jueves, 16 de noviembre de 2017

Domingo XXXIII del Tiempo Ordinario (A)



19-11-17                   DOMINGO XXXIII TIEMPO ORDINARIO (A)

Homilía en vídeo
Homilía de audio
Queridos hermanos:
Michel Quoist, sacerdote francés, que murió en 1997 compuso este escrito que leeré a continuación. Pienso que este escrito suyo hace referencia y explica muy bien la parábola de los talentos de la que nos habla Jesús en el evangelio de hoy. El escrito de Michel se titula: “Todos somos necesarios”.
“Si la nota dijese: una nota no hace melodía... no habría sinfonía.
Si la palabra dijese: una palabra no puede hacer una página... no habría libro.
Si la piedra dijese: una piedra no puede levantar una pared... no habría casa.
Si la gota de agua dijese: una gota de agua no puede formar un río... no habría océano.
Si el grano de trigo dijese: un grano no puede sembrar un campo... no habría cosecha.
Si el hombre dijese: un gesto de amor no puede salvar a la humanidad... nunca habría justicia, ni paz, ni dignidad, ni felicidad sobre la tierra de los hombres.
Si María dijese: una mujer pobre y virgen no puede ser madre... no habría salvación.
Como la sinfonía necesita de cada nota, como el libro necesita de cada palabra, como la casa necesita de cada piedra, como el océano necesita de cada gota de agua, como la cosecha necesita de cada grano de trigo... la humanidad entera necesita de ti, allí donde estés, único y por tanto irremplazable”.
            Ya en el año 2014 os expliqué algunas cosas de esta parábola y de cómo hemos de poner a fructificar nuestros talentos: 1) No podemos esconderlos; 2) tampoco podemos ponerlos a producir en provecho propio; 3) tenemos que usar esos talentos en servicio de los demás.
Todo esto está muy bien y es totalmente necesario. Sin embargo, el escrito de Michel Quoist, que acabamos de escuchar, nos abre un nuevo horizonte.
            En efecto, los talentos que Dios nos ha dado no podemos esconderlos, no podemos dejarlos improductivos, no podemos usarlos en provecho propio. NO. Tenemos que ponerlos en acción, a producir y que sus frutos aprovechen a los demás. Sin embargo, lo que también se nos dice en la parábola y en el escrito Michel Quoist es que un talento es más eficaz cuando actúa de la mano de otro talento, que una persona es más eficaz si actúa de la mano de otra persona. Y, si esa persona da la mano, no solamente a otro, sino a varios más, la eficacia se irá multiplicando. Así, una gota de agua no calma la sed, pero varias gotas de agua pueden llenar un vaso y la calmar la sed de un sediento.
            En definitiva, hoy se nos llama a actuar, pero no individualistamente, sino en comunión y en asociación con otras personas. Una gaita suena bien, una gaita y un tambor suenan mejor. Sin embargo, una sola gaita y un solo tambor no forman una banda, pero varias gaitas y varios tambores juntos sí que forman una banda y suenan muy bien. No tengamos miedo de compartir los talentos que Dios nos ha dado, de unirlos a otras personas con los mismos o diferentes talentos. Así es como funciona mejor una familia, un pueblo, una comunidad de vecinos, una región, una nación, el planeta entero, una parroquia, una diócesis, la Iglesia entera.
            Cuando preparaba esta homilía me acordé de un cuento (creo que algunos ya lo conocéis) que ilustra muy bien estas ideas que estoy exponiendo aquí. Ahí va el cuento:
“Esta es una historia que se cuenta en Mozambique. Se dice que en ese lugar, hace muchos años, vivía un sabio que, para completar su sabiduría quiso conocer el infierno, regresar y pasar después por el cielo, para luego poder volver a la tierra y contar lo que había visto. Efectivamente, el sabio llega al infierno, comienza a caminar por el lugar, observando un hermoso paisaje, siguiendo un camino, ve a lo lejos un palacio que ningún ojo humano había visto, y que ningún artista hubiese pintado. El asombro del sabio era muy grande: ‘¿Cómo el infierno puede ser tan hermoso?’, se preguntaba. A su paso la gente que habitaba el lugar caminaba silenciosa, no hablaba, no se sonreía, no se saludaba, sus cuerpos en exceso delgados con vientres grandes producto de la desnutrición. Llegando al enorme portal del palacio, escucha el estridente sonar de campanas, las enormes puertas se abren, toda la gente del lugar comienza a ingresar al palacio y el sabio hace lo mismo. Su asombro ahora era total, al observar enormes mesas tendidas con los manjares más exquisitos que podamos imaginar, no comprendía: ‘¿Por qué tiene hambre esta gente?’ Observando atentamente, ve que los comensales toman hermosos tenedores de plata con incrustaciones de piedras preciosas, pero estos tenedores medían más de dos metros. Inútiles eran los esfuerzos de esa gente para llevarse la comida a la boca, los tenedores eran demasiado largos. Después de algún tiempo transcurrido, nuevamente suenan las campanas, todos comienzan a abandonar el lugar, con más hambre y mayor tristeza que la que antes traían. El sabio comprendió: ‘Esto sí es el infierno, tener los manjares más exquisitos frente a sus ojos y no poder comer y morir de hambre, es realmente el peor castigo’.
Sigue su viaje y llega al cielo, el desconcierto abruma al sabio al encontrar el mismo paisaje, el mismo camino, el mismo palacio, pero allí la gente era diferente: ésta sonreía, se saludaba y conversaba. Las mismas campanadas se hacían oír. Todos ingresaban al palacio, las mismas mesas tendidas con los mismos manjares. Aquí el sabio ya nada comprendía al ver los mismos tenedores largos de dos metros. El sabio se preguntaba entonces qué diferencia habría entre el cielo y el infierno. Al hacerse esa pregunta, la gente le dio la respuesta, cuando vio que cada comensal tomaba su tenedor y alimentaba a quien tenía en frente de él”.
            Por lo tanto, nunca los talentos de Dios son más divinos que cuando se comparten y se entregan a favor de los demás. ¿Qué aprendimos en el día de hoy?
            - Que todas las cosas buenas y capacidades que tenemos los hombres vienen de Dios.
            - Que somos muy pequeños y que podemos muy poco, pero que unidos con otro y con otros sí que podemos componer una sinfonía, llenar un río y un océano, sembrar un campo de trigo, hacer una casa…, y transformar este mundo en un mundo un poco mejor.
            - Que podemos hacer todas estas cosas, no sólo porque estamos unidos a más personas, sino porque estamos unidos a Dios.

3 comentarios:

  1. Que verdadero,que con cada gota,cada palabra,cada nota,cada piedra,sirve para empezar a construir,para dar forma,para acercarnos,para comprendernos,todo empieza por un@.Una palabra amable da paz, una sonrisa da cercanía, una piedra da comienzo una obra, una nota hace una melodía y nos llega al corazón. Un solo Dios,hace que yo me esté relacionando con tantos hermanos. Y nuestro Dios, nos da unos talentos para producir,y eso se irá multiplicando de uno a varios.Además son un regalo,abramos nuestro corazón,y también nosotros regalemos.Un abrazo y que Dios nos bendiga. Ah!!!,no os conozco,pero os quiero.

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  2. ¡Qué palabras mas bonitas!

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  3. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Como para no entenderlo!!!!

    Clarísimo.

    Eres muy pedagógico y no te preocupes por hacer el ridículo, lo importante es que el mensaje quede claro y que le saquemos provecho.

    Gracias, como siempre.

    Un abrazo para cada uno y no olvidemos dar de comer al de enfrente.

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