miércoles, 15 de marzo de 2017

Domingo III de Cuaresma (A)



19-3-17                                  DOMINGO III CUARESMA (A)

Homilía en vídeo
Homilía de audio.
Queridos hermanos:
- En una pequeña escuela rural había una vieja estufa de carbón muy anticuada. Un chico de ocho años, Glenn, tenía asignada la tarea de llegar al colegio temprano todos los días para encender el fuego y calentar el aula antes de que llegaran su maestra y sus compañeros. Una mañana, llegaron y encontraron la escuela envuelta en llamas. Sacaron al niño inconsciente más muerto que vivo del edificio. Su hermano Floyd, de diez años de edad, y que estaba con él no sobrevivió al incendio. Glenn tenía quemaduras graves en la mitad inferior de su cuerpo y lo llevaron al hospital del condado. Las piernas de Glenn sufrieron muy graves quemaduras por lo que los médicos recomendaron su amputación. Su desazón fue tal que sus padres no lo permitieron. Los médicos predijeron que nunca podría volver a caminar. Había perdido toda la carne en las rodillas y espinillas y todos los dedos de su pie izquierdo. Dado que el fuego había dañado en gran manera las extremidades inferiores de su cuerpo, le decía el médico a la madre, habría sido mucho mejor que muriera, ya que estaba condenado a ser inválido toda la vida, sin la posibilidad de usar sus piernas. El niño tomó una decisión. No sería un inválido. Caminaría. Pero, desgraciadamente, de la cintura para abajo, no tenía capacidad motriz. Sus delgadas piernas colgaban sin vida. Finalmente, le dieron de alta. Todos los días, su madre le masajeaba las piernas, pero no había sensación, ni control; nada. No obstante, su determinación de caminar era más fuerte que nunca. Cuando no estaba en la cama, estaba confinado en una silla de ruedas. Una mañana soleada, la madre lo llevó al patio para que tomara aire fresco. Ese día en lugar de quedarse sentado, se tiró de la silla. Se impulsó sobre el césped arrastrando las piernas. Llegó hasta el cerco de postes blancos que rodeaba el jardín de su casa. Con gran esfuerzo, se subió al cerco. Allí, poste por poste, empezó a avanzar por el cerco, decidido a caminar. Fue a principios del verano de 1919 cuando por primera vez intentó volver a caminar, casi dos años después del accidente. Empezó a hacer lo mismo todos los días hasta que hizo una pequeña huella junto al cerco. Nada quería más que darle vida a esas dos piernas. Por fin, gracias a las oraciones fervientes de su madre y sus masajes diarios, su persistencia férrea y su resuelta determinación, desarrolló la capacidad, primero de pararse, luego de caminar tambaleándose y, finalmente, de caminar solo y después de correr. Empezó a ir caminando al colegio, después corriendo, por el simple placer de correr. Más adelante, en la universidad, formó parte del equipo de carrera sobre pista. Y aun después este joven que nunca caminaría, que nunca tendría la posibilidad de correr, este joven determinado, Glenn Cunningham, llegó a ser el atleta estadounidense que ¡corrió el kilómetro más veloz del mundo!
Glenn nació en 1908 y murió en 1988. Glenn marcó récords mundiales para la milla, los 800 metros y para los 1500 metros. En 1934 estableció el récord mundial de la carrera de una milla y en 1936 el récord mundial en la carrera de 800 metros. Participó en los Juegos Olímpicos de 1932 y de 1936. Glenn era creyente y su versículo bíblico favorito era éste: “Pero los que esperan a Yahvé tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán” (Isaías 40, 31).
            - Nos cuenta la primera lectura que los israelitas, que habían visto las diez plagas, que habían contemplado el paso del Mar Rojo con las aguas abiertas para dejar libre al pueblo de Israel, que comían a diario del maná, que habían visto cómo un lago de agua putrefacta se había convertido en agua potable, y tantas más maravillas…, estos israelitas ya no creían ni confiaban en Yahvé ni en Moisés, su profeta: “¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?” Y una vez más Dios les dio pruebas de su presencia haciendo que Moisés sacara agua de unas piedras. Y no un poco de agua, sino agua suficiente para abastecer a miles y miles de israelitas y a sus ganados.
            - Ante nuestros ojos se nos presentan dos modelos de personas: Primero, los israelitas, que, a pesar de todo lo que han visto y experimentado, siguen sin confiar plenamente en Dios. Cualquier dificultad los convierte en los ‘pupas’: ven problema por todo, no ven ninguna salida y quieren tener siempre todo claro y resuelto. Cuando están en Egipto y son esclavos protestan y se quejan a Dios de su esclavitud y de las cargas pesadas que tienen que afrontar. Echan en cara a Dios que no mira para ellos y que no es el Dios bueno del que les habían hablado. Cuando este Dios les libra de la esclavitud y, para llevarlos a la tierra prometida, los conduce a través del desierto, en donde hay poca agua y poca comida, entonces protestan y le echan en cara a Dios que le hizo salir de Egipto para morir de sed y de hambre: “Ojalá el Señor nos hubiera hecho morir en Egipto, cuando nos sentábamos delante de las ollas de carne y comíamos pan hasta saciarnos. Porque vosotros (Moisés y Aarón) nos habéis traído a este desierto para matar de hambre a toda esta asamblea” (Ex. 16, 3). “Los israelitas se sentaron a llorar a gritos, diciendo: ‘¡Si al menos tuviéramos carne para comer! ¡Cómo recordamos los pescados que comíamos gratis en Egipto, y los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos!’” (Num. 11, 4-5). También la samaritana pertenece en un primer momento a este grupo de gente que pone excusas para no reconocer a Dios: que si Jesús y ella son de razas diferentes, que si Jesús no tiene caldero ni cuerda para sacar agua del pozo, que cuál es el templo mejor para Dios... Estas personas ponen excusas para todo y ellos no se mueven ni un paso. Esperan que todo les sea hecho y dado, y, así y todo, no están contentos con lo que les es dado.
            En el segundo grupo, están Moisés y Glenn Cunningham. Ellos confían en Dios contra toda esperanza. Han visto sus maravillas y saben que Dios no defrauda nunca a nadie. Pero también saben que, esperar y confiar en Dios, no significa que sea solamente Él quien haga las cosas. Ellos tienen que hacer su parte. Glenn hacer ejercicio, caminar y caminar cada día, no desfallecer y, al final, correr como el viento. Moisés sabe que, a pesar de estar rodeado de un pueblo testarudo, egoísta y voluble, él tiene que ser fiel y seguir a Dios. Por eso, el salmo 94, que acabamos de leer, nos invita a decir una y otra vez: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: ‘No endurezcáis vuestro corazón’”. No endurezcamos nuestros corazones como los israelitas ni como la samaritana, sino que abramos nuestro corazón a las maravillas de Dios y confiemos siempre en Él.
            ¿En cuál de los dos grupos estoy en mi vida diaria? ¿En qué grupo quiero estar?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Buena, buenísima homilía!! Gracias, pater. Buena semana amigos

Feli dijo...

Yo confío en Dios,sino, no estaría en este blog tan feliz.Pero el problema es hasta donde llega mi confianza?Lucho lo suficiente,o espero que Él Señor lo haga todo por mí?.Él,me da la fuerza,
la lucha,y yo me sacrifico?. Miremos a donde llegó este gimnasta,cuando todos le decían que no volvería a caminar,Con fe,esperanza y lucha lo consiguió.Vemos como Moises tuvo que luchar contra un pueblo incrédulo,que estaba contra Dios,pero el siguió el camino que le marcaba el Señor.Entonces yo confío en Dios,pero hasta que punto?,lucho por sus ideales o por los míos?.
Padre yo estoy metida un poco en los dos grupos.Que la cuaresma nos traiga la conversión,con más fuerza, más valor y lucha.Un abrazo para tod@s.

mary dijo...

Está muy claro ,hay que luchar si queremos lograr lo qué queremos y sobre todo si existe una dificultad grave como nuestro campeón que nos muestra ,en esta Homilía [vaya ejemplo tendré que recordar esto cuando me parece ,que yo ya no puedo hacer esto o aquello , pues lo primero que debo hacer es intentarlo y desde luego sin quejarme ,y tener menos pena de mis nietos , cuando tienen que esforzarse ,pero es así las abuelas ya se sabe. .Tambien es muy importante la fe ,es un precioso regalo del Cielo,por tanto pedirle con confianza al Señor su ayuda y por supuesto a esforzarse ,cada cual en cada etapa de nuestra vida .Feliz Santa Cuaresma para tod@s.