viernes, 19 de junio de 2009

Domingo XII del Tiempo Ordinario (A)

21-6-2009 DOMINGO XII TIEMPO ORDINARIO (B)
Job 38, 1.8-11; Sal. 106; 2 Co. 5, 14-17; Mc. 4, 35-41
Homilía de audio en MP3
Homilía de audio en WAV

Queridos hermanos:
Empezamos ya los “domingos verdes” o domingos del tiempo ordinario, que llegarán hasta finales de noviembre. El domingo pasado, festividad del ‘Corpus Christi’, os hablé sobre la adoración eucarística, aunque un poco por encima. ¡Se pueden decir tantas cosas de ella o en torno a ella!
Hoy quisiera seguir profundizando un poco en este tema de la adoración eucarística, pues quisiera “meteros ganas” y que tuvierais el “gusanillo” y, los que no la hacen, que empezaran con ella y, los que la hacen, que sigan con más ganas, pues la adoración eucarística es algo esencial en la vida de fe.
No es fácil ‘hacer’ adoración ante el sagrario. Mucha gente reza ante el sagrario, es decir, está delante del sagrario y reza el rosario, o reza una estación, o hace otros rezos. Hay gente que quiere ir un poco más allá de los ‘rezos’ y habla con Jesús, que está realmente en el sagrario, y le cuenta sus cosas. Pero mucha gente es inconstante y, finalmente, deja de lado esta adoración, o se aburre y no saca nada en claro ni avanza. Todo esto es normal que suceda y la solución contra ello es doble: 1) Ser fiel y continuar día tras día ante el sagrario. 2) Tener un guía espiritual que ayude, oriente, anime y discierna lo que está pasando en el interior del adorador.
Cuando una persona, a pesar de todos los pesares, continúa en adoración ante el Señor en el sagrario, en un determinado momento puede empezar a percibir algunos frutos en el momento de la adoración o en otro momento del día. Y de esto quería hablaros propiamente en el día de hoy: ¿Cuáles son los frutos de la adoración eucarística? Algunas advertencias: 1) Por supuesto, no agotaré todos los frutos que se pueden recibir del don y regalo de la adoración. 2) Los frutos de los que yo hablo aquí no son producidos por nuestro esfuerzo o diligencia, sino que son sobre todo un regalo de Dios. En efecto, nadie puede estar al lado de Dios y no quedar contagiado con las cualidades divinas. Lo mismo que nadie puede estar al lado del Maligno y no quedar contagiado de sus vicios y defectos. Bien, veamos algunos de estos frutos:
- Cuando uno está situado ante el Señor de una forma constante y diaria, la acción de Dios transforma al adorador. Así, éste percibe que la paz le va inundando poco a poco. Uno se vuelve más paciente consigo mismo, con los demás y con Dios. Uno ya no echa tantas cosas en cara a los demás ni a sí mismo. La paz de Dios transmite serenidad y sana poco a poco las heridas del pasado y del presente: tanto el dolor y sufrimiento que han hecho o hacen a uno como lo malo que uno ha hecho o hace a los demás o a sí mismo. Por otra parte, la paz del Señor nos quita las prisas y todo se vuelve calma y sosiego en nuestro interior. Una calma que no nos lleva al pasotismo o a la pereza, sino que nos hace más responsables de nuestras tareas y trabajos, pero con equilibrio y serenidad, ya que las prisas producen ira y hieren a los demás con palabras, con gestos, con acciones, con omisiones. Por lo tanto, cuando uno adora es regalado con la paz de Dios; la misma paz que El tiene nos es entregada.
- La adoración constante produce el fruto de la comprensión. Hay un refrán indio que dice que para, comprender a otra persona, hemos de ponernos sus propias zapatillas. Es decir, hemos de estar en su misma situación y, a lo mejor, descubriríamos que lo hacíamos mucho peor que él. Recuerdo que en una ocasión, siendo yo seminarista, discutí con un compañero (no recuerdo el motivo) y tuvimos unas palabras. Era por la tarde y hacia las 8 de la tarde yo hacía mi rato de adoración ante el sagrario. Normalmente yo estaba entonces una hora. La primera media hora me la pasé rememorando la conversación con el compañero y echándole en cara todos sus fallos y, cuanto más pensaba en ello, me veía con más razón. A la media hora sentí en mi espíritu una voz clara, y era de Dios. Yo estaba diciéndome: ‘porque él hizo esto, hizo lo otro, dijo así…’ Dios simplemente me dijo: “¿Y tú? Y en un instante me mostró tantas situaciones en las que yo había reaccionado igual o mucho peor que el otro seminarista y vi claramente cómo Dios en todas aquellas ocasiones había sido comprensivo conmigo y no me había echado nada en cara, ni me lo había restregado por las narices. La siguiente media hora de la adoración me la pasé pidiendo perdón a Dios y al salir tuve que ir a pedirle perdón al compañero por mis palabras duras, en el tono. Luego de haberlo hecho sentí una alegría inmensa. Vi que no era tan difícil pedir perdón y estaba dispuesto a pedir perdón a todo el mundo, pues el gozo que sentí era mayor y más grande que lo que yo había experimentado nunca antes.
- Todos nosotros estamos llenos de complejos o de miedos; complejos por nuestro carácter, por nuestro físico, o de miedos a ser ridiculizados, a no ser aceptados por los demás. Constantemente estamos como en una competición, y aprendemos la ley del engaño y del disimulo. En la adoración se nos quitan estos complejos y miedos. ¿Por qué? Porque descubrimos que Dios nos ama, nos quiere y acepta tal y como somos, PUES HA SIDO EL QUIEN NOS HA CREADO ASI. Uno tiene las piernas torcidas, es calvo, tiene barriga, tiene el trasero gordo, pronuncia mal las erres, se baba al hablar… ¿Qué más da todo ello? Si Dios te quiere y acepta así. Y entonces empieza uno a aceptarse también así. Con Dios y ante Dios comprendo que no tengo que ser el mejor, ni el más guapo, ni el más gracioso, ni el más listo. Dios me quiere así y me acepta así. Y además, siento que esto no son palabras bonitas; siento en lo más profundo de mi ser que es así. ¿Qué más da que los demás no me acepten, si me acepta Dios?
¿De qué o de quién voy a tener miedo, si Dios siempre está conmigo? Y uno canta con toda la fuerza de su ser el salmo 26: “El Señor es mi luz y mi salvación. El Señor es la defensa de mi vida. ¿A quién temeré, quién me hará temblar?” Todo esto significa que la persona que adora y es tocada por el dedo de Dios es una persona que se acepta a sí misma y que acepta a los demás, porque Dios lo hace conmigo… y con los demás. Yo no soy más que otro, porque para Dios no soy más, pero tampoco soy menos. Soy quien soy, y el otro es quien es, y Dios ama, crea y acepta al otro y a mí.
- La persona que adora recibe el don de la humildad. Es uno de los mayores frutos de Dios. Esta humildad no proviene del hecho de que veamos claramente que yo no soy más que nadie y que todos somos iguales ante Dios. NO. El origen radical y profundo de la humildad es que la persona que adora y entra en contacto íntimo y profundo con Dios se da cuenta que Dios es todo y yo no soy nada; El es bueno y santo y yo soy pecador; El es poderoso y yo soy débil; El es la bondad absoluta y la generosidad total y yo soy egoísta e interesado; El es grande y yo soy pequeño; El ama de verdad y yo no, pues mi amor está demasiado contaminado de egoísmo. Esto que digo son palabras, pero, cuando uno experimenta todo esto de una manera misteriosa, pero real, uno se da cuenta (espiritualmente, no sólo racional o sensiblemente) de todo ello y desde ese momento considera a Dios como el Kyrios, el Señor.
La humildad regalada por Dios en la adoración produce en nosotros la confianza, ya que se experimenta la fidelidad eterna de Dios para con nosotros. Hagamos lo que hagamos, digamos lo que digamos, dejemos de hacer o de decir lo que sea… Dios siempre estará con nosotros y no nos abandonará.
- La adoración produce en nosotros el aumento de fe en Dios, el gozo de saborear las cosas de Dios, como la lectura espiritual, los sacramentos recibidos.
- La adoración produce también un aumento de amor y una purificación de nuestro amor. Nadie sabe amar de verdad al marido, a la mujer, al novio o novia, a los hijos, a los amigos, a los feligreses, a los vecinos, al prójimo si antes no ha experimentado en sí mismo el amor que Dios le tiene. Es un amor sin condiciones, sin egoísmos, eterno, total, no excluyente. El que adora se siente amado por Dios y siente como él mismo ama, ya no con su amor, sino con el mismo amor que ha recibido de Dios. La gente que está alrededor de los santos se siente amada de un modo especial y único. ¿Por qué? Porque son amados por el mismo Dios a través del instrumento dócil que es el santo.
Termino diciendo que los frutos de la adoración son divinos (de origen divino) y, por lo tanto, son duraderos en el adorador. A que con todo esto que acabo de deciros, ¿da ganas de empezar y/o de no dejar nunca la adoración eucarística?

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Leyendo esta maravillosa Homilía de D. Andrés sobre la Adoración Eucarística, veo realmente mi pobreza y mi pequeñez, pero aun así, confío en la Divina Misericordia, a pesar de que no pasa un día sin que le falle al Señor.
Cada día siento más la necesidad de hacer una visita a Jesús Sacramentado, de llegar antes a la Misa, y de contarle lo que acontece en mi vida, pero especialmente le doy gracias y le pido perdón por mis pecados. Siento mucha paz en su presencia, y eso se traduce en mi vida cotidiana, incluso en mi salud.
Seguiré los consejos de D. Andrés que tanto bien me hacen, y aumentaré mis momentos de Adoración al Señor. Gracias D. Andrés por hacer tanto bien.
Un abrazo a los hermanos del blog

auror dijo...

¿da ganas de empezar y/o de no dejar nunca la adoración eucarística?

Pues la verdad sea dicha si, me voy a comprometer con el Señor a dedicar un tiempo a la adoración.

Ademas los de Lugo somos unos privilegiados que tenemos al Señor expuesto las 24 horas del dia.

Algo que me ayuda mucho en la adoración, Es pronunciar el nombre de Jesus en jaculatorias tales como: Jesus,Hijo de Dios, ten compasion de mi pecador, o Jesus yo confio en ti. En estas sencillas oraciones suelo acompasarlas con la respiracion y aquientan mucho la mente, ya que cuando me distraigo lo unico que tengo que hacer es llevar la atencion al nombre de Jesus y a mi respiracion.

Un abrazo a tod@s.

Any dijo...

Buen domingo Hermanos .. saben que es lo que me pasa a mi ante la adoracion ¡¡ hablo mas con el corazon ..como si hablase con mi abuela o mi padre .. con mas confianza .. cuando hago una oracion ¡¡¡ es como mas formal .. encambio mediante la adoracion me conecto mas con el Padre ... me siento mas una niña protejida y escuchada por El ¡¡¡como decirlo ¡¡con mas confianza ... no lo se .. estamos los dos en una union de amor .. es una experiencia unica ¡Que Dios los bendiga

Violeta dijo...

Muy querido Dº Andrés y demás simpatizantes del Blog:

Gracias por seguir despertando en mí el agradecimiento a tantas personas en las que vi y veo reflejados esos y otros frutos de la Adoración, por eso me encanta la frase: “La gente que está alrededor de los santos se siente amada de un modo especial y único. ¿Por qué? Porque son amados por el mismo Dios a través del instrumento dócil que es el santo”.
Esto lo puedo corroborar yo también, porque tuve y tengo, la dicha de poder experimentarlo en mi vida, al estar cerca de personas santas.

Siento no poder decir también que yo posea esos frutos, pero el Señor me los concede , de vez en cuando a modo de ráfagas, de pequeños momentos, para que los siga buscando, para que no me desaliente y sea constante en mis ratos de oración, de adoración, aunque muy imperfecta.

Hermanos pidamos unos por los otros para que podamos llegar a ser verdaderos adoradores y
respondamos a la última pregunta que nos hace Dº Andrés: Sí ,me dan ganas de empezar cada día y de seguir con mis ratos de adoración y no dejarlos nunca…

Deseando que se haga realidad en todos y cada uno, un saludo afectuoso y una oración.

Pepitina dijo...

Hoy mi comentario tiene un matiz diferente; el día 24 de junio, festividad de San Juan Bautista, el P. Andrés celebra sus 25 Años de Sacerdocio. Llevo varios días con emoción, recordando su acompañamiento durante 9 años de mi vida como Director espiritual. Aquel día que entré en su despacho percibí allí la presencia del Espíritu. Me preguntó, por qué deseaba Dirección espiritual; mi respuesta fue, que Dios me estaba pidiendo más y que me encontraba estancada, sin saber qué hacer, ni cómo... Desde entonces han sido muchas horas compartidas, mucho Dios en nuestros encuentros, mucha Gracia derramada; gozos y tristezas, miedos y exigencia, oración y lucha interior buscando Su Voluntad. En todos estos momentos el Padre Andrés como instrumento fiel y trasparente de Dios, me iba mostrando un Camino que él salpicaba de sinceridad, ternura, generosidad, simpatía, humor y exigencia, desde su buén hacer y ser como sacerdote y gran conocedor y cura de almas.
Detrás de los nombres y anónimos de este querido Blog, que ha sido para todos nosotros un don del Espíritu a través suyo, hay muchos sentimientos y sobretodo Vida de Dios y Agradecimiento al Señor, por habernos regalado la persona de Andrés, D. Andrés, el P. Andrés…, un Buén Pastor, a quien el rebaño le sigue aumentando y sólo la gracia y el don que recibe dócil y generosamente entrega, hace posible que su labor tan difícil, pero hermosa, siga dando tantos frutos. Los comentarios los delatan..¿ó no?
La carta que el Santo Padre ha dirigido a sus sacerdotes, al comienzo de este Año sacerdotal, en que oraremos, ¡como nunca!! por nuestros pastores y guias no tiene desperdicio. A ella me remito como una muestra de cariño, de agradecimiento y a pesar de su extensión espero que la publique.
¡¡Te encanta ser cura!! ¡¡Dios te siga bendiciendo!! Porque eres un gran sacerdote..por la gracia de Dios y tu fidelidad a Su Amor: GRACIAS.
“….muy humilde, pero consciente de ser, como sacerdote, un inmenso don para su gente: “Un buen pastor, un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina”. [3] Hablaba del sacerdocio como si no fuera posible llegar a percibir toda la grandeza del don y de la tarea confiados a una criatura humana: “¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría… Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña ostia…”. [4] Explicando a sus fieles la importancia de los sacramentos decía: “Si desapareciese el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir [a causa del pecado], ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote… ¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo sólo lo entenderá en el cielo”. [5]

¿Quién conociéndote no se convierte en Adorador/ra eucarístico, Pater? Tu testimonio nos lanza a ello. Y sigue el Papa refiriéndose a palabras del Cura de Ars:

“Todo bajo los ojos de Dios, todo con Dios, todo para agradar a Dios… ¡Qué maravilla!”. [28] Y les enseñaba a orar: “Dios mío, concédeme la gracia de amarte tanto cuanto yo sea capaz”. [29]

Es lo que he vivido desde tu Testimonio y Amistad sacerdotal. Gracias.
La Santina, que nos muestras en la foto del Blog junto a ti, te siga cuidado con toda Su ternura.
Pater, porque has aprendido a Amar con el Amor de Dios, nos haces sentirnos amados...es el mayor regalo que el Señor nos puede hacer a cada uno desde un buén sacerdote como tu. GRACIAS.

David rico dijo...

Esta homilía me ha hecho darme cuenta de mis propios defectos, estoy en continua competición todos los días, en mi trabajo, en el cariño de mi familia, de mi novia, con mis amigos…nunca me conformo con lo que tengo, siempre quiero más. Para intentar solucionar esto me voy a ir a mediados de julio a hacer el camino de Santiago, con un promesa firme, vivir con fe y austeridad el camino. Espero poder, al final de las etapas, acercarme a la iglesia del pueblo y poder rezar al santísimo y a la Virgen María que tanto están haciendo por mí y yo tan poco estoy haciendo por ellos.
Yo intento ser constante en mis oraciones, pero en ocasiones, aunque nunca las dejo, me cuesta mucho. Todos los días antes de acostarme dedico media hora a encontrarme con el señor, pero muchos días me cuesta concentrarme debido a las circunstancias vividas en el día. Pero ahora, después de esta homilía, rezare todos los días con mucha más fuerza.
Muchas gracias Don Andrés y buena semana.

Chony dijo...

Conmovedora la homilía de hoy, es un gran testimonio de amor y entrega, creo que nadie puede hablar así si antes no ha vivido todo lo que expresa. Es por eso que es mas creíble y contagia esa ilusión y deseo, de poder experimentar ese gozo, y nueva forma de vivir, que por otra parte es lo único que te hace ser realmente feliz.
Los hombres corremos tras la felicidad buscándola por lugares equivocados; tener muchas cosas, ser famosos, tener poder.....etc. y sin embargo que cerca está eso que todos anhelamos; entras en una iglesia y allí está el Señor. El silencio ya te invita a olvidarte de todo o que ha quedado fuera, y dirigir tu mirada al sagrario ó A Jesús expuesto para mejor contemplación; a mi me da la impresión de que quiere estar aún mas cerca de nosotros.Las miradas se cruzan, y llega el momento de las confidencias, ¡Que gratificante ponerte ante el Señor, y dejarle que se asome a tu interior! todo lo ve ,todo lo sabe y lo comprende, y al menos para mi resulta estupendo sentirme como una niña pequeña, que todo lo necesita del Padre.
Por la gracia de Dios, doy fe, de que todos esos frutos de la adoración son ciertos; con la paz y la alegría que Él te transmite, viene todo la demás.
Que el Señor os bendiga a todos.
Para ti Andrés, mi agradecimiento mas sincero.
BENDITO SEA DIOS
Chony