jueves, 10 de agosto de 2017

Domingo XIX del Tiempo Ordinario (A)



13-8-2017                   DOMINGO XIX TIEMPO ORDINARIO (A)
                                                           1Re 19,9a.11-13a; Slm.84; Rm 9,1-5; Mt 14,22-33

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Queridos hermanos:
Os recuerdo que el texto de san Pablo a los Corintios dice así: “El amor es paciente, es servicial; el amor no tiene envidia, no hace alarde, no es arrogante, no obra con dureza, no busca su propio interés, no se irrita, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo disculpa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta” (1ª Co 13,4-7).
            (Como el 5 y el 6 no los había explicado el otro fin de semana, lo hago éste).
5.- Amabilidad (no obra con dureza).
“El amor no obra con rudeza, no actúa de modo descortés, no es duro en el trato. Sus modos, sus palabras, sus gestos, son agradables y no ásperos ni rígidos. Detesta hacer sufrir a los demás […] Ser amable no es un estilo que un cristiano puede elegir o rechazar […] El amor, cuando es más íntimo y profundo, tanto más exige el (1) respeto de la libertad y la (2) capacidad de esperar que el otro abra la puerta de su corazón” (n. 99). La amabilidad en el amor “no es posible cuando reina un pesimismo que destaca defectos y errores ajenos, quizás para compensar los propios complejos. Una (3) mirada amable permite que no nos detengamos tanto en sus límites, y así podamos tolerarlo y unirnos en un proyecto común, aunque seamos diferentes [….] Una persona antisocial cree que los demás existen para satisfacer sus necesidades, y que, cuando lo hacen, sólo cumplen con su deber. Por lo tanto, no hay lugar para la amabilidad del amor y su lenguaje. El que ama es capaz de decir (4) palabras de aliento, que reconfortan, que fortalecen, que consuelan, que estimulan. Veamos, por ejemplo, algunas palabras que decía Jesús a las personas: ‘¡Ánimo hijo!’ (Mt 9,2). ‘¡Qué grande es tu fe!’ (Mt 15,28). ‘¡Levántate!’ (Mc 5,41). ‘Vete en paz’ (Lc 7,50). ‘No tengáis miedo’ (Mt 14,27). No son palabras que humillan, que entristecen, que irritan, que desprecian. En la familia hay que aprender este lenguaje amable de Jesús” (n. 100).
6.- No busca su propio interés.
“Santo Tomás de Aquino ha explicado que ‘pertenece más a la caridad querer amar que querer ser amado’” (n. 102).
7.- No se irrita (sin violencia interior).
“Si la primera expresión del himno nos invitaba a la paciencia que evita reaccionar bruscamente ante las debilidades o errores de los demás, ahora aparece otra palabra, que se refiere a una reacción interior de indignación provocada por algo externo. Se trata de una violencia interna, de una irritación no manifiesta que nos coloca a la defensiva ante los otros, como si fueran enemigos molestos que hay que evitar. Alimentar esa agresividad íntima no sirve para nada. Sólo nos enferma y termina aislándonos. La indignación es sana cuando nos lleva a reaccionar ante una grave injusticia, pero es dañina cuando tiende a impregnar todas nuestras actitudes ante los otros” (n. 103).
“Los cristianos no podemos ignorar la constante invitación de la Palabra de Dios a no alimentar la ira: ‘No te dejes vencer por el mal’ (Rm 12,21). ‘No nos cansemos de hacer el bien’ (Ga 6,9). Una cosa es sentir la fuerza de la agresividad que brota y otra es consentirla, dejar que se convierta en una actitud permanente: ‘Si os indignáis, no llegareis a pecar; que la puesta del sol no os sorprenda en vuestro enojo’ (Ef 4,26) […] Si tenemos que luchar contra un mal, hagámoslo, pero siempre digamos ‘no’ a la violencia interior” (n. 104).
8.- No lleva cuentas del mal (perdón).
Lo contrario de llevar cuentas del mal y de ser rencoroso “es el perdón[1], un perdón que se fundamenta en una actitud positiva, que intenta comprender la debilidad ajena y trata de buscarle excusas a la otra persona” (n. 105). “Cuando hemos sido ofendidos o desilusionados, el perdón es posible y deseable, pero nadie dice que sea fácil […] El egoísmo, el desacuerdo, las tensiones, los conflictos atacan con violencia y a veces hieren mortalmente la propia comunión: de aquí las múltiples y variadas formas de división en la vida familiar” (n. 106).
Para poder perdonar necesitamos pasar por la experiencia liberadora de comprendernos y perdonarnos a nosotros mismos. Tantas veces nuestros errores, o la mirada crítica de las personas que amamos, nos han llevado a perder el cariño hacia nosotros mismos. Eso hace que terminemos guardándonos de los otros, escapando del afecto, llenándonos de temores en las relaciones interpersonales. Entonces, poder culpar a otros se convierte en un falso alivio. Hace falta orar con la propia historia, aceptarse a sí mismo, saber convivir con las propias limitaciones, e incluso perdonarse, para poder tener esa misma actitud con los demás (n. 107).

[1] Cursillo prematrimonial de Laurentino.

3 comentarios:

Ana dijo...

Buenos días .... como siempre impecables tus palabras ... no fui rencorosa nunca .. siempre que alguien me ofendio o lastimo perdono ...no por ser buena o porque no me importe ..sino porque creo y estoy segura que si guardo ese dolor dentro mi alma no estará libre ... en cambio si pienso que esa persona me lastimo u ofendió lo dejjo salir ....es como si lo borrara ...reflexionó el porque lo ha echo ..si yo le perjudique en algo .en algún momento .. y sigo adelante porque crecí con la enseñanza que el que no perdona tiene sucia su alma ... sino se perdona no se puede amar como Dios nos manda .....
Muchas veces mi actitud sorprende a muchos y me creen débil o media bolida ....pero yo estoy en paz sabiendo que no hay rencores dentro mío ,...
gracias Andrés por tu homilia les deseo a todos un bello fin de semana

Feli dijo...

Es tan difícil no sentir rabia y a veces hasta odio,cuando alguien nos hiere en lo más profundo.Yo soy, de las que de primeras me enfado aunque calle y no diga ni pío, pero me pasa enseguida,no soy capaz de guardar resentimiento al contrario, después le doy mil vueltas a las cosas y pienso que quizás fue mía la culpa.Y desde luego no me cuesta trabajo pedir perdón. Además me da consuelo y alegría pedirlo,me parece que Jesús está feliz.Pero de primeras salto con enfado y después reflexiono,eso no es bueno,me gustaría no enfocar así las cosa.Ay el amor,cuando hay amor de verdad,no nos alteramos,comprendemos, callamos y no nos parece mal. Me pasa con mis hijos y mis nietos,ese amor es tan grande que nos da aguante,lucha,bondad, alegría y también tristeza,pero no la criticamos,apoyamos.Le pido al Señor fuerza para sobreponerme a estas actitudes por mí temperamento,y aptitudes para ser hábil para lograrlo.Un abrazo y que Dios nos bendiga.

Ángeles. dijo...



ESTE TEXTO, DE SAN PABLO,QUE TANTAS VECES SE RECURRE A ÉL, EN LAS LECTURAS DE LAS BODAS,"ES PRECIOSO,Y COMPLETO".ES UNA DEFINICIÓN, MÁS QUE DE DICCIONARIO.SAN PABLO,USA UNA DEFINICIÓN TEOLÓGICA, NO LINGÜÍSTICA.
PERO: ¿ SE PARECE EN ALGO A ESE AMOR, EL QUE CADA UNO DE NOSOTROS ENTENDEMOS, COMO TAL,
SEA A LOS HIJOS, A LOS PADRES, A LA PAREJA, A LA NATURALEZA...O EL QUE PONEMOS EN PÁCTICA DIARIAMENTE?
TOMEMOS,COMO REFERNCIA EL ANTERIOR TEXTO DE SAN PABLO, Y PROCUREMOS ACERCARNOS, E ÉL, LO MÁS POSIBLE.
QUE DIOS NOS LO HAGA VER , Y SENTIR ASI!!!!