jueves, 16 de febrero de 2017

Domingo VII del Tiempo Ordinario (A)



19-2-17                        DOMINGO VII TIEMPO ORDINARIO (A)

            Seguimos este domingo profundizando en el Sermón de la Montaña y Jesús nos sigue explicando aquello que Dios nos da y aquello que Dios espera de nosotros.
            Por ejemplo, en el evangelio de hoy Jesús nos dice: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
            ¿Qué es lo que Dios nos da (a propósito de este evangelio)? Pues Dios nos da su amor, a pesar de que en tantas ocasiones somos enemigos suyos, pues le hacemos la contra, no amamos a nuestros enemigos (sus hijos), ni siquiera a nuestros amigos y familiares. Dios no nos trata a nosotros como nosotros tratamos a los demás. Sí, Dios nos da el sol y la lluvia, la vida y el regalo de la creación, el perdón y la paciencia…, y todo esto a pesar de nuestras maldades y mediocridades.
            ¿Qué es lo que Dios espera de nosotros? Pues lo que nos dice el evangelio y que hemos puesto un poco más arriba (que amemos a nuestros enemigos y que recemos por los que nos persiguen). Pero para centrarnos en aquello que Jesús quiere decirnos con estas palabras es necesario que no pensemos o escuchemos esto en abstracto, sino en concreto. Por lo tanto, vamos a pensar en una persona o en unas personas que son nuestros enemigos, o que nos tienen por enemigos suyos, o que nos han hecho algún mal, o que ya no tratamos. Poned las expresiones que queráis, pero es importante que en nuestra mente y en nuestro corazón pongamos a esta persona o personas: la exmujer, el exmarido, el compañero de trabajo, el suegro/a, el examigo, el hermano/a o primo, el jefe… Pongamos delante de nosotros a esa persona o persona que odiemos, o a la que tengamos resentimiento por el motivo que sea. Ahora pensemos de nuevo ese mal que nos ha hecho en un momento o durante tanto tiempo. Pensemos en esas palabras o insultos que nos dijo. Sintamos cómo se reaviva y crece ese enemigo en nuestro interior. Dejémoslo ahí y contemplemos todo el daño que nos hizo y que nos hace.
            Para ser honestos sería bueno y necesario que ahora dirigiésemos nuestra mirada y nuestro pensamiento para el mal que hemos hecho a lo largo de nuestra vida a otras personas: las hemos ofendido con nuestras palabras, con nuestras acciones, con nuestros silencios, con nuestras omisiones. Hemos sido en tantas ocasiones egoístas con otros. Hemos sido soberbios, tercos, difamadores, impacientes, violentos, poco generosos, nos hemos reído y burlado de otros…, sin importarnos el daño que les podíamos causar. Pensemos también en las veces en que hemos sido desobedientes a Dios, en que hemos sido perezosos para con las cosas de Dios, en que hemos usado el nombre de Dios en vano, en que hemos usado a Dios a nuestra conveniencia y luego lo hemos dejado arrinconado… Pensemos en que siempre Dios ha estado y está dispuesto a perdonarnos y lo sigue haciendo. Dejémoslo ahí y contemplemos todo el bien que Dios nos hizo y que nos hace, y lo mucho que nos quiere.
            Ahora, una vez realizadas las dos acciones anteriores, volvamos a escuchar las palabras de Jesús: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos.
            Sabe muy bien el Señor que la inmensa mayoría del mal que los hombres reciben durante su vida no proviene de las enfermedades, ni de los terremotos, ni de los accidentes fortuitos… NO. La inmensa mayoría del mal que los hombres reciben durante toda su vida proviene de otros hombres. “Homo homini lupus” es una frase que ya empleaban los romanos y que significa: el hombre es el lobo del hombre o el hombre es un lobo para el hombre. Las guerras, los insultos, las maledicencias, los robos, los asesinatos, los odios, los egoísmos… y todo lo que queráis poner provienen del hombre. Esto lo sabía perfectamente Jesús. ¿Cómo hemos de reaccionar ante el mal que hay en el mundo, ante el mal que se nos hace? (También lo hacemos nosotros, por supuesto. Nosotros también somos hombres. Sí nosotros también somos ese “Homo homini lupus” para otros).
            Nosotros podemos reaccionar con violencia con más violencia, a la murmuración con más murmuración, al desprecio con más desprecio, a la soberbia con más soberbia, al robo con más robo, a la mentira con más mentira… Así estaríamos haciendo aquello del “ojo por ojo, diente por diente”. Asimismo podemos reaccionar a la violencia, a la murmuración, al desprecio, a la soberbia, al robo, a la mentira… con distancia o alejamiento o una mera resistencia pasiva. Pero también se puede (y los cristianos debemos) reaccionar al modo de Jesús, tal y como nos lo dice en este evangelio de hoy: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persiguen, para que seáis hijos de vuestro Padre celestial”. Cuando salió la Exhortación Apostólica Postsinodal del Papa Francisco sobre el amor conyugal Amoris Laetitia, encontré una cita textual de Martín Luther King que decía así: “La persona que más te odia, tiene algo bueno en él; incluso la nación que más odia, tiene algo bueno en ella; incluso la raza que más odia, tiene algo bueno en ella. Y cuando llegas al punto en que miras el rostro de cada hombre y ves muy dentro de él lo que la religión llama la ‘imagen de Dios’, comienzas a amarlo ‘a pesar de’. No importa lo que haga, ves la imagen de Dios allí. Hay un elemento de bondad del que nunca puedes deshacerte [...] Otra manera para amar a tu enemigo es ésta: cuando se presenta la oportunidad para que derrotes a tu enemigo, ése es el momento en que debes decidir no hacerlo [...] Cuando te elevas al nivel del amor, de su gran belleza y poder, lo único que buscas derrotar es los sistemas malignos. A las personas atrapadas en ese sistema, las amas, pero tratas de derrotar ese sistema [...] Odio por odio sólo intensifica la existencia del odio y del mal en el universo. Si yo te golpeo y tú me golpeas, y te devuelvo el golpe y tú me lo devuelves, y así sucesivamente, es evidente que se llega hasta el infinito. Simplemente nunca termina. En algún lugar, alguien debe tener un poco de sentido, y ésa es la persona fuerte. La persona fuerte es la persona que puede romper la cadena del odio, la cadena del mal [...] Alguien debe tener suficiente religión y moral para cortarla e inyectar dentro de la propia estructura del universo ese elemento fuerte y poderoso del amor” (n. 118 de Amoris Laetitia).
            Esto es difícil y hasta imposible, si Dios no nos asiste y ayuda con su fuerza y con su Espíritu. Pidamos a Dios que nos dé esa fuerza y su Espíritu para lograrlo, pues nosotros somos muy débiles y pequeños.

3 comentarios:

araceli rodriguez dijo...

Esta homilía es para leer cada mañana antes de salir de casa!. Gracias a que la acabo de leer voy a hacer una llamada que no me apetece nada!. Siempre llegas a punto Andrés. Me tengo que quedar con la reflexión que dices " cuánto mal hice y hago a Dios "?. Siempre veo lo menos bueno de los demás, vamos, de algunos..., espero tener presente estas reflexiones que nos cuentas.
Un abrazo
Araceli

Feli dijo...

Que difícil es querer a los que nos hicieron daño,o nos caen mal por la causa que sea.También reconocer nuestra culpa pensando que siempre tenemos la razón. Jesús nos manda querer y perdonar a nuestros enemigos,no guardar rencor,ni odio ,ni rabia.La única forma de construir un mundo más humano y pacífico es el amor por los demás.Donde hay amor hay paz.Así que vamos a pedirle al Señor que nos ayude a dejar nuestras rencillas y rencores.Señor que así sea. Un abrazo.

Esperanza dijo...



Que buena reflexión nos hizo hoy en su homilía ¡que difícil es llevarla a cabo!

pero tenemos que intentarlo, pedirle a Dios que nos ayude a perdonar y pensar

¡cuantas veces nosotros hemos hecho daño a los demás sin saberlo!

Que el señor nos ayude a perdonar y no ser rencorosos. Que Dios lo bendiga D.

Andrés y gracias por ayudarnos a reflexionar que a veces se nos olvida.