jueves, 4 de junio de 2015

Domingo del Corpus Christi (B)



7-6-2015                                             CORPUS CHRISTI (B)

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Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
En el evangelio de hoy hemos leído que Jesús dijo: “Tomad, esto es mi cuerpo […] Ésta es mi sangre”. ¿Nos creemos realmente que Jesús está en el pan y el vino después de las palabras de consagración dichas por el sacerdote? Éste es el quid de esta fiesta que hoy celebramos. Éste es uno de los núcleos fundamentales de nuestra fe. Mucha gente ha dudado siempre de la presencia real de Cristo en la Eucaristía: en el pan y en el vino de la Misa. Por eso, ya desde hace siglos la Iglesia, los fieles han promovido manifestaciones de fe en esta verdad. En algunos lugares esta fiesta es algo folclórico para mucha gente, como en Toledo, a donde va gente de simple turismo para VER la procesión. O incluso aquí, en Castropol, en donde a algunos les importa más las alfombras de flores o de serrín que el mismo Jesús y su presencia en el pan y en el vino consagrados.
- El 20 de mayo recibí un correo electrónico de una persona en Oviedo que ha descubierto el tesoro que hay dentro del sagrario, de cada sagrario, y se pasa muchos ratos de parloteo con Jesús. Es más, la madrugada del viernes (de todos los viernes) se va a una capilla en donde está el Santísimo expuesto las 24 horas del día y se pasa allí un rato. Me escribía ese día lo siguiente: “Hoy leí que un ateo le dijo una vez a un amigo creyente: ‘Si yo pudiera creer que en aquella hostia está verdaderamente el Hijo de Dios, como decís vosotros, creo que caería de rodillas y no me levantaría nunca más’.  El problema que tenemos los cristianos, es que en realidad no nos lo creemos. Nos lo han dicho muchas veces, pero nunca nos hemos parado a pensarlo.
Creo que yo soy consciente plenamente de que Dios está realmente en la Hostia, desde que hago adoración, y lo siento aún con más fuerza, desde que la hago de madrugada. Es algo muy íntimo estar allí a solas con el Señor. Me emociona, me desborda, y sí que caigo de rodillas. A veces, me cuesta marcharme.
Cuando llego el viernes (por la mañana) a trabajar, y las compañeras me comentan lo que hicieron el jueves, a dónde fueron, yo pienso: pues yo estuve con Dios... ¿A ver quién lo supera?”.
No tiene sentido pasar muchos ratos, como hace esta persona, delante del sagrario, si en él no está verdaderamente Jesús. Pero sí que tiene mucho sentido pasar muchos ratos delante del sagrario, si Él está ahí.
No tiene sentido estar todas las madrugadas de los viernes una hora delante del sagrario (primeramente uno tuvo que poner el despertador para las 3,30 horas, acostarse, levantarse a las 3,30 horas al sonar el despertador, vestirse, salir de casa, caminar por Oviedo, llegar hasta la capilla, entrar, estar allí una hora, luego salir de la capilla, caminar por Oviedo, llegar a casa, desvestirse, echarse en la cama, poner el despertador para levantarse a las 7 ó 7,30 horas y levantarse a esa hora e irse a trabajar); digo que no tiene sentido hacer todo esto si en ese sagrario no está verdaderamente Jesús. Pero sí que tiene todo el sentido del mundo hacer todo eso, si Él está ahí. ¿Por qué hacer esto? Pues la razón nos la da el ateo que decía: “Si yo pudiera creer que en aquella hostia está verdaderamente el Hijo de Dios, como decís vosotros, creo que caería de rodillas y no me levantaría nunca más.
Para mucha gente bautizada no tiene sentido lo que hace esta persona todos los viernes en la madrugada. Si lo contara a sus compañeros de trabajo o a sus amigos o a sus familiares (hermanos, primos, tíos, sobrinos…), le dirían que estaba loca. Sin embargo, si alguien pasa las noches y las madrugadas de los fines de semana de juerga (toda la noche) y viene para casa a las 7-9 de la mañana, esto se ve como normal. Se ve normal estar de juerga toda la noche. No se ve normal estar una hora a las 4 de la madrugada un viernes ante el sagrario.
¿Está Jesús realmente en el sagrario? ¿Está Dios mismo en el sagrario? ¿Comemos realmente a Jesús al comulgar? ¿En la procesión del Corpus, real y verdaderamente sacamos por entre nuestras calles al Hijo de Dios? ¿CREEMOS TOTALMENTE ESTO O NO LO CREEMOS? Si lo creemos, lo que hace esa persona de Oviedo no es una locura. Ella sí que se lo cree y es más feliz ella la madrugada de los viernes que los otros las madrugadas de los sábados y de los domingos. ¡Seguro!
            - En la Cuaresma de este año hice ejercicios espirituales en Pedreña (Cantabria). Durante los ejercicios espirituales se pasa mucho tiempo en oración y a mí me gusta estar delante del sagrario. Subía al segundo piso de la casa en donde estaba y allí había una capilla en la que había un sagrario, al cual yo miraba y hablaba, porque dentro estaba mi Señor Jesucristo. Al mirar me fije en el relieve de la puerta y vi esto:
             Se trata de una representación de la última Cena de Jesús con los apóstoles. Jesús estaba en medio de sus discípulos. Era una mesa alargada cubierta con un mantel y en la que había unos panes, unos peces y Jesús sostenía en su mano derecha una copa. En la parte superior y sobre cada uno de ellos estaba escrito el nombre en latín: ‘Andreas, Philippus, Bartholomaeus, Mathaeus, Iacobus Alphaei, Petrus, Iesus Christus, Ioannes, Iacobus Zebeddaei, Thomas, Iudas Thadaeus, Simon Chananaeus’. Mas al fijarme mejor, me di cuenta que a la derecha de Jesús había seis apóstoles, y a su izquierda había sólo cinco. Es decir, a la hora de diseñar este sagrario no habían puesto a Judas Iscariote. También me fijé que en esa zona izquierda de Jesús y delante de la mesa había una banqueta vacía. Concluí que ésa era el sitio que había ocupado Judas Iscariote. En esta imagen, cuando Jesús está celebrando la Eucaristía, la Misa, cuando está repartiendo su Cuerpo y su Sangre, Judas Iscariote ya no está. Entonces pensé que en esta banqueta vacía estamos representados todos y cada uno de nosotros, cuando dejamos a Jesús completamente solo.

            En la festividad de hoy (Corpus Christi) se nos invita a renovar nuestra fe en la presencia real de Jesús en la Misa y en el sagrario y amarlo, adorarlo, hablar con Él y a comulgarlo.

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