jueves, 14 de mayo de 2015

Domingo de la Ascensión del Señor (B)



17-5-2015                              DOMINGO DE LA ASCENSION (B)
                                                           Hch.1, 1-11; Sal. 46; Ef. 1, 17-23; Mc. 16, 15-20

Homilía en vídeo.  HAY QUE PINCHAR EN EL ENLACE ANTERIOR PARA VER EL VIDEO.
Homilía de audio en MP3
Queridos hermanos:
            En el día de hoy celebramos la fiesta de la Ascensión de Jesús a los cielos. Además, seguimos en el tiempo de Pascua y es un tiempo muy propicio para impartir y recibir diversos sacramentos: Bautismo, Confirmación, Primeras Comuniones. Y así se está haciendo en estas parroquias del concejo de Tapia de Casariego. Hoy quisiera impartir en las Eucaristías también el SACRAMENTO DE LA UNCIÓN DE LOS ENFERMOS. Y quisiera hacerlo comunitariamente. Sin embargo, antes de hacerlo tendremos que profundizar y conocer un poco el sentido de este sacramento.
            ¿Sirven para algo las personas enfermas? ¿No es mejor desecharlas y abandonarlas? “Un cargador de agua tenía dos grandes vasijas que colgaba a los extremos de un palo y que llevaba encima de sus hombros. Una de las vasijas tenías varias grietas, por donde perdía lentamente parte de su contenido. La otra era perfecta y, por ello, conservaba toda el agua hasta el final del largo camino a pie, desde el arroyo hasta el destino del aguador. Sin embargo, la vasija rota sólo tenía la mitad del agua. Durante dos años completos esto fue así diariamente. Desde luego la vasija sana estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección y se sentía miserable, porque sólo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación. Entonces, la tinaja quebrada le habló un día así al aguador: ‘Estoy muy avergonzada y me quiero disculpar contigo, porque debido a mis grietas sólo puedes entregar la mitad de mi carga y sólo obtienes la mitad del valor que deberías recibir’. El aguador, compasivamente, le contestó: ‘Cuando regresemos del arroyo quiero que te fijes en las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino’. Así lo hizo la tinaja. Y, en efecto, vio muchísimas flores hermosas a lo largo del camino, pero de todos modos se sentía apenada, porque al final sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía de transportar. El aguador le dijo entonces: ‘¿Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a lo largo del camino por el lado por donde vas y todos los días las has regado. Por dos años he podido recoger estas flores para decorar el altar de mi Maestro. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza’. Cada uno de nosotros tenemos nuestras propias grietas. Todos somos en algún aspecto como esa vasija agrietada, pero debemos tener presente que siempre existirá la posibilidad de aprovechar nuestras propias ‘limitaciones’ para que, en vez de sufrirlas, logremos sacar de ellas el mejor provecho. Además, si ahí están…, quizás sean para algo…”
               La enfermedad. La enfermedad y el sufrimiento se han contado siempre entre los problemas más graves que aquejan la vida humana. En la enfermedad, el hombre experimenta su impotencia, sus límites y su finitud. Toda enfermedad puede hacernos entrever la muerte. La enfermedad puede conducir a la angustia, al repliegue sobre sí mismo, a veces incluso a la desesperación y a la rebelión contra Dios. Puede también hacer a la persona más madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para volverse hacia lo que lo es. Con mucha frecuencia, la enfermedad empuja a una búsqueda de Dios, un retorno a Él” (Catecismo de la Iglesia Católica [CIC] 1500-1501).
            ¿Qué es y quién lo instituyó el sacramento de la Unción de Enfermos? Éste es el sacramento que da la Iglesia para atraer la salud de alma, espíritu y cuerpo al cristiano en estado de enfermedad grave o vejez. Se puede recibir las veces que sea necesario.
Al igual que los demás sacramentos, la Iglesia considera que la Unción de los Enfermos fue instituida por Jesús quien, además, hizo participar a sus discípulos de su ministerio de compasión y de curación: “Y, yéndose de allí, predicaron que se convirtieran; expulsaban a muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban” (Mc. 6, 13). También se menciona un pasaje de la carta de Santiago sobre la función y efectos del sacramento: “¿Está enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, que oren sobre él y le unjan con óleo en el nombre del Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si hubiera cometido pecados, le serán perdonados” (Sant. 5, 14-15).
            Los efectos de la Unción de Enfermos son unir al enfermo a la Pasión de Cristo, obtener consuelo, paz y ánimo para vencer las dificultades propias de la enfermedad o la fragilidad de la vejez; nos fortalece contra el desaliento y la desesperación; asimismo consigue el perdón de los pecados (si el enfermo no ha podido confesarse), restablece la salud corporal (si conviene a la salud espiritual) y prepara para el paso a la vida eterna.
Destinatarios de la Unción de los Enfermos. La Unción de Enfermos no es un sacramento sólo para aquellos que están a punto de morir. Sus destinatarios es cualquier fiel que, habiendo llegado al uso de razón, comienza a estar en peligro por enfermedad o vejez. Además, debe tener la intención de recibirlo y manifestarla. Cuando uno se enferma quizás ya no se posee la facultad para expresarlo, pero mientras esa persona estuvo en pleno uso de razón, pudo manifestarlo, aunque fuera de manera implícita; entonces sí se puede administrar. Es decir, aquél que antes de perder sus facultades llevó una vida de práctica cristiana, se presupone que lo desea, pues no hay nada que indique lo contrario. Sin embargo, no se debe administrar en el caso de quien vive en un estado de pecado grave habitual, o a quienes lo han rechazado explícitamente antes de perder la conciencia.
Para administrarlo no hace falta que el peligro de muerte sea grave y seguro, lo que si es necesario es que se deba a una enfermedad o vejez (cuyas fuerzas se debilitan, aunque no padezcan una enfermedad grave). Y debe darse a los niños, aunque se dude acerca de si han llegado al uso de razón. Toda duda que pueda surgir sobre la oportunidad de conferir el sacramento debe resolverse favorablemente a su administración. En ocasiones es conveniente que se reciba antes de una operación que implique un gran riesgo para la vida de una persona.
La celebración del sacramento. Como en todos los sacramentos, la Unción de los enfermos se celebra de forma litúrgica y comunitaria, que tiene lugar en familia, en el hospital o en la iglesia, para un solo enfermo o para un grupo de enfermos. Es muy conveniente que se celebre dentro de la Eucaristía, memorial de la Pascua del Señor (CIC 1517).

7 comentarios:

Feli dijo...

Me parece muy bien,que la reciba quien quiera,es un sacramento,además podemos estar sanos ,y en cualquier momento,llegarnos la muerte,por enfermedad o accidente.Yo que ya soy abuela,quiero recibir ese Sacramento ya que tengo esa oportunidad, y de recibirla en familia, junto a mis vecinos y amigos.Gracias padre.

Anónimo dijo...

Ángela recibió el Sacramento tres días antes de su muerte.- Le pregunté y me dijo que sí.- Cuando llegué a verla su saludo fue que sí había estado el Sacerdote y le había administrado el Sacramento, y lo dijo con gran alegría.- Habíamos hablado antes de ello, un mes antes de recibirla.- Por ello lo recibió con pleno sentido y conciencia.-
En San Francisco nos lo administraron comunitariamente el pasado domingo.-José Ramón

Mary dijo...

Gracias padre por darnos la oportunidad de recibir este ,Sacramento porque si no es así muchos pasariamos sin él y ya nos dijo jesús estar preparados porque no sabeis el dia ni la hora.
un abrazo para todos

Anónimo dijo...

La unción, no me ha quitado los dolores que me trae el barómetro pero, me ha dado una fuerza especial grande, me ha renovado.Será porque he recibido un sacramento. Gracias.

Chony dijo...

De la homilía de hoy destaco dos cosas; yo si deseo recibir el sacramento de la Unción de enfermos; pues no deja de ser una ayuda mas que el Señor nos da. La otra es que, me gustó el cuento, y verme como jarra quebrada, que va perdiendo el agua poco a poco, pero me alegra saber que, a pesar de todo esa agua no se pierde, también puede dar preciosos frutos; está claro, el Señor no desperdicia nada, siempre se las arregla para hacer positivas las cosas que yo veo negativas. ¡¡Que grande es el Señor, y que "pequeño" a la vez!! El no siente ningún pudor de abajarse a nuestra condición, con tal de tenernos con El.
Muchas gracias André. ¡¡Que Dios te bendiga!! por todo tu esfuerzo y empeño en llevarnos hacia buenos pastos.

Esperanza dijo...

Como me gustan las explicaciones que nos da cada Domingo en las homilías, se me hacen muy cortas y sale uno con ideas claras y renovadas. Sobre la
unción de enfermos es un sacramento que yo quería recibir pero lo va uno dejando, no sé si por pereza o dejadez pero el Domingo lo recibí y le puedo asegurar que me quedé en paz porque uno no sabe cuando ni como puede perder la vida. Gracias D. Andrés por ser como es, que Dios lo bendiga y lo deje con nosotros muchos años. Lo necesitamos.

Pepitina dijo...

Recordar el cuento de las Vasijas, con tanta ¡sabiduría!, me ha venido bien. En estos momentos con más años, más experiencia de Dios y de los demás, más nietos y más cansancio....he visto con más claridad cómo las grietas de mi vasija también han ido dando su fruto, aunque en su momento no lo percibiera. Dios lo aprovecha todo para ir mostrándonos Su Amor y capacitándonos para descubrirlo en las distintas situaciones que vamos viviendo.
Buena semana amigos. Y ¡enhorabuena! a los que habéis recibido el Sacramento de la Unción.