jueves, 17 de mayo de 2012

Domingo de la Ascensión del Señor (B)


20-5-2012                               DOMINGO DE LA ASCENSION (B)
                                            Hch. 1, 1-11; Sal. 46;Ef. 1, 17-23; Mc. 16, 15-20

Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
            Dice el evangelio que Jesús, antes de su ascensión al cielo, dio estas instrucciones a sus discípulos: “ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”. En la homilía de hoy no quisiera profundizar en estas palabras y su significado para los discípulos de Jesús misioneros, ni para los discípulos de Jesús sacerdotes, ni para los discípulos de Jesús monjas o religiosas, ni para los discípulos de Jesús catequistas en las parroquias, ni para los discípulos de Jesús voluntarios de Caritas…, sino para los discípulos de Jesús que estáis ahora sentados en los bancos de la Catedral o en los bancos de una parroquia cualquiera. Mi labor hoy será tratar de ayudaros a vosotros a que llevéis a la práctica este mandato que Jesús os renueva en este día de su Ascensión a los cielos. Vamos a hacer un planteamiento de toda la cuestión en la que iremos dando un paso tras otro o subiendo un peldaño tras otro:
            Primer peldaño: Jesús estuvo tres años entre nosotros predicando el Evangelio de su Padre Dios y enseñándonos dónde estábamos, hacia dónde teníamos que caminar, cómo teníamos que avanzar y con quién podíamos hacer este avance. Al término de esos años, Jesús, muerto y resucitado, vuelve al Reino de Dios con su Padre.
            Segundo peldaño: Jesús retorna con su Padre y nosotros nos quedamos aquí, en la tierra, en nuestra realidad cotidiana. ¿Qué tenemos que hacer aquellos que nos confesamos discípulos de Jesucristo? ¿Cuál es nuestra tarea? Nos la dice Jesús: “ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.
            Tercer peldaño: Pero ¿de qué manera puedo yo realizar esa tarea evangelizadora…, yo que no soy ni seré misionero en África o América o Asia, yo que no soy ni seré sacerdote, yo que no soy ni seré monja o religiosa, yo que no soy ni seré catequista, yo que no soy ni seré voluntario de Caritas, yo que vivo en medio de mi familia, con mi trabajo o en paro y que vengo a Misa los domingos? ¿Cómo puedo ir al mundo entero sin moverme de Oviedo y cómo puedo anunciar el Evangelio a todos los hombres que me rodean?
            Cuarto peldaño: Tengo que dar por supuesto lo que os he predicado en estos domingos anteriores: la necesidad de una experiencia personal de Dios (domingo II de Pascua), que Jesús mismo nos haya abierto el entendimiento para comprender las Escrituras (domingo III de Pascua), haber percibido claramente en nuestra vida a Jesús como Buen Pastor y no como asalariado, pues Él ha dado y da su vida por nosotros (domingo IV de Pascua), sentir cómo nuestro Padre Dios nos va podando: cortando lo que sobra y corrigiendo en lo que es necesario (domingo V de Pascua), y cómo vamos practicando en nuestra vida diaria ese mandato de Jesús de amarnos los unos a los otros como Él nos ha amado (domingo VI de Pascua). Digo que doy por supuesto todo esto, porque, si todo ello no ha acontecido ni sucede en nuestras vidas, entonces… nada tenemos que decir a los demás o, aunque lo digamos, nuestras palabras no serán creíbles.
Quinto peldaño: Observar la realidad que nos rodea: El domingo pasado estuve en una 1ª Comunión a la que fui invitado. En la comida posterior participaba un familiar que manifestó en un momento concreto, con gestos y con palabras, lo lejos que le quedaba todo lo de la fe, lo de Dios, lo de la Iglesia, lo de los curas… Y yo me pregunté entonces cómo abrir el corazón de aquella persona para que recibiera en su interior a Jesús y su Evangelio.
            Durante la Misa de la 1ª Comunión a la que había asistido previamente miraba para los niños, y también miraba a los padres y familiares. Sabéis que en una Misa de 1ª Comunión hay mucho ruido, poco espacio para el recogimiento y supongo que muchos estarán simplemente asistiendo a un acto social. No obstante, hubo tres cosas que me llamaron la atención: -En una pantalla se ponía la letra de las canciones y mucha gente cantaba, incluso entre los familiares que había acudido sólo para ese día, es decir, se participaba. –Estaba todo muy bien preparado y se veía que había habido muchas horas y dedicación por parte de los niños, de los catequistas, de los padres y del párroco, y eso se notaba a lo largo de toda la Misa. –Me fijé especialmente en un padre, de unos 35 años, el cual vivía con auténtica fe y entrega la Misa y la 1ª Comunión de su hija, y en su rostro percibí que se sentía tocado por Dios: creía en lo que cantaba, creía en lo que rezaba, creía lo que veían sus ojos: una comunidad unida en la misma fe en Jesús... Y me acordé de unas palabras que me dijo el párroco minutos antes de empezar la ceremonia: algunos padres había llevado a sus hijos allí porque “tocaba”, pero ellos se habían sentido “tocados” por la mano de Dios a través de la acción de sus hijos, de los catequistas, del sacerdote y esto les había servido para retomar una vida de fe que tenían bastante abandonada. ¿Qué quedará de todo ello al cabo de unos meses? No lo sé; lo sabe Dios y eso basta.
            Sexto peldaño: Repito: ¿De qué manera puedo yo realizar la tarea evangelizadora que Jesús me encomendó antes de subir al cielo? ¿Cómo puedo ir al mundo entero sin moverme de Oviedo y cómo puedo anunciar el Evangelio a todos los hombres que me rodean? Aquí van algunas ideas:
            +Cuando el domingo pasado el familiar aquel “saltó” en diciendo algo contra la fe, contra la Iglesia… la madre de la niña que hacía la 1ª Comunión no se calló y no me dio opción a que yo dijera nada. Ella misma contestó de modo sencillo y natural contando su experiencia de fe. Al final, quedó claro que cada uno tiene su opinión y su opción de vida, que es tan respetable una como la otra.
            +El lunes pasado leía un artículo del periodista Esteban Greciet, el cual como católico que es expuso su fe en la Iglesia desde el respeto y desde la verdad, al menos, desde unos datos objetivos que no siempre sale en los medios de comunicación.
            +El discípulo de Jesús ha de hablar sin miedos ni complejos de lo que vive en su interior, de sus convicciones y experiencias, y esto lo hará en la familia, en el trabajo, en el bar, en las fiestas, en la alegría, en la enfermedad, en la muerte…
            +El anuncio que ha de hacer todo discípulo de Jesús no es ni nunca ha de ser una imposición; es un ofrecimiento. Quien lo escucha es libre de aceptarlo o no. Si Dios no se impone a nadie, tampoco nosotros debemos de imponerlo. Pero el anuncio no es sólo con palabras, sino también con el testimonio de nuestra vida de cristianos. Ya que, si la única diferencia entre el discípulo de Jesús y el que no lo es, consiste en que el primero viene a Misa y confiesa por Pascua flori­da, que por otra parte es indispensable hacerlo, dicha diferen­cia es mínima.
            Séptimo peldaño: En realidad, no somos nosotros quienes hemos de realizar el mandato de Jesús, sino que será el Espíritu Santo quien nos sugerirá lo que en cada momento hemos de hacer para proclamar, de palabra y de obra, “el Evangelio a toda la creación”.

jueves, 10 de mayo de 2012

Domingo VI Pascua (B)


13-5-2012                               DOMINGO VI DE PASCUA (B)

Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
            En varias ocasiones el evangelio de hoy nos habla de amor. Es el mandato que Jesús nos ha dejado: “Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado”.
En esta homilía me fijaré en una forma concreta de desamor y así veremos más claramente cómo podremos practicar de un modo concreto ese amor del que nos habla Jesucristo: Con relativa frecuencia me encuentro con personas que hablan habitualmente de los defectos de los otros (yo mismo también caigo en ello). Hablamos de los defectos que vemos en la familia, en el lugar de trabajo, con respecto al fútbol, a la política, a la religión, a los amigos… El sacar los defectos de los otros no sólo es un “deporte nacional” en España, sino también es un “deporte mundial”. Sí, este “deporte” lo he visto y oído en diversas partes de España, pero también en Alemania, en Italia, en Suiza… Fijaros si es un “deporte” tan practicado que hasta le han sacado un cuento. Se titula el cuento de las dos alforjas. Allá va:
            “Un día, Dios bajó a la tierra, convocó a todos los animales, así como al hombre, y les dijo: ‘Quiero que viváis en armonía, felices y contentos. Así que, si alguien tiene alguna queja, que la diga sin temor, y enseguida le pondré remedio’. Nadie expuso nada. Dios entonces se dirigió al mono: ‘Y tú, ¿qué, estás contento? ‘¡Claro!’ –respondió el mono-, ‘tengo cuatro patitas que son un tesoro, y tengo un tipito que muchos envidian. Yo no tengo motivos para envidiar a nadie. Comparado con el oso, que es tan feo, soy una maravilla. Él sí tendrá de qué quejarse’. Los otros animales pensaban como el mono, pero esperaban la queja del oso. Sin embargo, el oso no se quejó. Al contrario, con tono de orgullo dijo: ‘Yo me veo fuerte, bien proporcionado, con cierto aire señorial. Comparado con el elefante, que es un monstruo, una masa de carne que parece que se cae a pedazos, soy un encanto. No me quejo de nada’. El elefante tomó la palabra y dijo: ‘¡Ah!, pues yo tampoco me quejo absolutamente de nada. Me siento fuerte, sólido, como un rey poderoso. Mucho peor es la ballena, que parece una masa informe’. La ballena no se quejó; se consideraba mejor que la jirafa, larguirucha y desgarbada. La jirafa se sentía esbelta, fina, señorial, no como la hormiga, insignificante y rastrera. La hormiga se veía como la reina en comparación con el mosquito. Y el mosquito se veía ágil y capaz de defenderse perfectamente… Así todos, hasta que llegó el hombre. Éste se entretuvo en contar sus cualidades y atractivos. Así estuvo un largo rato. Luego siguió hablando sobre los defectos de los otros. Y se reía de ellos. Dios, que había estado en silencio, se dirigió a todos de nuevo y les dijo: ‘Bien, veo que cada uno lleva dos alforjas: en la de atrás metéis vuestros propios defectos para no verlos, y en la de delante los defectos de los demás para criticarlos y reíros de ellos’”.
            Vamos a sacar de este cuento varias conclusiones o moralejas:
            1) Una persona que habla mal de otro o de otros delante de nosotros, más tarde, cuando no estemos presentes, hemos de suponer que también murmurará de nosotros. Ya conocéis el refrán: ‘Cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar’.
            2) El otro día me decía una persona que ella, en ocasiones, hablaba mal de los otros, pero sólo decía la verdad. De acuerdo: Si es cierto lo que se dice de otros y lo que se dice son hechos negativos, se estará diciendo la verdad…, pero la verdad que no está acompañada de la caridad, no es la verdad de Jesucristo.
            3) La verdad es y debe ser siempre una espada de doble filo, es decir, lo mismo que “corta” y pone en evidencia los defectos de los otros, ha de “cortar” y poner en evidencia también nuestros propios defectos, pues “el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra” (Jn. 8, 7b).
De hecho, los santos también tienen dos alforjas, pero, en vez de poner sus propios defectos en la alforja de detrás, los ponen en la de delante. Y, en vez de poner los defectos de los demás en la alforja de delante, los ponen en la alforja de detrás. Así, ellos tienen continuamente presentes sus propios fallos antes que los fallos de los otros.
            A continuación para rematar la homilía propongo aquí algunos “dichos de luz y amor” de San Juan de la Cruz, que nos pueden ayudar mucho en esta materia. Estas frases son para meditarla, para orarlas y para que Dios nos conceda el cumplirlas:
            * “No mirar imperfecciones ajenas, guardar silencio y continuo trato con Dios desarraigarán grandes imperfecciones del alma y la harán señora de grandes virtudes”.
            * “Hable poco, y en cosas que no es preguntado no se meta”.     
            * “No se queje de nadie”.
            * “Lo que hablare sea de manera que no sea nadie ofendido, y que sea en cosas que no le pueda pesar que lo sepan todos”.
            * “Quien se queja o murmura, ni es perfecto ni aun buen cristiano”.
            * “Mejor es vencerse en la lengua que ayunar a pan y agua”.

            En definitiva, cuando Jesús nos dice en el evangelio de hoy “que os améis unos a otros como yo os he amado”, podemos practicarlo no hablando mal de nadie o, si decimos algo negativo, pero cierto…, que esté siempre acompañado de la misma caridad y del mismo amor con los que Cristo nos muestra a cada uno de nosotros nuestros pecados.

jueves, 3 de mayo de 2012

Domingo V Pascua (B)


6-5-2012                                 DOMINGO V DE PASCUA (B)
                                               Hch. 9, 26-31; Sal. 21; 1 Jn. 3, 18-24; Jn. 15, 1-8

Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
            Dice el evangelio de hoy: “A todo sarmiento mío que no da fruto (mi Padre Dios) lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto”. En esta frase Jesús utiliza principalmente dos verbos: arrancar y podar.
- Estuve la semana pasada en la Casa Diocesana de Espiritualidad de Meres dando una tanda de ejercicios espirituales. Estuve bastante liado, pero procuré sacar todos los días unos 40 minutos después de comer para dar dos vueltas alrededor del pueblo y mover así algo las piernas. Iba por aquellos caminos y veía casas de campo, sobre todo, y alguna urbanización. En las casas de campo veía árboles frutales y en varias ocasiones los vi con demasiadas ramas. Yo no entiendo demasiado de ello, pero creo que los árboles deben de ser podados si queremos que den fruto más abundante. En una casa de campo que mis padres tienen cerca de la Virgen del Camino (León) hay varios árboles y a mí me toca habitualmente podar los avellanos. Mi padre me ha dado instrucciones para ello:
1) Arrancar. He de quitar las ramas que salen en la base del tronco, pues ellas quitan savia a otras ramas que sí producen fruto y que se desea que sigan produciéndolo. Las ramas que no sirven o que chupan savia al árbol las corto de raíz, y luego las amontono en un lugar de la finca para quemarlas en la chimenea, cuando llega el frío. Además, se quiere que el árbol tenga el tronco limpio y tire para arriba. Por otra parte, el corte también sirve para airear la copa del árbol, de manera que los rayos del sol accedan a su interior y den vida a las ramas y hojas de esta zona. El sol ayuda a eliminar ciertos insectos y otras plagas que se afincan en lugares oscuros y húmedos.
2) Podar. Aquellas otras ramas que están mejor situadas y que interesa que den fruto se cortan un poco, es decir, se podan y así dan fruto abundante y mejor. Al podar, el ‘instinto de supervivencia’ del árbol hace que cuando éste se siente atacado (esto ocurre cuando se poda) ‘tema’ por su vida y florezca antes y en gran cantidad.
            Esta comparación tan sencilla de entender para la gente del campo también hoy es perfectamente comprensible para nosotros.
            ¿Qué tipo de rama o de sarmiento somos nosotros en nuestra familia, en la sociedad, en el lugar de trabajo, de estudio, en la Iglesia, en la fe? ¿Somos de las ramas o sarmientos que no dan frutos, que roban la savia al tronco, es decir, a la familia, a la sociedad, a la Iglesia, en el trabajo, en la relación con Dios? ¿Somos de las ramas o sarmientos que aprovechan la savia del tronco (de la familia, de la sociedad, del trabajo, de la Iglesia, de Dios) para crecer y dar fruto, según nuestras capacidades y fuerzas?
            - La acción de podar es dolorosa para el sarmiento:
1) Podar significar ‘cortar’. A quien le podan le cortan un trozo de sí; a veces el corte es casi total y le deja sin una parte muy importante de su ser y de lo que fue su vida. Dios ‘podó’ al misionero italiano de la historia que conté el domingo pasado. Le cortó la relación con su familia, con su cultura, con su salud, con su comodidad, con sus seguridades…, pero ese misionero se dejó podar por Dios y dio fruto abundante… antes de morir y al morir. Cuando Dios le ‘cortaba’, seguramente no le gustaría, pero sirvió para que diera fruto.
2) Podar significa corregir. Dios poda y corrige a quienes ama. Así nos lo dice el libro del Apocalipsis: “A los que yo amo los reprendo y los corrijo; sé ferviente y enmiéndate” (Ap. 3, 19). O también en aquel otro texto precioso de la carta a los Hebreos: “Por lo demás, si a nuestros padres de la tierra los respetábamos cuando nos corregían, ¡cuánto más hemos de someternos al Padre del cielo para tener vida! Nuestros padres nos educaban para esta vida, que es breve, según sus criterios; Dios, en cambio, nos educa para algo mejor, para que participemos de su santidad. Es cierto que la corrección, en el momento en que se recibe, es más un motivo de pena que de alegría; pero después aporta a los que la han sufrido frutos de paz y salvación” (Hb. 12, 9-11). En estos días que estuve en cama por el catarro vi un programa de televisión en que un padre en Florida enseñaba a su hijo como ganarse la vida cazando caimanes. El padre le aconsejaba que les disparara con una escopeta, pero el hijo decía que no, que era mejor con su pistola. El padre decía a la cámara: ‘Estos chicos de ahora quieren aprender, pero no se dejan enseñar por quien tiene más experiencia’. Se vio enseguida cómo un caimán había caído en una trampa (una cuerda con un cebo) y había que subirlo a la barca tirando de la cuerda con una mano mientras  con la otra se le disparaba. Así lo hizo el hijo, pero el disparo de pistola no fue lo suficientemente fuerte, pues no mató al caimán y éste casi cercenó un brazo del chico. Menos mal que el padre estaba atento y mató al reptil con un disparo de escopeta. A partir de aquí se vio al chico con una escopeta en la mano cada vez que iba a subir a la barca a otro caimán.
3) La poda-corrección, si es bien recibida, produce entre otros estos frutos: -capacidad de escucha; -capacidad de introspección o de examinarse uno ante lo que se le dice;  -humildad para aceptar lo que a uno se le dice, aunque no guste al principio; -una gran ganancia en las virtudes y una disminución de los vicios, errores y pecados; -un gran amor hacia quien poda-corrige, pues se ve que lo hace por amor y se reconoce en él la valentía de corregir y educar.

Oración
            ¡Señor, corta en nosotros lo que está podrido o lleno de pecados!
            ¡Señor, corta en nosotros lo que nos impide ver la luz de tu Hijo, Jesucristo!
            ¡Señor, corta en nosotros, aunque nos duela, pues es necesario para dar frutos de santidad y de bondad!

            ¡Señor, corrígenos siempre, aunque creamos saberlo todo y conocerlo todo! ¡Corrígenos una y otra vez, aunque no te hagamos caso por nuestra terquedad y por nuestra soberbia! Sí, ¡corrígenos y no nos dejes de tu mano!

            ¡Señor, pódanos, aunque ahora estemos dando muy pocos frutos! Queremos dar más frutos para ti y para tus hijos, los hombres,… ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.

jueves, 26 de abril de 2012

Domingo IV Pascua (B)


29-4-2012                               DOMINGO IV DE PASCUA (B)
                                                                 Hch. 4, 8-12; Sal. 117; 1 Jn. 3, 1-2; Jn. 10, 11-18
Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
            Celebramos hoy el domingo IV de Pascua y también el domingo del Buen Pastor, es decir, de Jesucristo.
            - Hace unos años leí la historia de las últimas horas de vida de un misionero en África. Creo que era un misionero italiano. Él tenía unos 40 años y atendía desde hacía 10 años un territorio bastante grande. Tenía su casa en el poblado principal y desde allí se trasladaba a otros poblados más pequeños para celebrarles los sacramentos, para reunir y hablar con los catequistas, para anunciar la Palabra de Dios, para llevar consuelo, para llevar medicinas o alimentos, para conseguir materiales y que se pudieran hacer pozos de agua y así la gente no tuviera que desplazarse kilómetros y kilómetros hasta el río o hasta un pequeño lago en búsqueda de agua. Normalmente este misionero se desplazaba en una moto. Era más cómodo para él y, además, le gustaban mucho las motos. Se la habían comprado en Italia para poder anunciar a Jesucristo.
            Un día este misionero se trasladaba de un poblado a otro para celebrar la Eucaristía. Al pasar al lado de un bosque oyó unos gritos de mujer y pensó que una fiera pudiera estar atacando a esa mujer. Paró la moto, se bajó de ella y se acercó hasta el lugar de donde salían los gritos. Se encontró con una mujer que estaba efectivamente en peligro, pero no porque la estuviera atacando una fiera, sino porque la atacaban varias fieras. Eran fieras de dos patas. Eran hombres, eran bandidos. Estaban armados y robaban donde podían. Se habían encontrado con aquella mujer en el lindero del bosque a donde había ido a recoger leña, la había cogido a la fuerza, la habían llevado al interior del bosque, la estaban desnudando e iban a violarla. El misionero, al ver la escena, les recriminó su mala acción. Entonces los bandidos dejaron a la mujer, la cual escapó medio desnuda, y fueron hacia el misionero. Lo cogieron y le acercaron a un árbol; con un machete le hicieron unas incisiones en los brazos y en las piernas y, a través de aquellas incisiones, le metieron unas lianas, a modo de cuerdas, y lo ataron al árbol. El sufrimiento era horrible y el misionero se estaba desangrando. Luego los bandidos con los machetes le hicieron cortes por todo el cuerpo hasta que lo mataron. Después se marcharon. Al poco tiempo llegaron hombres del poblado más cercano, a donde había ido la mujer, pero ya era demasiado tarde. El misionero estaba muerto y los bandidos habían huido.
            En ese misionero italiano se cumplió el evangelio que acabamos de escuchar hace un momento: “Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado […] ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas”. Jesús dijo: “Yo doy mi vida por las ovejas”.
            Sin embargo, no podemos decir que este misionero dio la vida por las ovejas solamente en aquel bosque y al querer salvar a aquella mujer. NO. 1) Él dio la vida ya al dejar Italia y una vida más cómoda. 2) Dio ya la vida en los caminos que recorría llenos de fieras salvajes, con peligro de que se le estropeara la moto quedando en medio de la sabana africana y que no pudiera escapar de las fieras. 3) Dio ya la vida al renunciar a su cultura, a los alimentos habituales de su infancia y tener que comer cucarachas fritas, hormigas fritas, serpientes cocinadas, comidas en las que no se cuidaba la higiene, beber aguas sacadas de donde bebían los animales y las revolvían con sus pezuñas, o beber de donde defecaban hombres y animales, o beber de donde había animales muertos. 4) Dio ya la vida al tener que dormir en el suelo de cabañas de paja con las familias que le acogían y en donde dormían a la vez los padres, los abuelos, los hijos, los animales y todo esto sin higiene. 5) Sí, este misionero italiano dio ya la vida por Jesucristo y por aquellos hermanos de Jesucristo mucho antes de morir en el árbol.
            - El evangelio de hoy nos habla del Buen Pastor y de los asalariados; nos habla de los buenos pastores y de los asalariados. El evangelio nos da una serie de características para saber reconocer a unos y a otros. Vamos a mirar en nuestra realidad para descubrir a unos y a otros:
1) El buen pastor pasa horas en oración ante el sagrario por la noche o recién amanecido a fin de imbuirse de Dios y de hacerse uno con Cristo. El asalariado pasa horas ante el ordenador con Internet para satisfacer sus aficiones y gustos, para sí, y ese tiempo se lo quita a Dios y a sus feligreses. “Y es que al asalariado no le importan las ovejas”.
2) El buen pastor lee, estudia y se prepara para alimentar y orientar a los fieles que Dios le encomendó. El asalariado se pasa gran parte de la noche con películas o Internet y se levanta a media mañana o para comer, y quizás su primer trabajo en el día sea la Misa de 7 de la tarde. “Y es que al asalariado no le importan las ovejas”.
3) El buen pastor está cerca de sus feligreses, los visita, los acoge y les escucha. Recuerdo que en los años que estuve en Alemania con emigrantes españoles conocí la historia de algunos sacerdotes, que eran párrocos de algún pueblo en España en la década de 1960. Por aquel tiempo, ante las graves dificultades económicas y laborales por las que pasaba España hubo pueblos enteros que emigraron a Alemania, o a Francia, o a Suiza para trabajar, y aquellos sacerdotes, en vez de pedir traslado a su obispo para irse a otra parroquia de la diócesis, se fueron para Alemania, para Francia, para Suiza junto con sus feligreses. El asalariado celebra la última Misa a mediodía del domingo en las parroquias de montaña que tiene encomendadas y luego se escapa para casa de sus padres, o para Gijón, o para Avilés, o para Oviedo. Y allí estará hasta la tarde del viernes en que regresará a sus parroquias para “decir” las Misas del fin de semana. El asalariado “dirá” las Misas de Navidad el 23 de diciembre en sus parroquias para luego poder irse para casa de sus familiares y celebrar las Navidades con ellos, pues “siempre celebró estas fiestas en familia”. “Y es que al asalariado no le importan las ovejas”.
4) Podemos ir diciendo muchas más cosas de unos y de otros, pero vamos a dejarlo por hoy aquí.
Pidamos al Señor por todos los pastores de su Santa Iglesia. Pidamos que nos convierta a todos los pastores que somos asalariados en buenos pastores siguiendo el ejemplo de Jesús, el Buen Pastor por excelencia.

jueves, 19 de abril de 2012

Domingo III Pascua (B)

22-4-2012 DOMINGO III DE PASCUA (B)
Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
El otro domingo hablábamos de una serie de experiencias que tienen aquellos que perciben la presencia de Cristo resucitado: la paz en sus corazones, el perdón de los pecados, la alegría de la fe. En el evangelio de hoy se nos apunta otro fruto de la resurrección de Jesús en sus discípulos: Jesús “les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras”. Y qué sucede cuando Jesús abre a alguien el entendimiento sobre las Escrituras. Pues le sucede lo mismo que les pasó a los discípulos de Emaús cuando Jesús les hablaba: “¿No nos ardía el corazón cuando nos explicaba las Escrituras?”. Sí, nos arde el corazón de fe y de amor a Dios cuando Jesús nos habla al corazón de Dios.
En la homilía[1] de hoy quisiera hablaros un poco sobre las Escrituras, es decir, sobre la Biblia y qué podemos hacer por nuestra parte para comprenderla:
1) Yo siempre digo que la Biblia es como un álbum de fotografías. Cuando abrimos un álbum nuestro y vamos pasando página tras página, nos encontramos con rostros familiares, con situaciones pasadas, normalmente alegres. Un álbum es algo personal. Pues lo mismo nos ha de pasar con la Biblia: Hemos de tener algunos pasajes muy queridos, pues nos acompañaron en determinados momentos de nuestra vida y nos dieron aliento, luz, fuerza, ánimo y fe de parte de Dios.
2) Siendo seminarista me di cuenta que yo nunca había leído la Biblia entera. Conocía muchos pasajes, pero no había leído la Biblia entera. Pensé que sería bueno y necesario que, uno que iba a ser cura, la hubiera leído, al menos, una vez entera. Así empecé un día y todas las noches, antes de acostarme, leía dos capítulos del Antiguo Testamento y uno del Nuevo. Hubo muchos trozos, sobre todo del Antiguo Testamento, que los encontré aburridos y sin demasiado sentido. Hubo otros trozos que me maravilló el descubrirlos, pues no sabía de su existencia. Hubo otros trozos que me dieron respuestas actuales a problemas o situaciones actuales. Hubo trozos que leí y no di en aquel momento demasiada importancia, pero después, mientras estudiaba o daba catequesis en la parroquia en la que ayudaba como seminarista, vinieron a mí mente y a mis labios y cobraron todo su sentido. Me di cuenta que lo que leía era palabra viva y no palabra muerta, o del pasado, o de una historia antigua.
3) Con el tiempo, y al leer diariamente tres capítulos, terminé la Biblia y entonces pensé en empezar otra vez por el principio. Y seguí haciéndolo del mismo modo: todos los días leía dos capítulos del Antiguo Testamento, y todos los días leía un capítulo del Nuevo Testamento. Y empecé a observar que ocurrían en mí dos cosas, que luego escuché que también les pasaba a otras personas: a) Si lees la Biblia una vez, entiendes algo. Si la lees dos veces, entiendes cada vez más. Si la lees tres o más veces, tiene mucho más sentido y sus palabras entran muy dentro de ti. b) Quien lee la Biblia profundiza cada vez más en Dios y en las cosas de Dios, y ya no soporta demasiado bien leer cosas espirituales de otros hombres, salvo que sean cosas escritas por los santos. Es decir, Dios da un sentido muy certero para percibir claramente lo que es de Dios, dónde está Dios, y todo lo demás cansa o se nos cae de las manos y es considerado como una pérdida de tiempo.
Y ahora quisiera leeros algunos trozos de la Biblia que a mí me han hecho mucho bien y que en un momento de mi vida iluminaron mi ser y mi espíritu. Estas son algunas de mis "fotografías". Cada uno debe buscar las suyas:
- “El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de vida, ¿quién me hará temblar?” (Slm 26, 1). Con este salmo empecé a gustar el Antiguo Testamento, pues descubría cosas hermosas y no sólo matanzas, como me habían dicho. Con este salmo mi espíritu se puso en comunión con Dios y Él me quitó miedos y complejos. Si Él me quiere, qué más da que los demás no me quieran. Si Él me acepta como soy, qué más da que los demás no me aceptan. Si Él quiere a los otros, quién soy yo para no quererles. Si Él acepta a los demás, quién soy yo para no aceptarles.
- “Jesús dijo: ‘Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontraréis alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera’” (Mt 11, 25-30). Este texto de Jesús me descubrió un Dios sencillo y preocupado por los débiles. También vi a un Dios que no buscaba sólo lo grande y lo extraordinario, sino lo pequeño y lo corriente. ¡Todos somos tan pequeños y tan corrientes!
“Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”. Esta frase de Jesús me descubrió y me animó a refugiarme en los brazos amorosos de Dios Padre y de Jesús, cuando estoy cansado. Él siempre tiene tiempo para mí. Pero esta frase también me enseñó a querer practicar ser como Jesús, cuando los demás están cansados y agobiados: Porque Jesús, porque Dios usa mis brazos para acoger a esos que están tristes y solos.

- “Para los que aman a Dios, todo les sirve para el bien” (Rm. 8, 28). Esta frase me enseñó a empezar a ver las cosas con los ojos de Dios. Antes yo pensaba que las cosas eran malas o buenas según me hicieran bien o mal al modo del mundo. Por ejemplo, si tenía demasiado frío o demasiado calor, si me cansaba, si no me reconocían…, todo eso era malo. Y si me sucedía lo contrario, entonces era bueno. Pero Dios me enseñó que tenía que mirarlo y juzgarlo todo desde Él. Lo que yo veo bueno, ¿es bueno para Dios? Lo que yo veo malo, ¿es malo para Dios? Y Dios me decía: Para los que me aman, “todo les sirve para el bien”.



[1] Esta homilía va a ser un poco testimonial.

jueves, 12 de abril de 2012

Domingo II Pascua (B)

15-4-2012 DOMINGO II DE PASCUA (B)

Hch. 4, 32-35; Sal. 117; 1 Jn. 5, 1-6; Jn. 20, 19-31

Homilía de audio en MP3

Queridos hermanos:

El domingo pasado, después de la Misa en la Catedral, fui a San Emeterio de Bimenes (una pequeña parroquia asturiana) para celebrar allí la festividad de la Pascua. Durante la homilía hice una pregunta: si creían los allí presentes en la resurrección de los muertos. Una señora contestó rápidamente en voz alta que no; dijo aquella mujer que, una vez fallecidos, se acababa todo.

En el evangelio de hoy se nos sigue hablando de la resurrección de Jesús, de la paz que Él nos da, de que Él nos perdona los pecados, de lo felices que son quienes tienen fe… Y yo me pregunto y os pregunto: ¿Al proponernos estas cosas la Iglesia para el día de hoy, al proponernos Dios este evangelio…, no estaremos ocupándonos del ‘sexo de los ángeles’ en vez de todos los problemas reales que hay en la actualidad?

Sí, hoy tenemos muchos problemas, muchísimos y de toda índole. No estamos ahora para ocuparnos de cosas etéreas, de cosas irreales o de cosas teóricas. Tenemos que sobrevivir. En efecto, algunos de los problemas que tenemos son: una Comunidad Autónoma en Asturias ingobernable y con mucha culpa por parte de los mismos políticos y de sus partidos, un número escalofriante de parados y que sigue aumentando, gran número de personas que dependen de la limosna de otros o de la ayuda de familiares para llegar a fin de mes, gente perdiendo sus casas y que ven sus enseres amontonados en la acera al desahuciarlos, problemas familiares y personales, trabajos precarios con sueldos de subsistencia…

Lo que acabo de decir es verdad, pero también lo es que en los tiempos de Jesús las cosas no estaban mejor. Es más, estaban muchísimo peor: Israel estaba ocupado por un ejército invasor que cometía numerosas tropelías con casi todos, mucha hambre y mucha miseria, enfermedades por doquier, problemas familiares y personales, violencia extrema… Pero todo ello no estorbaba para que aquellas gentes tuviesen tiempo de soñar y de buscar otros ideales que les ayudasen a vivir el día a día.

Hace poco veía la película de El Padrino II. Hay una escena en que Miguel Corleone, hijo del mafioso, estaba en La Habana. En aquellos días Fidel Castro luchaba para derrocar el gobierno corrupto de Batista. En la escena se ve un control de los militares de Batista apresando a un seguidor de Fidel. Este hombre escapó de los soldados, pero no corrió para ponerse a salvo, sino que fue hacia el capitán de los militares, se abrazó a él e hizo estallar una granada, y con ella murieron ambos. Miguel Corleone fue testigo de este hecho y comentó posteriormente: ‘Esta guerra la van a ganar los de Fidel, porque los soldados luchan por dinero, mientras que Fidel y sus seguidores luchan por nada’. Aquí se equivocaba Miguel Corleone. Él pensaba que sólo podía luchar uno por dinero, pero aquellos hombres de Fidel luchaban por sus ideas, por sus ideales.

Y es que las ideas son muy importantes. Las ideas mueven a los hombres y al mundo. Marx decía que la historia se mueve por la economía, y es cierto, pero no es toda la verdad. Ha habido, hay y habrá hombres que se mueven por las ideas. En nuestra sociedad actual en que prima lo material, decimos que se están perdiendo los valores. Sí, la gente puede tener de todo, pero no es feliz. Sí, hay gente que no tiene de todo y, sin embargo, es feliz. Las ideas pueden mover y, de hecho, mueven a los hombres y al mundo. Veamos algunos ejemplos: *Las ideas de un nacionalismo vasco o catalán mueven a muchas personas. *Las ideas de un triunfo en la liga mueven a muchos seguidores del Real Madrid y del Barcelona. *Las ideas religiosas en algunos musulmanes les mueven a morir matando, y en los caso de los católicos a morir como mártires. Las ideas mueven a los hombres y al mundo. ¿Qué ideas o ideales nos mueven a nosotros en el día a día? ¿O nos dedicamos simplemente a vegetar, a que pase día tras día, siendo todo igual: Hoy es igual que ayer, e igual que mañana?

- Las ideas que hoy nos son subrayadas por el evangelio son las de la paz, del perdón y de la fe, y éstas nos vienen a través de Jesús resucitado. Sin embargo, no se trata simplemente de ideas, sino que se trata de experiencias de vida. Cualquier persona que tiene experiencia de Cristo resucitado, tiene una experiencia de la paz que le inunda todo su ser, independientemente de la situación económica, social, familiar y personal en que se encuentre. Cualquier persona que tiene experiencia de Cristo resucitado, tiene una experiencia del perdón que le es dado y además de un modo gratuito, independientemente de la situación económica, social, familiar y personal en que se encuentre. Cualquier persona que tiene experiencia de Cristo resucitado, tiene una experiencia de la fe, es decir, del fiarse por entero de Dios, independientemente de la situación económica, social, familiar y personal en que se encuentre.

Otro dato: no tiene porqué ocurrir primero el encuentro o experiencia con Cristo resucitado y luego las experiencias de la paz, del perdón y de la fe. Todo esto puede tener otro orden, por ejemplo, puede uno percibir la paz en su espíritu y de aquí llegar al sentirse perdonado, a percibir la presencia viva de Jesús, y al aumento y profundización de la fe, o también puede tener cualquier otro orden.

Pondré a continuación un ejemplo que sucedió en la Rusia comunista de Stalín. Ya una vez os lo conté, pero viene muy bien repetirlo aquí: Stalín quiso arrancar la fe y la creencia religiosa de todos los rusos, por lo que prohibió tributar culto a Dios bajo penas muy severas. En cierta ocasión la policía política comunista encontró a una mujer mayor haciendo oración y adoración ante un icono de Jesucristo. La policía le llamó la atención y le dijo: ‘Mujer, eso tienes que hacérselo a Stalín y no a Jesús’. A lo que la mujer respondió: ‘Sí, estoy dispuesta a hacerlo, pero sólo a partir del día en que Stalín padezca, muera y resucite por mí’. Como vemos aquí, la (idea) experiencia de un Dios vivo en esta mujer movió a esta mujer a comportarse de una manera distinta a lo políticamente correcto sin importarle las consecuencias que ello le trajera.

¡Que Jesús resucitado nos conceda su paz, su perdón y su fe todos los días de nuestra vida!

jueves, 5 de abril de 2012

Domingo I Pascua (B)

8-4-2012 DOMINGO I DE PASCUA (B)

Hch. 10, 34a.37-43; Sal. 117; Col. 3, 1-4; Jn. 20, 1-9

Homilía de audio en MP3

Queridos hermanos:

- En el evangelio de hoy se menciona en tres ocasiones la palabra “correr”: María Magadalena “echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo a quien quería Jesús”; “salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro…” Creo que algunos recodaréis la película de Forrest Gump. En diversos momentos de la película varios personajes le decían: ‘Corre, Forrest, corre’, y él corría y corría. Pero sobre todo hay una escena en que el protagonista echa a correr por todo el territorio de Estados Unidos. Dice él: ‘Aquel día, sin ningún motivo, salí a correr un poco […] Y sin ningún motivo seguí corriendo. Cuando me cansaba, dormía. Cuando tenía hambre, comía’. El protagonista salía incluso en las noticias de los periódicos y de la televisión por su continuo correr. En otro momento de la película aparece el protagonista rodeado de periodistas que le preguntan: ‘¿Por qué corre?: ¿Por la paz mundial? ¿Por la gente sin hogar? ¿Lo hace por los derechos de la mujer? ¿Por el medio ambiente? ¿Por los animales? ¿Por las armas nucleares?’ Y Forrest simplemente contesta: ‘Tenía ganas de correr’. Luego otros corredores se le van uniendo como seguidores e imitadores. Y dice Forrest sobre ellos: ‘Bueno, para ellos sí tenía sentido’ el correr.

Nosotros, como Forrest Gump, también corremos a lo largo de nuestra vida. Si un periodista, si un vecino, si un amigo, si un familiar, si nosotros mismos nos preguntáramos: ‘¿Por qué corres? ¿Por qué corro?’ ¿Qué contestaríamos? ¿Nos merece la pena tanto correr? ¿Tiene sentido nuestro correr?

Jesús también corrió a lo largo de su vida: - Corrió, estando en el vientre materno, desde Nazaret a Belén; - corrió desde Belén a Egipto; - corrió desde Egipto a Nazaret; - corrió desde Nazaret a Jerusalén, cuando tenía 12 años; - corrió con 30 años por el desierto del Jordán, por toda Galilea y por toda Judea; - corrió por el monte de los olivos; - corrió hacia el sanedrín; - corrió hasta Pilatos; - corrió hasta Herodes; - corrió hasta el Calvario; - corrió hasta el sepulcro. ¿Le mereció la pena tanto correr? ¿Tuvo algún sentido el correr de Jesús?

- El evangelio de hoy nos habla de tres personajes: María Magdalena, Pedro y el discípulo que Jesús quería, Juan. Estos tres discípulos de Jesús corrieron tras Él de acá para allá. Ellos corrieron tras de Jesús y corrieron con Jesús por el amor que le tenían, pero sobre todo por el amor que Él les tenía.

El amor de verdad es lo que hace que alguien sea fiel a otra persona. Hace unos días me contaba una mujer viuda que en vida de su marido, mucha gente estaba alrededor de ellos, de su matrimonio. Su marido era una persona importante; era muy servicial y ayudaba a todo el mundo. Este hombre murió relativamente joven y después de su entierro la mujer se quedó sola con sus hijos. La madre de esta mujer le dijo: ‘Hija, ahora vas a saber quiénes son de verdad tus amigos, vuestros amigos’. Y la mujer hoy, después de unos años, dice: ‘¡Qué razón tenía mi madre! Muchos de los «amigos» de mi marido desaparecieron a la muerte de éste’. Sólo permanecieron al lado de esta viuda los verdaderos amigos, los que amaban de verdad; no los que buscaban simplemente su interés o un favor.

Igualmente al lado de Jesús hubo mucha gente y esta gente corría con Él su carrera. Pero, en cuanto hubo peligro o las cosas salieron mal, muchos le abandonaron y le dejaron correr solo. Esa gente fue a correr por otros lados. Sólo hubo algunos, muy pocos los que se quedaron para seguir corriendo por los mismos pasos de Jesús. Por eso, cuando hoy el evangelio nos habla de que María Magdalena corría, de que Pedro corría, de que Juan corría, lo que de verdad nos están diciendo y de lo que nos están hablando esas carreras son de amor, de fidelidad, de constancia, de fe, de esperanza. Y toda estas carreras se ven recompensadas, porque al final se encuentran con la meta: Jesús ha resucitado y Jesús vive para siempre.

Hoy, domingo I de Pascua OS ANUNCIO QUE JESUCRISTO HA RESUCITADO. ÉL VIVE Y ESTÁ CON DIOS. Hoy os animo a seguir corriendo tras Jesús. Si lo hacéis, si lo hacemos será signo de que amamos y de que queremos amarlo, será signo de que somos fieles y de que queremos ser fieles, será signo de que somos constantes y de que queremos ser constantes, será signo de que tenemos fe y de que queremos crecer en la fe, será signo de que tenemos esperanza y de que queremos crecer en la esperanza.

¡FELIZ PASCUA DE RESURRECCION!