mundo igual y sé que la base de todo ello está en el interior de mi corazón, donde está mi pecado.
Deseo que este evangelio pueda darse en mi vida y sé que no podré hacerlo en mis fuerzas, sino en las de Dios, pues El es fuerte en mi debilidad. Cuando se cumpla en mi vida estaré en el cielo, pues hacer la voluntad de Dios es vivir ya en el cielo.
La Paz

Pepitina dijo...

El "Dios te bendiga", son palabras que llevo grabadas en mi corazón desde niña. Mis padres nos acostumbraron a pedirla y a recibirla; así, decíamos con gran naturalidad, aún de mayores: "Bendición"-era una forma de pedirla- y la respuesta enseguida llegaba, que "Dios te bendiga". Creo que es una costumbre hermosa de mi tierra natal, Puerto Rico, y de esas tierras cercanas queridas por mi. Hablando hace unos dias con uno de mis hijos, de 27 años,- que está saliendo con una chica que apenas conozco aún,-le comentaba la importancia de tener cosas esenciales en común, pues ello unía a la pareja cuando son relaciones que se llevan en serio..Llega un momento en que al formar el futuro hogar se llevan a él, lo que de una parte y de otra les gusta mas y consideran edificante y bonito para vivir ellos. Pues le comentaba yo, como a su padre, ya desde que éramos novios, esta costumbre de bendecirnos que teníamos en mi casa le había encantado ...y por eso ahora en nuestra casa, también lo hacíamos. De hecho, a veces cuando salen los hijos, se me adelanta alguno y (sabiendo que voy a hacerlo) me dan ellos su bendición sonriendo y a mi me llega con gozo, porque percibo Su Bendición, la de nuestro Dios a través de ellos..y ¡¡cuánto me edifica espiritualmente!! si ellos lo supieran....

Pepitina dijo...

Os he recordado desde este texto encontrado, pues me pareció otro aspecto importante de LA BENDICIÓN y que còmparto con vosotros.
Bendecir es Orar:
PLEGARIA AL ABRIR UN ESTUCHE

Por José María Escudero Fernández
(mardepri@terra.es)


Todas las mañanas al abrir el estuche no olvides de pedir la bendición al Maestro: Señor bendice estos bolígrafos, que sean capaces de llenar hojas y hojas con palabras “manchadas” de aliento, de esperanza y de alegría. Que de “sus venas” fluyan litros de tinta con los nombres y apellidos de tantas personas como Tú has puesto en mi camino.

Bendice esta goma y este tipest, para que borren todo aquello que me impida ver tu rostro, y para que estén siempre dispuestos a dar a mis hermanos una segunda, una tercera y tantísimas oportunidades como Tú me concedes cada día.

Bendice estos lápices de colores, para poder dar color y calor a mi vida, y a la de tantos seres humanos, cuyas vidas brillan únicamente en blanco y negro.

Bendice también este sacapuntas, no para “sacar punta” a todo lo que mis compañeros hacen o dicen, sino más bien para ayudarles a “sacar” lo mejor de cada uno de ellos cuando la rutina y el desencanto “vayan desgastando” sus vidas.

Bendice esta regla, que no sea para medir las acciones de mis hermanos, sino para hacer más recto el camino de aquellos que se alejan por sendas tortuosas y caminos sin salida.

Bendice estas tijeras, para recortar cada día Tu silueta y comprender cuán parecida es a la de mis compañeros.

Y bendice finalmente Señor esta grapadora y estos clips, para poder “grapar” en mi corazón a todos mis compañeros, y no permitir que ninguno de ellos se me “despapele,” y acabe tirado en alguna de las papeleras que los seres humanos, seguimos teniendo, inútilmente, en nuestros corazones.


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Desde los objetos que utilizamos cada día, ¡¡qué hermosas oraciones podrían salir!! ¿no os parece? ¿eh, Pater?
¡¡Dios os bendiga!!