miércoles, 27 de abril de 2016

Domingo VI de Pascua (C)



1-5-2016                                DOMINGO VI DE PASCUA (C)

            Estamos en el sexto domingo de Pascua. Faltan sólo 15 días para terminar la Pascua, es decir, la fiesta que celebramos los cristianos por la resurrección de Cristo.
            En el evangelio de hoy Jesucristo nos dice: “La paz os dejo, mi paz os doy”. Pero, ¿qué es la paz? Humanamente hablando se puede decir que la paz puede ser definida en un sentido positivo y en un sentido negativo. En sentido positivo, la paz es un estado de tranquilidad y quietud; en cambio, en sentido negativo, la paz es la ausencia de guerra o violencia. Pero no nos conformamos con lo que se nos dice de la paz a nivel humano. Queremos saber qué es la paz a nivel de la fe: desde el evangelio y desde la doctrina de la Iglesia.
- Vamos en primer lugar a hablar sobre la paz exterior y en las relaciones entre los hombres. Como nos dice el Concilio Vaticano II, la paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemonía despótica (GS 78a). Para el Concilio la paz es obra de la justicia (GS 78a). Pero sobre todo la paz es también fruto del amor, el cual sobrepasa todo lo que la justicia puede realizar (GS 78b). Por lo tanto, para los cristianos no puede haber paz sólo cuando no hay guerras o cuando no hay violencia. Desde ese punto de vista podríamos decir que en España estamos en paz, o también en Asturias y en Tapia de Casariego. Pero no nos basta con esto. Sólo puede haber verdaderamente paz en España, en Asturias, en Tapia de Casariego (también en el resto del mundo) cuando exista justicia para todos y haya amor entre nosotros. En caso contrario, la paz que tenemos es claramente imperfecta.
Desde esta perspectiva la paz exterior ha de ser construida por los hombres. Sí, cuando procuramos suprimir toda agresividad o violencia en los actos, cuando procuramos suprimir la violencia verbal, cuando procuramos suprimir todos los robos y engaños…, no cabe duda de que estamos construyendo la paz. Además, construimos la paz cuando respetamos y fomentamos los derechos de todos los hombres, los de lejos y los de cerca. ¿Qué derechos? Vamos a tomarlos de la encíclica Pacem in terris de Juan XXIII (1963), concretamente de los números 11-13 de este documento: 11…el alimento, el vestido, la vivienda, el descanso, la asistencia médica y, finalmente, los servicios indispensables que a cada uno debe prestar el Estado. De lo cual se sigue que el hombre posee también el derecho a la seguridad personal en caso de enfermedad, invalidez, viudedad, vejez, paro y, por último, cualquier otra eventualidad que le prive, sin culpa suya, de los medios necesarios para su sustento. 12. El hombre exige, además, por derecho natural el debido respeto a su persona, la buena reputación social, la posibilidad de buscar la verdad libremente y, dentro de los límites del orden moral y del bien común, manifestar y difundir sus opiniones y ejercer una profesión cualquiera, y, finalmente, disponer de una información objetiva de los sucesos públicos. 13. También es un derecho natural del hombre el acceso a los bienes de la cultura. Por ello, es igualmente necesario que reciba una instrucción fundamental común y una formación técnica o profesional de acuerdo con el progreso de la cultura en su propio país. Con este fin hay que esforzarse para que los ciudadanos puedan subir, sí su capacidad intelectual lo permite, a los más altos grados de los estudios, de tal forma que, dentro de lo posible, alcancen en la sociedad los cargos y responsabilidades adecuados a su talento y a la experiencia que hayan adquirido.
            - Pero también Jesús quiere darnos la paz interior. Esta paz no la tenemos por tres motivos principalmente: por miedo, por culpa y por el sentimiento de no sentirse amado.
Es Jesús quien puede darnos realmente esta paz interior. Es Jesús quien nos quita verdaderamente el miedo. Nos lo dice en el evangelio de hoy: Que no tiemble vuestro corazón ni se acobarde. Igualmente nos lo dice en otros momentos de su vida: Que no tiemble vuestro corazón (Jn. 14, 1).
Es Jesús quien nos quita la culpa mediante el perdón de nuestros pecados. Al morir en la cruz, Jesús asumió todos nuestros pecados y culpas: las del pasado, las del presente y las del futuro, las de los hombres de todos los tiempos y lugares.
Es Jesús quien nos quita el sentimiento de no sentirnos amados. Ya en el evangelio del domingo pasado nos lo decía claramente cuando nos dio el mandamiento nuevo: “que os améis unos a otros; como yo os he amado(Jn. 13, 34). Jesús nos ama, tanto directamente como a través de otras personas. Veamos un ejemplo de esto último con la siguiente historia: Un misionero atendía a unos leprosos en una isla del Pacífico. Y le sorprendió que, entre tantos rostros muertos y apagados, hubiera alguien que hubiera conservado unos ojos claros y luminosos que aún sabían sonreír y que se iluminaban con un ‘gracias’ cuando le ofrecían algo. Entre tantos cadáveres ambulantes, sólo aquel hombre se conservaba humano. Cuando el misionero preguntó qué era lo que mantenía a ese leproso tan unido a la vida, alguien le dijo que observara su conducta por las mañanas. Y vio que, apenas amanecía, aquel hombre acudía al patio que rodeaba la leprosería se sentaba enfrente del alto muro de cemento que la rodeaba. Y allí esperaba. Esperaba hasta que, a media mañana, tras el muro, aparecía durante unos cuantos segundos un rostro, una cara de mujer, vieja y arrugadita, que sonreía. Entonces el hombre comulgaba con esa sonrisa y sonreía también. Luego el rostro de la mujer desaparecía y el hombre, iluminado, tenía un alimento para seguir soportando una nueva jornada y para esperar que al día siguiente regresara el rostro sonriente. Era –después le explicaría el leproso al misionero- su mujer. Cuando le arrancaron de su pueblo y le trasladaron a la leprosería, la mujer le siguió hasta el poblado más cercano. Y acudía cada mañana para continuar expresándole su amor.
En conclusión: cuando nos sentimos amados, la paz inunda nuestro corazón. Cuando nos sentimos perdonados, la paz llena nuestro ser. Cuando Dios nos quita el miedo a los complejos, a nosotros mismos, a los demás, al futuro, a la muerte…, la paz desborda nuestro espíritu. Por todo ello, vamos a terminar esta homilía con las mismas palabras de Jesús y le pedimos que se hagan realidad en nosotros:
“La paz os dejo, mi paz os doy”. ¡Que así sea!

6 comentarios:

pepitina dijo...

"Entonces el hombre comulgaba con esa sonrisa y sonreía también. "
Me ha parecido preciosa esta expresión...Una sonrisa desde la que hablan de su mutuo amor, que los sostiene a ambos, que hace revivir la Esperanza en ellos...que les da Vida.
¡¡Qué poco valoramos las sonrisas que recibimos!! y ¡Qué poco sonreimos...!
Buen domingo para todos.

Feli dijo...

Yo creo que lo más importante de la vida es el AMOR,,sentirse amad@,y dar amor, es algo que traspasa todo.
Y cuando se perdona,no me digáis, es algo excepcional,se siente un@ nueva por dentro, y no digamos si te perdonan,es muy importante pedir perdón,tod@s nos equivocamos lo importante es darse cuenta.Algunas veces que pedí perdón,estaba tan feliz,que reía y lloraba al mismo tiempo,y decía yo,viva la Pepa, Jesús está contento.De verdad amig@s del Blog irradia felicidad.
Así,que tod@s,hacer lo posible, dar amor para recibirlo.
Un abrazo

Chony dijo...

Que importante la paz!!! la paz de Jesucristo; esa que se lleva en el corazón, y que se respira a lo largo del día; que te ayuda a compartir la jornada, alegre y con ganas de poder alegrársela a los demás.
Creo que va muy unido esto con el evangelio del domingo; Amáos los uno a los otros como yo os he amado" "La paz os dejo, mi paz os doy"; lo segundo es consecuencia de lo anterior. Si te sientes amada, te sientes segura, sabes que tienes un refugio, y en el Alguien que se preocupa de ti; que te cuida y defiende; que seca tus lágrimas y acaricia tus mejillas cuando necesitas consuelo; que te hace fuerte cuando te sientes débil; que ríe contigo y llora contigo y sufre contigo; Esto proporciona una seguridad y confianza, que te llena de paz e corazón; y como consecuencia tu actúas con esa paz y confianza que te viene del Señor; porque de lo abunda en el corazón, habla la boca.
Jesucristo es el Amor y es la paz, lo es TODO.
Muchas gracias D. Andrés; y un fuerte abrazo para cada uno de vosotros.
BENDITO SEA DIOS

Milagros dijo...

Que edificante el comentario de choni y como me gustaria vivirlo asi pero a veces no ocurre,un saludo

Feli dijo...

feliz día para todas las madres del mundo.
Quiero hacerle un pequeño homenaje a la mía.
Fue una mujer trabajadora,estuvo trabajando en la fábrica de Albo,durante 50 años.
Me acuerdo,que no existía el sábado ingles,ese día también se trabajaba.El único día que podía descansar eran los domingos.
Se levantaba a las 6 y media de la mañana para ir a misa de 8 ,no perdía ninguna,y como no, nos mandó siempre a sus 8 hijos a la misa y al catecismo. Ella fue el pilar más importante de mi vida,por ella estoy escribiendo en este blog .Mamá te quiero ,te admiro y espero que nuestra madre la Virgen,te acompañe,y que todos esos kilómetros que recorriste a pie,para ir a trabajar y a misa,te envuelvan de amor.Te lo mereces ,te quiero, mamá.

Ana dijo...

Buenos días que bella homilia y los comentarios me han enriquecido el alma y dejado sin palabras !
Ante todo aprovechó a saludar a las madres en su día .....
Mi abuela decía que La Paz la tenemos que sentir en el corazón hasta cuando hacemos alguna tarea sencilla ... Si al terminarla nos sentíamos bien con lo logrado era un momento de paz ..... Y todas las noches al cerrar los ojos y hacer las plegarias teníamos que sentir esa sensación de paz en el corazón ..... Sino era así teníamos que pensar y orar por ella ..... Como verán mi abuela me ha llenado el alma .
no hay camino para La Paz ...La Paz es el camino
Que tengan un bello día ...disfruten a sus madres yo lo haré atraves de la oración