jueves, 5 de enero de 2017

Bautismo del Señor (A)



8-1-2017                                BAUTISMO DEL SEÑOR (A)
BAUTISMO I
Hace un tiempo una persona me dirigió un escrito en el que me hacía una serie de preguntas sobre el bautismo. Ya aviso que se trata de unas preguntas profundas. Ahí van:
“Si el bautismo nos libera de la esclavitud del pecado heredado o cometido hasta ese momento, y nos da un nuevo vivir como hijos de Dios, cuando nos bautizamos siendo pequeños y sin maldad en nosotros, ¿por qué caemos en pecado, como otro que no estuviese bautizado ni liberado de la culpa?
Y si se une en nosotros la pureza del bautismo a la pureza del ser de inocencia, entonces, ¿hasta nuestro uso de razón, somos como ángeles en el suelo?
Y, si llegado nuestro uso de razón, perdemos nuestra inocencia y empezamos a cometer en nuestra humanidad todo tipo de pecados, entonces padre, ¿hasta los siete años, cuando tenemos un mal comportamiento no somos responsables de él, aunque uno ya empiece a ser instruido en la escuela del pecado de la que más tarde entraremos a formar parte activa? Pero hasta ahí, padre, ¿sólo la pureza habita en nuestras almas?
Mas como los siete años, si se está con vida, es inevitable cumplirlos en su fecha, ¿nuestro tiempo de inocente pureza dura más cuanto antes seamos bautizados?
Dime, padre: ¿el niño que no es bautizado no adquiere nunca el estado de pureza en esta vida, pues une el pecado heredado al pecado más tarde cometido?
Pero, padre: ¿cuál es el efecto que produce en nosotros el bautismo después de esta edad de pureza, si luego actuamos como cualquier hombre no bautizado, si nada se ve en nuestra actuar el efecto de este bautismo liberador que nos anticipó en esta vida la resurrección eterna?
Y si el Espíritu del primer día habitaba en nuestros primeros padres y aun así ellos pecaron, y si nosotros heredamos de ellos el pecado, pero también el Espíritu dador de vida, y con el bautismo lo recibimos en nosotros como activo Libertador, ¿por qué no actúa con todo su poder sobre nuestras vidas liberándonos en la plena libertad de Dios?
Padre: de nuevo viene a mi corazón el obrar de la libertad humana con la que Dios nos invistió y que nos lleva a tomar decisiones justas y erradas, por culpa de las cuales ‘por vivir la vida’ perderemos la Vida. Viene a mi mente la parábola del Hijo Pródigo, que viviendo en el cielo se adentró en el infierno del pecado, y se enfangó hasta que no pudo más, pero, aún desde el fango y la suciedad del pecado, un día pudo ver lo que antes no había visto: la pureza del Padre, los tesoros del Padre, el bienestar que le proporcionaba el Padre… Y deseó retornar al Padre, que respetando su libertad lo dejó mancharse con el pecado y luego lo recibió como a un triunfador, porque había salido del fango con vida por el reconocimiento de la misericordia del Padre. Y volvió a casa por el amor del Padre y por decisión propia. Así que aquel camino de retorno era un camino de conversión, en el cual se fue limpiando de las manchas que el mal me había imprimido. Padre, pero si esto también le puede pasar a un no bautizado, ¿en qué se nota en nuestra vida el bautismo?
Porque, si estamos habitados de Dios y su Espíritu, arde en nosotros como llama encendida, y por tener los ojos puestos fuera de nosotros no vemos la luz que nos alumbra dentro, y vivimos en el error. Y ahora me adentro en el misterio del bautismo: externamente nada se nota, pero, aun así, estamos siendo protegidos por el Protector y defendidos por el Defensor… Y muchas veces no caemos porque Él nos sostiene aunque nosotros no sepamos que en aquel momento habríamos de caer si Él no nos tomase bajo su protección.
Explícame, padre: ¿Cómo actúa a día de hoy el bautismo en nuestra vida?
Ciertamente, por lo que esta persona en realidad está preguntando es por toda la problemática de cómo actúa la Gracia de Dios en el hombre y también cómo se conjuga esta Gracia con la libertad del hombre y, finalmente, cómo actúa el pecado en el hombre. Para responder a esto habría que hacer una encíclica del Papa, o dar un año entero clases de teología, o hacer un concilio de obispos y, ni siquiera de este modo, podría comprenderse gran parte de estos misterios.
No obstante, sí que quiero aprovechar estas preguntas para conseguir varios objetivos en el día del Bautismo del Señor: 1) Plantearnos una serie de preguntas o cuestiones que, de otro modo, muchos de nosotros no pensaríamos jamás. 2) Reflexionar sobre nuestro Bautismo. 3) Decir algunas palabras sobre la situación en que se está impartiendo el sacramento del Bautismo en Asturias, en España.
Por supuesto, tengo que decir es que no pretendo en una homilía responder a todas las preguntas que esta persona ha hecho.
Vamos a ello: Existe una gran diferencia entre cómo se impartía el Bautismo en los primeros años de la Iglesia a cómo se hace ahora. En la actualidad el 99 % de los recién bautizados en España son bebés o niños muy pequeños, que no tienen nada de fe, dada su temprana edad. La FE hemos de entenderla como la respuesta que damos los hombres al anuncio del evangelio de Jesucristo. Es claro que así explicada, estos bebés y niños no tienen fe.
En los primeros años y siglos de la Iglesia los apóstoles y los cristianos hablaban de Jesús, de sus obras y de sus palabras. Quienes escuchaban y acogían su mensaje pedían entrar en el grupo de cristianos, en la Iglesia. Estos se llamaban catecúmenos y hacían un tiempo extenso de catecumenado (=preparación) para conocer más y mejor el evangelio, pero también para hacer un cambio de vida durante este tiempo. Esto último se llamaba la CONVERSIÓN: dejar de lado su vida de pecados y empezar una vida nueva, según los mandamientos y las bienaventuranzas. No bastaba con creer (en Dios, en Jesús, y en los dogmas), no bastaba con saber (oraciones y cosas de la fe). Hacía falta vivir como vivió Jesús y de acuerdo con lo que decía el evangelio. No bastaba con bañarse con agua bendita, con ‘tragar la comunión’, con ir a Misa, con rezar todas las noches al acostarse, con dar alguna limosna… Había que vivir la fe de Cristo en el día a día. Por lo tanto, no se trataba de creer, ni tan siquiera sólo de ‘tener fe’, sino que se trataba (y se trata) sobre todo de VIVIR LA FE DE JESUCRISTO, EN JESUCRISTO, CON JESUCRISTO.
En definitiva, los que van a ser bautizados tienen que cumplir estos tres requisitos antes de que las aguas bautismales sean derramadas sobre sus cabezas: 1) La fe como respuesta al anuncio del evangelio y a la llamada personal que Dios nos hace directamente a nuestro espíritu. 2) Una conversión total de nuestra vida, en que dejando atrás nuestro pecado, vivamos según las bienaventuranzas y demás enseñanzas del evangelio. 3) Que Cristo Jesús habite en nosotros; así nos lo decía san Pablo: “estamos llamados a reproducir la imagen de su Hijo” (Rm. 8, 29) en nosotros. Cuando esto se da en nosotros, entonces estamos en las condiciones óptimas para recibir el sacramento del Bautismo.
Santo Tomás de Aquino enseña que, para que el sacramento del bautismo sea FRUCTUOSO (es decir, produzca frutos divinos), hace falta la fe, pues el bautismo es el sacramento de la fe. El sacramento del Bautismo, cualquier sacramento, no es un rito mágico. En efecto, el sacramento es expresión de la acción amorosa y salvadora de Dios y debe ser acogido por el ser humano en su libertad y fe.
Los sacramentos son operaciones teándricas[1], es decir, en ellos actúan Dios y el hombre. Santo Tomás de Aquino ya afirmó: “El sacramento no actúa en virtud de la justicia del hombre que lo da o lo recibe, sino por el poder de Dios”. Lo primordial en el sacramento no es la fe (tan importante y necesaria para la recepción fructuosa del sacramento), sino la acción amorosa, gratuita y salvadora de Dios, ya que en la fe cristiana la primera palabra es Dios, Cristo, el Reino, la Gracia; y la segunda es el hombre, la respuesta humana, la fe, la moral. Sobre esta segunda parte, decía san Agustín: “El que te hizo a ti sin ti, no te salvará a ti sin ti”.

[1] Esta palabra viene del griego: de ‘Theós’, que significa Dios, y de ‘Andros’, que significa varón u hombre.

4 comentarios:

Feli dijo...

Para mi el bautismo es el sacramento que da inicio a mi vida cristiana. Aparte ,que nos quita el pecado original, nos llena de gracia para seguir esa vida. Entonces la cosa es , que cuando lleguemos a una edad queramos sentir esa fuerza que nos da el bautismo. Como decía San Juan Bautista,detrás de mí,vendrá quién os bautizará no solo con agua, sino con Espíritu Santo .Yo no estudié teología y soy una ignorante en estas materias de la Iglesia. Pero me ciño a que por medio del sacramento del Bautismo estoy escribiendo en este blog, con mucha alegría y felicidad.
Que los Reyes Magos nos traigan mucha paz, y amor para compartir.Un beso

Milagros dijo...

Andres,tengo que confesarle que cuando entre en el blog no pude terminar de leer la homilia de hoy,me sobrepasaba,y me dije cuando la pronuncie me enterare y asi fue. Me pregunto tengo fe?.me fio de Dios en todos sus designios o pretendo que Dios se fie de mi? Habra que darle muchas vueltas y hacer muchos actos de abandono en sus manos.Gracias una vez mas por sus explicaciones claras y concisas.que llegan muy adentro.un saludo.

Anónimo dijo...

Reitero la impresión de Milagros ya que me pasó lo mismo.
Gracias Andrés por todo tu trabajo.
Un fuerte abrazo!

Anónimo dijo...

Buena y dura homilía, Andrés.
Me pregunto como la Iglesia viendo la situación actual ante el Bautismo, no se plantea volver a esa preparación de antes con el Catecumenado ….¿no sería más comprendido y mejor vivido entonces el Sacramento del Bautismo?
Gracias.