jueves, 7 de mayo de 2015

Domingo VI de Pascua (B)



10-5-2015                               DOMINGO VI DE PASCUA (B)

Homilía en vídeoHAY QUE PINCHAR EN EL ENLACE ANTERIOR PARA VER EL VIDEO.
Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
            En el evangelio de hoy aparece la palabra “PERMANECER” en tres ocasiones y concretamente en las tres primeras frases del texto leído: permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
            Vamos a tratar de profundizar en la homilía de hoy en esta palabra. Imaginemos que vamos a subir una escalera y hemos de subir varios peldaños para alcanzar algo de sabiduría en este tema.
            - Primer peldaño. Según nos cuenta la Biblia, el pueblo de Israel siempre ha estado en movimiento. En sus orígenes fue un pueblo nómada (Abraham y lo mismo sus descendientes), y posteriormente ha sido un pueblo exiliado y ha vivido como extranjero en varias ocasiones (con los asirios, con los babilonios, con los romanos…). Por ello, el pueblo de Israel no ha experimentado nunca verdaderamente lo que significa ‘permanecer’. Así, en hebreo no existe una palabra que designe esta idea. Cuando un israelita quería decir algo parecido a ‘permanecer’, utilizaba expresiones que describían a un hombre sentado, o las tiendas de los pastores plantadas en donde habitualmente había pastos…
            Sin embargo, este pueblo israelita siempre en marcha, de un lugar para otro, como  nos cuenta el Antiguo Testamento, siempre soñó con reposar de sus fatigas, de las persecuciones que sufría y con vivir en paz en la tierra que Dios le había prometido. Este pueblo soñó con PERMANECER en un lugar, y con tener paz y tranquilidad para criar a sus hijos, y con tener una casa estable.
            - Segundo peldaño. Ya por lo que se refiere al Nuevo Testamento, en él se nos dice que “este mundo es pasajero” (1 Co. 7, 31). En este mundo se marchita la hierba (Mt. 6, 30), se consumen todos los animales y los hombres (Is. 40, 8). Y el mismo Jesús nos dijo en el evangelio: “Cielo y tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán” (Mt. 24, 35). También nos dice San Pablo que desaparecerán las profecías, la ciencia; lo único que no desaparecerá es el amor (1 Co. 13, 8). No existe en este mundo una morada perpetua, una ciudad eterna, una casa para siempre (Hb. 13, 14). Nosotros sabemos, en efecto, que si esta tienda de campaña –nuestra morada terrenal– es destruida, tenemos una casa permanente en el cielo, no construida por el hombre, sino por Dios (2 Co. 5, 1).
            Los israelitas buscaban una tierra, una casa, un hogar para habitar, para residir, para estar, para permanecer, pero todo esto que buscaban era material y tangible. Sin embargo, Jesús nos enseñó que lo material y tangible es necesario para los hombres, mas estas cosas no son para siempre. Lo de aquí no permanece. Lo de Dios sí que permanece.
            - Tercer peldaño. En efecto, Dios es el único que siempre perdura. Él es la roca estable sobre la que hay que apoyarse. “Tu palabra, Señor, permanece para siempre, está firme en el cielo. Tu verdad permanece por todas las generaciones” (Slm. 119, 89-90). El hombre que se apoya en Dios, es un hombre que permanece. Hay un texto precioso usado por el profeta Jeremías para expresar esta idea: “¡Bendito el hombre que confía en el Señor y en Él tiene puesta su confianza! Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que extiende sus raíces hacia la corriente; no teme cuando llega el calor y su follaje se mantiene frondoso; no se inquieta en un año de sequía y nunca deja de dar fruto” (Jr. 17, 7-8).
            - Cuarto peldaño y rellano. Permanecer no es inmovilismo, no es rigidez, ni cobardía, ni pereza, ni comodidad. Jesús siempre es movimiento. Jesús es siempre dedicación a los hombres y a la voluntad de Dios. Por eso, quien permanece en el amor de Jesús debe de estar siempre olvidándose de sí para estar volcado hacia los demás. El que permanece no es ni debe ser un egoísta, ni un autista, ni un cobarde. El que permanece de verdad, y como nos dice Jesús en el evangelio, es un hombre que, olvidándose de sí, vive por y para los demás, por y para Dios.
            Permanecer tiene que ver con la fidelidad a la palabra dada, a las personas, a Dios, a los compromisos contraídos.
Permanecer tiene que ver con la constancia y con la perseverancia, aunque a uno le fallen las fuerzas, aunque viva su entrega en medio de la soledad (pienso en los que acompañan día y noche a sus padres con Alzheimer), aunque viva su entrega en medio de la ingratitud y el fracaso (pienso en los padres que atienden a sus hijos inmersos en la droga y que no son capaces de salir de ella).
Sí, permanecer tiene que ver, como bien nos dice Jesús en el evangelio, con el amor.
Habrá alguien que pregunte por el cuento de cada homilía. En esta ocasión es éste:
“Un hombre, su caballo y su perro iban por una carretera. Cuando pasaban cerca de un árbol enorme cayó un rayo y los tres murieron fulminados. Pero el hombre no se dio cuenta de que ya había muerto y prosiguió su camino con sus dos animales...
La carretera era muy larga y colina arriba. El sol era muy intenso, y ellos estaban sudados y sedientos. En una curva del camino vieron un magnífico portal de mármol, que conducía a una plaza pavimentada con adoquines de oro. El caminante se dirigió al hombre que custodiaba la entrada y entabló con él el siguiente diálogo:
- Buenos días.
- Buenos días - Respondió el guardián.
- ¿Cómo se llama este lugar tan bonito?
- Esto es el Cielo.
- ¡Qué bien que hayamos llegado al Cielo, porque estamos sedientos!
- Usted puede entrar y beber tanta agua como quiera. Y el guardián señaló la fuente.
- Pero mi caballo y mi perro también tienen sed…
- Lo siento mucho -dijo el guardián-, pero aquí no se permite la entrada a los animales.
El hombre se levantó con gran disgusto, puesto que tenía muchísima sed, pero no pensaba beber solo. Dio las gracias al guardián y siguió adelante. Después de caminar un buen rato cuesta arriba, ya exhaustos los tres, llegaron a otro sitio, cuya entrada estaba marcada por una puertecita vieja que daba a un camino de tierra rodeado de árboles. A la sombra de uno de los árboles había un hombre echado, con la cabeza cubierta por un sombrero. Posiblemente dormía.
- Buenos días -dijo el caminante. El hombre respondió con un gesto de la cabeza.
- Tenemos mucha sed, yo, mi caballo y mi perro.
- Hay una fuente entre aquellas rocas -dijo el hombre, indicando el lugar-. Podéis beber tanta agua como queráis.
El hombre, el caballo y el perro fueron a la fuente y calmaron su sed. El caminante volvió atrás para dar las gracias al hombre.
- Podéis volver siempre que queráis -le respondió éste.
- A propósito ¿Cómo se llama este lugar? -preguntó el hombre.
- EL CIELO.
- ¿El Cielo?
- Sí.
- ¡Pero si el guardián del portal de mármol me ha dicho que aquello era el Cielo!
- Aquello no era el Cielo; aquello era el Infierno -contestó el guardián. El caminante quedó perplejo.
- ¡Deberíais prohibir que utilicen vuestro nombre! ¡Esta información falsa debe provocar grandes confusiones! -advirtió el hombre.
- ¡De ninguna manera! En realidad, nos hacen un gran favor, porque allí se quedan todos los que son capaces de abandonar a sus mejores amigos...”
El amor auténtico permanece para siempre. El que no es auténtico se desvanece ante cualquier dificultad, por ejemplo, ante la sed, como en el cuento.

4 comentarios:

Ana dijo...

Que bellas palabras .... Y si Andrés añoraba tus cuentos ... Sabes todos los guardo luego los ilustró,para leerle después a mis nietos ..para junio llega el primero ... Mateo ....y dejárselos como recuerdos ..es que son tan claros y ejemplificadores ,...
Permanecer que bella palabra y bello significado le has dado ..permanecer en el amor ...al Padre ... Y al prójimo ...
Gracias Andrés ..

Feli dijo...

Quiero comentar un poco a mi entender la palabra PERMNECER.lo único que permanece y permanecerá para siempre es el Evangelio,que dice permaneced en Mí amor para que vuestra alegría llegue a la plenitud,cielo y tierra pasarán ,pero mis palabras no pasaran,porqué Jesús es amor y eso permanece para siempre.Nuestra tienda de campaña que es donde habitamos aquí en la tierra es pasajera,pero tendremos nuestra permanencia con Cristo en el cielo.Dios es el único que perdura,porqué para nosotros la palabra permanecer es inestable,inestable,en el matrimonio,en el amor a nuestros mayores,a nuestros amigos,en el amor a Dios etc.Dice Jesús que debemos permanecer en la constancia y perseverancia y no abandonar a la pimera de cambio, por eso lo del cuento tiene razón Ana,es precioso y nos dice mucho,a parte de querer a los demás también ,debemos querer a los animales y las cosas que Él creo,entonces nos dirá pasa y permanece conmigo para siempre.Bendito sea Dios

Anónimo dijo...

Querido Cura de Tapia,

Gracias por tu trabajo, como siempre. Muy buena la homilía y precioso el cuento que, aunque para mí es viejo, siempre le saco sustancia.

Hoy me he fijado en el comentario del guardián, cuando le advierte el caminante que debería denunciar el engaño del vecino al llamar cielo al infierno, y le contesta que, al contrario, que esa publicidad engañosa le hace un favor porque sirve de criba para que allí sólo lleguen los buenos de corazón.
Es verdad que la vida te pone pruebas que a simple vista pudieran parecer cargas pero, al final, ves que todo es en tu provecho. Que todo es para tu bien y para que sigas creciendo y fortaleciendo tu interior.

Buena semana!
Un abrazo para cada un@

Anónimo dijo...

Siempre me ha emocionado mucho esta frase del Evangelio: "Permaneced en mi Amor". Permaneced en el Amor de Dios, en el amor de las personas que amas, en el amor de las personas que ya están para siempre en el Amor de Dios.
Este permanecer, para mí es en realidad una búsqueda: La búsqueda del Cantar de los Cantares: "En mi lecho por la noche, busqué al amor de mi alma, lo busqué y no lo encontré. Me levanté y recorrí la ciudad, buscando al amor de mi alma..." La búsqueda de María Magdalena: "Se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. Si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo recogeré." La del salmista: "Oh Dios, Tú eres mi Dios, por Ti madrugo. Mi alma está sedienta de Ti." Y nuevamente el Cantar: "Me levanté para abrir a mi amado, pero mi amado ya se había marchado. ¡El alma se me fue tras él!"
Busco sin parar a Dios para intentar permanecer en su amor... Afortunadamente, sé que el Amor de Dios siempre permanecerá en mí.