viernes, 17 de septiembre de 2010

Domingo XXV del Tiempo Ordinario (C)

19-9-2010 DOMINGO XXV TIEMPO ORDINARIO (C)

Am. 8, 4-7; Slm. 112; 1 Tim. 2, 1-8; Lc. 16, 1-13

ORACION (II)



Homilía de audio en MP3

Queridos hermanos:

ACTITUDES: Continúo con la homilía del domingo pasado en que analizaba las premisas y las actitudes necesarias para la oración cristiana y de fe.

5) La quinta actitud que reseño es la de no buscar seguridades, pero sí la Seguridad en Él. Para explicar este apartado y que se pueda comprender mejor utilizaré un ejemplo: el de los españoles y los portugueses a la hora de lanzarse a la aventura de llegar a las Indias Orientales (como todo ejemplo, habrá de tomarse de modo analógico y no totalmente identificado en cada aspecto). Los portugueses aparejaron barcos en Lisboa u otras ciudades de su país y bordeando el continente africano pasaron al Océano Indico y bordeando costas de Asia llegaron a las Indias Orientales. Con esta táctica tenían, en su viaje de ida, la costa a mano izquierda y el mar-océano a mano derecha. Si les faltaba agua, se acercaban a la cercana costa y llenaban los barriles de agua. Si les faltaba comida, se acercaban a la cercana costa y conseguían alimentos variados: carne, verduras, frutas… Si venía una galerna o la navegación se convertía en algo muy arriesgado, se acercaban a la cercana costa a guarecerse hasta que pasaba el peligro. Si algún día querían volverse a su lugar de origen, era todo muy fácil: daban un giro de 180 grados y en ese momento tenían la costa a mano derecha y el mar a mano izquierdo y, sin ningún tipo de pérdida, llegarían a Portugal de nuevo. Aquí casi todo estaba asegurado. Sin embargo, los españoles hicieron de otro modo. Aparejaron barcos y se lanzaron por el Océano Atlántico. En aquellos momentos se pensaba que la Tierra era plana por lo que la gente pensaba que, llegados a un punto, no había nada más y los barcos caerían al vacío. Al poco tiempo de iniciar los españoles la navegación no se veía más que la mar por todas partes, salvo por arriba que tenían el cielo. Tuvieron que aguantar con la comida, que se iba agotando y se pudría; tuvieron que aguantar con el agua, que se iba agotando y se deterioraba; tuvieron que aguantar galernas y tormentas sin tener donde guarecerse. Además, de los peligros e incomodidades físicas, tuvieron que soportar la incertidumbre, el miedo, el terror, el no saber cuándo llegarían, a dónde llegarían, ni si sabrían retornar a España…

Pues bien, la vida de oración de los seres humanos la podemos hacer como los portugueses, es decir, buscando seguridades. Quiero saber a dónde voy, por dónde voy, qué me pasa, por qué me pasa, y no estoy dispuesto a correr riesgos. Quiero sentir siempre al Señor conmigo. Si me falta, quiero saber por cuánto tiempo y por qué motivo. Si me falta el Señor, quiero tener otras cosas a las qué agarrarme, como rosarios, Misas, limosnas, buenas obras…, que me aseguran que estoy en el buen camino. Ejemplo típico de esto es la oración del publicano: “Ayuno dos veces por semana y pago los diezmos de todo lo que poseo” (Lc. 18, 12). De ahí la seguridad de este publicano, que oraba ERGUIDO ante Dios, que basaba su confianza y seguridad en lo bueno que era y que hacía: “No soy como el resto de los hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni como es publicano” (Lc. 18, 11). De este modo y manera, la oración la hacemos nosotros, no la hace Él en nosotros; además, no dejamos que Él se manifieste en nosotros, que Él nos salve. Yo no estoy dispuesto a peligrar por Él, a no saber por Él, a perderme por Él…

La oración, al modo de los españoles, consiste en abandonarse a Dios, en despreciar cualquier seguridad que no sea Él. Sé de dónde parto, pero no sé a dónde voy, ni cómo voy, ni por dónde voy. No sé qué será de mí mañana o pasado. No sé si moriré en el intento. Sólo sé que me fío de Él o que quiero fiarme de Él[1]. Pero este fiarse de Dios no es una cosa del principio y lo demás es dejarse llevar. NO. Este fiarse de Dios ha de ser al principio, al final y también por el medio. No me he de preocupar tanto si avanzo o no en la oración y en la fe, si siento o no siento, si estoy consolado o desolado, si me aburro o no, si tengo éxtasis y arrobamientos al estilo de Sta. Teresa de Jesús o si estoy más frío que un carámbano de hielo, si soy bueno o malo, si me quieren Dios y los demás o no…rpincipio y lo demDios, en despreciar cualquier seguridad que no sea El. o que era y que hac Porque, en definitiva, eso es mirarme a mí mismo, y la oración es para mirarle a Él, o por mejor decir, para que Él me mire a mí. No me ha de importar si se me acaba el “agua”, porque estoy con Él y Él está conmigo. No me ha de importar si se me acaba la “comida”, porque estoy con Él y Él está conmigo. No me ha de importar si estoy en medio de las tormentas o galernas, porque estoy con Él y Él está conmigo. No me ha de importar si se acaba el Océano y caeré por el precipicio abajo, porque estoy con Él y Él está conmigo. Lo que quiero decir es que, en la vida de oración y en la vida de fe, IMPORTA ÉL Y NO YO, e, importándome sólo Él, me doy cuenta de que a Él sólo le importo yo.



[1] Fijaros en cómo Abraham se fió de Dios y abandonó su hogar, su país, sus amigos y sus parientes por una promesa de Dios. Y lo hizo, no a los 20 años, sino a los 75 años: “El Señor dijo a Abrán: Sal de tu tierra, de entre tus parientes y de la casa de tu padre, y vete a la tierra que yo te indicaré. Yo haré de ti un gran pueblo, te bendeciré y haré famoso tu nombre, que será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Por ti serán benditas todas las naciones de la tierra. Partió Abrán, como le había dicho el Señor. Tenía Abrán setenta y cinco años” (Gen. 12, 1-4).

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Esta homilía-lección magistral de D. Andrés, ya me sitúa en plano muy diferente al anterior, ahora la actitud ante la oración va siendo cada vez más radical, solo con EL y para EL. He perdido el yo, ese que los portugueses parece entendían bien, eran unos supervivientes con horizonte, pero la propuesta de D. Andrés, nos sitúa en el lado opuesto, nos pide fe ciega en el Señor, con abandono de todo miedo y de toda atadura. Voy a desprenderme de mis miedos, de mis inseguridades, y voy a dejarme llevar por la voluntad del Señor, sin ninguna barrera psicológica, ese tipo de barrera que te hace reflexionar y retroceder ante lo que parece inviable, debo de creer que aún lo inviable, y en los acontecimientos más extraños está siempre la mirada del Señor, y bajo ella deseo acogerme, sin importarme el horizonte, El sabrá..., pero sobre todo, estaré muy pendiente de
escucharle.
Gracias D. Andrés, para mi estas catequesis son un descubrimiento extraordinario, que me muestran mi pequeñez en la fe. Que el Señor le bendiga, y le permita por muchos años, seguir abriéndo caminos tan preciosos para los fieles, como es la oración, la comunicación personal con el Señor por excelencia.
Un fuerte abrazo a los hermanos del blog.

cris dijo...

Hola P. Andrés. ¡ Cómo es Dios de bueno y generoso! que sin querer hoy hizo que me encontrara con su blog, y llenara le regalara una caricia a mi alma, cómo llegan sus palabras le aseguro que desde Argentina seguiré cada semana su mensaje. Por lo pronto mi meta será ir en busca de la SEGURIDAD. Muchas bendiciones para usted.

Chony dijo...

Muchas gracias Andrés, por el gran regalo de estas homilías-charlas- catequesis; es un verdadero deleite el poder escuchar estas cosas, que traen nuevas esperanzas a nuestro espíritu.
El tema de la oración me atrae mucho, porque creo que ahí está "la madre del cordero" de mi fe.
Hace años, de la mano de D. Andrés, y llevada por el E.S. comencé a descubrir este camino, que me ha llevado hasta el día de hoy.
La oración, cosa maravillosa, en la que te das cuenta cuan distintas son las cosas cuando cuentas con Dios, y le sientes cercano.
El comienzo, digamos que fue al estilo español, me fié y me lancé al mar sin mas, sin pensar hacia donde me llevaría el viento, ni lo que ocurriría en la travesía.
Disfrutaba de la "brisa suave" y la felicidad me embriagaba, al sentirme mecida en los brazos del Amor de Dios.Conocí lo que es la verdadera dicha, y el no necesitar nada, que no fuese esa intimidad con mi Señor.
Mas no todo ha sido así en este tiempo, en mi debilidad tantas veces caí en la tentación de hacer este camino al estilo portugués, ya quería tener seguridades, deseaba que aquello durara siempre, quería saber que haría el Señor conmigo, si hacía bien la oración, etc. etc.
Así cuando llegó la "tempestad" y las olas amenazaban con tragarme, muchas veces me ocurrió lo que a Pedro, que me miré a mi misma y comencé a hundirme. Yo no podía caminar sobre las aguas, era imposible para mi; Señor sálvame, he tenido que gritar no pocas veces, y otras tantas Él ha extendido su mano para sacarme a flote.
También he tenido la tentación de regresar a tierra, de volver a Egipto a comer cebollas, pero me encontré con la realidad de que ya no me era posible, pues había conocido la VIDA, LA LUZ, y ya no podía vivir sin ella, había que seguir adelante, aunque mis ratos con el Señor ya no fueran tan placenteros, Él estaba a mi lado, y eso es mi seguridad.
Si Dios me falta ¿que tengo?
Un fuerte abrazo a todos los hermanos del blog.
BENDITO SEA DIOS
Chony

Andrés Pérez Díaz dijo...

¡Bienvenida, Cris, a nuestra familia de este blog! Dios la bendiga.

Anónimo dijo...

Gracias por tu testimonio Chony. Me ayuda precisamente hoy, en que paso un mal momento.
Ora por mi.

Ana dijo...

Buena semana ... no es facil desprenderse de las inseguridades y de los miedos .. pero cada vez que ellos vienen a mi ... la oracion es lo unico que logra la calma y la paz en mi alma ..
Gracias Andres .. y hermanos que me acompñaron en la oracion por Aida que fue operada el dia jueves ... de la operacion ha salido bien ahora hay que esperar ... Gracias en nombre de su hija .. un abrazo lleno de gratitud y amor de mi parte ..

Anónimo dijo...

Muy bueno el ejemplo para hacernos entender lo que es abandonarse en El o agarrarse a sucedáneos.

Debo confesar que intento ser mas española que portuguesa pero ¡ay Dios! que poco constante.

Aunque digo, quizas con demasiada frecuencia, ¡que sea lo que Dios quiera! me temo que no lo tengo aprehendido del todo, pero El sabe que con su ayuda iré mejorando.

Un abrazo para cada uno y que tengas buen fin de semana.
Soco.

Pepitina dijo...

Cada día encuentro más razones para ORAR.
La convivencia es difícil; cualquier tipo de comunidad (familia, amigos, trabajo, vecinos, grupos, parroquias..) y como no ANDE DIOS por ahí, mala cosa. LO NECESITAMOS.
La HOMILÍA de la BODA DE mi hijo JAIME- (a quién casó el P. Andrés) termina con unas palabras preciosas, que a mi me ayudan mucho en cualquier tipo de convivencia, encuentro: como mujer, esposa, madre, hermana, amiga….
“Cuando una pareja se casa se dan las manos, y Dios pone su mano sobre las suyas. Puede ser que el marido retire o decaiga su mano, pero permanecen las manos de la mujer y de Dios. Puede ser que la mujer retire o decaiga su mano, pero permanecen las manos del marido y de Dios. Puede ser que los esposos retiren o decaigan sus mano, pero permanece la mano de Dios. El siempre está. [Y es este Dios al que habéis llamado al inicio de vuestro matrimonio para llegar al Reino de Dios juntos.]”
El siempre está, es cierto, < Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy YO en medio de ellos.> Es Su Palabra.
Por eso a mí me vale mucho esta “oración”, -ESAS MANOS- que en un Encuentro tierno cubren las mías y Le hacen presente donde le necesitemos. ¡¡Cuántas veces han sido y son Sus Manos, las que han mantenido una convivencia, un grupo, una amistad..que Él desea que perdure!! Y es en la oración donde mejor se perciben Sus Manos, sosteniéndonos, levantándonos y abrazándonos. Él es nuestra SEGURIDAD, aunque en ocasiones nos confiemos a otras caducas.
Buena semana amigos.