22-9-2024 DOMINGO XXV
TIEMPO ORDINARIO (B)
Sb.2, 12.17-20; Sal. 53; Sant. 3, 16-4, 3; Mc. 9, 30-37
Homilía en vídeo.
Homilía de audio.
Queridos hermanos:
En
el día de hoy quisiera predicar dos ideas:
- En el evangelio de hoy decía Jesús
a sus apóstoles: “El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres, y lo
matarán; y, después de muerto, a los tres días resucitará”. Jesús
anunciaba aquí a sus discípulos que iba a ser entregado en mano de sus
enemigos. Pero, ¿tenía Jesús enemigos? ¿Quién quería hacerle daño? ¿Por qué querían
hacerle daño?
Sí, resulta muy extraño, a primera
vista, que alguien quisiera hacer daño a Jesús. Jesús era el Hijo de Dios, y
fue enviado por el Padre a la tierra para perdonar a los hombres, para salvar a
los hombres. Si Jesús venía a la tierra para hacer el bien a los hombres, ¿por
qué iban estos hombres querer hacerle daño?
También resulta muy extraño que
alguien quisiera matar a Jesús a las pocas horas de haber nacido, y que tuviera
que vivir exiliado en un país extranjero durante años.
Resulta extraño que Jesús haya
predicado amor, paz, perdón, misericordia, y que lo quisieran quitar de en
medio.
Resulta extraño que Jesús haya
hablado de Dios como Padre, como Alguien cercano y paciente, y que le tuvieran
tanto odio.
Resulta extraño que Jesús hubiera
hecho tanto bien a tantas personas: dio de comer a hambrientos, curó a
enfermos, resucitó muertos, se preocupó de los niños, de los recién casados, de
escuchar a quien lo necesitara, de perdonar a los pecadores, y que, sin
embargo, muchos hombres no lo soportaran.
Resulta extraño que Jesús tuviera
una sabiduría grandísima y orientara a tanta gente perdida, enseñara con tanta
sencillez y a la vez con tanta profundidad, y, no obstante, quisieran matarlo.
Pilatos consideró a Jesús como un
hombre inofensivo. Por ello quería soltarlo. Herodes consideró a Jesús como un
loco, pero también inofensivo y, por ello, se burló de él y le puso un vestido
blando, como de loco, y le dejó irse sin más.
Más arriba preguntaba: ¿TENÍA JESÚS
ENEMIGOS? Pues sí. Jesús tenía enemigos.
Quisieron desprestigiarle, encerrarle,
lapidarle, despeñarle, matarle…
¿QUIÉN
QUERÍA HACERLE DAÑO? Las clases
dirigentes de Israel, los poderosos de Israel, los hombres ricos, sus propios
vecinos y familiares en Nazaret, pero también algunos de sus discípulos, porque
Jesús iba por otro camino del que a ellos les convenía.
¿POR
QUÉ QUERÍAN HACERLE DAÑO?
Porque Jesús quitaba la autoridad
de Dios a aquellos que se habían arrogado y apropiado de ella, a aquellos que
decían hablar en nombre de Dios y sencillamente hablaban en nombre propio y
para su propio provecho.
Porque a los ricos Jesús les
decía que su oro estaba manchado de sangre y había sido robado a las gentes
sencillas de Israel.
Porque algunos de sus discípulos
querían marcar el camino a Dios y daban la espalda al mismo Dios cuando Éste no
iba a donde ellos quería, por donde ellos querían y al ritmo que ellos querían.
Jesús era un peligro para todos
ellos, pues les había quitado la máscara y decía en alto lo que otros pensaban
para sí mismos, pero no se atrevían a proclamar ante los demás por miedo a las
consecuencias.
Por
todo esto, Jesús en el evangelio de hoy decía a sus discípulos: “El Hijo del hombre va a ser entregado en
manos de los hombres, y lo matarán”.
Sin
embargo, las palabras de Jesús acaban en esperanza: “después de muerto, a los tres
días resucitará”. ¿Qué significa esto?
Pues
significa que merece la pena hacer el bien, aunque te devuelvan mal por ello.
Merece
la pena dar de comer, aunque te quedes tú con menos cosas materiales.
Merece
la pena, dar salud y atender a los enfermos y ancianos, aunque pierdas tu
tiempo y tantas veces tu paciencia.
Merece
la pena perdonar y no dejar que te carcoma la rabia y el resentimiento.
Merece
la pena decir la verdad, aunque te crees enemigos que desean seguir viviendo en
la mentira o en sus intereses.
Merece
la pena estar a bien con tu conciencia, aunque tengas luchas y burlas a tu
alrededor.
Merece
la pena ser valiente y no vivir en la cobardía (ya sabéis aquella famosa frase
histórica dicha por la madre de Boadil el Chico, la sultana Aixa, a éste cuando
entregó las llaves de Granada a los Reyes Católicos en 2 de enero de 1492: “Llora como mujer lo que no supiste defender como hombre”).
Merece
la pena quedar bien ante Dios, aunque quedes mal ante los hombres, para los que
unas veces estarás arriba y otras abajo, ya que somos así de cambiantes.
Merece
la pena pasar algunas penas por cumplir la voluntad de Dios, si sabes que luego
te espera una recompensa eterna y llena de gozo.
Jesús hizo vida todo esto y nos
sirve a todos nosotros de modelo y de guía. Y
así, a los tres días el Padre lo resucitó y ahora está sentado a su derecha por
los siglos de los siglos.
- Dice Santiago en la
segunda lectura: “Donde hay envidias y peleas, hay desorden y toda clase de
males. La sabiduría que viene de arriba, ante todo es pura y, además, es amante
de la paz, comprensiva, dócil, llena de misericordia y buenas obras, constante,
sincera. Los que procuran la paz están sembrando la paz; y su fruto es la justicia”.
Aquí se nos dicen varias cosas muy importantes:
Primero, no se trata de que uno haga cosas u obras buenas:
damos una limosna, leemos en la Misa, no reñimos en casa, venimos a Misa, somos
afables y serviciales con los demás, no somos rencorosos... La cosa es más
profunda. Se trata de las actitudes
nuestras. Debemos ser amantes de la paz y transmisores de la paz allí donde
nos hallemos. Si tenemos paz en nuestro
interior, lo transmitiremos al exterior.
Segundo,
pero esta paz no es fruto de un autodominio o una técnica psicológica. Como nos
dice Santiago, nos viene de arriba.
De dónde si no creéis que venga la contestación de Jesús al criado: “¿Por qué me pegas?”, o cuando es
detenido en el Huerto de los Olivos, o ante Pilatos o ante el Sanedrín. Tenía
la paz que procede de Dios. Él estaba en manos de Dios.
Si nosotros perdemos la paz, la
paciencia, los nervios con facilidad es que no confiamos en Dios; es que Él no
habita demasiado en nosotros. En cambio, si
confiamos enteramente en Dios, la paz estará con nosotros en todo momento y en
toda circunstancia.