lunes, 7 de septiembre de 2009

Santina de Covadonga (Natividad de la Virgen)

8-9-2009 SANTINA DE COVADONGA (B)
Miqueas 5, 1-4a ó Romanos 8, 28-30 / Mateo 1, 1-16.18-23
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Queridos hermanos:
En este año 2009 se cumplen veinte años de la estancia del Papa Juan Pablo II en el santuario de Covadonga. En efecto, aquel verano de 1989 el Papa estuvo en Asturias y quiso visitar la casa de María, la cueva de Covadonga. Entonces Juan Pablo II en la Misa que celebró allí predicó unas palabras, que están de plena actualidad. Voy a ir destacando varias frases de su homilía que a mí me han llegado al espíritu y pienso que también os pueden servir a vosotros:
- Me parece que ya os conté en varias ocasiones que a mí me costó conseguir el regalo de la fe, la devoción y el amor a la Virgen María, Madre de mi Señor Jesucristo. Este regalo lo obtuve de parte de Dios casi al mismo tiempo que mi ordenación sacerdotal. Por eso, porque a mí me costó tanto el descubrir la fe y el amor a la Virgen, sufro cuando alguna persona de fe me dice que tiene a la María un poco alejada de su corazón y de su devoción. Por eso mismo me llegaron al corazón las palabras del Papa cuando, hace 20 años, dijo: “la presencia de María es garantía de la autenticidad de una Iglesia en la que no puede estar ausente la Madre de Jesús”. En verdad yo creo que una persona que no ha descubierto la importancia de María en su vida de fe es que aún tiene en la penumbra parcelas importantes del evangelio. Yo no he visto a ningún santo que no ame a María, pero esto, como todo, es don de Dios. Por ello entiendo perfectamente cuando el Papa dice que la Madre de Jesús no puede estar ausente de la Iglesia y de los creyentes.
- En otro momento de su homilía dijo Juan Pablo II: “Para poder anunciar esta verdad acerca de la Madre del Redentor es necesario recorrer el admirable ‘itinerario de la fe’ […] En el Concilio Vaticano II, la Iglesia ha declarado que la Virgen, Santa Madre de Dios, admirablemente presente en la misión de su Hijo Jesucristo, “precedió” a toda la Iglesia en el camino de la fe, de la esperanza y de la perfecta unión con Cristo (cf. Lumen gentium, 58)”. El sábado celebré la boda de unos amigos. En el banquete comí al lado de un jesuita, también invitado a la boda, que está de director en un colegio mayor de aniversarios en Santiago de Compostela. Nos contaba este jesuita las experiencias tan ricas que ha vivido y escuchado de jóvenes y no tan jóvenes que han hecho el Camino de Santiago. El mismo ha hecho el Camino en 5 ocasiones y, además, acompañado de jóvenes; este jesuita ha sido testigo de vivencias maravillosas: decía que una cosa es convivir con jóvenes en un colegio durante un curso y otra muy distinta estar 15 ó 20 días caminando, soportando frío y calor, sed, cansancios, agujetas, dolores, dormir poco y mal, comer de cualquier manera… Particularmente nos contaba la experiencia de una chica danesa, protestante, que al acabar el Camino de Santiago quería confesarse con toda urgencia y lo hizo con este jesuita. Ella hablaba danés e inglés. El jesuita no hablaba inglés. Total, que tuvo que estar otro chico presente haciendo de intérprete de lo que decía la chica y traduciéndoselo al jesuita. Tiempo después este chico aún comentaba el “schock” que le produjo aquella confesión y la experiencia de cambio y de conversión a la fe que narró la chica.
Os cuento todo esto, porque a mucha gente le está ayudando en su encuentro con Dios hacer el Camino de Santiago. No es un acto de gimnasia, no es turismo; es una auténtica peregrinación. El Papa nos decía que la Virgen María también hizo su itinerario de fe, su camino de fe, su peregrinaje de fe, que no es otra cosa que ir detrás de Jesucristo dejando de lado todo lo que no es Jesús. Ella fue la primera que hizo este camino de fe. Ella nos precedió a nosotros, la Iglesia, en este caminar tras su Hijo Jesús. Veamos el peregrinaje de María: 1) Su Hijo la llevó a visitar a Isabel su prima y tuvo que ir dejando atrás sus miedos a atravesar montañas y caminos solitarios con una criatura a su vientre. 2) Su Hijo la llevó a Belén para dar a luz en un lugar insano y expuesta a la furia asesina de Herodes. 3) Su Hijo la llevó a Egipto, a un lugar desconocido y con una lengua desconocida. 4) Su Hijo la llevó a estar angustiada por Jerusalén buscándolo, cuando él se quedó allá con los doctores de la Ley sin haber avisado a sus padres. 5) Su Hijo la llevó durante 3 años por todo Israel cuando él predicaba y curaba. 6) Su Hijo la llevó al monte Calvario para verlo sufrir torturado y morir como un perro, solo y abandonado… Este fue el “Camino de Santiago” que María hizo en su vida. ¿Cuál es el nuestro? También nosotros tenemos un camino y un peregrinaje de fe, como nos dijo el Papa Juan Pablo II. Repasemos un poco nuestra vida: ¡Cuántos tumbos, cuántas caídas, cuántas pérdidas de tiempo en cosas inútiles, cuántos momentos felices con Dios y con otros hermanos! Todo ello forma parte de nuestro “Camino de Santiago”. La Virgen lo hizo antes que nosotros, pero también lo hace ahora con nosotros. ¿No lo notáis?
- No me resisto a terminar esta homilía sin las palabras finales del Papa en su homilía de hace 20 años. Unas palabras preciosas: “Covadonga, a través de los siglos, ha sido como el corazón de la Iglesia de Asturias. Cada asturiano siente muy dentro de sí el amor a la Virgen de Covadonga […] Por eso, si queréis construir una Asturias más unida y solidaria no podéis prescindir de esa nueva vida, fuente de espiritual energía, que hace más de doce siglos brotó en estas montañas a impulsos de la Cruz de Cristo y de la presencia materna de María. ¡Cuántas generaciones de hijos e hijas de esta tierra han rezado ante la imagen de la Madre y han experimentado su protección! ¡Cuántos enfermos han subido hasta este santuario para dar gracias a Dios por los favores recibidos mediante la intercesión de la Santina! La Virgen de Covadonga es como un imán que atrae misteriosamente las miradas y los corazones de tantos emigrantes salidos de esta tierra y esparcidos hoy por lugares lejanos. ¡Cuántos peregrinos han encontrado aquí la paz del corazón, la alegría de la reconciliación, el perdón de los pecados y la gracia de la renovación interior! De esta manera la devoción a la Virgen se convierte en auténtica vida cristiana, en experiencia de la Iglesia como sacramento de salvación, en propósitos eficaces de renovación de vida”.

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece preciosa la comparación del caminar de María con su Hijo y el Camino de Santiago. Pienso que todos tenemos " un camino de Santiago " en nuestra vida. Nadie se libra de las pruebas y del sufrimiento, y en esos momentos, María en mi caso, es siempre la " primera instancia " a la que recurro.
Creo que en la tradición española de la fe, ha estado siempre la presencia de María, somos gracias a Dios, un país Mariano, lleno de advocaciones de la Virgen, desde nuestra infancia, María está siempre en los grandes momentos familiares y populares, pero especialmente habita en nuestros corazones. Le doy gracias a mis padres, por haberme dejado el legado de amar a María, como Madre del Redentor, como intercesora nuestra ante Jesús.
Gracias D. Andrés, por querer tanto a María, y por seguir enseñándonos a quererla a los demás.
Un fuerte abrazo a los hermanos del blog.

Beatriz dijo...

Que hermoso todo lo que nos enseñas. Es para reflexionar mucho sobre nuestra fe. Gracias.

Any dijo...

Que maravilla la comparacion que has hecho Andres ¡¡Yo desde muy niña ... amo profundamente a Nuestra Madre .. me lo han enseñado creo yo desde que naci ... y recuerdo siempre estas palabras que me decia mi abuela .. "Vive de tal manera que cdo partas Jesus te diga .."Mi Madre ya me ha hablado de ti " .. tengo una relacion con Maria de Madre he hija .. pues sin ella que siempre me sosotuvo no se que hubiese sido de mi ....
Gracias Andres por tan profundas palabras ¡¡¡

Anónimo dijo...

Querido D. Andrés y demás hermanos:

En repetidas ocasiones haciendo memoria en como se inició mi fe, recuerdo que en un principio era Dios Padre quien centraba todas mis oraciones y mi fe, despúes poco a poco fue entrando Jesucristo en mi vida, se cumplió aquello de "Nadie viene a mi si mi Padre no lo trae". Al final se añadió la devoción por la Virgen María a quien empezé a tener por la Madre Celestial, para la eternidad, porque quizás su Hijo me llevó ante ella.

La Virgen María ha significado la salvación para muchas personas. Muchos no hubieran logrado la misericordia de Dios. Merece la pena recordar las Bodas de Caná: en la que María le dice a Jesús: "No tienen vino" y Este le responde: "Mujer aún no ha llegado mi hora", la Madre apela la misericordia de su Hijo y a pesar de sus razones, que con toda razón le expone, le concede su petición, así tantas veces en la salvación de innumerables hombres.

¡Bendita Virgen María! ¡Madre de Misericordia! ¡ Madre de Salvación!


Un abrazo para todos.

Pepitina dijo...

Sigo asombrándome de cuántos y tan distintos caminos se vale Dios, para llevarnos hacia Él a todos sus hijos.
Sin mirar muy lejos, en esta homilía tenemos el testimonio-hablado- del P. Andrés por una parte y el del segundo anónimo que hace su comentario; por otra parte también el de Any y os doy el mio: mirar a la Virgen, rezarle, contemplarla en la imagen de Mater Admirabilis de mi colegio de religiosas del Sagrado Corazón de Jesús,me fue formando en mi niñez y adolescencia. Llegué incluso a pedirle a la Virgen que aquel con quien un día formase un hogar tenía que tener tres virtudes:que le gustase la música y bailar(pues era mi gran afición), qué no bebiese (había visto en alguna familia amiga el desastre que esto significaba)y que fuese devoto de la Virgen. Siempre pensé que fue Ella quien me concedió estos tres regalos.
También he de decir que me preocupaba que Élla la madre estuviese tan centrada en mi vida de Fe, pero fue Élla misma quien en su momento me llevó a Jesús y éste al Padre...mi recorrido, mis "mojones", en "Mi Camino de Santiago", que continuo recorriendo y en el que María hoy día siempre está: a la sombra, sonriente, acogedora y en cuanto pueda despistarme indicándome el Camino, Jesús. Ella de alguna forma siempre me vuelve al Camino, una y otra vez.
Y las lágrimas, amigos...esas no hay quien las enjugue mejor que la Virgen, porque es Madre y es Reina y nos ama con locura.
un fuerte abrazo a todos.

MACARENA dijo...

Gracias Andrés, desde siempre Nuestra Madre y Reina habita en mi corazón. El Señor siempre nos envía un ángel a nuestro corazón para nos guíe por un sendero de luz. A mi vida ha llegado hace varios años ya, es una bella y pura ilusión, doy gracias al Señor.
Bendiciones en Jesús por María
Gracias, cariños, Maricarmen

yolanda dijo...

Un saludo a todos y a ti Andrés¡¡¡
Espero que hayas tenido unas santas vacaciones...
Que puedo decir de nuestra Madre..Yo la conocí cuando era niña en mi colegio de las salesianas de Maria Auxiliadora. Siempre me ha acompañado desde siempre,todavía guardo el pequeño calendario que las monjitas me dieron..Pero creo que no me acerco lo bastante a ella como se merece...Espero que sepa perdonar mi pequeñez...
Como os he contado otras veces, en mi trabajo,trato con enfermos de oncologia. Especialmente os contaré lo que hoy he vivido con una paciente que hoy ha fallecido.
He visto como la paciente sufría como madre porque dejaba en este mundo a su única hija a punto de casarse y a la vez de como sufría la madre de la paciente porque su hija se moría y lo que hubiera dado por cambiarse por ella que ya había vivido su vida..La abuela lloraba desconsolada con mucha impotencia a solas conmigo y yo solo podia abrazarla y consolarla.
También la hija por otro lado se abrazaba a mi porque quería encontrar la manera de que su madre no se marchara de su lado.
Despues yo marchaba por los pasillos y le pedía a la Virgen que les diera la paz que necesitaban para su alma, Ella que como nadie sabe lo que es que te arranquen a un Hijo..Madre, dáles tu consuelo, Tu que eres Abrazo Eterno...Tu que eres Esperanza Eterna...Dáles Tu Paz..Me siento tan pequeña..Ayúdales Vírgen Santa y calma su sufrimiento...
Gracias Madre porque me haces sentir cómplice de los que sufren aunque sea por un momento. Gracias porque velas por nosotros constantemente aunque no nos demos cuenta.
Abrázame a mi también Madre,yo que tambien soy madre como Tu,para que nunca me olvide de abrazar a mi niña.Para que abrace de la misma manera al necesitado y a traves del abrazo, encuentre consuelo.
Os mando a todos un fuerte abrazo.
Que Dios os bendiga.

Pepitina dijo...

Me parece hermosísimo Yolanda ese sentimiento que te invade en esos momentos de dolor a los que te acerca el Señor a través de tu trabajo, cuando dices a la Virgen..
< me haces sentir cómplice de los que sufren aunque sea por un momento>; es un apostolado maravilloso. Precioso testimonio de la presencia de Dios en tu vida.