viernes, 17 de julio de 2009

Domingo XVI del Tiempo Ordinario (B)

19-7-2009 DOMINGO XVI TIEMPO ORDINARIO (B)
Jr. 23, 1-6; Sal. 22; Ef. 2, 13-18; Mc. 6, 30-34

Homilía de audio en MP3
Homilía de audio en WAV

Queridos hermanos:
Sabéis que en las homilías procuro profundizar en las lecturas que escuchamos en la Misa o en diversos temas que pueden ser de interés humano y espiritual para todos. Con relativa frecuencia trato algunas de las partes fundamentales de la fe católica, como la oración, la Biblia, los sacramentos, las relaciones con los demás…
En el día de hoy quisiera hablaros algo sobre el sacramento de la penitencia o confesión. Me animó a ello un artículo periodístico que leí el domingo pasado en Internet, en donde se analizaba la realidad de este sacramento en España. Haré un pequeño resumen del artículo y después un extracto de algunos comentarios que suscitaron las palabras del periodista.
- Decía el artículo que la Iglesia católica está en alerta roja “ante la situación del sacramento de la penitencia. La confesión está de capa caída. Clínicamente muerta. El 80% de los católicos españoles ha dejado de confesarse. Ya muy pocos lo cumplen. Los confesionarios se quedan desiertos, mientras se pueblan las consultas de psicólogos, psiquiatras y todo tipo de consejeros espirituales. Hasta el Papa acaba de advertir a los curas desde Roma: ‘No os resignéis jamás a ver vacíos los confesionarios’”.
“Sólo el 15% de los católicos adultos se confiesa al menos una vez al mes. Entre los jóvenes, el porcentaje no llega ni al 5%. Y eso, entre los católicos convencidos. El 50% de los católicos no considera necesario confesarse. ‘La gente acude a comulgar sin confesarse’, se quejan los curas. ‘Y los que se confiesan parece que no tienen de qué acusarse. No hay conciencia de pecado’, advierten los obispos. El perfil del penitente es el de una mujer mayor de 60 años”.
“Las causas de esta alergia al confesionario son de lo más variado: Algunos católicos creen que el pecado es algo superado, una expresión de culturas premodernas y poco avanzadas. Otros lo consideran un tabú inventado por las iglesias para seguir dominando las conciencias de la gente. Incluso los católicos más comprometidos tienden a confesarse de los pecados sociales –‘los que hacen daño a los demás’-, pero no de los personales”.
“Muchos católicos huyeron de los confesionarios por culpa de los propios curas, que enfatizaban el temor y el castigo de Dios, veían pecado en todo y generaban culpabilización morbosa. Y eso que, desde el Concilio, se hicieron muchos cambios en la administración del sacramento y en la actitud de los confesores. Los curas dejaron de preguntar aquello de ‘¿cuántas veces y con quién?’. Hasta el tradicional y, en muchos casos, tétrico confesionario fue sustituido por otro tipo de habitáculo más cómodo. En ocasiones se han habilitado pequeñas salas donde tener una conversación tranquila. Muchas veces, el confesor es el psicólogo de la gente más sencilla y más pobre”.

“Durante los años 70 y 80, otra vía de escape del confesionario fue la celebración comunitaria de la penitencia. Hoy, incluso eso se ha perdido. Entre otras cosas, porque la jerarquía ha prohibido casi por completo esa fórmula. Y eso que los curas saben que el abandono de la confesión es el primer paso para dejar la práctica religiosa. También ha cambiado mucho el rol del confesor, que ha dejado de ser un inquisidor-juez, para convertirse en un paño de lágrimas. Incluso a la hora de preguntar, Roma les aconseja que lo hagan ‘con tacto y con respeto a la intimidad’. Y les pide que no impongan ‘excesivas penitencias’”.
“¿Volverá por sus fueros la confesión? No lo tiene fácil. A diferencia de algunos otros sacramentos, como la primera comunión, el bautismo o el matrimonio, la confesión no es un rito social y, por lo tanto, no se mantiene al socaire de las presiones sociales y comerciales. Además, los curas también escapan del confesionario, al que algunos llaman ‘quiosco’. La deserción de los fieles viene precedida, a veces, de la de los propios curas. No es fácil ser un buen confesor. Exige disciplina, paciencia y una profunda vida espiritual”.
- Hasta aquí lo que consideré más llamativo del artículo. A continuación voy a recoger algunos comentarios que se hicieron en Internet. Primero recogeré los comentarios más negativos para la Iglesia y para la confesión, y luego los más positivos:
Negativos: “A la Iglesia no le gusta nada la idea de que no necesitemos "pasar forzosamente por caja" (confesionarios y otras ceremonias presenciales como la misa) para obtener la salvación. Por eso han insistido siempre en esa obligación de asistir a sus ceremonias obligatoriamente al menos una vez a la semana”.
“Yo una vez fui a confesarme y no me absolvieron, por lo tanto no vuelvo más. Ya me apañaré yo con Dios”.

“Nunca voy a la Iglesia, ni creo en el Dios de la Iglesia Católica. Desde los seis a los veinte años los tuve que soportar. En tantos años llegué a la conclusión de que los curas son los que menos creen en Dios. A mis vivencias me remito”.
“Para mí la credibilidad de un obispo, del Papa o de un cura, es la misma que la de Doña Rogelia, con la diferencia de que esta última me hace reír y los otros me hacen llorar por su hipocresía y por el morro que tienen”.
“Sólo espero que esto sea lo que parece: El preámbulo de la desaparición de la Iglesia (y la religión), al menos en nuestro mundo occidental. Que en la época de la ciencia, la innovación y la tecnología, desaparezcan de una vez la superstición y la fe ciega en religiones sin sentido”.

Positivos: “Creo que varios comentarios dan en el clavo del problema actual de la confesión: no puede valorarse este sacramento con una simple visión "de tejas para abajo". Sin la gracia de Dios la fe la confesión es algo absurdo. Que si los curas no dan la talla... Lo importante no es que el cura dé la talla o no... Lo importante es que quien perdona es el mismo Jesucristo. El que no crea esto no puede entender nunca el sacramento. Yo tengo 35 años y me confieso con frecuencia. Además, soy médico y puedo decir -por experiencia propia y de otros- que el mejor ansiolítico y la mejor psicoterapia es una buena confesión. Uno se queda como nuevo sabiendo que Dios le ha perdonado. Al que lo vea con otros ojos siempre le parecerá sin sentido el sacramento. O como mucho, será un mejor desagüe de la conciencia, si es amigo del cura”.
“No tengo inconveniente en dar mi nombre. Me llamo Juan Torre y soy sacerdote desde hace 25 años. Conozco muchas personas que cargadas de preocupaciones y pecados han llegado al confesionario para pedir perdón y encontrar la paz y, tras una confesión humilde y sencilla, han salido felicísimos y con una gran paz. Habitualmente confieso entre 6 y 8 horas diarias y no se puede decir que me falte trabajo. Y lo que es más sorprendente -al menos para algunos- la mayoría es de gente joven. Chicos y chicas de entre 13 a 25 años (más o menos). En fin, que animo a quien pueda leer esto a que, si hace tiempo no lo ha hecho pero lo ha pensado, no lo dude más y se anime a hacer este verano una buena confesión. Lo agradecerá seguro”.
“Yo también pertenezco a la "excepción" (que no debe ser tanta, según los comentarios que hay por aquí). Me confieso cada 7-15 días y tampoco soy del Opus. Y en las iglesias de mi barrio hay cola para confesarse los domingos. Es una práctica muy reconfortante. Lo recomiendo”.
“Hace un año y medio pasé por una separación muy dolorosa. Decidí acercarme a charlar con un sacerdote (he de confesar que sin mucha esperanza), pero o encontraba a alguien que me escuchara o me tiraba por una ventana. En fin, sólo puedo decir que mi vida cambió. Antes de gastar dinero en terapias psicológicas o caer en esclavitudes de cualquier tipo (alcohol, drogas, sexo) aconsejaría a quien pueda sentirse aludido que se acerquen a una iglesia. Siempre encontrarás a quien te reciba con los brazos abiertos”.
“Me voy a atrever a aconsejar a quien esté receloso del Sacramento de la Penitencia que se acerque a charlar con el sacerdote -prefiero no dar su nombre- de la parroquia del Inmaculado Corazón de María, en el barrio Argüelles de Madrid: la iglesia que hace esquina entre las calles de Ferraz y Marqués de Urquijo. Es una alegría hablar con él, es comprensivo y caritativo al máximo”.
- ¿Cómo vivo yo este sacramento en mi vida personal de fe? ¿Cuál es mi experiencia de este sacramento? ¿Por qué no lo practico? Si lo practico, ¿estoy contento cómo lo estoy llevando a cabo? ¿Podría mejorarlo, cómo?

4 comentarios:

Any dijo...

Buenos dias ¡¡¡ hay Andres que has tocado un tema de aquellos ¡¡¡ Mira .. yo humildemente creo varias cosas de este tema ¡¡¡ La gente esta tan "loca" o no se como llamarla .. que hasta la perdido el "temor a Dios " en el justo sentido de lo que este significa .. todo se disculpa .. todo se perdona .. todos actuan en una libertad que ya dejo de ser libertad para pasar a ser liberalismo .. es como que todo da igual .. eso es triste ¡¡muy triste .. Otro de los problemas y con todo respeto lo digo ¡¡¡ hay cada cura ¡¡ que en lugar de acercarte te espanta .. mira cdo murio mi madre .. mi desazon y mi sentido de culpa era muy grande pues ella era alcoholica ... y murio de sirrosis .. yo necesitaba hablar con un sacerdote ...asi que me fui con mi bebe de 4 meses a la Parroquia y de alli al confesionario donde hable ..abri mi corazon.. llore ..etc y sabes el Padre Antonio me dijo hija no hay nada que yo pueda hacer "Tu madre murio en pecado" debe estar pagando por ello .... te imaginas en que estado sali de alli ... Tarde mucho en volver a la Iglesia .. si seguia rezando pues mi amor por Jesus y Maria era mucho mas fuerte a las palabras del padre .... Paso el tiempo y conoci al Padre Ramon Morsillo ¡¡ con el volvi al confesionario .. pues hablamos ... confieso las cosas malas .. hablo de mi vida ,de mis actos ,de mi sentir .. me siento escuchada ... siento como se involucra el padre en mi vida intima ... siento un puente entre Dios y yo en ese momento ... Pero ya les digo hermanos no fue facil ......
Que tengan una hermosa semana .. en paz con la bendicion del Señor

Anónimo dijo...

Efectivamente, el artículo periodístico del que nos habla D. Andrés, pone de manifiesto la actitud de parte de nuestra sociedad católica ante el Sacramento de la Penitencia. Personalmente pienso que sigue siendo un Sacramento sobre el que " hay que hablar mucho " para dar a conocer sus beneficios. Es verdad que el Perdón en el Sacramento de la Penitencia, nos lo otorga el mismo Dios, independientemente de que el Sacerdote sea de una manera u otra. Pero también es cierto, que un Sacerdote puede hacer mucho para llenar el confesionario. El don de ser un buen confesor, implica paciencia y mucha caridad, y sobre todo un gran amor al Señor, traducido en una profunda vida espiritual. El penitente se da cuenta rapidamente de estas cualidades, pues transparentan siempre en quien las posee, por lo tanto es fundamental que en la formación de los futuros Sacerdotes, se cuiden estos aspectos imprescindibles para la vida pastoral; si el Sacramento de la Penitencia va en declive ( lo que me cuesta creer ), no será solo por la apatía de los fieles, sino también por la falta de interés y dedicación de los Sacerdotes. El profeta nos habla hoy de los pastores que no apacientan bien su rebaño y lo descuidan, es cierto, un Sacerdote tiene que estar siempre alerta, y cuidar a sus ovejas con plena dedicación, el diablo solo tiene una cualidad, es muy trabajador.
Gracias D. Andrés por hablarnos de la Confesión, para mi lo considero una catequesis fundamental.
Un abrazo para los hermanos del blog.

Pepitina dijo...

Hola amigos,la homilía hoy ha comenzado donde termina el evangelio de San Marcos:"...porque andaban como ovejas sin pastor, y se puso a enseñarles con calma." Ante este artículo periodístico, con el que estoy de acuerdo en varias cosas, el P. Andrés como pastor y maestro y ante un tema tan central para un cristiano, ha encontrado una mina para instruirnos con calma como hace el mismo Jesús... Como lo hemos escuchado frecuentemente al P. Andrés, "nunca des nada por sabido" y si nos lo dice es porque él lo practica. Y del tema de la confesión todos creen saber y pocos lo viven con la frecuencia y alegría que deberíamos.
La confesión sigue siendo un tema poco experimentado como encuentro con Dios por muchos, porque ó no se entiende ó bien no hemos encontrado un buen confesor. Como dice el artículo:"No es fácil ser un buen confesor. Exige disciplina, paciencia y una profunda vida espiritual”. Por tanto tampoco es fácil encontrar ese buen confesor para los fieles laicos. Por algo el Papa ha nombrado al Santo Cura de Ars patrono de los sacerdotes y modelo para este año dedicado a ellos precisamente. Este Santo sacerdote tenía su "púlpito" principal precisamente en ese tétrico confesonario. Allí los fieles percibían la misericordia de Dios, y el perdón y la paz buscada.En alguna anécdota de su vida recuerdo un testimonio de alguién diciendo: "he encontrado a Dios" trás su visita al confesonario del Santo Cura, cuando además sus intenciones eran las de burla, apuestas hechas e increencia.
Recuerdo que en la homilía de sus bodas de plata, el P. Andrés agradecido a D. Laurentino por llevarle de la mano en su infancia-adolecencia y en el seminario,decía que le acostumbró a la confesión frecuente y ¡cuánto le agradecía ésto! Igualmente él lo hace con aquellos a quienes dirige espiritualmente...ello nos da un mayor conocimiento de nosotros mismos por esa Luz que Dios mismo nos da;Su Misericordia comienza a formar parte de nuestra vida porque la experimentamos en el Sacramento y también nuestra pequeñez y limitación;el gozo del Señor se instala en nosotros aunque estemos sufriendo, porque Él se convierte en nuestra alegría y lo demás es secundario. Sin quererlo he ido recitando como vivo hoy este Sacramento tan maravilloso, sin importarme mucho el lugar donde lo reciba,bien sea el "kiosco", en una sala ó paseando tranquilamente y sin prisa. Uno de los mayores regalos que me da el Señor, es cuando nos visita un sacerdote amigo y le veo paseando por el jardín con uno y otro de mis hijos..¡son milagros, dones de Dios para con sus hijos!! como nos decía S. Pablo el pasado domingo,bendiciendo a Dios, que nos ha colmado con toda clase de bienes espirituales y celestiales. ¿Puede haber mayor bien que el de sentirnos perdonados y en Su Paz? Para mi no desde luego.Y ver a tus hijos recibiendo esa gracia...¡Bendito sea Dios!, no tengo palabras.
Cuando espero en la cola del confesonario -en el de la Catedral, por ejemplo- sin quererlo la mirada se me desvía hacia las personas que salen delante de mi ya confesadas...sabeis qué, salen mas guapas,risueñas, cambiadas, ágiles, ¡mas hermosas!.
El tema de la Confesión continuará...allí seguiremos, pero creo que esa tercera parte de la homilía nos corresponde a nosotros respondiendo a las preguntas que se nos hacen al final.
¡Buena confesión amigos!, si con la Adoración vamos tomando el color de Cristo -nuestro Sol- la confesión prepara nuestra piel, para que tengamos una tonalidad mas bonita, sana, joven.
Buena semana para todos.
¡preciosos testimonios los dos primeros! Gracias.

Chony dijo...

Me ha gustado mucho la homilía, toca un tema muy serio e importante; porque lo cierto es que el sacramento de la reconciliación, es un auténtico regalo; es como sentirte libre tras experimentar la esclavitud.
En el día a día, con mi debilidad, casi sin darte cuenta, vas cayendo en pequeñas cosas que sin duda no son la voluntad de Dios, y llega un momento en que parece que se llena el "saco" y sientes un gran peso que te molesta, y te impide avanzar alegremente, entonces te das cuenta de que necesitas "vaciar" tu corazón de todo aquello que te lo oprime, y el lugar apropiado es acudir a tu confesor, vaciar en él (Jesús en ese momento) todo aquello que lastima tu alma, y sin que te des cuenta puede ir separándote del camino que te conduce a Dios. ¡Que bien se siente uno cuando sale perdonado, tras confesar su culpa!
Es cierto que hasta el aspecto de rostro cambia, se vuelve radiante, tranquilo, relajado; y te apetece reír, abrazar a todo aquel que te encuentras en tu camino, porque la alegría que sientes es enorme y necesitas compartirla. No cabe duda de que sientes en tu interior la dicha que proporciona es E. S.
Yo doy Gracias a Dios y a la iglesia, por este sacramento "sanador"
Muchas gracias Andrés, no se puede decir que tu confesonario esté vacío, por algo será. ¡Que Dios te bendiga!
Saludos hermanos.
BENDITO SEA DIOS.
Chony